Voy más allá de las teorías y las técnicas pues entiendo que cada ser es único e irrepetible. Cuando un ser humano, con un problema, toca a mi puerta y tiene el coraje de abrirme su corazón, con respeto me adentro en su proceso de transformación personal sabiendo que piso tierra sagrada. Visita mi página web y conoce más: www.lmhoyosduque.com
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jueves, octubre 05, 2017
El secreto de la eterna juventud
El hombre a través de los tiempos ha buscado el secreto de la eterna juventud, algunos han banalizado el tema y lo han reducido sólo a mejillas sonrojadas, piel turgente, Botox y adiós arrugas. Empero, el asunto va más allá, pues la longevidad en los tiempos que corren se ha incrementado. Entonces con una mayor longevidad lo deseable es llegar a ser adultos mayores lúcidos, vitales y sin convertirnos en una carga para los seres que amamos.
En torno a esa pregunta y a esa búsqueda de secretos, trucos y opciones mi hijo Andrés me entregó recientemente unos elementos bastante interesantes.
Andrés hacía algunos años que no veía a su padre, él vive al otro lado del atlántico. Es un hombre adulto mayor, de 84 años. Antes de partir hablamos con Andrés acerca del natural deterioro en que encontraría a su padre.
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lunes, agosto 08, 2016
Mi relación se derrumba ¡ayúdeme!
Este fue el clamor de Paolo cuando me contactó por primera vez. Abrí el primer espacio conjuntamente con su pareja. Paolo llegó abriendo su corazón, en tanto que Nadia, su pareja se mostraba reservada.
Así se expresó Paolo: “Llevamos cinco años juntos, al principio fue muy difícil, demasiado difícil, Nadia no quería ser mi pareja, insistí, insistí e insistí hasta que al fin, aceptó. Llevamos meses peleando mucho. Todo mi mundo gira alrededor de Nadia, pero a ella parece no importarle, es demasiado tranquila. Estoy ilusionado con el apartamento que estamos comprando, lo pago yo pero es de los dos... No me interesa salir con amigos, ni hacer programa con otros que no sea ella. Para Nadia lo más importante es su familia, sus amigos, como si yo no existiera o como si yo no le importara, nunca habla de proyectos juntos. Dice que soy muy celoso, y como no, un día le encontré un mensaje de un compañero de la empresa… no me cuenta cuando va a salir con algún amigo, dice que no quiere que me ponga bravo. Me molesta porque me entero y no por ella”.
lunes, octubre 19, 2015
Podemos llegar a odiarnos

Llegan a consulta. Cuando los recibo se muestran fríos, dejando ver la distancia que les separa. Cuando comienzan a hablar se puede apreciar el resentimiento y el rencor que subyace a sus palabras, se suceden las críticas, los reproches que abren un abismo entre ellos. No se escuchan, se interrumpen con acusaciones.
Este es el último cartucho, manifiestan al final. Sin embargo su mirada está más enfocada en la separación que en el encuentro. Al oírlos me cuesta creer que alguna vez se hayan querido. Cada uno aparece ante el otro desdibujado, despojado de las cualidades que un día fueron reconocidas y valoradas.
“Desde el principio había mucha atracción física entre nosotros, era como un imán que nos atraía irremisiblemente. Cada vez que coincidíamos y nos encontrábamos sentíamos alegría de vernos de nuevo, hasta que un día nos dejamos llevar por la pasión y comenzamos nuestra historia de amor. Me gustaba todo de él”, dice ella con los ojos brillantes.
“Yo la veía como la mujer más especial que había conocido nunca”, añade él sin apenas mirarla, como queriendo recrearse en aquellos sentimientos de tiempo atrás.
Esta historia se repite en las conversaciones entre amigos, en las consultas de los psicólogos. El amor puede tornarse en odio cuando no se cuida. En estudios científicos, entre los que destacan las investigaciones de Sterberg, se observó que el odio no podía ser entendido sin el amor ya que ambos se encuentran estrechamente relacionados debido a la similitud de sus componentes.
La teoría triangular del amor sostiene que en el amor subyacen tres componentes:
La intimidad, la pasión y la decisión y compromiso. Estos componentes no son estáticos, están en constante interacción entre ellos lo que da como resultado los siete tipos de amor: cariño, encaprichamiento, amor vacío, romántico, sociable, fatuo y consumado.
Por otra parte, la teoría triangular del odio es justo lo opuesto de los mismos componentes. Negación de la intimidad, que busca la desvinculación emocional y se alimenta del rechazo; pasión en el odio en forma de furia y compromiso en el odio, que devalúa a la persona para justificar el abandono.
También las neurociencias han obtenido resultados que ayudan a comprender mejor por qué es tan fácil pasar del amor al odio. Desde un punto de vista biológico, el odio activa numerosas áreas cerebrales y muchas regiones que se activan cuando se odia son las mismas que cuando se está enamorado.
El odio se gesta con las pequeñas cosas que dejamos sin resolver adecuadamente, como ocurre en el caso de nuestra pareja, y va creando círculos de fuego en los que muchas veces acabamos quemándonos. Comenzamos a echar leña al fuego cuando no se cumplen nuestras expectativas respecto a lo que esperamos de las personas amadas y comenzamos a acumular quejas.
El desamor llega con la negación de todo lo que habíamos pensado e imaginado del otro, dejamos de valorar y apreciar sus cualidades y desdibujamos en nosotros la imagen de ese ser único y diferente del que nos enamoramos.
En este proceso suelen haber al principio muchos intentos de tapar o justificar el dolor que produce la decepción. Sin embargo, conforme avanza la vivencia de desencuentro, se convierte la relación en un gran punto negro, desde el que solamente se ve lo negativo. Llegados a este punto, ya está instalado el odio en nuestro corazón e instaurado el mecanismo de proyección desde el que culpamos al otro de nuestro sufrimiento y le odiamos porque deja al desnudo nuestras debilidades, nuestra dependencia y nuestra inseguridad.
Las personas más vulnerables a albergar sentimientos de odio son aquellas que tienen baja autoestima, porque se sienten atacadas más fácilmente que las personas seguras de sí mismas. La inseguridad que domina en las personas con una autoestima devaluada, unida a las comparaciones, los sentimientos de inferioridad, la baja tolerancia a la frustración, el miedo, los complejos y la intolerancia, impiden que canalicen de forma adecuada sus emociones por lo que son fuentes generadoras de odio en sus relaciones personales y sociales.
El odio corroe a quien lo siente; mina el estado anímico y puede llegar incluso a derivar en problemas de salud como el insomnio, el estrés, la ansiedad o la depresión y debilita considerablemente el sistema inmunológico.
