martes, noviembre 25, 2014

Adios a la ira- Wayne W. Dyer





El único antídoto para la ira es la eliminación de la frase interna "Si sólo fueras más parecido a mí".

¿Tienes mal genio? Tal vez aceptes la ira como parte integrante de tu vida, pero ¿reconoces, que de hecho no sirve a ningún fin útil? Quizá justificas tu mal humor diciendo cosas como "Es muy humano" o "Si no me desahogo expresándolo me lo guardaré dentro mío y se me convertirá en una úlcera". Pero la ira, el mal humor es una parte de ti mismo que no te gusta y, casi está de más decirlo, tampoco le gusta a la demás gente.

La ira no es algo "muy humano". No tienes por qué sentirla, y no sirve a ninguno de los propósitos relacionados con el que tú seas una persona feliz y realizada. Es una zona errónea, una especie de gripe psicológica que te incapacita igual que puede hacerlo una enfermedad.

Definamos el término ira. En el sentido que lo usamos en este capítulo se refiere a una reacción inmovilizante, una reacción que se experimenta cuando nos falla algo que esperábamos, algo con que contábamos. Toma la forma de rabia, hostilidad, de agresión contra alguien o incluso de silencio amenazante. No se trata simplemente de un enfado o irritación. Una vez más la palabra clave es inmovilidad. La ira es inmovilizante y por lo general proviene del deseo de que el mundo y la gente sean diferentes a lo que realmente son.

La ira es una elección y un hábito. Es una reacción aprendida ante la frustración y a resultas de la cual te comportas como preferirías no hacerlo. De hecho, la ira profunda es una forma de locura. Se es loco cuando no se puede controlar el propio comportamiento. Así pues, cuando estás enfadado y pierdes el control, sufres una locura temporal.

La ira no tiene retribuciones ni compensaciones psicológicas. Tal como la definimos aquí, la ira es debilitante. Físicamente puede producir hipertensión, úlceras, urticaria, palpitaciones cardíacas, insomnio, cansancio e incluso enfermedades cardíacas. Psicológicamente, la ira acaba con las relaciones afectivas; interfiere con la comunicación; conduce a la culpabilidad y la depresión y en general interfiere con tu vida. Quizá te sientas escéptico ante esto, puesto que siempre has oído decir que es más sano expresar la ira que guardarla embotellada dentro de ti. Sí, realmente la expresión de tu ira es más saludable que su represión. Pero existe una postura aún más sana: no sentir esa ira en absoluto. En este caso, no tendrás que enfrentarte con el dilema de si será mejor echarla fuera o guardarla adentro.

Como todas las emociones, la ira es un resultante del pensamiento. No es algo que simplemente te sucede. Cuando te enfrentas con circunstancias que no van por donde tú quisieras que vayan, te dices a ti mismo que las cosas no deberían ser así (frustración) y entonces eliges la acostumbrada reacción de enfado que sirve a un propósito. Y mientras aceptes la ira como parte de lo que significa ser un ser humano, tendrás razón en aceptarla y en evitar ocuparte de su eliminación.

Sin la menor duda, desfoga tu ira, desahógate, déjala salir en formas que no sean destructivas (si sigues decidido a conservarla). Pero empieza a pensar en ti mismo como en alguien que puede aprender a pensar de manera diferente cuando se siente frustrado, de modo que la ira inmovilizante pueda ser reemplazada por emociones más gratificantes y positivas. Lo más posible es que seguirás sintiendo rabia, irritación y desilusión, ya que el mundo no será nunca como tú quieres que sea. Pero la ira, esa respuesta emocional tan perjudicial, puede ser eliminada.

Es posible que defiendas el caso de la ira porque te sirve para conseguir lo que quieres. Bueno, observa la cosa con un poco más de atención. Si lo que quieres decir es que si levantas la voz o pones cara de furia te ayudará a evitar que tu hija de dos años juegue en la calle donde puede hacerse daño, entonces levantar la voz es una estrategia excelente. Sólo se convierte en ira cuando te sientes realmente perturbado, cuando te acaloras y aumentan las pulsaciones de tu corazón, cuando arrojas objetos y quedas inmovilizado en general por un tiempo, cualquiera que sea.

No dejes de seleccionar estrategias personales que reforzarán el comportamiento apropiado, pero no aceptes todo el dolor interno que esto puede significar. Puedes aprender a pensar de esta manera: "El comportamiento de la niña es peligroso para ella. Quiero hacerla ver que no se tolerará que juegue en la calle. Levantaré la voz para demostrarle la fuerza de mis sentimientos al respecto. Pero no me enfadaré".

Considera a una madre típica que no puede realizar este despliegue controlado de enfado. Se siente constantemente molesta por el mal comportamiento reiterado de sus hijos. Pareciera como que mientras más se molesta ella, peor se portan ellos. Los castiga; los manda a su habitación; grita constantemente y está casi siempre en estado de irritación, como "en pie de guerra", cuando trata con sus hijos. Su vida como madre es una batalla. Lo único que sabe es gritar y por las noches se siente destrozada emocionalmente, agotada al cabo de un día en el campo de batalla.

Entonces ¿por qué se portan así los niños cuando saben cómo va a reaccionar mamá? Porque la ironía de la ira es que nunca logra cambiar a los demás: sólo consigue intensificar el deseo de la otra persona de controlar a la persona enfadada. Escucha lo que dirían los niños de quienes ahora hablamos si pudieran formular sus motivos para portarse mal.

"¿Ves lo que hace enfurecer a mamá? No tienes más que decir esto, o hacer esto otro, y podrás controlarla haciendo que le de uno de sus ataques. Puede que te tengas que quedar encerrado en tu habitación unas horas o unos momentos, ¡pero mira lo que consigues! ¡El total dominio emocional de su persona y a precio tan bajo! Ya que tenemos tan poco poder sobre ella, hagamos esto más a menudo y veremos cómo se enloquece con nuestro comportamiento."

La ira, cuando se usa en cualquier tipo de relación, impulsa a la otra persona a que siga actuando como lo ha hecho hasta ahora. Si bien el provocador aparenta estar asustado, por otro lado sabe muy bien que puede enfadar a la otra persona cuando quiera, y de esa manera ejercer sobre ella el mismo tipo de autoridad vengativa que cree tener el iracundo.

Cada vez que eliges enfadarte debido al comportamiento de otra persona, la estás privando de su derecho de ser lo que ella escoja. Dentro de tu cabeza está la frase neurótica: "Por qué no eres más parecido a mí?

Entonces te querría y me gustarías en vez de enfadarme". Pero los demás no serán nunca como tú quieres que sean, todo el tiempo por lo menos. Gran parte del tiempo las cosas y la gente serán distintas a lo que tú quisieras que fueran. Así es el mundo. Y la posibilidad de cambiarlo es nula. De modo que cada vez que optas por la rabia cuando te enfrentas con alguien o con algo que no te gusta, optas a la vez por dejarte herir o inmovilizarte de alguna manera por culpa de la realidad. Ahora bien, eso es una tontería.

Molestarte por cosas que no van a cambiar nunca. En vez de escoger la ira, puedes empezar a pensar en los demás como en seres que tienen derecho a ser diferentes a lo que tú quisieras que fueran. Puede que no te guste que así sea, pero no tienes por qué enfadarte por ello. La ira sólo los alentará a seguir siendo como son y te provocará todas las tensiones físicas y las torturas mentales que describimos antes. La elección está en tus manos realmente. La ira o un nuevo enfoque que te ayude a eliminar la necesidad de la ira.

Quizá te ves a ti mismo en el campo contrario, esto es, alguien que siente mucha rabia, pero que nunca ha tenido el valor de expresarla. Te la guardas y nunca dices nada, trabajándote esas dolorosas úlceras y viviendo tus momentos presentes con gran cantidad de ansiedad. En realidad no eres la otra cara de la persona que chilla y despotrica. Tienes las mismas frases en tu cabeza respecto a la gente y las cosas, que deberían ser como tú quieres. Si lo fueran, ése es tu razonamiento, no sentirías rabia, no te enfadarías. Ésta es una lógica equivocada y el secreto para deshacerte de tus tensiones radica en destruirla. Aunque quieras aprender a expresar tu furia contenida en vez de guardártela, la meta final debe ser aprender a pensar en forma diferente para no crear esa furia. Pensamientos internos como éste: "Si él quiere hacer el tonto, yo no voy a elegir molestarme por ello. Es él, no yo, el que se comporta de esa manera estúpida". O, "Las cosas no funcionan como yo creo que deberían hacerlo. Y aunque no me gusta, no voy a dejarme inmovilizar por ello". Aprender a expresar tu ira con valentía por medio de nuevas formas de comportamiento como las que hemos tratado en este libro, será un buen primer paso. Luego, pensar de forma diferente que te ayude a trasladarte del compartimento externo de tu salud mental al interno. El rehusar apoderarte del comportamiento de cualquier otra persona es el último paso, el objetivo final. Puedes aprender a evitar que el comportamiento y las ideas de otra gente tengan el poder de perturbarte y molestarte.

Extracto de "Tus zonas erróneas" - Wayne W. Dyer

lunes, noviembre 24, 2014

Volver al amor, reflexiones en torno a un curso de milagros



PRIMERA PARTE

LOS PRINCIPIOS

CAPÍTULO 1: EL INFIERNO

«El infierno no tiene cabida en un mundo cuya hermosura puede todavía llegar a ser tan deslumbrante y abarcadora que sólo un paso la separa del Cielo.»
(Los textos citados directamente de “A Course in Miracles” se han colocado entre comillas angulares. Las
citas que aparecen entre comillas altas son interpretaciones parafraseadas de dicha obra.)

1. LA OSCURIDAD

«Tu viaje hacia la oscuridad ha sido largo y penoso, y te has adentrado muy profundamente en ella.» Lo que sucedió con mi generación fue que nunca crecimos. El problema no es que estemos perdidos o seamos apáticos, narcisistas o materialistas. El problema es que nos sentimos aterrados.

Muchos sabemos que tenemos lo que se necesita: la presencia, la educación, el talento, las credenciales... Pero en ciertos dominios estamos paralizados. No nos detiene algo de afuera, sino algo de adentro. Nuestra opresión es interna. No nos refrena el gobierno, ni el hambre ni la pobreza. No tenemos miedo de que nos envíen a Siberia. Tenemos miedo, y punto. Un miedo difuso. Tenemos miedo de que nuestra relación de pareja no sea la que necesitamos, o de que sí lo sea. Tenemos miedo de no gustar a los demás o de gustarles.
Tenemos miedo del fracaso o del éxito. Tenemos miedo de morirnos jóvenes y también de envejecer. Tenemos más miedo de la vida que de la muerte.
Se diría que habríamos de sentir cierta compasión por nosotros mismos, inmovilizados como estamos por cadenas emocionales, pero no es así. Sólo nos sentimos avergonzados de nosotros mismos, porque pensamos que a estas alturas deberíamos ser mejores. A veces cometemos el error de creer que los demás no tienen Tanto miedo como nosotros, y eso sólo sirve para asustarnos más. Quizás ellos sepan algo que nosotros no sabemos. Tal vez nos falte algún cromosoma.

En nuestros días está de moda culpar prácticamente de todo a los padres. Pensamos que por su culpa tenemos tan poca autoestima. Si ellos hubieran sido diferentes, estaríamos rebosantes de amor por nosotros mismos. Pero si te fijas bien en la forma en que te trataban tus padres, verás que -salvo casos extremos- cualquier maltrato que hayas recibido en el pasado de ellos era leve si lo comparas con la forma en que te maltratas tú hoy. Es verdad que quizá tu madre te haya dicho muchas veces:Jamás serás capaz de hacer eso. Pero lo que tú te dices ahora es:

-Eres idiota. Nunca haces nada bien. La cagaste. Te odio.
Quizás ellos nos hayan tratado mal, pero nosotros somos crueles.
Nuestra generación se ha hundido en un autoaborrecimiento apenas disimulado. Y siempre, desesperadamente incluso, estamos buscando una salida, ya sea por la vía del crecimiento o por la de la huida. Tal vez con este diploma lo consigamos, o con este trabajo, este seminario, este terapeuta, esta
relación, esta dieta o este proyecto. Pero con demasiada frecuencia la medicina no llega a curarnos, y las cadenas se hacen cada vez más gruesas y estrechas. Los mismos seriales se repiten con diferentes personas
en diferentes ciudades. Empezamos a darnos cuenta de que el problema somos, de alguna manera, nosotros mismos, pero no sabemos qué hacer con ese descubrimiento. No tenemos suficiente poder para frenarnos.
Todo lo saboteamos, todo lo abortamos: nuestra carrera, nuestras relaciones, hasta nuestros hijos. Bebemos, nos drogamos, controlamos, nos obsesionamos, co-dependemos, comemos en exceso, nos escondemos, atacamos... La forma no viene al caso. Somos capaces de encontrar un montón de maneras diferentes de expresar hasta qué punto nos odiamos.

Pero sin duda lo expresaremos. La energía emocional tiene que ir a alguna parte, y el autoaborrecimiento es una emoción poderosa. Si se vuelve hacia adentro, se convierte en nuestros infiernos personales: adicciones,
obsesiones, compulsiones, depresión, relaciones violentas, enfermedades... Proyectado hacia afuera, se convierte en nuestros infiernos colectivos: la violencia, la guerra, el crimen, la opresión... Pero todo es lo mismo; el infierno también tiene muchas mansiones.Recuerdo, hace años, haber tenido una imagen mental que me asustó terriblemente. Veía a una niña, dulce e
inocente, que llevaba un delantal blanco de organdí, acorralada contra la pared, gritando desesperadamente. 

