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viernes, diciembre 29, 2017

Año nuevo promesas nuevas



El año nuevo es la oportunidad para establecer metas, cumplir propósitos, retar a nuestro espíritu en torno a  nuevos sueños. Cuando estaba en la escuela a final de año miraba con desconsuelo mis cuadernos de 100 hojas ¡llenos de orejas! (hojas torcidas en la punta).   Y no veía la hora de que  aparecieran  los ojos coquetos del nuevo año. Me hacía entonces el propósito de terminar mis cuadernos tan impecables como los de mi hermano Ricardo. 


Una vez cuando Sergio, mi hermano menor estaba empezando la universidad, vino con una sentencia abrumadora  de uno de sus profesores: “aprovechen cada minuto de sus vidas porque sin darte cuenta te convertís en viejo”, yo pensé, tamaña idiotez la de este señor. Hoy me doy cuenta de que aquella sentencia era cierta, de pronto los conductores de los buses ya no eran “los señores” son muchachos, entonces la evidencia se puso ante mí: yo soy mayor que quienes  conducen los buses.

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jueves, junio 02, 2016

¡Haz un buen negocio!


Una paciente me contó que un par de hermanas suyas se pelearon y por más de veinte  años,  no se cruzaron palabra alguna.
¡Increíble! Este par de chicas ignoraban que el resentimiento y el rencor  es un veneno que llena tu organismo de sustancias que te hacen daño y reduce  las hormonas del contento y la felicidad. Es decir, se incrementa el cortisol, la hormona del estrés y la enfermedad, por qué crees que cuando vas al médico con una alergia, un malestar aquí, un síntoma allá el médico sentencia: estrés, además se te baja la oxitocina, la hormona del amor y la felicidad. En definitiva, el resentimiento  al único que daña es a ti mientras que  el otro anda por la vida sin ni siquiera hallarte en el mundo.

miércoles, abril 20, 2016

¿Quieres una relación sólida con tu hombre? ¡Sana a tu padre!


Necesito que me atienda urgente, ya no aguanto más, me voy a morir, fueron las palabras de Diana cuando me llamó la primera vez. Le abrí el primer espacio que tuve disponible. Diana llegó a la consulta y prácticamente se desplomó en la silla.


Por favor quíteme esto, quíteme esta obsesión, me está matando. No puedo más, quiero que me “recetee” el cerebro que se me olvide que lo conocí alguna vez. Yo sé que este amor es enfermo. La dejé que continuara sin interrumpir, Diana era como un ciclón desbordado, no paraba.

¿Qué no me ha hecho? Me ha dicho mentiras por quince años y lo peor es que siempre le creo. Me ha engañado con mil “viejas”. Lo he pillado con ellas, las mismas con las que se acuesta me han contestado su teléfono y luego, no sé qué hace y cómo lo hace, me enreda, lo hace de tal manera que al final, la que sale debiendo soy yo, me hace creer que yo estoy loca, que es mi mente celosa, la controladora y desquiciada la que se inventa eso, ¡lo juro, las he oído! ¡No puede ser! Me ha hecho dudar de mi cordura. Se detuvo, el llanto le impedía hablar. Y continúo. 

jueves, marzo 10, 2016

Todo tiempo pasado NO fue mejor





Hace muchos años escuchaba en la radio a un periodista,    famoso por su voz, hacia un programa para los que regresaban a casa el domingo. Tenía un leitmotiv “todo tiempo pasado fue mejor”, yo me quedaba pensando en esa frase lapidaria y me entraba un frio y un vacío en el cuerpo, no podía entenderla, ¿cómo así? Me quedaba pensando, esa frase,  me sonaba a tristeza, a melancolía a arrepentimiento.

Pilar Sordo, colega chilena tiene una bella reflexión sobre el tema, que comparto plenamente:

"Mi percepción a medida que envejezco es  que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en  que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de  haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.

Por eso, no  debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso,  porque ambos son sólo instancias de aprendizaje.

Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas  que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me  gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para  cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo.  "Ser feliz es  una decisión", no nos olvidemos de eso.

Entonces, con estos criterios me  preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año, porque todos estamos en el camino de aprender todos los días  a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: a aprender, a dejar huella y a ser felices.