El odio igual que el amor supone una “instalación”. Cuando dejamos de estar instalados en el odio, recuperamos nuestra capacidad para ver al otro en toda su dimensión, y podemos proyectarnos desde el sentimiento amoroso que favorece el encuentro.
http://mundoejecutivo.com.mx/
*Psicóloga, profesora Universidad de Murcia
*Psicóloga, profesora Universidad de Murcia
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domingo, agosto 23, 2015
El fin del sufrimiento
Los budistas han conocido desde siempre la interconexión de todas las cosas, y ahora los físicos la confirman. Nada de lo que ocurre es un suceso aislado; sólo aparenta serlo. Cuanto más lo juzgamos y lo etiquetamos, más lo aislamos. Nuestro pensamiento fragmenta la totalidad de la vida. Sin embargo, es la totalidad de la vida la que ha producido ese suceso, que es una parte de la red de interconexiones que constituyen el cosmos.
Esto significa que cualquier cosa que es, no podría haber sido de otra manera.
En la mayoría de los casos, ni siquiera podemos empezar a comprender la función que un suceso aparentemente sin sentido puede desempeñar en la totalidad del cosmos; pero reconocer su inevitabilidad dentro de la inmensidad de la totalidad puede ser el principio de una aceptación interna de lo que es y nos permite realinearnos con la totalidad de la vida.
La verdadera libertad y el final del sufrimiento estriban en vivir como si hubieras elegido deliberadamente cualquier cosa que sientas o experimentes en este momento.
Este alineamiento interno con el Ahora es el final del sufrimiento.
¿Es imprescindible sufrir? Sí y no.
Si no hubieras sufrido como has sufrido, no tendrías profundidad como ser humano, ni humildad, ni compasión. No estarías leyendo esto. El sufrimiento abre el caparazón del ego, pero llega un momento en que ya ha cumplido su propósito. El sufrimiento es necesario hasta que te das cuenta de que es innecesario.
La infelicidad necesita un «yo» fabricado por la mente, con una historia, una identidad conceptual. Necesita tiempo, pasado y futuro. Cuando retiras el tiempo de tu infelicidad, ¿qué queda? Únicamente este momento tal como es.
Puede ser una sensación de pesadez, agitación, tirantez, enfado e incluso náusea. Eso no es infelicidad, y no es un problema personal. No hay nada personal en el dolor físico humano. Simplemente es una intensa presión o una intensa energía que sientes en alguna parte del cuerpo. Al prestarle atención, la sensación no se convierte en pensamiento, y de ese modo no reactiva el «yo» infeliz.
Observa qué ocurre cuando dejas que la sensación sea.
Surge mucho sufrimiento, mucha infelicidad, cuando crees que es verdad cada pensamiento que se te pasa por la cabeza. Las situaciones no te hacen infeliz. Pueden causarte dolor físico, pero no te hacen infeliz. Tus pensamientos te hacen infeliz. Tus interpretaciones, las historias que te cuentas, te hacen infeliz.
«Los pensamientos que estoy pensando ahora mismo me hacen infeliz.» Cuando te das cuenta de este hecho, rompes tu identificación inconsciente con dichos pensamientos.
¡Qué día más horrible!
Él no ha tenido el detalle de devolverme la llamada.
Ella me ha decepcionado.
Pequeñas historias que nos contamos y contamos a otros, a menudo en forma de quejas. Están diseñadas inconscientemente para ensalzar nuestro siempre deficiente sentido de identidad haciendo que nosotros «tengamos razón» y la otra persona que esté «equivocada». «Tener razón» nos sitúa en una posición de superioridad imaginaria, fortaleciendo el falso sentido del yo, el ego. Este mecanismo nos crea algún tipo de enemigo: sí, el ego necesita enemigos para definir sus límites, y hasta el tiempo meteorológico puede cumplir esa función.
Los juicios mentales habituales y la contracción emocional hacen que mantengas una relación personalizada y reactiva con las personas y sucesos de tu vida. Todo esto son formas de sufrimiento auto creado, pero no las reconoces como tales porque son satisfactorias para el ego. El ego se crece en la reactividad y el conflicto.
Qué simple sería la vida sin estas historias.
Está lloviendo.
El no ha llamado.
Yo estuve allí. Ella, no.
Cuando estés sufriendo, cuando te sientas infeliz estáte totalmente con lo que es Ahora. La infelicidad y los problemas no pueden sobrevivir en el Ahora.
El sufrimiento comienza cuando nombras o etiquetas mentalmente una situación como mala o indeseable. Te sientes agraviado por una situación y ese resentimiento la personaliza, haciendo que surja el «yo» reactivo.
Nombrar y etiquetar son procesos habituales, pero esos hábitos pueden romperse. Empieza a practicar en pequeños hechos el hábito de «no nombrar». Si pierdes el avión, si dejas caer y rompes una taza, o si te resbalas y caes en un charco, ¿puedes contenerte y no llamar mala o dolorosa a esa experiencia? ¿Puedes aceptar inmediatamente que ese momento es como es?
Considerar que algo es malo produce una contracción emocional en ti. Cuando dejas que la situación sea, sin nombrarla, de repente dispones de una enorme energía.
La contracción corta tu conexión con ese poder, el poder de la vida misma.
Comieron el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Ve más allá del bien y del mal absteniéndote de etiquetar mentalmente las cosas, de considerarlas buenas o malas. Cuando vas más allá del hábito de nombrar, el poder del universo se mueve a través de ti. Cuando mantienes una relación no reactiva con las experiencias, muchas veces lo que antes hubieras llamado «malo» dará un giro rápido, cuando no inmediato, mediante el poder de la vida misma.
Observa qué ocurre cuando, en lugar de considerar «mala» una experiencia, la aceptas internamente, le das un «sí» interno, dejándola ser como es.
Sea cual sea tu situación existencial, ¿cómo te sentirías sí la aceptases completamente como es, ahora mismo?
Hay muchas formas de sufrimiento sutiles y no tan sutiles que consideramos «normales», y que generalmente no reconocemos que nos hacen sufrir, e incluso pueden ser satisfactorias para el ego: irritación, impaciencia, ira, tener un problema con algo o alguien, resentimiento, queja.
Puedes aprender a reconocer todas esas formas de sufrimiento cuando se presentan, y reconocer: «En este momento estoy creando sufrimiento para mí mismo.»
Si tienes el hábito de crearte sufrimiento, probablemente también harás sufrir a otros. Estos patrones mentales inconscientes tienden a llegar a su fin por el simple hecho de hacerlos conscientes, dándote cuenta de ellos a medida que ocurren.
No puedes ser consciente y crearte sufrimiento a ti mismo.
Éste es el milagro: detrás de cada estado, persona o situación que parece «malo» o «malvado» se esconde un bien mayor. Ese bien mayor se te revela -tanto dentro como fuera- mediante la aceptación interna de lo que es.