Una mujer maligna e histérica le atravesaba repetidas veces el corazón con un cuchillo. Yo sospechaba que era ambos personajes, que los dos vivían como fuerzas psíquicas dentro de mí. A medida que pasaban los
años, iba sintiendo cada vez más miedo de aquella mujer del cuchillo. Era algo activo dentro de mí. Escapaba totalmente de mi control, y yo tenía la sensación de que quería matarme.

Cuando estaba más desesperada, busqué un montón de maneras de salir de mi infierno personal. Leí libros sobre la forma en que la mente crea nuestra experiencia, sobre cómo el cerebro es una especie de ordenador
biológico que elabora cualquier información que introduzcamos en él con nuestros pensamientos. «Piensa en el éxito y lo alcanzarás», «Si esperas fracasar lo conseguirás», leía. Pero por más que me esforzaba en cambiar
mis pensamientos, seguía volviendo a los que más me dolían. Se produjeron avances pasajeros: me esforzaba por tener una actitud más positiva, por recuperarme y conocer a otro hombre o conseguir un nuevo trabajo.
Pero volvía siempre a la pauta familiar de traicionarme a mí misma. Finalmente me portaba de una manera odiosa con el hombre o saboteaba el trabajo. Perdía cinco kilos y los recuperaba rápidamente, aterrorizada por la sensación de parecer atractiva. Lo único que me asustaba más que no llamar la atención de los hombres era provocarla en exceso. El surco del sabotaje era profundo, y su funcionamiento automático. Es cierto que podía cambiar mis pensamientos, pero no de forma permanente. Y no hay más que una variante de desesperación
peor que «Cielos, metí la pata», y es «Cielos, la volví a meter».

Mis pensamientos dolorosos eran mis demonios, y los demonios son insidiosos. Por mediación de diversas técnicas terapéuticas, llegué a estar muy al tanto de mis propias neurosis, pero eso no necesariamente las exorcizaba. La basura no se iba; simplemente se refinaba. A veces le explicaba a alguien cuáles eran mis
puntos débiles, y usaba un lenguaje tan consciente que sin duda esa persona debía pensar que evidentemente yo me conocía muy bien y que jamás volvería a hacer aquello.

Pero sí que lo hacía. Reconocer mis debilidades no era más que una manera de desviar la atención. Y entonces perdía los estribos y me comportaba de una manera atroz y escandalosa con tal rapidez y naturalidad que nadie, y yo menos que nadie, podía hacer nada para detenerme antes de haber arruinado por completo una situación. Decía exactamente las palabras que harían que mi pareja me abandonara, o me diera una bofetada, o las precisas para que me despidieran del trabajo, o algo peor. En aquel entonces jamás se me
ocurrió pedir un milagro.

Aunque, en realidad, no habría sabido qué era un milagro, ya que los ponía en la categoría de la basura pseudomístico-religiosa. No sabía, hasta que leí Un curso de milagros, que es razonable pedir un milagro. No sabía que no es más que un cambio en la manera de percibir.

Una vez estuve en una reunión de personas que seguían un programa de 12 Pasos y le pedían a Dios que las librara del deseo de beber. Yo nunca había tenido ningún comportamiento adictivo en particular. Lo que me estaba haciendo polvo no era el alcohol, ni tampoco otras drogas; era mi personalidad en general, esa mujer histérica que llevaba dentro. Para mí, mi negatividad era tan destructiva como el alcohol para el alcohólico. 

Cuando se trataba de encontrarme yo misma la yugular, era una artista. Era como si fuera adicta a mi propio dolor. ¿Podía pedirle a Dios que me ayudara con aquello? Se me ocurrió que, lo mismo que con cualquier otro comportamiento adictivo, quizás un poder mayor que yo misma podría cambiar completamente las cosas, algo que no habían podido hacer ni mi intelecto ni mi fuerza de voluntad. Entender lo que había sucedido cuando
tenía tres años no había sido suficiente para liberarme. Los problemas que yo pensaba que finalmente desaparecerían, seguían empeorando año tras año. No había evolucionado emocionalmente tal como debería haberlo hecho, y lo sabía. Era como si hubiera habido un corto circuito en algún profundo lugar de mi cerebro. 

Como muchas otras personas de mi generación y mi cultura, había perdido el rumbo hacía muchos años y, en ciertos sentidos, simplemente nunca llegué a crecer. Hemos tenido la postadolescencia más larga de la historia. Como víctimas de una parálisis emocional, necesitamos retroceder unos pocos pasos para seguir avanzando. Necesitamos que alguien nos enseñe los elementos básicos.

En cuanto a mí, me metiera donde me metiera, siempre había pensado que podía arreglármelas sola para salir del lío. Era lo bastante guapa, o lo bastante lista, o tenía suficiente talento o inteligencia... y si nada de eso me servía, podía llamar a mi padre para pedirle dinero. Pero finalmente me metí en tantos líos que comprendí que necesitaba más ayuda de la que yo sola podía conseguir. En las reuniones de los programas de 12 Pasos seguía oyendo decir que un poder más grande que yo podía hacer por mí lo que yo no podía hacer sola. No me quedaba nada más que hacer ni nadie más a quien llamar. 

Finalmente, el miedo llegó a ser tan grande que ya no me sentí demasiado moderna para decir: «Dios, por favor, ayúdame».

Eckhart Tolle y un curso de milagros




Este vídeo es útil para ti si no conoces un curso de milagros, si nunca lo haz leído. También para ti que lo conoces, lo haz leído o en este momento te encuentras realizando sus lecciones.

El texto fue canalizado a través de una psicóloga clínica norteamericana. Quien al principio pensó que estaba enloqueciendo, con un compañero descubre que se trata de un contenido de gran sabiduría, una revelación para la humanidad.

Es posible que al aproximarte al texto te sientas atraído poderosamente y que te atrape. O por el contrario no lo entiendas y te genere resistencia. Está bien todo lo que sucede. Si no te conectas con el texto y , te parece complejo, suéltalo tranquilamente, es otro el camino que está diseñado para ti.

sábado, noviembre 22, 2014

HASTA ​​QUÉ PUNTO LOS DEFECTOS QUE ADJUDICAMOS A NUESTRA PAREJA SON LOS NUESTROS


Un hombre entra a un bar y pide dos whiskys, uno para él y uno para su amigo que no está, y se los bebe. Regresa cada día para repetir la misma cosa. Al cabo de un tiempo, llega un poco triste y sólo pide un whisky. El barman le pregunta: “¿Hoy no quiere un whisky para su amigo?” El hombre le responde “No, mi amigo ha dejado de beber”.

Este chiste es interesante: habla de una pareja. En ella existe la persona real que comparte nuestra vida, y la misma persona pero imaginaria que habita en nuestro espíritu. Como es imposible conocer a un ser humano totalmente -porque él mismo es incapaz de conocerse totalmente- le implantamos nuestra visión interior, que es limitada porque corresponde a nuestra manera de ver a los seres y a las cosas… Si queremos que nuestra pareja mejore, lo primero que tenemos que hacer, es revisar la imagen que tenemos de ella y darnos cuenta hasta qué punto los defectos que le adjudicamos son los nuestros. Si nos damos clara cuenta de esto, le diremos a la persona real:

“Te prometo que te dejaré ser lo que en verdad eres, y no lo que yo quiero que tú seas. De ninguna manera trataré de que seas como yo, de que veas el mundo a través de mis ojos. Nunca te culpabilizaré por no responder a mis exigencias narcisistas. Cuando tú eres lo que eres, sin permitirme que yo te impida de serlo, enriqueces mi vida…

“Te prometo que te respetaré siempre, dejando que me ames de la manera en que tú amas. Me doy cuenta que todas las personas que buscan a su “alma gemela” tienen un nudo homosexual no resuelto. Buscan a alguien completamente igual, un espejo. Cuando amamos de verdad buscamos la diferencia complementaria…

“En el terreno sexual, te permitiré que desees lo que naturalmente deseas. No haré un drama porque rechazas una solicitud mía. En la sexualidad hay cuatro vías: la oral, la vaginal, la anal, la manual. Tú tienes el derecho de pedir lo que te satisface, sea el fantasma erótico que sea, y también tienes el derecho de decirme no. Si esto sucede, ambos tenemos el derecho de buscar satisfacción con otras personas, sin que esto signifique la ruptura de nuestra pareja…

“En el terreno material, te prometo que nunca invadiré tu espacio personal, tu rincón de soledad secreta. Respetaré tu territorio, así como tú respetarás el mío. Hacer todo juntos, como dos animales en fusión, es una enfermedad. Tendremos un territorio común, pero siempre conservando un espacio personal donde podremos aislarlos cuando tengamos necesidad de reencontrarnos con nosotros mismos… Si trabajas, estaré feliz de tu prosperidad, sin ponerme en competencia con ella. Aceptaré tu creatividad, la admiraré, pero sin intervenir en ella queriendo ser tu sola inspiración.

“Si realizamos todo esto, tendremos una prosperidad sana, una vida sexual sana, un amor sano y pensamientos sanos… “  
Alejandro Jodorowsky

Del grande, Carl Gustav Jung




Si, porque cada vez que estoy frente a un ser humano que tiene la valentía y el coraje de abrirme su corazón, siento que estoy pisando tierra sagrada. Ps. Luz Marina Hoy os Duque

martes, noviembre 18, 2014

"Te amo tal como eres" Osho


"Yo solía ir a caminar todos los días con uno de mis profesores. Un día cuando veníamos de regreso, otro profesor nos encontró en el camino. Él iba de ida, nosotros estábamos regresando. Él me conocía, pero no conocía a mi profesor. Mi profesor era muy nuevo, había llegado apenas al departamento dos, tres días atrás. Entonces me preguntó, “¿Vienes por aquí todos los días?” Yo dije, “Sí, vengo todos los días. Y por tres días mi profesor también ha estado viniendo conmigo.” Mi profesor se veía molesto. Yo le pregunté, “¿Qué pasa? Te ves enojado.” Él dijo, “Ciertamente. Tú vienes conmigo, y dices que yo vengo contigo.” Yo dije, “Eso en realidad es cierto. ¿Cómo puede un profesor venir con el estudiante? Es siempre el estudiante quien viene con el profesor. Así que perdóname. Pero esto simplemente demuestra que tú eres un idiota; y desde mañana no vendrás conmigo.”

La gente es extraña. Yo había estado ahí por tres años. Él había estado ahí sólo por tres días, pero quería escuchar que yo iba con él. Sólo el ego quiere satisfacciones por todos lados. Entonces sucede que cuando sientes que yo estoy diciendo algo que satisface tus expectativas estás conmigo, tu corazón late conmigo, estás a tono conmigo. No. Por favor perdóname por ser franco y directo – sólo yo estoy contigo. Pronto algo sucede – yo digo algo, hago algo – y tu corazón ya no está latiendo más conmigo.

Entonces recuerda una cosa: Cuando estás conmigo, entonces es un continuo, sin ninguna pausa. Lo que yo digo, lo que yo hago, no importa, porque tú no eres un juez. Me amas tal como soy. Yo no te juzgo. Te amo tal como eres. Y si eso cambia, entonces recuerda que es un juicio, y en lugar de ir conmigo, estás tratando de arrastrarme contigo. Y esto no es muy amoroso.
Yo puedo ir contigo, pero tú estás en la oscuridad y vas a guiarme a la oscuridad. Yo no tengo problema en ir contigo. Tú no puedes destruir mi luz; yo puedo destruir tu oscuridad.

Yo no puedo perder nada por ir contigo. Tú vas a tener que perder muchas cosas por venir conmigo. Y cuando tú amas a alguien, estás listo para perder cualquier cosa, todo, incluso a ti mismo. Al momento en que estás listo para perderte a ti mismo, la amistad es completa. Y entonces ahí hay enorme belleza.

Osho, The Last Testament, Volume 3, Chapter 23

miércoles, noviembre 12, 2014

Atreverse








Abandona tu comodidad, enfrenta tus miedos e inseguridades,  sólo así, comenzarás a volar... Si sientes que la vida no tiene sentido, que los problemas te están acabando, haz tuya esta parábola:

 "Un pájaro que vivía resignado en un árbol podrido en medio del pantano, se había acostumbrado a estar ahí, comía gusanos del fango y se hallaba siempre sucio por el pestilente lodo. Sus alas estaban inutilizadas por el peso de la mugre, hasta que cierto día un gran ventarrón destruyó su guarida; el árbol podrido fue tragado por el cieno y el se dio cuenta de que iba a morir. En un deseo repentino de salvarse, comenzó a aletear con fuerza para emprender el vuelo, le costó mucho trabajo porque había olvidado como volar, pero enfrentó el dolor del entumecimiento hasta que logró levantarse y cruzar el ancho cielo, llegando finalmente a un bosque fértil y hermoso." Anónimo.

lunes, noviembre 10, 2014

"El funeral del No puedo"


Así es, el inconsciente no tiene sentido del humor y cuando dices o piensas algo, sin análisis alguno, lo toma literal. Verbalizar o pensar no puedo nos ancla en los terrenos de la imposibilidad

Hay una historia muy bella en uno de los libros de Jack Canfield, Chocolate caliente para el alma que hoy te traigo. Como los chicos de esta historia ármate de lápiz y papel en un espacio tranquilo vacía TODOS tus no puedo. Luego hazles un pomposo sepelio, para que jamás te vuelvan a perturbar.


DESCANSA EN PAZ: "El funeral del No puedo"

La clase de cuarto grado de Donna se parecía a muchas que he visto en el pasado. Ese día me senté en un asiento al fondo de la clase.