En esas tres cosas debiéramos trabajar  todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que  ayudan en estos puntos:

Aprender a amar la responsabilidad  como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud  mental.  En Chile el significado del cansancio es  visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el  privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos  entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos,  para dormir tenemos siglos después.

Valorar la libertad como una forma  de vencerme a mi misma y entender que ser libre no es hacer lo que yo  quiero. Quizás, deberíamos ejercer nuestra libertad  haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente  agotados y así poder amar más y mejor.

El tercer y último punto a cultivar  cada día, es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese  maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones  inmediatas en pos de cosas mejores.




jueves, octubre 29, 2015

¿Quieres rejuvenecer? Perdona


Fácil decirlo, quizá no tan fácil hacerlo. Conocer las bondades extraordinarias que otorga el perdón, abre el camino para soltar esos dolores de antaño, esas viejas heridas que siguen sangrando.

Para recibir los beneficios y la curación verdadera del perdón, éste ha de nacer de una genuina y autentica intención de soltar el pasado, no funciona un “discúlpame”, o por adoptar la postura política correcta.

Estuve compartiendo con el talento humano de Productos Familia por una larga temporada, dictando una serie de talleres en torno mejorar la calidad de vida. Inicié mi experiencia con los chicos que atendían las grandes superficies. Recibí el reporte del perfil de los asistentes: 80% mujeres, estratos 3,4, 5, 70% solteros, edades: entre los 20 y los 25 años.

Frente al grupo, una chica, Taliana, llamó poderosamente mi atención, no parecía ajustarse al grupo, su rostro amargado lucia como un puño, le calculé 45 años.

Trabajamos los diferentes temas sin sobresalto alguno, pero al momento de adentrarnos en la experiencia del perdón, de que es un regalo para quien lo otorga, no una concesión para el otro, ni un aceptar sus actuaciones, Taliana alzó la voz y me increpó

—Habla muy fácil del perdón porque no ha vivido lo que yo.

— ¿Qué no he vivido Taliana?

— A los cinco años me tocó ver a cinco hombres picando a machetazos a mi papá.

Quedé pasmada, sin habla. Taliana continúo:

— Todos los días pienso en esos desgraciados, y todos los días los odio, no puedo olvidarlo, así recuerdo la última vez que vi a papá. Un despojo en el suelo, bañado en sangre, y yo ¿qué podía hacer yo?, ¿qué puede hacer una niña de cinco años, ¿usted es capaz de perdonar algo así?

Muchas veces no perdonamos, no soltamos la experiencia dolorosa porque de alguna manera pensamos que nos protegemos de que nos vuelvan a dañar. Es una especie de salvoconducto, una factura que le pasamos a la vida para no confiar.

Algunos dicen “perdono pero no olvido”, es decir aquí lo tengo bien fresquito para que no me cojan desprevenido. Esta postura y la de Taliana, al único que daña, es a quien experimenta ese sentimiento. Cuando resentimos y odiamos, estamos literalmente en una cárcel, atados con grilletes a quien resentimos. Le hacemos un tributo, entregándole toda nuestra energía y fuerza, mientras el otro, ni siquiera nos hace en el mundo.

Cuando perdonas sales de una cárcel, concluyes una lucha interna, te permite soltar la ira y la culpa, te permites disfrutar más de la vida conectado a tu verdadera esencia, el amor.

El perdón trae una transformación profunda a nivel interno y externo, ¡es impresionante!

La sinergia del grupo logró conectar a Taliana, quien se dio permiso para soltar, para dejar ir. Seis meses después me la encontré, en un taller para madres de trabajadores de Productos Familia, casi no la reconozco, lucia renacida, todo su ser esplendía una fragancia nueva, fluía en el encanto de sus 21 años. Nos abrazamos, no era necesario hablar, todo su ser hablaba a gritos. 

Ps. Luz Marina Hoyos Duque




sábado, septiembre 19, 2015

7 PASOS DEL PROCESO DE CURACIÓN DEL NIÑO INTERIOR



El análisis sobre el niño interior, hace que muchas veces revuelvan cosas pasadas, olvidadas, pero que al salir a la luz, luego del mal trago por traerlo al presente, logran aceptarlo, perdonarlo, y encarar la adultez de otra manera, es una forma de identificar sus heridas y tratar de sanarlas.