«No te resistas al mal» es una de las más altas verdades de la humanidad.
Un diálogo:
Acepta lo que es.
Realmente no puedo aceptarlo. Hace que me sienta molesto y enfadado.
Entonces acepta lo que es.
¿Aceptar que estoy molesto y enfadado? ¿Aceptar, que no puedo aceptarlo?
Sí. Lleva aceptación a tu no-aceptación. Lleva rendición a tu no-rendición. A continuación observa qué ocurre.
El dolor físico es uno de los profesores más severos que podemos tener. Su enseñanza es: «La resistencia es inútil.»
Nada podría ser más normal que el deseo de no sufrir. Sin embargo, si puedes abandonar esa actitud y permitir que el dolor esté presente, tal vez sientas una sutil separación interna del dolor, como un espacio entre el dolor y tú, por así decirlo. Esto implica sufrir conscientemente, voluntariamente. Cuando sufres conscientemente, el dolor físico puede quemar rápidamente el ego en ti, ya que el ego está compuesto en gran medida de resistencia. Lo mismo es válido para la incapacidad física extrema.
«Ofrecer tu sufrimiento a Dios» es otro modo de decir lo mismo.
No hace falta ser cristiano para comprender la profunda verdad universal contenida simbólicamente en la imagen de la cruz.
La cruz es un instrumento de tortura. Representa el sufrimiento más extremo, la mayor limitación, la mayor impotencia con la que un ser humano puede toparse. Entonces, de repente, ese ser humano se rinde, sufre voluntariamente, conscientemente, y eso queda expresado en las palabras: «Hágase tu voluntad, y no la mía.» En ese momento, la cruz, el instrumento de tortura, muestra su cara oculta: también es un símbolo sagrado, un símbolo de lo divino.
Lo que parecía negar la existencia de cualquier dimensión trascendental en la vida, se convierte, mediante la rendición, en una abertura a esa dimensión trascendental.
El Silencio Habla
Título Original: “Stillnes Speaks”
Ó2003, Eckhart Tolle
Traducción 2004 Miguel Iribarren
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martes, agosto 11, 2015
La infelicidad latente Eckart Tolle
El ego crea separación y la separación crea sufrimiento. Por consiguiente, es obvio que el ego es patológico. Aparte de las formas más claras de negatividad como la ira, el odio y demás, hay otras más sutiles, las cuales son tan comunes que por lo general no se las reconoce por lo que son. Entre ellas se cuentan la impaciencia, la irritación, el nerviosismo, el hastío, etcétera. Esas formas de negatividad son la infelicidad latente, estado interior en el cual suelen permanecer muchas personas. Es necesario estar supremamente concientes y absolutamente presentes a fin de detectarlas. Siempre que lo hacemos así, tenemos un momento de despertar y se suspende la identificación con la mente.
El siguiente es uno de los estados negativos más comunes, el cual puede pasar desapercibido precisamente por ser tan común y normal. Seguramente usted estará familiarizado con él. ¡Suele usted experimentar una sensación de descontento que podría describir como un resentimiento latente? Puede ser específico o inespecífico. Muchas personas pasan gran parte de sus vidas en ese estado. Se identifican hasta tal punto con él que no pueden tomar distancia para reconocerlo. Detrás de esa sensación hay ciertas creencias inconscientes, es decir, unos pensamientos. Sentimos esos pensamientos de la misma manera en que soñamos al dormir. En otras palabras, no sabemos que tenemos esos pensamientos, como tampoco el soñador sabe que sueña.
Los siguientes son algunos de los pensamientos inconscientes más comunes de los cuales se alimenta la sensación de descontento o de resentimiento latente. He eliminado el contenido de esos pensamientos para dejar solamente su estructura. De esa manera se aprecian más claramente. Siempre que haya infelicidad latente (o manifiesta) en su vida, vea cuáles de estos pensamientos son aplicables y proporcióneles contenido de acuerdo con su situación personal:
"Algo debe suceder en mi vida para que yo pueda alcanzar la paz (la felicidad, la realización, etcétera). Y resiento que no haya sucedido todavía. Quizás con mi resentimiento logre que suceda finalmente".
"Algo sucedió en el pasado que no debió suceder y lo resiento. Si eso no hubiera sucedido, tendría paz ahora".
"Me está sucediendo algo que no debería sucederme y me está impidiendo tener paz".
Muchas veces, las creencias inconscientes apuntan a una persona, de manera que la palabra "suceder" se reemplaza por "hacer".
"Deberías hacer esto o aquello para que yo pueda tener paz. Y resiento que no lo hayas hecho. Quizás con mi resentimiento logre que lo hagas".
"Algo que tú (o yo) hicimos, dijimos o dejamos de hacer en el pasado me está impidiendo tener paz".
"Lo que haces o no haces ahora me está impidiendo tener paz".
EL SECRETO DE LA FELICIDAD
Todas las citas anteriores son supuestos que no se han examinado y que confundimos con la realidad. Son historias creadas por el ego para convencernos de que no podemos estar en paz en el presente y tampoco ser nosotros mismos. Estar en paz y ser quienes somos es lo mismo. El ego dice: quizás en un futuro podré tener paz si tal o cual cosa sucede o si obtengo aquello o me convierto en lo de más allá. También dice: no podré estar en paz jamás a causa de algo que sucedió en el pasado. En general, todo el mundo cuenta la misma historia, "por qué no puedo tener paz ahora". El ego no sabe que nuestra única oportunidad para estar en paz es ahora. O quizás sí lo sabe pero teme que lo averigüemos. Después de todo, la paz representa la aniquilación del ego.
¿Cómo podemos alcanzar la paz ahora? Haciendo la paz con el momento presente. El momento presente es el campo en el cual transcurre el juego de la vida. No puede jugarse en ningún otro lugar. Una vez hecha la paz con el momento presente, podemos ver lo que sucede, lo que podemos hacer o lo que optamos por hacer, o más bien, lo que la vida hace a través de nosotros. Hay cuatro palabras en las cuales se encierra el secreto del arte de vivir, el secreto del éxito y la felicidad: uno con la vida. Ser uno con la vida significa ser Uno con el Ahora. Entonces nos damos cuenta de que no vivimos la vida, sino que ésta nos vive. La vida es la bailarina y nosotros somos la danza.