Todos los alumnos estaban trabajando en una tarea que consistía en llenar una hoja de cuaderno con pensamientos e ideas.

La alumna de diez años que estaba cerca de mí, estaba llenando su página con 'No puedo':

-No puedo patear la pelota más allá de la segunda línea.

-No puedo hacer una división más larga de tres números.

-No puedo comer solamente una galletita...

Había llenado media página y no tenía signos de parar. Caminé por el salón mirando las hojas de los otros niños y todos describían las cosas que no podían hacer.

Esa actividad atrajo mi curiosidad y decidí hablar con la maestra. Al acercarme, noté que ella también estaba ocupada escribiendo. Derrotado en mis esfuerzos por determinar por qué los alumnos y maestra se demoraban en lo negativo en lugar de escribir las afirmaciones 'Puedo', más positivas volví a mi asiento y continué mis observaciones.

Al terminar la actividad los alumnos recibieron la indicación de doblar sus hojas por la mitad y llevarlas al frente, donde las colocaron en una caja de zapatos vacía. Una vez recogidas las hojas de todos los alumnos, Donna agregó la suya. Tapó la caja, salió hacia el hall y todos los alumnos siguieron a su maestra.

Ella buscó una pala y fueron hasta la parte más alejada del parque. Excavaron durante más de diez minutos. Acomodaron en el fondo la caja de los 'No puedo' y la cubrieron rápidamente con tierra.

Donna anunció: "Chicos, por favor, junten sus manos y bajen la cabeza". Los treinta alumnos obedecieron y formaron un círculo alrededor, y dijo su oración: "Amigos, estamos aquí reunidos para honrar la memoria del 'No puedo'. Mientras estuvo con nosotros en la tierra, afectó en la vida de todos, de algunos más que de otros. Desgraciadamente su nombre ha sido pronunciado en todos los edificios públicos, escuelas, municipalidades, congresos, y sí, hasta en la Casa Blanca.

"Acabamos de darle una morada definitiva a "No puedo" y una lápida contiene su epitafio. Le sobrevienen sus hermanos 'Puedo', 'Quiero' y 'Lo haré yo mismo'. No son tan conocidos como su famoso pariente e indudablemente todavía no resultan fuertes y poderosos.

Tal vez algún día, con su ayuda, tengan una incidencia mayor en el mundo. Roguemos porque 'No puedo' descanse en paz y que en su ausencia, todos los presentes puedan hacerse cargo de sus vidas y avanzar". Amén.

Al oír la oración, me di cuenta de que esos alumnos nunca olvidarían ese día. La actividad era simbólica, una metáfora de la vida. Era una experiencia del lado derecho del cerebro que quedaría adherida a la mente inconsciente y consciente para siempre.

Escribir los "No puedo", enterrarlos y escuchar la oración. Era un esfuerzo muy grande por parte de esta maestra. Y todavía no había terminado. Al término de la ceremonia, lleva a los alumnos nuevamente a la clase e hicieron un festejo.
Celebraron la muerte de "No puedo" con golosinas y jugo de frutas. Como parte de la celebración, Donna cortó una gran lámina en papel y escribió las palabras "No puedo" arriba y en el medio RIP. Abajo agregó la fecha.

La lápida de papel quedó en el aula de Donna durante el resto del año. En las escasas ocasiones en que un alumno se olvidaba y decía: "No puedo", Donna simplemente señalaba el cartel. El alumno recordaba entonces que "No puedo" estaba muerto y optaba por reformular su afirmación.

Yo no era alumno de Donna. Ella sí era alumna mía.

Sin embargo, ese día aprendí de ella una lección perdurable.

Ahora, años más tarde, cada vez que oigo "No puedo", veo las imágenes de ese funeral de cuarto grado.

Como los alumnos, me acuerdo de que "No puedo" ya murió.

sábado, noviembre 08, 2014

Los apegos


Por:  Ps.  Luz Marina Hoyos Duque 

¡Aprender a caminar ligeros de equipaje! que difícil propuesta para hacerla vida, cuando el mundo capitalista en el que nos movemos nos hace caritas coquetas: compra, compra, compra. Hemos comprado entonces cosas que no necesitamos, cosas que no nos hacen falta.

¿Y por qué compramos esas cosas?, ¿por qué tenemos los armarios repletos de vestidos, jeans, blusas, camisas, camisetas, zapatos, collares, aretes, bolsos… cosas que muchas veces ni usamos? Porque nos dejamos seducir, porque a veces compramos de manera impulsiva, compulsiva, tratando de competir, o más aun, tratando de llenar un vacío interior. Y no las soltamos fácilmente, porque estamos apegados.

¿Qué sucedió en tu primera infancia que dejó ese profundo miedo?, la pérdida de la madre, el padre, un hermano… ¿sabes dónde está el origen?, quizá lo tienes claro, o quizá fue un asunto tan doloroso que tu psiquismo prefirió enviarlo al sótano del olvido. Y ahora en tu edad adulta se revela de forma objetiva.

Y así como nos apegamos a la ropa, nos apegamos al auto, a la casa, a papá, a mamá, a mis hermanos, a mis hijos, a mis amigos, a los asuntos inconclusos. Y con ello perdemos libertad.

El desapego a las cosas y a los seres me habilita para soltar también las situaciones difíciles, los desencuentros, los enfados, los conflictos.



Caminar ligeros por la vida no implica dejar el disfrute por las cosas bellas y confortables que puedo adquirir, no significa dejar de amar y de reconocer el vínculo valioso que me une a ese otro. Significa que disfruto cada regalo que el universo me provee, incluso aquellas situaciones que me sacan de nivel, significa vivir en el presente con total conciencia, con los cinco sentidos y luego intentamos soltar con gracia y lo dejamos ir.

viernes, noviembre 07, 2014

VENCER LA FOBIA AL AVION



Ps. Luz Marina Hoyos Duque 

¿Eres de los que sufren con la sola idea de montarte en un avión?, ¿tu ritmo cardíaco se dispara al momento de buscar los itinerarios?, ¿Vives una batalla campal mientras dura tu vuelo?

Es posible que tu miedo haya surgido de una circunstancia objetiva, tuviste un percance en un vuelo reciente o de niño. Escuchaste a uno de tus mayores hablar barbaridades sobre el miedo que le producía viajar en avión. Viste algún programa de t.v. con escenas reales o fantásticas sobre accidentes aéreos, etc. Para poder establecer el origen de ese miedo tendríamos que hacer una exploración profunda a fin de determinar cuál es su causa. Entretanto puedes utilizar esta herramienta que te será útil.

Cuando haces una revisión de tu fobia a nivel metódico, te parece irracional y esa es una de las características de una fobia, su irracionalidad, por más argumentos lógicos y estadísticas que te presenten, la fobia no se va a ir.

Tú, que tienes fobia a viajar en avión, respóndeme. ¿Cuántas veces te has caído de un avión? Sé tú respuesta, nunca. Déjame contradecirte, cientos, quizá miles de veces.

El inconsciente no conoce la diferencia entre lo real y lo imaginario, caerse de un avión concretamente, e imaginarlo, es absolutamente lo mismo, las pruebas de laboratorio demuestran que la bioquímica que se desencadena en el cuerpo es absolutamente idéntica. Así que literalmente te has accidentado cientos de veces, todos esos pensamientos catastróficos que construyes a través de tu miedo, las imágenes mentales que fábricas, lo que te dices a ti mismo, imaginando los paramédicos, el lugar donde caes, lo que dirán tus seres queridos, todo eso ha impactado de manera desfavorable tu psique, ha desatado patrones de terror y miedo en tu organismo y ha reforzado tu pánico.

Has trabajado en dirección contraria a conseguir tu homeostasis, tu equilibrio, ¿Qué te queda por hacer? Revertir el proceso y hacer todo lo contrario.

Ahora siéntate cómodamente en un espacio donde nadie te perturbe, concéntrate en el aquí y en el ahora y piensa en una situación donde has estado colmado de seguridad y de confianza. Visualiza ese momento, imagínalo, recuerda los olores, sabores, el entorno, todas las formas, las frases que decías o lo que te decían, qué estabas sintiendo. En el momento que lo tengas claro respira profundo y toca una parte de tu cuerpo: junta dos dedos, tócate la frente, el plexo solar, el vientre, un brazo, una oreja, lo que quieras. Y sigue enfocado en esa visualización, en esos sonidos y sensaciones. La próxima vez que vengan los pensamientos de miedo o cuando tomes un avión… trae esa carretera neuronal, esa bioquímica a tú aquí y tú ahora. No tienes que pensar en nada específico, con solo tocar allí traerás a tu experiencia, en el presente, la libertad y la alegría que necesitas para surcar el aire lleno de confianza y seguridad.

¡Feliz vuelo!










jueves, noviembre 06, 2014

LAS MANOS Y SU SIGNIFICADO EMOCIONAL





Las Manos y su Significado

Hablar sobre el simbolismo de cada parte del cuerpo es, realmente, más que interesante. Podemos extraer mucha información acerca de qué nos está diciendo el cuerpo a través de las dolencias o malestares radicadas en zonas “no aleatorias” del cuerpo. Y sí… todo nos permite seguir adquiriendo nuevos aprendizajes y observaciones.

Las manos representan el hacer, son instrumentos de acción, al igual que los pies. Son las que realmente hacen, llegando más lejos en su acción a través de su movimiento y acercamiento hacia aquello que deseamos "tomar" para nosotros.

Más allá del simbolismo asociado a las manos, veamos qué significaría que la dificultad esté en la mano izquierda o en la mano derecha. Para ello vale observar el siguiente cuadro que grafica claramente los significados de ambos hemisferios corporales: la mitad derecha y la izquierda.

Mitad derecha del cuerpo

energía yang - lo masculino
lo externo o "de afuera"
la relación con el padre - con los hombres
la conexión con la agresión - aceptación de la acción
plano intelectual
aspecto laboral

Mitad izquierda del cuerpo

energía yin - lo femenino
lo interno o "de adentro"
la relación con la madre - con las mujeres
la permiso para recibir - la intuición
la conexión con la quietud
la creatividad y desarrollo artístico
aspecto emocional

Pues bien, esto nos da una orientación respecto al área en que puede estar presentándose ese "llamado de atención" a través de la dolencia que nos aqueje.

Ahora bien: siguiendo con este desmenuzamiento y detalle, veamos ahora qué ocurre respecto a los dedos en sí: De hecho, los dedos van “más lejos” que las manos. Es por eso que, por lo general, cuando nos encontramos con accidentes o lastimaduras en los dedos seguramente tendremos que observar si estamos yendo más lejos de lo que podemos, sentimos o queremos en realidad.

Veremos a continuación un cuadro sinóptico con esta simbología. Incluiremos también la relación que cada uno de ellos tiene con los meridianos de la Medicina China.




¿Ha notado que el cuadro coincide en la emoción asociada al dedo pulgar y al índice (tristeza)? Esto se debe a que el pulmón y el intestino grueso funcionan como “socios” para la Medicina China (ambos pertenecen al elemento metal) y están relacionados a emociones desagradables que deben “dejarse ir” (intestino grueso).

Vamos a poner un ejemplo: tengo un gran ardor y quemazón en el dedo pulgar derecho.

Ardor = enojo. Me pregunto: ¿qué es lo que en estos días me está generando mucho, mucho enojo? (consciente o inconscientemente)
Parte derecha (dedo de la mano derecha) = lo externo, la agresividad, los hombres, el padre, el trabajo, la energía yang

Dedo pulgar = ¿esto me genera profunda tristeza? ¿Dificultad para respirar (tomando la respiración como algo físico o simbólico)? ¿Afecta la conexión con mi potencia?

Las uñas representan la agresividad. Esto puede ser claramente visto si lo remitimos al reino animal, más esta simbología también está presente en el cuerpo humano. Es por eso que las uñas, al igual que los dientes, representan el permiso agresor de su poseedor.

Sabiendo ello, podemos ver que el comerse las uñas representa la negación del sistema agresor. Imagínese simplemente esta imagen: si las uñas y los dientes representan la agresividad, y alguien se arranca las uñas con los dientes, las mastica y las traga… ¿qué significará? Observe la siguiente sutileza: si yo “arranco” mi arma de agresividad (las uñas) con mi otra arma de agresividad (los dientes) y las mastico (destruyo aún más) y las trago (elimino los registros)… ¿qué estaré tratando de transmitirme? Me temo que se trata de un “elijo tragar mi agresión”. ¿Puede observar la redundancia en la negación del aparato agresor del protagonista?

Otras visiones y simbolismos

Desde el punto de vista de las Ciencias Sagradas, los dedos de la mano y de los pies también tienen una simbología especial, ya que los dedos de los pies representan los Diez Mandamientos de la ley física y los dedos de la mano representan los Diez Mandamientos de la ley espiritual.

Desde la visión de la cromoterapia, el color de la palma de la mano también da información adicional: una palma pálida identifica a la persona con escasa vitalidad e iniciativa, una palma de la mano amarillenta indicaría que se trata de una persona introvertida y algo sarcástica. En cambio, una palma rosada refleja a alguien con características armoniosas y con una conexión regulada con su temperamento y agresividad, en cambio si se tratara de una palma rojiza seguramente estaríamos frente a alguien muy enérgico y un tanto irritable.

Príncipes azules y princesas encantadas



Lamento decirte la verdad: no existen los príncipes azules, ni las princesas encantadas. Esos seres maravillosos, sin tacha,  dispuestos a bajarte la luna y las estrellas, sólo para satisfacer tus deseos, como si tuvieran una varita mágica bajo la manga.