Toda persona reconoce a éste niño porque cuando uno se encuentra con alguien de la infancia, surge y vuelve a sentir los sentimientos aquellos que ya sintieron, se ríe a carcajadas o sienten antipatía por alguien, aunque haya pasado tanto tiempo, y seguramente también sea adulto como uno, esos sentimientos no cambian. Se ve reflejado mucho en las reuniones de ex alumnos, o ex compañeros del club, se vuelve a sentir esas cosas de cuando eran chicos.

Esta terapia tiene resultados positivos, logran cambiar sus comportamientos hacia ciertas cosas, y el psicólogo recomienda que una vez que hayan encontrado su niño interior, no lo abandonen, que dialoguen con él diariamente, para una vida adulta sana.


De acuerdo con John Bradshaw, autor de “De vuelta a casa: Recuperación y defensa de su Niño Interior,” el proceso de curación de su Niño Interior Herido pasa por estos siete pasos:

1. Confiar

Para que su Niño interior herido pueda salir de su escondite debe ser capaz de confiar en que usted estará allí para él. Su Niño interior también necesita un aliado que le de apoyo para superar su abandono, la negligencia, el abuso y el enredo sufrido. Esos son los primeros elementos esenciales del dolor original.

2. Aceptar

Si usted todavía está inclinado a minimizar y / o racionalización de que manera fue avergonzado, ignorado necesita ahora a aceptar simplemente el hecho de que estas cosas realmente le hirieron. Sus padres no estaban mal, sus Niños también estaban heridos simplemente.

3. Shock

Si todo esto es terrible para ti, eso es genial, porque el shock es el comienzo del duelo. Después del shock viene la depresión y la negación a continuación.

4- La ira

Está bien estar enojado, incluso si lo que le hicieron no fue con intención de herir. De hecho, tienes que estar enojado si quieres sanar tu Niño Interior Herido. No significa que tengas que gritar y gritar (aunque es posible). Es normal sentirse enojado cuando se siente el maltrato. Sé que mis padres hicieron lo mejor que como adultos con sus Niños Heridos podían hacer.

Pero también soy consciente de que esto me hirió profundamente y que ha tenido consecuencias perjudiciales para mí en mi vida. Lo que esto significa es que ahora tengo la responsabilidad detener lo que estoy haciéndome a mí mismo y a los demás. No voy a tolerar la disfunción absoluta y el abuso que dominaba mi sistema familiar.

5. Tristeza

Después de la ira viene la tristeza. Si fueron víctimas, debemos lamentar la traición. También debemos lamentar lo que podría haber sido nuestros sueños y aspiraciones. Debemos lamentar nuestras necesidades de desarrollo insatisfechas.

6. Remordimiento

Cuando nos afligimos por alguien que ha muerto, el remordimiento a veces es intenso, por ejemplo, tal vez nos hubiera gustado haber pasado más tiempo con la persona fallecida. Sin embargo, en duelo del abandono de la infancia, debemos ayudar a su Niño Interior herido a ver que no había nada que él pudiera haber hecho diferente, que su dolor proviene de lo que pasó con él, no es de él.

7. Soledad

Los sentimientos más profundos de dolor son la vergüenza tóxica y la soledad. Estábamos avergonzados por el abandono de nuestros padres. Nos sentimos mal, como si estuviéramos contaminados o infectados. Y esa vergüenza conduce a la soledad. Dado que nuestro Niño Interior se siente deficiente y defectuoso, tiene que ocultar su verdadero yo con una adaptación falsa. Después se identifica a sí mismo con su falso yo. Su verdadero yo se queda solo y aislado.