Al ego le encanta estar resentido con la realidad. ¿Qué es la realidad? Cualquier cosa que es. Buda la denominó tatata, el tal o cual de la vida, es decir, nada más que el tal o cual de este momento. Oponerse a ese tal o cual es una de las principales características del ego. Esa oposición crea la negatividad de la cual se alimenta el ego, la infelicidad que tanto le gusta. De esta manera sufrimos y hacemos sufrir a los demás sin siquiera saberlo, sin darnos cuenta de que estamos creando el infierno en la tierra. Crear sufrimiento sin reconocerlo es la esencia de la vida inconsciente y es estar completamente bajo el control del ego. La incapacidad del ego para reconocerse y ver lo que hace es verdaderamente aterradora e increíble. El ego hace exactamente lo que condena en los demás y ni siquiera se da cuenta. Cuando se lo señala, recurre a la negación, la ira, los argumentos y las justificaciones que distorsionan los hechos. Y todo el mundo lo hace, las personas, las empresas y los gobiernos. Cuando todo lo demás falla, el ego recurre a los gritos y hasta a la violencia física. ¡Que manden al ejército! Es entonces cuando reconocemos la sabiduría de las palabras de Jesús en la cruz: "Perdónalos porque no saben lo que hacen".
Para poner fin a la desgracia que se ha cernido sobre la condición humana durante miles de años, debemos comenzar con nosotros mismos y asumir la responsabilidad por nuestro estado interior en todo momento. Eso significa que debe ser ahora mismo. Pregúntese si hay negatividad en su interior en este mismo momento. Entonces preste atención a sus pensamientos y también a sus emociones. Esté alerta a esa infelicidad latente a la cual me referí anteriormente, en cualquiera de sus formas: descontento, nerviosismo, hastío, etcétera. Esté alerta a los pensamientos que aparentemente justifican o explican esa infelicidad pero que en realidad son los causantes de la misma. Tan pronto como tome conciencia de un estado negativo en su interior no piense que ha fallado. Significa que ha tenido éxito. Mientras no hay esa conciencia, prevalece la identificación con los estados interiores, y esa identificación es el ego. Con la conciencia se suspende la identificación con los pensamientos, las emociones y las reacciones. Este estado no debe confundirse con la negación. Al reconocerse los pensamientos, las emociones y las reacciones, se suspende automáticamente esa identificación. Entonces cambia nuestro sentido de lo que somos, nuestra sensación de ser: antes éramos pensamientos, emociones y reacciones; ahora somos conciencia, la Presencia consciente que observa esos estados.
"Un día me liberaré del ego". ¿Quién habla? El ego. Liberarse del ego realmente no representa un gran esfuerzo. Lo único que se necesita es tomar conciencia de los pensamientos y las emociones en el mismo momento en el que suceden. No se trata realmente de "hacer", sino de "ver". En ese sentido, es cierto que no hay nada que podamos hacer para liberarnos del ego. Cuando se produce el cambio de pasar de pensar a observar, entra a operar en nuestras vidas una inteligencia muy superior a la astucia del ego. Las emociones y hasta los pensamientos se despersonalizan a través de la conciencia. Reconocemos su naturaleza impersonal. Dejan de estar cargados del "yo". Son solamente emociones y pensamientos humanos. Toda la historia personal, la cual no es más que un cuento, un paquete de pensamientos y emociones, pasa a ocupar un lugar secundario y deja de ocupar el primer lugar en la conciencia. Deja de ser la base de nuestro sentido de identidad. Pasamos a ser la luz de la Presencia, la conciencia profunda que antecede a los pensamientos y las emociones.
"Lo que haces o no haces ahora me está impidiendo tener paz".
EL SECRETO DE LA FELICIDAD
Todas las citas anteriores son supuestos que no se han examinado y que confundimos con la realidad. Son historias creadas por el ego para convencernos de que no podemos estar en paz en el presente y tampoco ser nosotros mismos. Estar en paz y ser quienes somos es lo mismo. El ego dice: quizás en un futuro podré tener paz si tal o cual cosa sucede o si obtengo aquello o me convierto en lo de más allá. También dice: no podré estar en paz jamás a causa de algo que sucedió en el pasado. En general, todo el mundo cuenta la misma historia, "por qué no puedo tener paz ahora". El ego no sabe que nuestra única oportunidad para estar en paz es ahora. O quizás sí lo sabe pero teme que lo averigüemos. Después de todo, la paz representa la aniquilación del ego.
¿Cómo podemos alcanzar la paz ahora? Haciendo la paz con el momento presente. El momento presente es el campo en el cual transcurre el juego de la vida. No puede jugarse en ningún otro lugar. Una vez hecha la paz con el momento presente, podemos ver lo que sucede, lo que podemos hacer o lo que optamos por hacer, o más bien, lo que la vida hace a través de nosotros. Hay cuatro palabras en las cuales se encierra el secreto del arte de vivir, el secreto del éxito y la felicidad: uno con la vida. Ser uno con la vida significa ser Uno con el Ahora. Entonces nos damos cuenta de que no vivimos la vida, sino que ésta nos vive. La vida es la bailarina y nosotros somos la danza.
Al ego le encanta estar resentido con la realidad. ¿Qué es la realidad? Cualquier cosa que es. Buda la denominó tatata, el tal o cual de la vida, es decir, nada más que el tal o cual de este momento. Oponerse a ese tal o cual es una de las principales características del ego. Esa oposición crea la negatividad de la cual se alimenta el ego, la infelicidad que tanto le gusta. De esta manera sufrimos y hacemos sufrir a los demás sin siquiera saberlo, sin darnos cuenta de que estamos creando el infierno en la tierra. Crear sufrimiento sin reconocerlo es la esencia de la vida inconsciente y es estar completamente bajo el control del ego. La incapacidad del ego para reconocerse y ver lo que hace es verdaderamente aterradora e increíble. El ego hace exactamente lo que condena en los demás y ni siquiera se da cuenta. Cuando se lo señala, recurre a la negación, la ira, los argumentos y las justificaciones que distorsionan los hechos. Y todo el mundo lo hace, las personas, las empresas y los gobiernos. Cuando todo lo demás falla, el ego recurre a los gritos y hasta a la violencia física. ¡Que manden al ejército! Es entonces cuando reconocemos la sabiduría de las palabras de Jesús en la cruz: "Perdónalos porque no saben lo que hacen".
Para poner fin a la desgracia que se ha cernido sobre la condición humana durante miles de años, debemos comenzar con nosotros mismos y asumir la responsabilidad por nuestro estado interior en todo momento. Eso significa que debe ser ahora mismo. Pregúntese si hay negatividad en su interior en este mismo momento. Entonces preste atención a sus pensamientos y también a sus emociones. Esté alerta a esa infelicidad latente a la cual me referí anteriormente, en cualquiera de sus formas: descontento, nerviosismo, hastío, etcétera. Esté alerta a los pensamientos que aparentemente justifican o explican esa infelicidad pero que en realidad son los causantes de la misma. Tan pronto como tome conciencia de un estado negativo en su interior no piense que ha fallado. Significa que ha tenido éxito. Mientras no hay esa conciencia, prevalece la identificación con los estados interiores, y esa identificación es el ego. Con la conciencia se suspende la identificación con los pensamientos, las emociones y las reacciones. Este estado no debe confundirse con la negación. Al reconocerse los pensamientos, las emociones y las reacciones, se suspende automáticamente esa identificación. Entonces cambia nuestro sentido de lo que somos, nuestra sensación de ser: antes éramos pensamientos, emociones y reacciones; ahora somos conciencia, la Presencia consciente que observa esos estados.