Suena sarcástico, pero es verdad. He visto a mis pacientes en consulta con la creencia absoluta de que existen estos seres maravillosos de los cuentos de hadas y que sólo hay que esperar para que el universo los lleve hasta su puerta.

Voy a contarles lo que le pasó a Natalia, nombre ficticio. Natalia es una mujer de 35 años. Se casó a los 27 años y de dicha relación le quedó una hija que ahora tiene 7 años. Está convencida de que su primera relación se terminó por ser demasiado demandante, nada la tenía contenta. Y ante cualquier asunto que no coincidiera con sus expectativas montaba en cólera. Muchas veces en un estado de exaltación literalmente sacaba a su pareja de la casa, lanzando su ropa por la ventana, con improperios y palabras de grueso calibre.

Ahora se encuentra en una nueva relación con un hombre que ella describe así: No sabe dónde ponerme. El día que tengo pico y placa me entrega su carro. Cuando tengo un antojo lo único que tengo que hacer es hablar y en el instante lo tengo enfrente. Si me da fiebre me acompaña toda la noche poniéndome compresas. Cuando no quiero estar con él se lo digo y él desaparece de la escena.

¿Y cuál es el problema?  Pero no sé, no me llena.

¿Y si no te llena por qué estas con él, te parece honesto? Para no quedarme sola, de todas formas tengo con quien salir, quien me mime y la paso bien.

¿Cómo es el hombre con el que sueñas? Un hombre bien lindo, maravilloso.

¿Y cómo es un hombre bien lindo? Alto, atlético, fornido, exitoso.

¿Quién es exitoso? No sé, alguien que supere todas las expectativas.

¿Quién llena tus expectativas? No sé, es difícil, alguien como el que me he soñado desde niña, como un hombre encantado.

¿Crees que existen los príncipes azules? Yo sí creo, uno ve a algunas mujeres que lo han encontrado.

Realmente no existen los príncipes encantados, existen seres de carne y hueso.  Seres con virtudes y defectos. 
 Seres que llegaron a tu vida, no de forma casual, pues nada en la vida es casualidad, sino causalidad. Ese ser que tienes a tu lado entró en tu experiencia vital  porque de alguna manera se conectó con tu historia de vida, tu sabiduría interna, tu inconsciente lo detectó y por eso está allí caminando a tu lado. 

Entonces es importante que evalúes: ¿quién es la persona que tengo al lado? ¿Qué es lo que me revela? ¿Qué tengo que aprender en este caminar? Hallaras asuntos reveladores. 

Ello no implica que tengas que permanecer al lado de alguien con quien la vida se vuelve tortuosa e intolerante, con quien te sientes invalidada (o), también tienes la opción de partir, de dejar atrás esa persona y ese transitar, lo importante es no perder el aprendizaje.

Si decides continuar allí entonces date cuenta de quien tienes al lado, cuáles son sus cualidades, sus talentos únicos, sus fortalezas, verás que son mayores que los asuntos difíciles de superar. Entonces ocurrirá algo revelador y  florecerá una nueva perspectiva para mirar al otro.



Ps Luz Marina Hoyos Duque

martes, noviembre 04, 2014

¿Eres un acumulador?


Hemos aprendido a ser acumuladores. Yo no me escapo. Estamos en una búsqueda incansable de acumular mayor conocimiento, conocer la ultima teoría, la propuesta más innovadora. El sistema más ágil, más eficiente.

Sigue vigente la metáfora que nos planteó hace varias décadas Pink Floyd en The Wall, : "no necesitamos de ninguna educación".

¿Qué tal si cambiamos de perspectiva, si revaluamos el paradigma, si nos sujetamos a aquello donde menos es mas?

Nos daremos cuenta de que la sabiduría está en el vacío.
Y el mayor conocimiento está dentro de mi.

viernes, octubre 31, 2014

Haz de tu disfraz un acto de psicomagia







Si vas a ponerte un disfraz, medita, piensa detenidamente qué quieres expresar a través de él: una frustración, un miedo, una angustia, un dolor de infancia. Una rabia no expresada.

Vístete de forma consciente y sal a la calle a cumplir el rol que cargas en esa frustración. Vívelo a fondo, con toda la fuerza que con él quieres expresar. Será un regalo para tu psique, para iluminar algún aspecto sombrío, para ventilar algo que haz tenido guardado por mucho tiempo. Para exorcizar tus demonios.

Nadie tiene que enterarse. Es un acto sagrado, tuyo, así lo compartas afuera.

Después de la experiencia siéntate frente a tu diario. O frente a una hoja de papel para vaciar los sentimientos, las sensaciones, las emociones. Experimentarás una mutación.

Me cuentas,

Un dulce abrazo,

Ps. Luz Marina Hoyos Duque

Bendición Apache



Que el sol te traiga nueva energía cada día. Que la luna restaure tu Ser suavemente por la noche. Que la lluvia te limpie de preocupaciones. Que la brisa sople nuevas fuerzas en tu ser. Que camines tranquilo por el mundo y aprecies su belleza todos los días de tu vida.

jueves, octubre 30, 2014

20 cosas que la gente mentalmente fuerte no hace


Las cosas que hacemos no (siempre) son las que marcan una diferencia en nuestras vidas; es frecuente que las cosas que evitamos realizar son las que causan el mayor impacto.

(*) Suelo escribir sobre las cosas que todos deberíamos estar haciendo, tratando o incluso experimentando con el objetivo de maximizar nuestra felicidad y satisfacción. Sin embargo, no son siempre las cosas que hacemos las que marcan una diferencia en nuestras vidas; es frecuente que las cosas que evitamos realizar son las que causan el mayor impacto. Como seres humanos, tendemos a generar una gran resistencia a la hora de realizar tareas; creemos que para lograr resultados, debe existir una acción inicial.

Sin embargo, debido a que casi siempre estamos haciendo algo, ir acumulando más y más tareas suele tener un efecto negativo. Entre las personas mentalmente fuertes, hay varias acciones que se evitan, con el fin de producir el mayor beneficio en el menor período.

1. Vivir en el pasado

Individuos mentalmente fuertes se centran en el momento presente y en el futuro próximo. Ellos entienden que el pasado esta fuera de su alcance y que el futuro lejano es demasiado impredecible como para tenerlo en cuenta.

2. Permanecer en la zona de confort

La zona de confort es un lugar peligroso, un oscuro abismo donde cualquiera que permanece allí por mucho tiempo se termina perdiendo. Mantenerse dentro de la zona de confort es renunciar a la vida.


3. Omitir las opiniones de los demás

Sólo los necios creen ser suficientemente buenos en todos los aspectos. Cuando se trata de una lluvia de ideas, éstas pueden ser tan forzadas como capturadas. Una buena idea es una buena idea, independientemente de si se me ocurrió a mí o no. No dejes que tu ego saque lo mejor de ti; si alguien te ofrece un consejo, tómalo.


4. Evitar el cambio

Lo que la gente mentalmente fuerte entiende y los demás, no es que el cambio es inevitable. No tiene sentido tratar de evitar lo inevitable. Por lo tanto, tratar de evitar el cambio no tiene sentido; es una mera pérdida de tiempo y energía.


5. Mantener una mente cerrada

Uno nunca sabe todo. Incluso las cosas que uno cree saber, posiblemente no sean totalmente verdaderas. Si uno mantiene una mente cerrada, uno se impide a sí mismo aprender nuevas cosas. Si dejas de aprender, dejas de vivir. 



6. Dejar que los demás tomen decisiones por ellos

Solo usted debe tomar sus propias decisiones; no podemos permitir que otros las tomen por nosotros. Todo lo que esto hace es trasladar la responsabilidad de uno hacia otra persona, pero al final quien termina fracasando es uno mismo.


7. Ponerse celoso por el éxito de los otros

Uno debería ponerse feliz cuando los demás tienen éxito. Si ellos pueden lograrlo, uno también puede. El éxito de los demás no significa, de ninguna manera, que se disminuyen las probabilidades de que usted tenga éxito. En todo caso, esto nos debe motivar para seguir empujando hacia adelante y, así, conseguir el éxito.


8. Pensar en las posibilidades de fracaso

Nuestros pensamientos controlan nuestra perspectiva; nuestra perspectiva controla nuestro éxito. La gente mentalmente fuerte entiende esto y lo usa a su favor. Siempre existe la posibilidad de fracasar, pero mientras existe la chance de triunfar, vale la pena hacer el esfuerzo.


9. Sentir pena por sí mismos

Cosas malas siempre suceden. La vida puede ser muy dura. La gente se lastima; otros mueren. La vida no es todo color de rosa. Uno se caerá del caballo una y otra vez. La cuestión es si uno es lo suficientemente fuerte como para volver a levantarse.


10. Concentrarse en sus debilidades

Aunque trabajar en nuestras debilidades tiene sus beneficios, es más importante concentrarse en potenciar nuestras fortalezas. La persona más completa no es quien llega más lejos en la vida. Ser del promedio en todos tus aspectos te convierte en alguien promedio. Sin embargo, el dominio de ciertas habilidades o rasgos te permitirá vencer a los demás con menos esfuerzo.  



11. Tratar de complacer a la gente

Un trabajo bien hecho es un trabajo bien hecho, sin importar quién esté juzgando el producto final. Uno no puede complacer a todo el mundo, pero siempre podemos hacer nuestro mayor esfuerzo.


12. Culparse a sí mismos por cosas que están fuera de su control

La gente mentalmente fuerte sabe qué cosas puede controlar, y sabe lo que no puede controlar, y por eso, evita pensar en lo que escapa de sus manos.


13. Ser impaciente

La paciencia no es solo una virtud; es “LA” virtud. La mayoría de la gente no fracasa porque no es lo suficientemente buena o porque es incapaz de triunfar. Esa gente falla porque es impaciente y se rinde antes de tiempo.


14. Ser malentendido

La comunicación es clave para que cualquier sistema funcione correctamente. Cuando se trata de personas, las cosas se tornan un poco más difíciles. No es suficiente solo con entregar la información; si los oyentes no te entienden, el mensaje no se recibirá correctamente. La gente mentalmente fuerte realiza su mayor esfuerzo por ser entendida, y además, tiene la paciencia necesaria para aclarar cualquier malentendido.


15. Sentir que los demás están en deuda contigo

Nadie te debe nada en la vida. Uno nace; lo que resta depende de nosotros mismos. La vida no nos debe nada. Los demás no nos deben nada. Si uno quiere conseguir algo en la vida, solo te lo debes a ti mismo; está en uno salir a buscarlo. En la vida, no existen las limosnas.


16. Repetir los mismos errores

Comete un error una vez, está bien. Comete el mismo error dos veces… no esta tan bien. Comete el mismo error por tercera vez, deberías considerar alejarte del alcohol y las drogas. Tú eres estúpido o estás bajo los efectos de la droga.


17. Ceder ante sus miedos

El mundo puede ser un lugar escalofriante. Hay cosas que nos asustan y tenemos razón en tener miedo, pero la mayoría de nuestros miedos son ilógicos. Si sabes que quieres probar algo, pruébalo. Si tienes miedo, entiende que tener miedo al fracaso significa que tener éxito es muy importante para ti. 



18. Actuar sin pensar

La gente mentalmente fuerte sabe que no debe apresurar sus decisiones. Si tienes el tiempo para reflexionar sobre algo y cubrir todos sus aspectos, entonces hazlo. No hacerlo es pura pereza.


19. Rechazar la ayuda de otros

Tú no eres Superman; no puedes hacer todo. Incluso si pudieras, ¿por qué lo harías? Si otros te ofrecen su ayuda, acéptala. Sé social. Escucha las ideas de los demás y observa cómo ellos actúan. Puedes aprender algo. Si no, tú puedes enseñarles algo y hacer lo que los humanos solemos hacer: sociabilizar.


20. Tirar la toalla (rendirse)

La mayor debilidad de los humanos es rendirse –poner un punto final, tirar la toalla–. Las personas mentalmente fuertes realizan las cosas de cierta manera. Solo haz las cosas que son importantes para ti; olvídate de lo que no te importa. Si son importantes para ti, persíguelas hasta tener éxito. Sin excepciones.


(*) Escrito por Gustavo Aldunate para Acción Preferente.com

miércoles, octubre 29, 2014

OBESIDAD Y PSICOGENEALOGIA. ALEJANDRO JODOROWSKI





“La obesidad, un mensaje al mundo, para ocupar un lugar? A los gordos no los quiere ni la mamá? Miedos ancestrales a no tener lo suficiente para vivir, y acumula para protegerse?

En algunas constelaciones, la obesidad se nos muestra como la forma que sostiene la persona para estar en la vida, es a lo que se le presta atención, no solo ella sino los demás, como un dolor, una enfermedad, es una llamado de atención y de amor, para tomar la vida, cuando se mira inconscientemente a los muertos de la familia, también cuando por lealtad y amor ciego, desde niños se asumen responsabilidades que no les corresponden, frente a la muerte del padre, se asigna el rol como “el hombre/mujer, de la casa”, y se sienten responsables por la madre, los hermanos, con un enorme peso emocional que empieza a expresarse en el cuerpo físico. Es comerse simbólicamente, la madre en cada bocado…” 
Margarita Herrera R

La psicomagia de Alejandro Jodoroswky para la obesidad 

Sería interesante y sobre todo positivo, complementar lo que los especialistas médicos aconsejan respecto a dietas y ejercicios para sanar la obesidad, con una mirada diferente a la misma, entendiendo la obesidad como un mensaje que el cuerpo nos manda para sanar lo que hay en su raíz. Debemos preguntarnos:

-¿Qué sentido metafórico tiene acumular la grasa o el líquido en este lugar de mi cuerpo?