Esta última capa de sentimientos dolorosos es la parte más difícil del proceso de duelo. Es difícil mantenerse en ese nivel de la vergüenza y la soledad, pero a medida que entramos en estos sentimientos, podemos superarlos. Nos encontramos con el Niño que ha estado en la clandestinidad. Al abrazar nuestra vergüenza y soledad, comenzamos a tocar nuestro verdadero ser.

domingo, septiembre 14, 2014

Los beneficios de perdonar


 

Perdonar, más allá de un punto de discusión en el proceso de paz es un tema crucial de la vida cotidiana. Los psicólogos han encontrado que hacerlo beneficia la salud mental y física.

Muchos no entienden cómo una esposa que ha sido engañada por su marido logra reconstruir su relación con él, que una familia distanciada por peleas de dinero se reencuentre o que un niño abusado físicamente por sus padres sea un adulto sin rencores. Este tipo de actos absolutorios hacia el agresor se ven hoy como una falta de carácter o una exagerada generosidad que solo poseen ciertas almas iluminadas. Pero los casos de personas que nunca pensaron aprender a perdonar y lo han hecho son cada vez más frecuentes e incluso se dan en situaciones donde las agresiones eran tan graves que parecían difíciles de absolver.

Esto no lo dicen ni la religión ni la filosofía, que por siglos se han ocupado del tema. Lo aseveran científicos sociales y psicólogos que desde hace dos décadas se dieron a la tarea de investigar las repercusiones de perdonar en la salud física, emocional y mental de las personas. Los resultados de dichas investigaciones muestran que hacerlo “no solo es una práctica religiosa sino un componente relevante dentro de una visión amplia de salud”, dice el psicólogo Fred Luskin, director del proyecto Forgiveness, de la Universidad de Stanford. En ese sentido, no solo trae beneficios para el agresor sino principalmente para quien lo otorga.

Se han realizado muchos estudios sobre perdón y su impacto en la fisiología, la salud mental, el estrés, así como el perdón en pacientes de sida o cáncer y en relaciones amorosas. Uno de los más recientes, publicado en el Journal of Consulting and Clinical Psychology, revisó una serie de investigaciones y concluyó que cuando se interviene para enseñar a perdonar, las personas reducen más sus índices de depresión y ansiedad. “En la situación contraria se afecta el sistema cardiovascular, el funcionamiento del sistema inmune y aumentan los niveles de la hormona cortisol, causante del estrés”, dijo a SEMANA Everett Worthington, profesor de psicología de Virginia Commonwealth University y coautor de este meta análisis.

El perdón restaura la salud porque la hostilidad y el resentimiento, emociones muy negativas para la salud, permanecen cuando no se otorga. “La salud mental se afecta a través de la continua vivencia de los hechos, es decir, de reproducir los pensamientos negativos y la rabia”, agrega Worthington. Un trabajo de Charlotte VanOyen Witliet del Hope College, lo confirmó. La experta le pidió a un grupo de participantes que pensaran sobre alguien que ha sufrido una ofensa grave mientras ella medía la presión arterial, el ritmo cardiaco, la tensión muscular y otros signos fisiológicos. La experta observó que cuando la gente recordaba el resentimiento se incrementaban estos indicadores. Lo mismo sucedió con sensaciones negativas como el estrés, la ansiedad y la rabia. En el grupo donde imaginaron a la víctima perdonando a sus agresores estos indicadores volvieron a la normalidad.

En otro trabajo que revisó la evidencia científica sobre perdón y dolor se observó que las personas que perdonan reportan menos dolor. Se ha visto que los pacientes con cáncer dicen tener más esperanza y mayor calidad de vida cuando perdonan. Y gracias a estudios sobre perdón y parejas se evidenció que la clave para mantenerse unidas no es la comunicación ni la habilidad para solucionar conflictos sino la capacidad de reparar los daños. “Y el perdón ayuda a sanar las heridas de este vínculo íntimo”, dice Worthington.

Los expertos señalan que hay varios tipos de perdón. Uno de ellos implica no ejercer ninguna revancha contra el agresor sino tratarlo con dignidad. Este elemento ha sido incorporado al perdón por expertos de la Universidad de Harvard quienes sostienen que es crucial en el proceso ver al agresor como una persona vulnerable, que a pesar de lo que hizo, tiene un valor como ser humano. “La conciencia de esa dignidad requiere restaurar la empatía hacia el ofensor y reconocer que todos tenemos instintos tanto agresivos como nobles”, dijo a SEMANA Donna Hicks, psicóloga que ha trabajado ampliamente el concepto.