"Un día me liberaré del ego". ¿Quién habla? El ego. Liberarse del ego realmente no representa un gran esfuerzo. Lo único que se necesita es tomar conciencia de los pensamientos y las emociones en el mismo momento en el que suceden. No se trata realmente de "hacer", sino de "ver". En ese sentido, es cierto que no hay nada que podamos hacer para liberarnos del ego. Cuando se produce el cambio de pasar de pensar a observar, entra a operar en nuestras vidas una inteligencia muy superior a la astucia del ego. Las emociones y hasta los pensamientos se despersonalizan a través de la conciencia. Reconocemos su naturaleza impersonal. Dejan de estar cargados del "yo". Son solamente emociones y pensamientos humanos. Toda la historia personal, la cual no es más que un cuento, un paquete de pensamientos y emociones, pasa a ocupar un lugar secundario y deja de ocupar el primer lugar en la conciencia. Deja de ser la base de nuestro sentido de identidad. Pasamos a ser la luz de la Presencia, la conciencia profunda que antecede a los pensamientos y las emociones.
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miércoles, abril 15, 2015
Resentimiento y quejas – Eckhart Tolle

Aplicar rótulos mentales negativos a los demás, ya sea en su cara o cuando se habla de ellos, suele ser uno de los componentes de este patrón. Utilizar adjetivos ultrajantes es la forma más cruda de esos rótulos y de la necesidad del ego de tener la razón y triunfar sobre los demás: “idiota, perra, imbécil”, son pronunciamientos definitivos contra los cuales no hay argumento posible. En el siguiente nivel más bajo en la escala de la inconciencia están los gritos y las injurias, y bastante cerca, está la violencia física.
El resentimiento es la emoción que acompaña a las lamentaciones y a los rótulos mentales, refuerza todavía más al ego. El resentimiento equivale a sentir amargura, indignación, agravio u ofensa. Resentimos la codicia de la gente, su deshonestidad, su falta de integridad, lo que hace, lo que hizo en el pasado, lo que dijo, lo que no hizo , lo que debió o no hacer. Al ego le encanta. En lugar de pasar por alto la inconciencia de los demás, la incorporamos en su identidad. ¿Quién lo hace? Nuestra inconsciencia, nuestro ego.
A veces, la “falta” que percibimos en otra persona ni siquiera existe. Es una interpretación equivocada, una proyección de una mente condicionada para ver enemigos en los demás y elevarse por encima de ellos. En otras ocasiones, la falta puede existir pero la amplificamos al fijarnos en ella, a veces hasta el punto de excluir todo lo demás. Y fortalecemos en nosotros aquello contra lo cual reaccionamos en otra persona.
No reaccionar al ego de los demás es una de las formas más eficaces no solamente de trascender el ego propio sino también de disolver el ego colectivo de los seres humanos. Pero solamente podemos estar en un estado donde no hay reacción si podemos reconocer que el comportamiento del otro viene del ego, que es una expresión de la disfunción colectiva de la humanidad. Cuando reconocemos que no es personal, se pierde la compulsión de reaccionar como si lo fuera.
Al no reaccionar frente al ego logramos hacer aflorar la cordura en los demás, es decir, oponer la conciencia incondicionada a la condicionada. En ocasiones quizás sea necesario tomar medidas prácticas para protegernos contra personas profundamente inconscientes. Y podemos hacerlo sin crear enemistad. Sin embargo, la mayor protección es permanecer en la conciencia.
Una persona se convierte en enemiga cuando personalizamos la inconsciencia de su ego. No reaccionar no es señal de debilidad sino de fuerza. Otra forma de expresar la ausencia de reacción es el perdón. Perdonar es pasar por alto o no reparar. No reparamos en el ego sino que miramos la cordura alojada en la esencia de todos los seres humanos.
Al ego le encanta quejarse y resentirse no solamente con respecto a otras personas, sino también a las situaciones. Lo mismo que se le hace a una persona se le puede hacer a una situación: convertirla en enemiga. La implicación siempre es: esto no debería estar sucediendo; no quiero estar aquí; no quiero tener que hacer esto; es una injusticia conmigo. Por supuesto el peor enemigo del ego es el momento presente, es decir la vida misma.
No se deben confundir las quejas con el hecho de hacer ver a una persona una deficiencia o un error a fin que que pueda corregirlo. Y abstenerse de quejarse no significa tolerar la mala calidad o la mala conducta. No es cuestión del ego decirle a un mesero que la sopa está fría y que debe calentarse, siempre y cuando nos atengamos a los hechos, los cuales siempre son neutros. Renegar es decir “Como se atreve a traerme una sopa fría”. Hay allí un “yo” al cual le encanta sentirse personalmente ofendido por la sopa fría y que va a sacar el mayor provecho de la situación, un “yo” que disfruta cuando encuentra la falta en el otro. Las quejas a las cuales nos referimos están al servicio del ego, no del cambio. Algunas veces es obvio que el ego realmente no desee cambiar a fin de poder continuar quejándose.
Trate de atrapar a la voz de su mente en el momento mismo en que se queja de algo, y reconózcala por lo que es: la voz del ego, nada más que un patrón mental condicionado, un pensamiento. Cada vez que tome nota de esa voz, también se dará cuenta de que usted, no es la voz, el pensador está en primer plano. Es así como usted Se libera del ego, de la mente no observada. Tan pronto como tome conciencia del ego que mora en usted, deja de ser ego para convertirse en un viejo patrón mental condicionado. El ego implica inconsciencia. La conciencia y el ego no pueden coexistir. El viejo patrón o hábito mental puede sobrevivir y reaparecer durante un tiempo porque trae el impulso de miles de años de inconsciencia colectiva, pero cada vez que se le reconoce se debilita.
Eckhart Tolle
Una nueva tierra
jueves, octubre 24, 2013
COMO HACER FRENTE AL RESENTIMIENTO Y EL ODIO (DIÁLOGO CON KRISHNAMURTI)

Pregunta: Si he de ser perfectamente honesto debo admitir que casi todo el mundo me provoca resentimiento y a veces odio. Eso hace que mi vida sea muy desdichada y penosa. Entiendo intelectualmente que soy ese resentimiento, ese odio, pero no pueda hacerle frente. ¿Puede Ud. mostrarme el camino?