-¿Qué es lo que en realidad acumulo y para qué?
-¿Por qué no dejo fluir la energía y las emociones?
-¿Qué oculto tras la grasa?
-¿A quién o a qué me parezco con esta imagen?
-¿He sido visto por mis padres?
-¿He tenido suficiente espacio para crecer entre mis hermanos?
-¿Estoy alimentando mi falta de amor

¿Cómo puedo luchar contra mi obesidad? ¿Cuáles son las raíces psicológicas de mi problema?

Perdona a tu madre, perdona a tu padre, al mundo, a Dios. Perdónate a ti mismo por creer “ser” obeso. Vístete de mujer-puta una semana.
¿Cómo amarse a sí mismo? ¿Cómo superar la obesidad?
Vístete de payaso gordo y ve a un hospital a entretener niños enfermos de cáncer.

Desde el punto de vista simbólico, las personas que engordan, en realidad lo que hacen es “protegerse” de los demás, o de algún tipo de situación o trauma instaurado en su cabeza.

En la obesidad no se acumula masa ósea, ni muscular, ni se agranda ningún órgano, ni se llena ninguna cavidad de aires malignos. Lo único que se acumula bajo la capa de la piel es una cantidad de grasa (energía estancada) que no se va a usar y se retiene una cantidad de líquido (emociones tóxicas), que el organismo no puede eliminar.

Las células del cuerpo de una persona obesa, obedecen una orden de acumular grasa, y como sea, de no soltarla, no “quemarla”. Centrándonos en la grasa, ésta podría considerarse como un elemento comodín que el cuerpo, obediente como marinero a las órdenes del patrón, el inconsciente, las sitúa estratégicamente con distintas intenciones, tantas como obesos.

Tres ejemplos:

1.- En el abdomen, para defenderse de ser adulto. Tomamos forma de bebé barrigón. Puede que el árbol ataque a los niños cuando “espigan”. En el abdomen también, para simular un embarazo. El árbol te acepta como madre, no como mujer.

2.- En las caderas y muslos para ocultar el talento creativo y la libertad de expresión artística. El árbol asignó a otra persona este territorio, o hay una prohibición total al desarrollo libidinal, en beneficio de otro de los egos, por ejemplo el intelectual o el material.

3.- En todo el cuerpo a consecuencia de un abuso sexual. Puede provocar que asociemos “la belleza” con “la agresión”. Es decir, si soy bella soy blanco de agresiones sexuales, por lo tanto engordo y de ese modo nadie me mirará, ni me deseará sexualmente. Es una forma de defensa para estar a salvo.

Desde la perspectiva de Naska Groppaglio, la obesidad, así como la delgadez, las jorobas, etc. se utilizan para integrarse en el “clan familiar”. Cuando no hay suficiente espacio en familias con muchos hijos, cuando uno nace no deseado, del sexo opuesto al esperado, es posible que el cerebro más primitivo encuentre estrategias de supervivencia que responden a estos patrones.

También hay personas que establecen su prioridad en el ahorro, en no gastar ni un centavo. Son las personas que no invierten, sólo acumulan. La obesidad podría ser un síntoma de esa disposición, del miedo a que le falte. Como un seguro a todo riesgo, donde la grasa es “el seguro”
Detrás de la obesidad también puede haber una madre dominante, posesiva, que ejercía un control estricto sobre su alimentación, sus pensamientos, sus sentimientos y su creatividad. En este sentido, la obesidad representa una oposición inconsciente a la autoridad materna que abusó de nosotros

Un ejemplo puede aclararlo: Una niña empezó a engordar para que su madre la quisiera y se preocupara de ella como de su abuela que había enfermado y ahora estaba en su casa robándole toda la atención.

Alejandro Jodorowsky dice que cuando uno sufre un abuso, eso se sigue repitiendo. Hay que eliminar de la mente el símbolo del abuso y romper la fijación con un acto psicomágico. En este caso le recetó que comprara tantos kilos de huesos para perros como los que ella tenía en estos momentos de sobrepeso. Llevar toda esa carga en una carretilla hasta el cementerio donde estaba enterrada su abuela y decirle: ” abuelita, estos kilos son tuyos, no son míos, me libero de esta carga” También debería llevar miel para endulzar y que no fuera un acto hostil.

Noticias relacionadas con la obesidad

Una noticia apunta que el estómago puede actuar como un “segundo cerebro”. Se ha descubierto toda una red neuronal de entorno a cien millones de neuronas en el conducto intestinal. De esta manera, lo que se conoce como “sentimiento intestinal” es el nudo en el estómago que todos conocemos. A riesgo de equivocarnos, podemos pensar que en este rudimentario “cerebro” el hambre de amor, de atención y de ternura… lo satisfacemos con exceso de alimento.

Otra noticia habla de una especie de “interruptor biológico” de la obesidad, que ofrece la posibilidad de manipular la presencia o ausencia de grasa en zonas anatómicamente estratégicas del cuerpo. Ese interruptor se activa sobre todo por el estrés crónico. Este hallazgo explicaría por qué hay personas que durante sus vacaciones, pese a los habituales excesos del verano, pueden llegar a perder peso al alejarse temporalmente de sus presiones y preocupaciones cotidianas.

Cuando te comparas olvidas tu unicidad



Cuando nos comparamos con otro regularmente lo hacemos con aquel que creemos que tiene uno o varios talentos que yo no poseo. Y ese cotejo nos lleva a preguntarnos: por qué no puedo hacerlo tan bien como él o ella, qué me falta a mí para llevar mi desempeño a su nivel, qué es lo que no estoy haciendo bien. Una serie de interrogantes que nos ponen de cara a la invalidación, a la pérdida de poder personal, a la baja autoestima.

¿Y dónde aprendimos esa conducta?, en la infancia. Mamá y papá inocentemente nos compararon con nuestros hermanos, con nuestros primos o nuestros amigos. Los profesores también lo hicieron. Mira a Juanito como lo hace de bien, y tú aun no has terminado tu tarea. Mira a Pablito como llega de limpio a casa. Ves cómo es de juiciosa Valentina, no llora por esas cosas. Huellas que quedaron guardadas en algún lugar de la psique y siguen pulsando en nuestra cotidianidad, al enfrentar un reto. Nos detenemos, lo repensamos y tememos no poderlo sortear de manera airosa.

Eres único, irrepetible. No ha existido ni existirá nadie en el universo que sea igual a ti. Yo soy yo y tú eres tú. Empieza a amarte y aceptarte tal como eres, sin compararte. Hay otros que se comparan contigo y viven en angustia, porque no te aventajan.

Acaso una flor rosa roja es menos bella que una blanca, salmón o amarilla. ¿Acaso las comparas? Reconocer tu unicidad, es el primer paso para iniciar el regreso a tu centro.

La hipnosis clínica una terapia transformadora



¿Te sientes inconformes contigo a causa de los comportamientos que repites una y otra vez? ¿Te condenas, críticas y te juzgas sin hacer nada al respecto? Esa inconformidad contigo la llevas hacia afuera, criticas, condenas y juzgas a los otros como un juez implacable, pues con la misma vara que te mides, mides tu entorno y a los que te rodean.

Y es que asumes posturas para protegerte de las emociones dolorosas. Son respuestas que aprendiste a muy temprana edad, que se instalaron a nivel inconsciente y siguen actuando sin que te des cuenta, de manera automática.

Tener el valor para asumir que no puedes solo, que necesitas el apoyo de otro para atravesar esa experiencia, esta es una decisión valiente e importante. Aproximarse a consulta psicoterapéutica es dejar de lado los paradigmas, las ideas preconcebidas para dar ese paso que puede cambiar diametralmente tu vida.

La hipnosis clínica Eriknosiana permite ir a la génesis, desde donde pulsa el malestar, para resignificar dolorosas experiencias de infancia y avanzar por la vida. Algunos pacientes realizan procesos cortos realmente asombrosos, cuando se sueltan en el proceso y posibilitan la apertura de su inconsciente, de su sabiduría interna. Y es gratificante que salgan prontamente del proceso para caminar solos, sin vivir a cuenta de un sostén externo, sin generar dependencia de su terapeuta.

Qué pasa en una sesión

Una sesión de hipnosis clínica está alejada del formato que muestra el espectáculo, el cine y la televisión. Defino la hipnosis clínica como un estado de híper- conciencia. El despliegue de la técnica permite el afloramiento de sentimientos, sensaciones y emociones en el aquí y en el ahora, como pulsan en el complejo. A partir de allí, el terapeuta interpreta, acompaña e introduce elementos para posibilitar una lectura con recursos nuevos, para recuperar el equilibrio en el sistema. Y el inconsciente recibe el mensaje.

El inconsciente no distingue entre realidad y ficción. Cuando vas al cine haces abstracción de la realidad y vives todas las emociones que la pantalla te trasmite. El hipotálamo da órdenes al cerebro y nuestro cuerpo responde en una escena de miedo con un aumento del ritmo cardíaco, sudoración, temblor muscular. ¿Qué pasa cuando tienes una pesadilla? La vives como si fuera real. Por supuesto que es real, aunque estas en otra realidad. Haz visto a los niños jugando, su juego es real. Así como respondemos ante una ficción, podemos usar esta vía para entrar al inconsciente y cambiar patrones de conducta. Podemos saltar por encima del control de la mente lógica y hacer cambios, con cuentos, metáforas, constructos visuales o auditivos. Y esos cambios internos se pueden hacer muy rápido.

Podrás decir ¡eso es manipulación! Pues déjame decirte que somos bombardeados diariamente con manipulación meditada e intencionada a través dela publicidad por los diferentes medios y grupos políticos. Así que utilizar recursos para nuestro propios conocimiento y evolución es más que recomendable, pues cuando aprendemos a reconocer estos patrones dejamos de depender de ellos.

Si estás atrapado en el enfado, el victimismo la frustración, las emociones que estos atrapamientos te producen te están diciendo que algo no va bien. Intentar acallarlas, o soslayarlas con un mascaras de positivismo no te conducirá a un buen desenlace. En algún momento explotaras. No culpes al afuera, a los demás. Tú y solo tú eres el responsable de tu vida y del cambio que quieras darle. Cuando aprendes a gestionar tus emociones cambias el pensamiento y desprogramas las respuestas, para desarrollar una nueva actitud y ganar una comprensión profunda de ti.


Luz Marina Hoyos Duque 
Psicóloga Clínica 

lunes, octubre 27, 2014

Lo femenino y lo masculino en la psicología de Carl Gustav Jung - JAVIER SÁENZ O.




Javier Sáenz Obregón es Psicólogo, PhD en Historia y Filosofía de la Educación, Universidad de Londres, exdirector del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes, Bogotá. Investigador independiente. Este artículo fue publicado en Arango, Luz Gabriela y otras (comp.) (1995), Género e identidad: ensayos sobre lo femenino y lo masculino. Bogotá: Ediciones Uniandes, Facultad de Ciencias Humanas Universidad Nacional y Tercer Mundo Editores, pp. 101-122.