También existe el perdón emocional, que consiste en cambiar poco a poco los sentimientos negativos de resentimiento, rabia y odio por otros más positivos como compasión, simpatía e incluso amor. Esto no significa que el perdón venga necesariamente de la mano de la reconciliación. La psicoterapeuta Lucero Vargas, creadora de los centros de reconciliación en Colombia, dice que es posible que el perdón requiera apenas de un pacto de coexistencia, como podría suceder en el caso de colegas de trabajo que a pesar de la agresión deben seguir colaborando juntos. También se puede perdonar con un pacto de convivencia, con el cual el perdón ayuda a que las partes se respeten para atender asuntos en común, como por ejemplo, un hijo. Así mismo puede haber perdón con un pacto, en cuyo caso la reconciliación se daría a partir de un nuevo acuerdo.

Infortunadamente, el desconocimiento sobre lo que significa el perdón ha llevado a que muchos ni siquiera lo intenten. Vargas sostiene que en la cultura colombiana priman la venganza y la retaliación. Además aún se ve como una debilidad humana o una exclusividad divina. “Creen que el único que perdona es Dios”, dice Vargas. Otros piensan erróneamente que perdonar es tener paciencia y autocontrol. Pero eso “apenas es decidir no responder negativamente para preservar la armonía”, señala Worthington. Tampoco significa olvidar porque la gente debe recordar para perdonar; ni requiere que haya o no justicia, o excusar el comportamiento del otro.

En la experiencia colombiana con los centros de reconciliación se busca que el ofendido deje su actitud de víctima por una de victoria, lo cual implica levantarse, reconocer el daño y no permitir que aquellos sentimientos negativos que dejó el agresor controlen su vida. Lo contrario es quedarse en una situación de dolor permanente que, como demuestran los estudios, genera un malestar físico y emocional, que eventualmente lo podría enfermar.

La evidencia señala que el perdón no requiere de la presencia del agresor porque se trata de un proceso de limpieza personal de las emociones que el culpable dejó en la persona. Se sabe que las mujeres tienden a perdonar más que los hombres y que la edad influye en el proceso porque, como se ha observado en trabajos científicos, las personas mayores de 45 años tienden a perdonar más que los jóvenes. También se ha observado que el impacto físico positivo del perdón es mayor en la medida en que la persona envejece.

El psicólogo Robert Enright ha trabajado el perdón en niños irlandeses y, a través de estrategias sencillas como ponerse en los zapatos del otro, ha visto que pueden prevenirse los comportamientos hostiles, lo que a la postre lleva a una sociedad más pacífica. “Así, por ejemplo, cuando alguien no los saluda no se ponen bravos ni toman acción contra esa persona sino que tratan de explicar la situación de otra manera. Son los juicios de valor los que generan malestar y rabia, y la idea es intervenir sobre este tipo de disgustos de la vida diaria”, dice Paula Monroy, directora de la Fundación para la reconciliación.

Estas ofensas menores curiosamente son las que más problemas generan en el país. Según Forensis, la revista del Instituto Nacional de Medicina Legal, el 75 por ciento de la violencia en el país es cotidiana y se da por riñas, problemas intrafamiliares, venganzas, y no por el conflicto armado. De esta forma, para lograr un clima de paz necesariamente habría que empezar por perdonar en casa. No se trata de ser pasivo ante una injusticia ni de responder violentamente sino de darse cuenta de que albergar ese rencor por ofensas menores o graves y desearle el mal a la gente, como diría William Shakespeare, equivale a tomar un veneno esperando que el otro sea el que muera.

Fuente: http://www.semana.com/

sábado, octubre 19, 2013

Perder con Clase y vencer con Osadía - CHARLES CHAPLIN

"Ya perdoné errores casi imperdonables.
Traté de sustituir personas insustituibles,
de olvidar personas inolvidables.
Ya hice cosas por impulso.
Ya me decepcioné con algunas personas,
mas también yo decepcioné a alguien

Ya abracé para proteger.
Ya me reí cuando no podía.
Ya hice amigos eternos.
Ya amé y fui amado pero también fui rechazado.
Ya fui amado y no supe amar.