K: Veamos qué entendemos por “intelectualmente”. Al afirmar que comprendemos algo intelectualmente, ¿qué queremos decir con eso? ¿Existe algo que pueda llamarse comprensión intelectual? ¿O es que la mente sólo comprende las palabras, porque ese es nuestro único medio de comunicarnos unos con otros? ¿Comprendemos algo verbalmente? Eso es lo primero en que tenemos que ser bien claros: si la llamada “comprensión intelectual” no es un impedimento a la comprensión. La comprensión, por cierto, es integral, no dividida ni parcial. O comprendo algo, o no lo comprendo. El decirse a uno mismo: “yo comprendo algo intelectualmente”, es sin duda una barrera para la comprensión. Es un proceso parcial, y, por lo tanto, no es en modo alguno comprensión. Pues bien, la pregunta es ésta: yo, que estoy resentido, que estoy lleno de odio, ¿cómo he de librarme de ese problema, o cómo he de hacerle frente? ¿Cómo hacemos frente a un problema? ¿Qué es un problema? Sin duda, un problema es algo que perturba. Por favor, ¿me permitís que os insinúe algo? Prestad simplemente atención a lo que estoy diciendo. No tratéis de resolver vuestro, problema de odio y resentimiento observadlo, no más. Aunque es difícil penetrar el problema de modo que al final os veáis libres de él, veamos si podemos hacerlo ahora. Será un experimento bastante interesante si lo intentamos juntos. Yo estoy resentido, lleno de odio; detesto a la gente, y eso me causa dolor. Y me doy cuenta de ello. ¿Qué he de hacer? Este es un factor que perturba mucho mi vida. ¿Qué tendré Que hacer? ¿Cómo estaré realmente libre de ello? No se trata tan sólo de desprenderme de ello por el momento, sino de librarme fundamentalmente de ello. ¿Cómo habré de proceder? Ahora bien, esto para mi es un problema porque me perturba. Si no fuera una cosa perturbadora, no sería problema para mí, ¿verdad? Porque causa dolor, perturbación, ansiedad, porque creo que es feo, quiero librarme de él. Por consiguiente, es a la perturbación que yo me opongo, ¿no es así? Le doy diferentes nombres en distintos momentos, en diferentes estados de ánimo; un día lo llamo esto, y otro día otra cosa. Pero el deseo, en el fondo, es no verme perturbado. ¿No es eso? Como el placer no perturba, lo acepto. No deseo librarme del placer porque en él no hay perturbación, al menos por el momento. Pero el odio, el resentimiento, son factores muy perturbadores en mi vida, y yo deseo librarme de ellos.
De suerte que mi Interés es no ser perturbado, y estoy buscando una manera de no ser nunca perturbado. ¿Y por qué no he de serlo? Yo tengo que ser perturbado para descubrir algo, ¿no es cierto? Yo tengo que pasar por tremendos trastornos, disturbios, ansiedades, para poder descubrir, ¿no es así? Porque si no me veo perturbado, me quedaré dormido. Y tal vez sea eso lo que la mayoría de nosotros desea en realidad: que se nos apacigüe, que se nos haga dormir, alejarnos de toda perturbación, hallar aislamiento, reclusión, seguridad. Si a mí no me importa, pues, ser perturbado (realmente, no superficialmente) si no me importa ser perturbado porque deseo descubrir, entonces mi actitud hacia el odio, hacia el resentimiento, sufre un cambio, ¿verdad? Si no me preocupa el estar perturbado, entonces el nombre no tiene importancia ¿no es así? La palabra “odio” no es importante; ¿lo es acaso? O el “resentimiento” contra la gente carece de importancia, ¿no es así? Porque entonces experimento directamente el estado que llamo resentimiento sin verbalizar esa experiencia. No sé si me explico bien. En otros términos: la ira es una condición muy perturbadora, como lo son el odio y el resentimiento; y muy pocos de nosotros experimentamos la ira directamente sin verbalizarla. Si no la verbalizamos, si no la llamamos “ira”, la experiencia es por cierto distinta, ¿verdad? Como la definimos, con ello reducimos la experiencia nueva a lo viejo o la fijamos en términos de lo viejo. Mientras que si no la nombramos, hay entonces una experiencia que se comprende directamente, y esta comprensión efectúa una transformación en el momento de esa vivencia. ¿Me explico con claridad? Por favor, esto no es sencillo. Consideremos por ejemplo la mezquindad. La mayoría de nosotros no nos damos cuenta si somos mezquinos -mezquinos en cuestiones de dinero, mezquinos para perdonar a la gente; mezquinos simplemente, bien lo sabéis. Estoy seguro que esto nos resulta familiar. Ahora bien, dándonos cuenta de ello ¿cómo vamos a libramos de esa condición? No se trata de llegar a ser generosos que no es lo importante. El estar libre de mezquindad implica generosidad; no necesitáis volveros generosos. De suerte que, evidentemente, hay que darse cuenta de ello. Puede que seáis muy generosos al hacer un gran donativo a vuestra sociedad a vuestros amigos, pero terriblemente mezquinos en cuanto a dar más propina; bien sabéis lo que yo entiendo por “mezquino”. Uno no es consciente de ello. Cuando uno llega a darse cuenta de ello, ¿qué ocurre? Nos esforzamos por ser generosos, tratamos de vencer, nuestra mezquindad, nos disciplinamos con el fin de ser generosos, etc. Pero, después de todo, el ejercitar la voluntad para ser algo sigue siendo parte de la mezquindad, dentro de un círculo mayor. Así, pues, si no hacernos ninguna de esas cosas y simplemente nos damos cuenta de lo que implica la mezquindad. sin aplicarle un término, veremos que ocurre una transformación radical. Consideremos la ira: si no le dais un nombre y simplemente la experimentáis, no a través de la “verbalización”, ya que la “verbalización” es un proceso que menoscaba la experiencia; si no le dais un nombre, entonces ella se agudiza, se torna muy violenta y actúa como una sacudida; y sólo entonces es posible ser libre. Tened a bien experimentar con esto. Primero, uno tiene que ser perturbado; y es obvio que a casi ninguno de nosotros le gusta ser perturbado. Creemos haber hallado una norma de vida -el Maestro, la creencia, lo que sea, y ahí nos establecemos. Es lo mismo que tener un buen puesto burocrático y en él vegetar por el resto de la vida. Con esa misma mentalidad abordamos diversas cualidades de las cuales queremos deshacernos. No vemos la importancia de ser perturbados, de estar interiormente inseguros, de no ser dependientes. Es sólo en la inseguridad, sin duda, que descubrís, que podéis ver, que comprendéis. Queremos tener, como el hombre de mucho dinero, una vida fácil. Pero él, por cierto, no será perturbado; él no quiere ser perturbado. Así, pues, la perturbación es esencial para el entendimiento, y cualquier intento de hallar seguridad es un obstáculo a la comprensión; y cuando queremos librarnos de algo que nos perturba, ello es por cierto un obstáculo. Mas si podemos experimentar un sentimiento directamente, sin nombrarlo, creo que es mucho lo que en ello encontraremos. Entonces ya no hay pugna con el sentimiento, porque el experimentador y lo experimentado son una misma cosa; y eso os esencial. Mientras el experimentador verbalice el sentimiento, la experiencia, él se separará de ella y actuará sobre ella; y tal acción es artificial, ilusoria. Pero si no hay “verbalización”, el experimentador y lo experimentado son una sola cosa. Esa integración es necesaria, y hay que enfrentarla radicalmente.