Rindo homenaje al Dios y a la Diosa, los padres primordiales del universo sin límites.
En el lugar ameno el Amado mismo, por su amor desbordante, se convierte en la Amada, que está hecha de la misma sustancia y comparte el mismo alimento.
Por su deseo intenso se devoran uno al otro y luego otra vez se producen,
porque les gusta ser dos.
No son completamente idénticos ni completamente diferentes.
No podemos decir lo que realmente son.
(…) Shiva y Shakti forman un todo, tal como el aire y su movimiento, el oro y el brillo.
(…) Los dos son como un río cuyas aguas de conocimiento no pueden ser bebidas por
aquel que conoce sin que se pierda a sí mismo.
Jñaneshwar Maharaj, siglo XIII: 52-57.
La trascendencia de lo dual, la reconciliación de los opuestos, los contrarios que se juntan: esta es una de las preocupaciones centrales de la psicología analítica de Carl Gustav Jung (1875-1961). Para la psicología junguiana la vivencia de lo dual y, dentro de ella, la percepción de lo femenino y lo masculino como esferas psicológicas separables e irreconciliables, no representan una ley psicológica inmutable. El abismo psicológico que parece separar los géneros no es más que el producto de la dominación de la función racional de la psiquis, así como de la profunda escisión entre lo consciente y lo inconsciente. Pero la energía de la psiquis tiene una tendencia y una finalidad: la integración y síntesis de elementos psíquicos escindidos, lo cual incluye los elementos femeninos y masculinos relegados al inconsciente.
En este sentido, el aporte de Jung a las actuales discusiones sobre la identidad de género no reside tanto en el análisis de los determinantes biológicos, psicológicos o culturales de la conformación de una identidad femenina o masculina, sino más bien en su concepción de desarrollo psíquico como un proceso de “individuación”, a través del cual el individuo va diferenciando el “ser” –el centro de la totalidad de la psiquis- de los factores biológicos y culturales que inciden en la conformación del “yo” como centro de personalidad consciente. La pregunta fundamental que se plantea la psicología junguiana no es acerca de los elementos que nos llevan a pensar, sentir y actuar en “femenino” o “masculino”, sino sobre los procesos que, a partir de la integración de elementos psíquicos tanto “femeninos” como “masculinos”, nos hacen plenamente humanos.
Jung consideraba que las sociedades occidentales de su tiempo se encontraban muy desequilibradas al exagerar la importancia del pensamiento y la sensación –funciones psíquicas asociadas culturalmente con el hombre- y desconocer las funciones no racionales consideradas femeninas: la intuición y el sentimiento. Este desequilibrio se manifiesta en una fe ciega en la ciencia para resolver los problemas fundamentales de la humanidad, un materialismo desbordado, un profundo eurocentrismo, y una subestimación y subordinación de los elementos considerados femeninos de la psiquis individual y colectiva. En este aspecto, Jung se adelantó a las críticas de la condición moderna, tan de moda en la actualidad.
A pesar de un relativo auge en el interés por la psicología junguiana en los años sesenta en Europa y Norteamérica, principalmente en el movimiento de la “contracultura”, a Jung es difícil encontrarlo en los programas de psicología de las universidades. Las escasas referencias a su obra se limitan a nombrarlo como discípulo descarriado de Freud, que abandonó la ciencia por el misticismo. Pero el pensamiento de Jung, como ocurre con los temas de su escritura espiral –reiterativa, que mira los mismos problemas desde diferentes niveles y puntos de vista-, regresa cíclicamente, y hoy en día puede hablarse de una tendencia junguiana en los estudios sobre la psicología de género (1).
El desconocimiento generalizado que existe acerca de la psicología junguiana hace necesaria una breve presentación de algunos aspectos generales de su pensamiento para situar el papel de los elementos femeninos y masculinos en los procesos psíquicos: su relación con las culturas no occidentales y con las tradiciones espirituales occidentales distintas de la cristiana, el paralelo que establece entre psicología profunda y religión, y sus diferencias fundamentales con la teoría freudiana.
ORIENTE Y OCCIDENTE: MITOS, RELIGIÓN E INCONSCIENTE
Jung fue un pionero de los estudios psicológicos acerca del cristianismo, la mitología europea y la alquimia, así como sobre la filosofía y religión de Oriente, donde encuentra una fuente de inspiración, al igual que profundos paralelos entre la experiencia religiosa y los mitos con los procesos psíquicos que va descubriendo en sí mismo y en sus pacientes.
A partir del estudio comparativo de los sueños de sus pacientes y de los mitos, Jung llega a la conclusión de que el pensamiento mitológico en general debe describirse en función de las mismas características de las del inconsciente, y que las manifestaciones simbólicas de lo inconsciente –desde el mito hasta el sueño- pueden ser estudiadas con un marco de referencia común. Para Jung las concepciones cosmológicas de la mitología de los pueblos orientales, indígenas y europeos no cristianos describen, no el universo externo, sino el cosmos interno de la psique (2).
Al igual que los mitos, Jung analiza la cosmogonía y la simbología religiosa como una psicología profunda, como formas de relatar la experiencia individual del conflicto y desarrollo psíquico; el mundo de lo religioso, no como producto de fuerzas sobrenaturales externas a la psique humana, sino como una de las formas de describir la experiencia individual del autoconocimiento. Para Jung el conflicto y la unión de la diosa Shakti y el dios Shiva en la cosmogonía hindú, por ejemplo, representan una manera de señalar la oposición inicial y la posibilidad de unión de los contrarios dentro del ser humano. Unión análoga al matrimonio del caballero y su dama, luego de la superación de los obstáculos en los relatos de la gesta heroica de la mitología europea. Son formas de describir –personificando elementos de la psique que hoy en día serían nombrados por conceptos- el proceso de conocimientos del ser.
Esta es una concepción de lo religioso muy diferente de lo que posiblemente nos hemos formado como ciudadanos colombianos socializados en una cultura católica; lo religioso como experiencia individual más que como ritual y tradición institucionalizada; un fenómeno de experiencia más que de fe, el cual tiene como centro las potencialidades del ser humano tanto femeninas como masculinas, y no la familiar figura patriarcal, vengativa y externa de Jehová el Dios-Padre del Viejo Testamento de la tradición judeo-cristiana; personaje al que el poeta inglés William Blake denominaba con ironía “Nobodaddy” o “El Padre de Nadie”.
Una religión, fiel a su significado etimológico de volver a unir: unir lo finito y lo trascendente, lo afectivo y lo tradicional, lo intuitivo y lo sensorial, lo femenino y lo masculino, lo consciente y lo inconsciente. Y no una religión delimitada por la fútil taxonomía de lo dual: del pecador y el santo, el infierno y el cielo, lo bueno y lo mal, lo puro y lo impuro, el creyente y el ateo. Aldous Huxley se refiere a una vertiente de lo religioso en su libro Filosofía perenne como la religión universal o profunda presente en todas las tradiciones religiosas.
Al establecer un paralelo entre psicología y religión, Jung no estaba promoviendo búsquedas religiosas motivadas por visiones sentimentales ni propósitos moralistas, pues su interés por lo religioso distaba mucho de ser moralista. Fiel tanto a las filosofías monistas de Oriente como a Nietzsche, uno de sus maestros de juventud, para Jung el dilema fundamental de la vida humana no era la elección entre el “bien” y el “mal”, sino el conocimiento de la totalidad de la psique con todas sus posibilidades. Aunque Jung va más allá al plantear una función trascendente de la psique que supera la aparente realidad de los opuestos irreconciliables, es importante subrayar que su punto de partida es aquella imagen nietzscheana del árbol que, cuando sus ramas alcanzan hasta el cielo, sus raíces se hunden hasta el infierno.
Para la psicología junguiana, los mitos y cosmogonías religiosas no son producto de la fantasía de los pueblos, sino que, en cuanto producciones simbólicas del inconsciente, representan una modalidad histórica del saber psicológico.
JUNG VERSUS FREUD
Si bien en una etapa temprana de su ejercicio como psicólogo Jung estuvo bajo la influencia directa de Freud, sería erróneo seguir considerándolo un discípulo de éste, que modificó sus teorías pero manteniendo sus principios fundamentales. Jung representa una línea de pensamiento totalmente separada e independiente de la de Freud, que abarca una serie de datos intelectuales mucho más diversos.
Entre Freud y Jung existen diferencias de fondo en sus ideas sobre la naturaleza del hombre y del mundo, así como divergencias básicas en sus actitudes frente a la vida.
Diferenciándose claramente de la teoría psicoanalítica, para Jung:
“(…) no siempre es posible aplicar a los fenómenos mentales un punto de vista determinista de la causalidad (…) el enfoque reductivo y analítico debe ser remplazado por una concepción que sintetice los contenidos psíquicos y tenga en cuenta la naturaleza finalista del hombre” (Progoff, 1967: 73).
La teoría junguiana cuestiona el postulado según el cual la razón puede conquistarlo todo, inclusive el inconsciente. Considera que la razón analítica no es suficiente para curar la psique y, más aún, que es precisamente esa actitud, basada en el lado racional de la conciencia, la que explica la mayor parte de los problemas mentales de los tiempos modernos. Como lo señala Ira Progoff:
“El tratamiento curativo propuesto bajo la forma de psicoanálisis encierra en sí mismo un aspecto del propio estado mental del que deriva la enfermedad que se quiere remediar (Progoff, 1967: 73).
En lugar de la simple comprensión analítica, Jung acude a la reorientación de la conciencia a partir de la producción simbólica del inconsciente, para desarrollar las facultades intuitivas y generar una experiencia esprirtualmente sintetizante de los elementos de la psique. Si el lenguaje racional, el de la lógica analítica, de los conceptos, es la forma por excelencia para conocer el mundo material, la imaginación simbólica lo es para el conocimiento de sí mismo. Tal como lo expresa Leonardo Boff:
“Todo el universo profundo de la vida humana, como la dimensión del amor, de la amistad, de la relación, del sentido último de la vida y de la muerte, todas estas dimensiones que nos afectan existencialmente se expresan preferentemente en el registro simbólico y mítico, mejor que en el registro de la racionalidad analítica y seca” (Boff, 1988: 251).
La psicología junguiana plantea que a nivel colectivo, la excesiva importancia asignada al aspecto racional de la psique produce un movimiento compensatorio: el surgimiento en su época –tendencia mucho más marcada en las sociedades occidentales contemporáneas- de filosofías espiritualistas y un creciente interés por las religiones antiguas y orientales.
Aunque una comparación entre las dos teorías rebasa las posibilidades de esta presentación (3), es necesario señalar que las diferencias entre Jung y Freud abarcan, entre otros temas, sus concepciones de la energía psíquica –la libido para Freud-, del símbolo y del inconsciente, así como su método de análisis de los sueños y, de especial importancia para nosotros, el lugar que le otorgan a lo femenino y lo masculino:
“(…) Mientras que Freud es un modelo dinámico y conflictual, donde la cultura, a través del padre, toma parte activa y es factor esencial en la construcción del sujeto, el de Jung es un modelo energético de inmanente realización vital, centrado esencialmente en la figura materna, según el cual el sujeto se autoindividúa partiendo de su ser creador e incluso, en contraposición (…) al universo cultural” (Vásquez, 1981: 374).
En Jung la libido cambia de sentido, no es reductible a lo sexual, pasa a ser energía psíquica en general. Esta diferencia es reconocida por el mismo Freud, quien afirmó:
“(…) En cuanto a la distición entre los instintos sexuales y los instintos del ego, para mí, ‘libido’ significa sólo la energía de los primeros, de los instintos sexuales. Es Jung, y no yo, quien convierte a la libido en el equivalente de la fuerza instintiva de todas las facultades psíquicas, y quien combate la naturaleza sexual de la libido” (Freud, 1909).
No obstante, en sus concepciones de lo simbólico es donde más se evidencian las diferencias entre freud y J. De acuerdo con Durand (Durand, 1964), en la psicología profunda pueden distinguirse dos formas de análisis e interpretación del símbolo: la reductiva de Freud y la instaurativa de J.
El psicoanálisis freudiano redescubre la importancia de la imagen y del símbolo, pero reduciendo el símbolo a un simple signo o síntoma. Para Freud existe una causalidad específicamente psíquica pero gobernada por un estricto determinismo, siendo la libido o tendencia sexual la causa general de la vida psíquica. Las imágenes de los sueños como efecto psíquico siempre van unidas a la causa suprema del psiquismo: la libido; por tanto, el símbolo remite en última instancia a la sexualidad. Freud utiliza la palabra símbolo en el sentido del efecto-signo, con lo cual reduce el campo infinitamente abierto al simbolismo. El simbolizante se une al simbolizado.
Para Jung, el símbolo es multívoco y polisémico; remite a algo pero no se reduce a una sola cosa. En la psicología junguiana el significado del símbolo es imposible de representar, sólo puede hacerse referencia a su sentido. En palabras de Aniela Jaffé, discípula de Jung, “el símbolo es un objeto (o figura) del mundo conocido, que sugiere algo desconocido; es lo conocido expresando la vida y sentido de lo inexpresable”. En el símbolo, el significado y el significante están abiertos. La imagen significante –reconocida concretamente- remite por extensión a todo tipo de “cualidades” no representables. Es así como la imagen onírica de una mujer o un hombre, en cuanto símbolo, aglutina una serie de sentidos divergentes y hasta opuestos: virgen, prostituta, madre, amante, sabio, pecador, padre, hijo, etc., figura amenazante o protectora, cargada de sensualidad o racionalidad, sentimiento o intuición.
En la teoría junguiana, el lenguaje simbólico de la psique tiene un papel fundamental: los símbolos son los mediadores entre el consciente y el inconsciente, son una forma de unir los contrarios. El símbolo es la mediación que esclarece la energía inconsciente por medio del sentido consciente que le da, pero que a la vez revitaliza la conciencia con la energía psíquica que transporta la imagen: es portador de un nuevo equilibrio entre lo consciente y lo inconsciente.
ESTRUCTURA DE LA PSIQUE
Antes que todo, es necesario resaltar el carácter pionero de la obra de J. Desde el momento en que se separa de Freud y rechaza definitivamente la centralidad de lo sexual en los procesos inconscientes, Jung se adentra en territorios totalmente inexplorados por el pensamiento moderno. Aunque tendió puentes entre Occidente y Oriente, en ningún momento abandonó su condición de hombre occidental y de ciencia en su obra pública. Habría sido demasiado fácil para Jung dar un “salto de fe” entre la teoría que iba configurando y los sistemas orientales como el yoga o el taoísmo; hay que darle crédito por su integridad al no buscar una coherencia ajena a los desarrollos de su trabajo como psicólogo.