Ya grité y salté de felicidad.
Ya viví de amor e hice juramentos eternos,
pero también los he roto y muchos.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos.
Ya llamé sólo para escuchar una voz.
Ya me enamoré por una sonrisa.
Ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia y ...

Tuve miedo de perder a alguien especial
(y termine perdiéndolo)
pero sobreviví
Y todavía vivo
No paso por la vida.

Y tú tampoco deberías sólo pasar ... ¡VIVE!
Bueno es ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivir con pasión.

Perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho más para ser insignificante."

sábado, febrero 16, 2013

EL PERDÓN NO ES UN REGALO PARA EL OTRO, ES PARA TI


Cuando se deja algo del pasado, se abre la puerta a un nuevo futuro. Hay que tomar ese riesgo. La felicidad, precisamente proviene de dejar ir, que puede significar dar y estar dispuesto a recibir. Ya no hay por qué buscar el castigo contra alguien o contra sí mismo. Cuando no se perdona, se corre el riesgo de cometer actos antisociales. Vivimos en un país con una gran necesidad de perdón, así lo demuestra la violencia en que se vive.

Perdonar significa:

· Transformar los recuerdos,

· Poder apreciar los acontecimientos de otra manera para comenzar a sentirnos mejor con nosotros mismos y con los demás.

· Despojarse de la amargura y el resentimiento, del dolor y el sufrimiento, para poder:

· Establecer relaciones armoniosas y duraderas.

El perdón llega con el tiempo. Así se puede integrar lo bueno y lo malo de la gente. Si no se perdona, se es incapaz de alejarse del dolor que la herida produce, aunque haya pasado mucho tiempo Al-Mabuk, Enright, & Cardis, 1995). Por eso hay que perdonar.

La psicoterapia puede y tal vez debería introducir invariablemente técnicas de perdón. En realidad, el proceso de conocerse es en gran medida un acto de perdón. Pues saberse humano y falible implica perdonarse. Con ello se obtiene salud mental. Existen evidencias que demuestran que el incremento de la capacidad de perdonar trae consigo mejoramiento en la salud física y mental (Coyle & Enright, 1997; Freedman & Enright, 1996; Pettit, 1987; Salovey, Rothman, Detweiler, & Steward, 2000; citados por Enright y Fitzgibbons, 2000). Perdonar implica el surgimiento de emociones positivas que producen un incremento en el pensamiento creativo. Dejar ir, desprenderse del pasado por medio del perdón hacia los demás y hacia uno mismo, hace que surjan nuevas ideas, que nuevas puertas se abran. Perdonar mejora la autoestima y disminuye la ansiedad u depresión, pues la ira contra los demás y contra uno mismo tiende a reducirse.

Si se logra cambiar la forma en que se concibe el dolor, el sufrimiento, quien le ha afrentado y las heridas sufridas, el sujeto puede o ha perdonado y esta nueva perspectiva acarrea la felicidad y la aceptación. Precisamente, lograr un buen grado de aceptación implica perdonarse. Quien perdona acepta a los demás y quien se perdona se acepta a sí mismo.

“Quisiera perdonarte pero no puedo olvidar lo que me hiciste y ese daño me ha afectado toda la vida”. Este es un pensamiento rumiante que incluso pudiera ser el resultado de un proceso psicoterapéutico inacabado. La falta de perdón tiene que ver muchas veces con el pasado que se usa como pretexto, con el que se juega para culparse de los falsos fracasos percibidos. Si no se pasa por el dolor del fracaso, no se puede perdonar y aun así, puede existir un ir y venir de resentimientos que impiden que se deje ir lo que supuestamente impidió el logro anhelado.

Pudiera pensarse que solamente se puede perdonar cuando se está ante el agresor implorando éste perdón. Pero esto no pasar de un mero deseo, que se produce como consecuencia del resentimiento. “Quisiera que viniera a pedirme perdón de rodillas”. Esto es algo muy remoto. Los seres humanos somos muy propensos a justificar nuestras faltas o incluso en confiar precisamente que el tiempo enmendará nuestros errores. Pero el dolor puede volver si el perdón no es tan profundo como la herida. La motivación principal de perdonar se encuentra en los beneficios internos, sobre todo generadores de salud mental que dicho proceso conlleva. El cliente o paciente debe estar consciente que debe perdonar para mejorarse a sí mismo.