Espero que esto sea claro.
sábado, febrero 16, 2013
EL PERDÓN NO ES UN REGALO PARA EL OTRO, ES PARA TI

Cuando se deja algo del pasado, se abre la puerta a un nuevo futuro. Hay que tomar ese riesgo. La felicidad, precisamente proviene de dejar ir, que puede significar dar y estar dispuesto a recibir. Ya no hay por qué buscar el castigo contra alguien o contra sí mismo. Cuando no se perdona, se corre el riesgo de cometer actos antisociales. Vivimos en un país con una gran necesidad de perdón, así lo demuestra la violencia en que se vive.
Perdonar significa:
· Transformar los recuerdos,
· Poder apreciar los acontecimientos de otra manera para comenzar a sentirnos mejor con nosotros mismos y con los demás.
· Despojarse de la amargura y el resentimiento, del dolor y el sufrimiento, para poder:
· Establecer relaciones armoniosas y duraderas.
El perdón llega con el tiempo. Así se puede integrar lo bueno y lo malo de la gente. Si no se perdona, se es incapaz de alejarse del dolor que la herida produce, aunque haya pasado mucho tiempo Al-Mabuk, Enright, & Cardis, 1995). Por eso hay que perdonar.
La psicoterapia puede y tal vez debería introducir invariablemente técnicas de perdón. En realidad, el proceso de conocerse es en gran medida un acto de perdón. Pues saberse humano y falible implica perdonarse. Con ello se obtiene salud mental. Existen evidencias que demuestran que el incremento de la capacidad de perdonar trae consigo mejoramiento en la salud física y mental (Coyle & Enright, 1997; Freedman & Enright, 1996; Pettit, 1987; Salovey, Rothman, Detweiler, & Steward, 2000; citados por Enright y Fitzgibbons, 2000). Perdonar implica el surgimiento de emociones positivas que producen un incremento en el pensamiento creativo. Dejar ir, desprenderse del pasado por medio del perdón hacia los demás y hacia uno mismo, hace que surjan nuevas ideas, que nuevas puertas se abran. Perdonar mejora la autoestima y disminuye la ansiedad u depresión, pues la ira contra los demás y contra uno mismo tiende a reducirse.
Si se logra cambiar la forma en que se concibe el dolor, el sufrimiento, quien le ha afrentado y las heridas sufridas, el sujeto puede o ha perdonado y esta nueva perspectiva acarrea la felicidad y la aceptación. Precisamente, lograr un buen grado de aceptación implica perdonarse. Quien perdona acepta a los demás y quien se perdona se acepta a sí mismo.
“Quisiera perdonarte pero no puedo olvidar lo que me hiciste y ese daño me ha afectado toda la vida”. Este es un pensamiento rumiante que incluso pudiera ser el resultado de un proceso psicoterapéutico inacabado. La falta de perdón tiene que ver muchas veces con el pasado que se usa como pretexto, con el que se juega para culparse de los falsos fracasos percibidos. Si no se pasa por el dolor del fracaso, no se puede perdonar y aun así, puede existir un ir y venir de resentimientos que impiden que se deje ir lo que supuestamente impidió el logro anhelado.
Pudiera pensarse que solamente se puede perdonar cuando se está ante el agresor implorando éste perdón. Pero esto no pasar de un mero deseo, que se produce como consecuencia del resentimiento. “Quisiera que viniera a pedirme perdón de rodillas”. Esto es algo muy remoto. Los seres humanos somos muy propensos a justificar nuestras faltas o incluso en confiar precisamente que el tiempo enmendará nuestros errores. Pero el dolor puede volver si el perdón no es tan profundo como la herida. La motivación principal de perdonar se encuentra en los beneficios internos, sobre todo generadores de salud mental que dicho proceso conlleva. El cliente o paciente debe estar consciente que debe perdonar para mejorarse a sí mismo.
La identificación con un agresor del pasado, desplazado en el presente por alguien que se le parece, sometiéndose de nuevo de manera masoquista a abusos, es una consecuencia de no perdonar los abusos del pasado.
“Ya pasó…hoy mi vida es diferente y quiero disfrutarla”. Esta es una actitud que debe profundizarse en el conocimiento de la propia historia.
La falta de perdón está relacionada con el resentimiento y la envidia destructiva. Perdonar es una elección de vida, de tener nuevas oportunidades para disfrutarla. Perdonar implica haber pasado en una relación.por un proceso de
Idealización – Destrucción – Negociación – Perdón
En esta medida, es un proceso similar al del duelo. De hecho, perdonar implica un proceso de duelo. Muchas veces no perdonamos a los ausentes por el hecho mismo de haberse ido, de no habernos visto cuando cambiamos, de no habernos dado una mejor oportunidad, una mayor confianza. También uno debe perdonarse sus propias ausencias. No seguir buscando castigo, sino la oportunidad de abrir nuevas puertas. El perdón tiene alcances sociales. Los grupos en conflicto solucionan sus diferencias y se integran para soluciones comunes mediante el ejercicio del perdón. Lo que funciona en el grupo interno de la persona, el perdonar a aquellos que hoy se encuentran dentro de su psique, funcionara para mejorar las relaciones con el grupo externo, con quienes se establecen relaciones importantes en todos los ámbitos.
Existen técnicas para que cada uno de nosotros logre el perdón y crezca. El sufrimiento que ha de ser aliviado mediante dichas técnicas psicoterapéuticas tiene que ver con la ira, el resentimiento, los pensamientos rumiantes, la incapacidad de “dejar ir” y sobre todo el deseo impotente de perdonar. En general, con todo el enojo que produce un pasado insuperable, irresistiblemente atrapador, al que se le culpa de los fracasos del presente. De ahí la importancia de que un proceso psicoterapéutico ayude a perdonar. En el fenómeno de la transferencia, puede ser que el hecho que no hayamos perdonado a alguien del pasado, produzca animadversión con una persona que guarda un parecido en el registro inconsciente con el supuesto agresor del pasado. Un ejercicio interesante sería identificar resentimientos con alguien del pasado y ver si esta persona se parece a alguien del presente con quien llevemos una mala relación. ¿Qué tendríamos que perdonar de aquél agresor? ¿Eso mejoraría nuestra relación con el personaje del presente?