Cualquier síntesis apretada del pensamiento junguiano tendrá que ser inadecuada y arbitraria. Como la de Freud, su obra es un desarrollo constante, donde, si bien es clara una continuidad desde su libro Transformaciones y símbolos de la libido (1912) –que marcó su ruptura con Freud- hasta sus últimos escritos, también son evidentes las redefiniciones en sus conceptos fundamentales (4).
LA PSIQUE Y LOS ESTRATOS DE LA CONCIENCIA
El principio de los opuestos
Para Jung el principio de los opuestos constituye un principio psicológico fundamental. Es una forma de pensar los fenómenos del mundo, tal como éstos se presentan desde el punto de vista de la psique. Desde la perspectiva de la psique es posible comprender todas las formas de vida como una lucha entre fuerzas antagónicas. La principal oposición en la psique individual y colectiva es la que se presenta entre la conciencia y el inconsciente; esferas que en los sueños y mitos tienden a tener, la primera, un valor “masculino” y la segunda, uno “femenino”.
Esta identificación de la conciencia con el hombre y el inconsciente con la mujer está relacionada con la mayor apertura de la mujer hacia el inconsciente y con la orientación excesivamente racionalista del hombre, que tiende a rechazar todo lo que no se conforme a la razón, aislándose de esta manera con frecuencia del inconsciente (Emma Jung, 1957: 55).
La presencia de opuestos en la psique individual representa una tensión; las energías humanas surgen como resultado de las tensiones creadas por los opuestos en conflicto:
“Todo lo humano es condición de antítesis interna; en efecto, todo subsiste como fenómeno de la energía. La energía depende necesariamente de una antítesis existente, sin la cual no podría existir. Siempre debe haber altura y profundidad, calor y frío, etc., para que pueda tener ese proceso de compensación que llamamos energía. Toda la vida es energía, y depende, por consiguiente, de las fuerzas situadas en posición antagónica” (Jung, 1918: 75).
Los tres estratos de la psique
La conciencia es el estrato más delgado y frágil: las actitudes frente al ambiente externo inmediato, la orientación hacia la sociedad. Es el punto de partida de los análisis racionales y lógicos.
El segundo estrato es el inconsciente personal; en él están los contenidos psíquicos reprimidos y olvidados por la conciencia, así como las fantasías y los sueños de carácter personal. En sí mismos son manifestaciones normales de la vida y no son, por esencia, de naturaleza enfermiza; lo enfermizo en ellos es su separación respecto a la personalidad total, ante el yo consciente y los arquetipos.
El estrato más profundo es el inconsciente colectivo, la fuente de los elementos que llegan a la conciencia y el punto de contacto entre el individuo y las fuerzas de la vida superiores al individuo:
“Sobre otro estrato más profundo que no se origina en la experiencia y la adquisición personal, sino que es innato, lo llamo inconsciente colectivo. Lo he llamado colectivo porque este inconsciente no es de naturaleza individual sino universal (…), es idéntico a sí mismo en todos los hombres y constituye así un fundamento anímico de naturaleza suprapersonal existente en todo ser humano” (Jung, 1979: 10).
El análisis de sueños y mitos llevó a Jung a la conclusión de que los factores psicológicos más importantes existen en potencia, con anterioridad a la experiencia del individuo y, por consiguiente, son anteriores a la conciencia.
Para Jung, del inconsciente emergen todos los elementos de la conciencia, no constituye un simple valor negativo, no es simplemente lo no consciente y lo que ha sido reprimido; el inconsciente colectivo contiene también elementos que todavía no han llegado al umbral de la conciencia, y su papel es creador de los símbolos fundamentales y demás contenidos psíquicos que emergen diariamente en la conciencia.
Los arquetipos
Los contenidos de carácter arquetípico son manifestaciones de los procesos que ocurren en el inconsciente colectivo. Se trata de:
Formas o imágenes de naturaleza colectiva que se dan en toda la tierra como elementos constitutivos de los mitos y, al mismo tiempo, como productos autóctonos e individuales de origen inconsciente” (Jung, 1940).
Los arquetipos son los patrones fundamentales de formación de los símbolos; son realidades objetivas, en cuanto actúan de forma espontánea y autónoma respecto al yo, la voluntad y el propio inconsciente personal; depende de la disposición del yo que su acción sea creativa o destructiva para la personalidad y el grupo social. Son estructuras que al actuar sobre la conciencia y el inconsciente personal, se manifiestan en una infinidad de formas simbólicas. Tienden a conducir al individuo a su plena realización como personalidad total.
COMPLEJOS AUTONOMOS
La energía producida por la tensión entre consciente e inconsciente agrupa en torno a ella diversos contenidos psíquicos, formando una especie de constelación o “complejo”. Estos complejos tienden a separarse de la conciencia, adquiriendo a veces una vida autónoma.
Además de quedar por fuera del control de la conciencia, pueden actuar sobre ella, obedeciendo a sus propias normas: se trata, pues, de “escisiones psíquicas”. Según el complejo que representen, se personifican en una figura de un hombre o una mujer. Entre estos complejos están la persona, la sombra, el animus y el anima.
La persona
La “persona” o el “yo” es la máscara que se ve obligado a utilizar el sujeto en su vida social cotidiana; así mismo, es la función que permite la adaptación al mundo externo. En palabras de Jung:
“La persona es un complicado sistema de relaciones entre la conciencia individual y la sociedad (…) un tipo de máscara, diseñada por una parte para lograr una impresión definida sobre los otros y, por otra, para ocultar la verdadera naturaleza del individuo” (Jung, 1928: 192).
La “Persona” representa la actitud consciente, y como tal ocupa en la psique una posición opuesta al inconsciente. Al tomarse erróneamente como centro de la psique, Jung lo denominó “complejo del yo”, entendido como el complejo de representaciones que constituyen para el individuo el centro de su zona consciente y que aparenta ser el elemento psíquico de máxima continuidad e identidad. Según Jung, en cuanto el yo es el centro de la zona consciente del individuo no es idéntico a la totalidad de la psique, sino simplemente un complejo entre otros complejos.
Este complejo del yo sería el que produciría las identidades personales –incluyendo las de género-, producto de factores biológicos y culturales, las cuales no han sido cuestionadas por el individuo. Se trataría, por tanto, de identidades frágiles, en conflicto permanente con elementos inconscientes contrarios a la identidad construida por el yo.
La sombra
La sombra es la oposición en el inconsciente personal a la “persona”; constituye:
“La parte inferior de la personalidad. La suma de todas las disposiciones personales y colectivas, que no son vividas a causa de su incompatibilidad con la forma de vida elegida conscientemente, y constituye una personalidad parcial relativamente autónoma (…) La sombra se comporta con respecto a la conciencia como compensadora; su influencia, pues, puede ser tanto positiva como negativa” (Jung, 1961: 419).
Para Jung el hombre sin sombra es aquel que cree que puede afirmar que él (o ella) es solamente lo que se digna saber de sí mismo. Esta negación de la sombra hace que sea frecuente su proyección sobre los demás. Los defectos y debilidades que no somos capaces de reconocer en nosotros mismos se los atribuimos a otros individuos, el chivo expiatorio, sea éste un enemigo, otra cultura o, con mucha frecuencia, miembros del sexo opuesto.
El animus y el anima
Si la sombra, como complejo localizado primordialmente en el inconsciente personal que representa la oposición a la persona, se personifica en una imagen simbólica del mismo sexo, cuando pasa a los planos inferiores de lo inconsciente y se le suman ciertos contenidos colectivos ya no puede ser representada por una figura del mismo sexo que el yo, sino que se expresa en una figura del otro sexo que, para el hombre, Jung denominó el anima, y para la mujer, el animus. El anima está condicionada fundamentalmente por eros, el principio de unión, de relación, de intimidad, de subjetividad, mientras que el animus en general está más identificado con logos, el principio discriminador o diferenciador de la palabra, la ley, la objetividad.
En una de sus manifestaciones, con la forma de figura materna específica, el anima se expresa universalmente como madre naturaleza, vientre materno, diosa de fertilidad, proveedora de alimento; en tanto que animus, como arquetipo de padre, se personifica en mitos y sueños como gobernante, anciano, rey. Como legislador habla con la voz de la autoridad colectiva y constituye la personificación del principio del logos: su palabra es la ley. Como Padre en los cielos, simboliza las aspiraciones espirituales del principio masculino, dictando sentencias, recompensando con bienaventuranzas y castigando con truenos y rayos (Stevens, 1990: 81).
El anima, como la mayor parte de los descubrimientos junguianos, comenzó siendo una vivencia personal: “Una mujer en mí”. De su experiencia de vida y, en el caso del animus, de recurrencias en los símbolos de los sueños de sus pacientes, Jung formuló los conceptos de anima y animus a partir de una pregunta fundamental: ¿Cómo podría el hombre comprender a la mujer y viceversa, si cada uno de ellos no tuviera psicológicamente una imagen del sexo complementario?
Así mismo, igual que el animus, se manifiesta con una doble cara: superior e inferior, celeste y terrena, divina y demoníaca, mujer ideal y prostituta. La primera portadora de la imagen del anima es generalmente la madre. Más adelante serán las mujeres que estimulen el sentimiento del hombre, no importa si en sentido positivo o negativo, puesto que el anima “al querer la vida quiere el bien y el mal”, sin preocuparse de la moral tradicional.
El animus y el anima están en una relación de paralelismo complementador y compensador, especialmente respecto a la dimensión erótico-sexual; así como en cierto aspecto la “persona” representa un puente entre la conciencia del yo y el objeto del mundo externo, así también el animus y el anima actúan como puerta para las imágenes del inconsciente colectivo (Jung, 1986, 410).
La configuración del animus y el anima tiene dos niveles. El primero, si bien incorpora ciertos contenidos psíquicos del inconsciente colectivo, está localizado en el inconsciente personal y es en buena medida producto de todas las vivencias respecto al otro sexo, a partir del nacimiento y comenzando por la figura del padre o de la madre. Y un segundo nivel en cuanto arquetipo del inconsciente colectivo.
“Todo hombre lleva la imagen de la mujer desde siempre en sí, no la imagen de esta mujer determinada (…) Esta imagen es, en el fondo, un patrimonio inconsciente (…) grabada en el sistema vivo, constituye un arquetipo de todas las experiencias de la serie de antepasados de naturaleza femenina, un sedimento de todas las impresiones de mujeres, un sistema de adaptación psíquica heredado (…) Lo mismo vale para la mujer; también ella tiene una imagen innata del hombre” (Jung, 1961: 409).
El anima en cuanto función inferior, es decir, contraria a la que predomina y es valorada en la conciencia, está compuesta de “afinidades inferiores afectivas”, es “una caricatura, en el nivel más bajo del eros femenino”. Se personifica en la figura de una sola mujer como unidad, siempre dentro de su bipolaridad positivo-negativa, superior, inferior, espiritual-instintiva, salvadora-destructora. Es más configurada que el animus y más centrada en el pasado.
Así mismo, el anima es la mediatriz con el inconsciente y, por tanto, es una función de relación. En la medida en que las emociones del hombre sean reprimidas o su función emotiva esté subdesarrollada, el anima tendrá un tono más emotivo, y representará mucho más la función emotiva. Cuando las valoraciones emotivas del hombre están ausentes de la esfera de su conciencia, son remplazadas por sobrevaloraciones y entusiasmos del anima.
En cuanto al animus, también como función inferior, “produce opiniones que descansan sobre hipótesis apriorísticas y dan certeza sin ser pensadas por el yo”. Está hecho de juicios inferiores u opiniones y representa un logos inferior, “una caricatura del diferenciado espíritu del hombre”. Se personifica en la figura de varios hombres, como una pluralidad. De ahí que aparezca “algo así como un consejo de familia y otras autoridades que formula ex cátedra sentencias razonables inimpugnables”. Está menos configurado y más centrado en el presente y orientado hacia el futuro. Se proyecta en varios hombres o en un grupo, preferentemente en autoridades y hombres considerados superiores. Al igual que el anima, tiene una bipolaridad positivo-negativa (Vásquez, 1981: 67-68).
Si la mujer no encara adecuadamente las demandas psicológicas de las funciones racionales y conscientes, el animus adquiere características autónomas y negativas y trabaja de manera destructiva hacia ella o en sus relaciones con los demás, hasta el punto de que puede avasallar el yo consciente, y de esta forma dominar toda la personalidad. La proyección, tanto del anima como del animus, no es sólo la transferencia de una imagen a la otra persona, sino también de sus funciones:
“(…) se espera que el hombre al cual se ha transferido la imagen del animus ejerza todas las funciones que han permanecido subdesarrolladas en esa mujer, ya sea la función del pensamiento, o la capacidad de actuar, o la responsabilidad hacia el mundo externo. A su vez, la mujer sobre la cual un hombre ha proyectado su anima debe sentir por él, o establecer relaciones para él, y esta relación simbiótica es, en mi opinión, la causa real de la dependencia compulsiva que existe en estos casos” (Emma Jung, 1957: 10).
DINÁMICA DE LA PSIQUE: LO MASCULINO Y LO FEMENINO EN EL PROCESO DE INDIVIDUACIÓN
Los diversos elementos de la psique de la teoría de Jung cobran mayor sentido a partir de su descripción del proceso de individuación, dirección y destino de los procesos psíquicos. La individuación es el movimiento hacia una totalidad psíquica integrada y armónica de todos los componentes y oposiciones consciente-inconsciente, persona-sombra, pensamiento-sentimiento, sensación-intuición, introversión-extroversión, instinto-espíritu, personal-colectivo, masculino-femenino, yo-ser. La individuación es autorrealización; se trata del proceso que crea un individuo psicológico, como esencia diferenciada de lo general, de la psicología colectiva.
La individualidad se expresa psicológicamente gracias a la función trascendente del símbolo, el cual contiene la bipolaridad de la psique, “al ser dadas por esta función las líneas evolutivas individuales que nunca podrán alcanzarse por el camino prescrito por las normas colectivas”. Si bien el proceso de individuación requiere un minimum de adaptación a ellas, este proceso no es posible sin cierta contraposición a las normas colectivas, en cuanto supone una orientación distinta como eliminación y diferenciación de lo general y formación de lo particular. Finalmente, la individuación coincide con el desarrollo de la conciencia.