La identificación con un agresor del pasado, desplazado en el presente por alguien que se le parece, sometiéndose de nuevo de manera masoquista a abusos, es una consecuencia de no perdonar los abusos del pasado.

“Ya pasó…hoy mi vida es diferente y quiero disfrutarla”. Esta es una actitud que debe profundizarse en el conocimiento de la propia historia.

La falta de perdón está relacionada con el resentimiento y la envidia destructiva. Perdonar es una elección de vida, de tener nuevas oportunidades para disfrutarla. Perdonar implica haber pasado en una relación.por un proceso de

Idealización – Destrucción – Negociación – Perdón

En esta medida, es un proceso similar al del duelo. De hecho, perdonar implica un proceso de duelo. Muchas veces no perdonamos a los ausentes por el hecho mismo de haberse ido, de no habernos visto cuando cambiamos, de no habernos dado una mejor oportunidad, una mayor confianza. También uno debe perdonarse sus propias ausencias. No seguir buscando castigo, sino la oportunidad de abrir nuevas puertas. El perdón tiene alcances sociales. Los grupos en conflicto solucionan sus diferencias y se integran para soluciones comunes mediante el ejercicio del perdón. Lo que funciona en el grupo interno de la persona, el perdonar a aquellos que hoy se encuentran dentro de su psique, funcionara para mejorar las relaciones con el grupo externo, con quienes se establecen relaciones importantes en todos los ámbitos.

Existen técnicas para que cada uno de nosotros logre el perdón y crezca. El sufrimiento que ha de ser aliviado mediante dichas técnicas psicoterapéuticas tiene que ver con la ira, el resentimiento, los pensamientos rumiantes, la incapacidad de “dejar ir” y sobre todo el deseo impotente de perdonar. En general, con todo el enojo que produce un pasado insuperable, irresistiblemente atrapador, al que se le culpa de los fracasos del presente. De ahí la importancia de que un proceso psicoterapéutico ayude a perdonar. En el fenómeno de la transferencia, puede ser que el hecho que no hayamos perdonado a alguien del pasado, produzca animadversión con una persona que guarda un parecido en el registro inconsciente con el supuesto agresor del pasado. Un ejercicio interesante sería identificar resentimientos con alguien del pasado y ver si esta persona se parece a alguien del presente con quien llevemos una mala relación. ¿Qué tendríamos que perdonar de aquél agresor? ¿Eso mejoraría nuestra relación con el personaje del presente?

Persona del Presente

Persona del Pasado (Se parece a)

Emociones asociadas

En otras ocasiones, el no haber perdonado a un agresor del pasado, hace que nos enfrasquemos en relaciones destructivas con personas que se le parecen, en un intento de superar el trauma causado con este sustituto. Por ejemplo, una ofensa que se ha mantenido en los resentimientos por parte de algún hermano, pudiera tratarse de re-escenificar con un personaje que se le parezca en el presente, pudiendo acarrear con ello un sometimiento masoquista innecesario.

Eliminar el resentimiento y producir actitudes positivas son las metas terapéutica primordiales en el perdón. Identificar las reacciones al trauma infligido, como son ira, tristeza, desesperanza, vergüenza, desilusión. Estos sentimientos pueden ser luego procesados con el terapeuta en un lugar apropiado. Otra intervención consistiría en desarrollar empatía hacia el ofensor.

Perdonarse a sí mismo

El remordimiento persistente solamente puede ser resuelto si uno se perdona por la culpa sentida por haber hecho u omitido alguna acción que se considera perjudicial o por la vergüenza de no haber sido alguien a la altura de la imagen ideal que se tiene de sí mismo.

Perdonarse es desidentificarse con personas idealizadas o amenazantes. Darse cuenta de que se han librado batallas inútiles en aras de lealtades primarias (con madre, padre, hermanos) debido a la necesidad de amor y reconocimiento o al terror que producía perderlos.