Persona del Presente
Persona del Pasado (Se parece a)
Emociones asociadas
En otras ocasiones, el no haber perdonado a un agresor del pasado, hace que nos enfrasquemos en relaciones destructivas con personas que se le parecen, en un intento de superar el trauma causado con este sustituto. Por ejemplo, una ofensa que se ha mantenido en los resentimientos por parte de algún hermano, pudiera tratarse de re-escenificar con un personaje que se le parezca en el presente, pudiendo acarrear con ello un sometimiento masoquista innecesario.
Eliminar el resentimiento y producir actitudes positivas son las metas terapéutica primordiales en el perdón. Identificar las reacciones al trauma infligido, como son ira, tristeza, desesperanza, vergüenza, desilusión. Estos sentimientos pueden ser luego procesados con el terapeuta en un lugar apropiado. Otra intervención consistiría en desarrollar empatía hacia el ofensor.
Perdonarse a sí mismo
El remordimiento persistente solamente puede ser resuelto si uno se perdona por la culpa sentida por haber hecho u omitido alguna acción que se considera perjudicial o por la vergüenza de no haber sido alguien a la altura de la imagen ideal que se tiene de sí mismo.
Perdonarse es desidentificarse con personas idealizadas o amenazantes. Darse cuenta de que se han librado batallas inútiles en aras de lealtades primarias (con madre, padre, hermanos) debido a la necesidad de amor y reconocimiento o al terror que producía perderlos.
El Amor y el Perdón
La falta de perdón produce ira. Ésta solamente puede ser enfrentada con amor. El amor que se usa para perdonar al ofensor tiene que ver con la empatía. Hay que tratar de ver al agresor como alguien que tuvo que llegar a fastidiarnos por algún motivo relacionado con su propio sufrimiento existencial y tratar de sentir cómo su alma fue siendo torturada como para llegar a ser un ofensor tan dañino para los demás, para nosotros. Ser compasivo amplifica la capacidad de perdonar.
La Oración y el Perdón
La oración del padre nuestro involucra al perdón en relación a que un poder superior nos puede ayudar a perdonarnos y a perdonar. Implica el cristiano principio de amar a otros como pudiéramos amarnos a nosotros mismos, en un equilibrio entre el amor por los demás y el amor por uno mismo. En términos psicoanalíticos, un equilibrio entre la libido narcisista y la libido objetal, que tiende a regular la agresión hacia uno mismo y hacia el medio. Desde la visión Cristiana, Dios a través de Jesucristo, espera que perdonemos a los que nos ofenden para poder ser perdonados por él.
En la oración. Cada vez que reconocemos que guardamos rencor y que sinceramente deseamos evitarlo, vamos bajando la intensidad de nuestro enojo hasta que efectivamente logramos que no nos afecte. Esto implica una resolución traumática mediante el relato. Los católicos usan para ello la confesión de los resentimientos. En los programas de doce pasos, se utiliza el quinto paso en que entre otras cosas contiene la lectura ante otro y la admisión ante Dios (oración) de los resentimientos escritos en el cuarto paso.
Consecuencias del Perdón
Haber perdonado cambia la perspectiva que tenemos sobre la historia de nuestra vida. Esto no significa que estableceremos otra vez un nexo con alguien que ha abusado de nosotros para que su abuso se perpetúe. Todo lo contrario, el proceso de perdón implica precisamente no volverse a someter al abuso, al entender cual fue nuestro papal – nunca culpable – en la ofensa recibida. Esto implicará que no existe una compulsión a la repetición del acto de abuso recibido, en aras de poder superarlo.
El perdón puede disminuir la ira que se encuentra asociada a trastornos depresivos (Enright y Fitzgibbons, 2000). Si se perdona, la queja común en el depresivo acerca de no haber tenido éxito en la vida o en algunas situaciones debido a la agresión sufrida, se anula y entonces puede salir la agresión a ser utilizada provechosa y creativamente. Implica romper la negación sobre hechos traumáticos sufridos, la manera en que se ha re - escenificado el trauma en papel de víctima por no haber sido capaz de perdonar. Cuando se perdona realmente, se deja de re – experimentar el hecho traumático en distintos escenarios.
El resentimiento también puede llegar a dirigirse hacia un grupo y esto genera prejuicios e intolerancia. Con el perdón se alcanza la tolerancia. Al perdonar a un agresor que perteneciera a un determinado grupo identificado, pudiera alcanzarse un perdón general para todo ese grupo, eliminando prejuicios. Pero lo mejor es el perdón universal.
No haber podido perdonar simplemente tiene que ver con no haber concebido que el cambio interior que produce el perdón es más provechoso que el estado de resentimiento e ira, si bien muchas veces eso es lo que produce acción vital, lo cual no es una incapacidad moral, sino más bien que no se ha tenido la fortuna de elaborar el trauma y ver al agresor o a uno mismo como errado, con diferente perspectiva.
Referencias
Enright, Robert D.; Fitzgibbons, Richard P. (2000). Helping clients forgive: An empirical guide for resolving anger and restoring hope. Washington, DC, US: American Psychological Association. xiii, 376 pp.
Lamb, Sharon(Editor). Before Forgiving : Cautionary Views of Forgiveness in Psychotherapy. Cary, NC, USA: Oxford University Press, Incorporated, 2002.
Wade, N. G., Johnson Ch. V. y Meyer, J. E.: Understanding concerns about interventions to promote forgiveness: a review of the literature. Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Trainin. Copyright 2008 by the American Psychological Association 2008, Vol. 45, No. 1, 88–102.
viernes, diciembre 09, 2011
El otro es mi espejo

Cuando no soportas a alguien, obsérvate, siéntete, escúchate,
¿qué es lo que esa persona te revela? ¿Qué te muestra aquel, que no aceptas en ti?
A este fenómeno en psicología Gestalt se le denomina proyecciones. Es difícil identificarlas
pues el mecanismo de defensa que desplegamos es la evasión, la huida de eso que
no queremos darnos cuenta, recuerda, el otro es un espejo, MI espejo.
Este relato de Gandhi nos ayuda a entender un poco más
el tema.
Le Preguntaron
a Mahatma Gandhi cuáles
son los factores que destruyen al ser humano. Él respondió
así:
“La Política sin
principios, el Placer sin
compromiso, la Riqueza sin
trabajo, la Sabiduría sin
carácter, los Negocios sin
moral, la Ciencia sin
humanidad y la Oración sin
caridad. La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy
amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren,
si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras
sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el
mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente es enojona, si yo soy enojón;
que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido. La vida es como un
espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente
a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí.”
Fuente imagen: http://felicidadpersonal.blogspot.com/2011/07/el-espejo.html
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