El Amor y el Perdón

La falta de perdón produce ira. Ésta solamente puede ser enfrentada con amor. El amor que se usa para perdonar al ofensor tiene que ver con la empatía. Hay que tratar de ver al agresor como alguien que tuvo que llegar a fastidiarnos por algún motivo relacionado con su propio sufrimiento existencial y tratar de sentir cómo su alma fue siendo torturada como para llegar a ser un ofensor tan dañino para los demás, para nosotros. Ser compasivo amplifica la capacidad de perdonar.

La Oración y el Perdón

La oración del padre nuestro involucra al perdón en relación a que un poder superior nos puede ayudar a perdonarnos y a perdonar. Implica el cristiano principio de amar a otros como pudiéramos amarnos a nosotros mismos, en un equilibrio entre el amor por los demás y el amor por uno mismo. En términos psicoanalíticos, un equilibrio entre la libido narcisista y la libido objetal, que tiende a regular la agresión hacia uno mismo y hacia el medio. Desde la visión Cristiana, Dios a través de Jesucristo, espera que perdonemos a los que nos ofenden para poder ser perdonados por él.

En la oración. Cada vez que reconocemos que guardamos rencor y que sinceramente deseamos evitarlo, vamos bajando la intensidad de nuestro enojo hasta que efectivamente logramos que no nos afecte. Esto implica una resolución traumática mediante el relato. Los católicos usan para ello la confesión de los resentimientos. En los programas de doce pasos, se utiliza el quinto paso en que entre otras cosas contiene la lectura ante otro y la admisión ante Dios (oración) de los resentimientos escritos en el cuarto paso.

Consecuencias del Perdón

Haber perdonado cambia la perspectiva que tenemos sobre la historia de nuestra vida. Esto no significa que estableceremos otra vez un nexo con alguien que ha abusado de nosotros para que su abuso se perpetúe. Todo lo contrario, el proceso de perdón implica precisamente no volverse a someter al abuso, al entender cual fue nuestro papal – nunca culpable – en la ofensa recibida. Esto implicará que no existe una compulsión a la repetición del acto de abuso recibido, en aras de poder superarlo.

El perdón puede disminuir la ira que se encuentra asociada a trastornos depresivos (Enright y Fitzgibbons, 2000). Si se perdona, la queja común en el depresivo acerca de no haber tenido éxito en la vida o en algunas situaciones debido a la agresión sufrida, se anula y entonces puede salir la agresión a ser utilizada provechosa y creativamente. Implica romper la negación sobre hechos traumáticos sufridos, la manera en que se ha re - escenificado el trauma en papel de víctima por no haber sido capaz de perdonar. Cuando se perdona realmente, se deja de re – experimentar el hecho traumático en distintos escenarios.

El resentimiento también puede llegar a dirigirse hacia un grupo y esto genera prejuicios e intolerancia. Con el perdón se alcanza la tolerancia. Al perdonar a un agresor que perteneciera a un determinado grupo identificado, pudiera alcanzarse un perdón general para todo ese grupo, eliminando prejuicios. Pero lo mejor es el perdón universal.

No haber podido perdonar simplemente tiene que ver con no haber concebido que el cambio interior que produce el perdón es más provechoso que el estado de resentimiento e ira, si bien muchas veces eso es lo que produce acción vital, lo cual no es una incapacidad moral, sino más bien que no se ha tenido la fortuna de elaborar el trauma y ver al agresor o a uno mismo como errado, con diferente perspectiva.

Referencias

Enright, Robert D.; Fitzgibbons, Richard P. (2000). Helping clients forgive: An empirical guide for resolving anger and restoring hope. Washington, DC, US: American Psychological Association. xiii, 376 pp.

Lamb, Sharon(Editor). Before Forgiving : Cautionary Views of Forgiveness in Psychotherapy. Cary, NC, USA: Oxford University Press, Incorporated, 2002.

Wade, N. G., Johnson Ch. V. y Meyer, J. E.: Understanding concerns about interventions to promote forgiveness: a review of the literature. Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Trainin. Copyright 2008 by the American Psychological Association 2008, Vol. 45, No. 1, 88–102.