En el proceso de individuación lo consciente tiene que confrontarse con lo inconsciente y encontrar un equilibrio entre los contrarios, mediante símbolos producidos espontáneamente por el inconsciente y amplificados por la conciencia, provenientes en última instancia del ser como representante central de la psique total. Este ser, de naturaleza hermafrodita –a la vez origen de lo femenino y lo masculino y punto de llegada del proceso de individuación una vez integrados los componentes tanto femeninos como masculinos de la psique-, constituye el punto de equilibrio entre el inconsciente y el consciente, y abierto a ambas esferas de la psique. En palabras de Jung:
“Si visualizamos la mente consciente, con el ego como su centro, en relación opuesta al inconsciente, y si le añadimos a esta imagen mental el proceso de asimilar el inconsciente, podemos concebir esta asimilación como una especie de aproximación entre consciente e inconsciente, en la cual el centro de la personalidad total ya no coincide con el ego, sino con un punto a mitad de camino entre lo consciente y lo inconsciente. Éste sería el punto de un nuevo equilibrio, un nuevo centramiento de la personalidad total, un centro virtual que, debido a su posición entre el consciente y el inconsciente, le asegura a la personalidad una nueva base de mayor solidez” (Jung, 1928: 225).
El diálogo entre el inconsciente y la conciencia no sólo hace que “la luz que ilumina las tinieblas sea comprendida por ellas, sino también que la luz comprenda las tinieblas”. Se trata, en el fondo, de un proceso de recentramiento de la propia personalidad, desplazada de su verdadero centro y, por tanto, alienada en el yo. Individuarse es encontrarse a sí mismo (ser). Jung vivió este proceso en su propia vida:
“Tuve que dejarme arrastrar por esa corriente, sin saber a dónde me conducía (…)ví que todos los caminos que emprendía y todos los pasos que daba conducían de nuevo a un punto, concretamente al centro (…) ví claro que el objetivo del desarrollo psíquico es el mismo. No existe un desarrollo real, sólo existe una circunvalación en torno al ser” (Jung, 1961: 204).
Este proceso diferenciador-integrador de la personalidad, de la armonización de los contrarios, tiene para Jung un carácter eminentemente femenino y materno; es un continuo retorno en espiral al inconsciente colectivo arquetípico o fuente de vida, representado –tanto en los mitos, las religiones y los sueños- por símbolos femeninos, particularmente por la gran madre y la matriz o receptáculo universal:
“Lo que para Freud era un superyó paterno como salida del mundo de la madre hacia el universo cultural de la ley, para Jung es un sí mismo materno, manantial energético inagotable, y matriz de los símbolos unificadores que representan la ley de la naturaleza y del espíritu, inmanente al propio psiquismo, única creadora de auténtica cultura humana, cuando es asumida personalmente, en contraposición a la simple “civilización” social (Vásquez, 1981: 259).
El deseo incestuoso freudiano se convierte en Jung en un símbolo de unión de contrarios o hierogamia. Esta diferencia es aclarada por él en una descripción de su encuentro en los gnósticos del principio femenino-espiritual, en contraposición al masculino-maternal de Freud:
“La psicología del inconsciente había sido establecida por Freud con los motivos gnósticos clásicos de la sexualidad, por una parte, y la autoridad paterna nociva, por otra. El motivo del gnóstico Jehová y Dios creador aparecía nuevamente en el mito de Freud del padre primitivo y tenebroso, del superyó descendiente de ese padre… Pero la evolución hacia el materialismo (…) llevó a ocultar a Freud la perspectiva de un aspecto esencial y más amplio del gnosticismo: la imagen original, arquetípica del espíritu. Según la tradición gnóstica, fue ese Dios quien envió el vaso de las transformaciones espirituales en auxilio de los hombres. El vaso es un principio femenino que no halló lugar alguno en el mundo patriarcal de Freud” (Jung, 1961: 209-210).
Para la psicología junguiana, el dúo inseparable masculino-femenino en permanente transformación simbólica es la imagen misma del desarrollo psíquico: el juego constante de uniones y separaciones que aparece en los textos de tradición hindú. Las imágenes de unión con personificaciones de lo maternal no representan un deseo concreto de unión incestuosa, sino un evento simbólico de renacimiento a partir de la integración de elementos conscientes e inconscientes. Se trataría de una imagen de la búsqueda del ser y no la regresión a un período infantil. En palabras de la psicóloga junguiana Liliane Frey-Rohn:
“La sabiduría nace en las profundidades; la sabiduría de la madre, ser uno con ella significa ser dotado de una visión de las cosas más profundas, de las imágenes primordiales y fuerzas primitivas que subyacen toda la vida, y son la matriz que la alimentan, la sustentan y la crean” (Frey-Rohn, 1974: 176).
Aunque no se trata de un proceso lineal en términos analíticos, como ya vimos, se puede hablar de una serie de “fases” en el proceso de individuación. Éste se inicia con la separación psicológica de los padres, pasa por la autonomización del individuo ante la norma cultural o “desenmascaramiento” de la persona como centro de la psique por medio de la integración de la sombra, y concluye con la integración del anima o animus.
Llegar al destino de la energía psíquica, encontrar el centro en el ser –centro de la totalidad de la psique, el cual ocupa un lugar intermedio entre conciencia e inconsciente, y está igualmente abierto a los sentimientos de ambos-, requiere una integración psicológica del principio masculino para la mujer, y del femenino en el hombre: integración de la otra mitad presente en la psique pero negada.
Para Jung, en el proceso de individuación, distinguirse e integrar a la persona y a la sombra es relativamente fácil en la medida en que “la construcción de una persona colectivizante apropiada significa una concesión formidable al mundo externo, un sacrificio genuino del ser que hace que el yo se identifique con la persona “ (Jung, 1928b: 82). Pero integrar y distinguirse del animus y el anima es mucho más difícil, en cuanto:
“El hombre considera una virtud reprimir sus características femeninas, así como la mujer –hasta hace poco- consideraba indeseable volverse “masculina”: el animus y el anima representan el inconsciente con todas las tendencias y contenidos hasta ahora excluidos de la vida consciente” (Jung, 1928b: 78-79).
Esta represión hace que la función y el principio femenino y masculino adquieran características degradadas o negativas, como sistema de defensa ante las incompatibilidades de las demandas internas y externas sobre el individuo. El proceso educativo fortalece esta represión de las características que se consideran debilidades y signos de desadaptación social. Para Jung el efecto de esta represión y de la proyección de una imagen distorsionada de lo masculino y lo femenino es un formidable obstáculo para el conocimiento entre los géneros:
“(…) la mayor parte de lo que los hombres dicen acerca del erotismo femenino y la vida afectiva de las mujeres se deriva de sus propias proyecciones del anima y distorsionado de acuerdo con esto. Por otra parte, lo que las mujeres asumen sobre los hombres proviene de la actividad del animus que produce todo tipo de falsas explicaciones” (Jung, 1925: 82).
Uno de los múltiples equívocos de estas representaciones entre los géneros son los clichés de los hombres acerca del rol de las mujeres en relación con los sentimientos. A las mujeres se les ha cargado con las funciones relegadas por la psique masculina, en tanto que los hombres presumen que lo que ellos no tienen dentro de su funcionamiento consciente, lo tienen las mujeres. Como la aclara el psicólogo James Hillman, cuando Jung declara en su teoría de los tipos psicológicos que en las mujeres predomina más la función emotiva, sus observaciones se refieren a la cultura occidental de su tiempo, mas no a una ley psicológica:
“Uno de los clichés más insidiosos de nuestro tiempo (…) es el que declara que el eros y el sentimiento tienen una afinidad con la mujer. En este modelo el sentimiento de los hombres nunca puede ser comprendido adecuadamente de manera que los sentimientos de amistad son rotulados como homosexualidad latente o transferencia. En una sociedad en que los hombres deben mirar hacia la mujer para su educación sentimental (valores morales y estéticos, organización de las relaciones (…) expresión de sentimientos), el tipo emotivo masculino deberá ir por el mundo en disfraz (…) (Hillman, 1971: 118).
Igualmente, privilegiar las funciones y principios psíquicos correspondientes al propio sexo conduce a una “especialización de la conciencia del hombre y la mujer:
“Así como la mujer muchas veces es claramente consciente de asuntos sobre los cuales el hombre todavía está en la oscuridad, hay campos de experiencia en el hombre que para la mujer siguen en las sombras (Jung, 1925.959.
Si la actitud consciente del hombre privilegia y, por tanto, logra un mayor conocimiento de la dimensión objetiva de la vida, lo subjetivo es para la mujer más conocido que lo objetivo: la mujer tiene una conciencia muy fina de las relaciones personales, cuyas sutilezas escapan del todo al hombre.
No obstante, el temor y represión de lo femenino en el hombre va más allá de esto. En la medida en que la totalidad del inconsciente es simbolizada por la madre universal, representa una figura amenazante, tenebrosa y misteriosa, que “ataca” al yo en su estado consciente. amenazando destruir el precario orden construido por el yo. A partir de esta concepción Jung se explica los fenómenos históricos y religiosos occidentales que establecen un parentesco entre diablo y mujer que la asocian con la tentación al pecado, y que excluyen el símbolo femenino de la trinidad cristiana.
LO MASCULINO Y LO FEMENINO EN EL MATRIMONIO Y LA SOCIEDAD.
El análisis del proceso de transformación psíquica dentro del individuo condujo a Jung a plantear algunas hipótesis sobre la relación matrimonial. Propuso que para el hombre común, el amor en su verdadero sentido coincide con la institución del matrimonio, mientras que para la mujer el matrimonio no es una institución sino una relación humana de amor.
En tanto la mujer es mucho más “psicológica” y en esa medida más abierta al inconsciente, en el hombre predomina la lógica que, más que un apoyo, constituye un obstáculo para la integración de los contenidos del inconsciente. Esto, en el campo de las relaciones de género, implica que el hombre para encontrarse con la mujer a mitad de camino, debe entrar en el territorio del inconsciente. Jung consideraba que en este proceso de encontrarse a mitad de camino la mujer había recorrido un mayor trecho en tanto había logrado una mayor integración de los aspectos masculinos que el hombre en los elementos femeninos de la psique.
Esta ventaja de la mujer moderna sobre el hombre en el proceso de individuación ayuda a explicar la crisis moderna del matrimonio. La integración por parte de la mujer de elementos considerados culturalmente como masculinos, tales como la autonomía y el juicio crítico, problematizan el matrimonio tradicional para la mujer, mientras que “para aquellos enamorados con la masculinidad y la feminidad per se, el matrimonio tradicional es suficiente” (Jung, 1927:67-68).
Para la psicología junguiana es claro entonces que el matrimonio, como relación psicológica creativa y no solamente como relación sexual, contractual y de dominación y subordinación, implica la integración en el hombre de la dimensión femenina inconsciente y en la mujer de lo masculino en su psique. En esta medida quedaría posibilitado el sujeto:
“(…) para entablar unas relaciones con el otro, a nivel personal profundo, es decir, de un yo-tú, sin quedarse enredado en un enamoramiento superficial de carácter narcisista – el hombre y la mujer comienzan enamorándose de su anima o animus proyectados en el compañero erótico – ni en los prejuicios del sexo, por los que se exalta o rebaja exageradamente al sexo opuesto, sin lograr verlo con ojos de realidad, en su status de persona humana. (Con la integración del anima-animus) el hombre y la mujer saben, por experiencia vivencial, que el misterioso atractivo (…) procedía en su dimensión de fascinante numinosidad perturbadora, del aspecto no reconocido y no aceptado de la propia personalidad arquetípica; su deseo del otro pierde la urgencia de buscar en él o ella algo inefable que venga a llenar el hueco carencial de su ser. Con esto el sujeto se prepara, por una parte, a la verdadera paternidad o maternidad psicológica, es decir, a la creatividad cultural en sentido profundo, y no meramente a la productividad y rendimiento sociales, y, por otra parte, a soportar la soledad” (Vásquez, 1981:298),
La visión de Jung en 1929, sobre el papel de la mujer en la sociedad europea de postguerra, de su movimiento psíquico y social contra la historia y la cultura prevalente, puede encontrar un paralelo con la crisis del matrimonio convencional, así como el significado de algunos movimientos femeninos de la Colombia actual.
“La psique europea ha sido desgarrada por la barbarie de la guerra. Mientras el hombre repara los destrozos externos, la mujer cura las heridas internas, y para esto requiere su instrumento más importante: una relación psíquica. Pero nada obstaculiza esto más que la exclusividad del matrimonio medieval, ya que hace que la relación sea totalmente superflua. Las relaciones – psicológicas- sólo son posibles si existe una distancia psíquica entre la gente, en la misma forma que la moralidad presupone libertad. Por esta razón la tendencia inconsciente de la mujer apunta a desatar la estructura matrimonial (tradicional), lo cual no significa la destrucción del matrimonio y la familia” (Jung, 1927: 74).
EPÍLOGO.
Como anotábamos al comienzo de este escrito, en Jung las identidades psicológicas “heredadas”, sean éstas familiares, culturales, o biológicas, son el principal problema para la realización de una humanidad plena. Como hemos visto, de estas identidades la última, la más arraigada y la más difícil de trascender es la de género.
Jung fue un personaje obsesionado por los problemas intrapsíquicos y no profundizó sobre las implicaciones sociales de los procesos de individuación. Aun que de forma todavía incipiente, con algunos colegas del área de género y democracia de la Asociación de Trabajo Interdisciplinario (5)hemos comenzado a mirar algunas implicaciones de la teoría junguiana en los procesos de democratización de las relaciones de género y de la sociedad.
• La importancia de articular los análisis sociales y culturales a la dimensión inconsciente de la vida femenina y masculina, de tratar de develar esas imágenes profundamente arraigadas y ocultas del otro, imágenes estereotipadas, degradadas o por el contrario idealizadas, que encuentran sustento no sólo en la cultural nacional, sino en los más profundos temores y resistencias frente a los contenidos inconscientes tanto individuales como colectivos.
• La necesidad de diferenciar la dimensión erótico-sexual y sociocultural, de los procesos eminentemente psicológicos (intrapsíquicos). Se trataría de reconocer la autonomía de lo psicológico en contravía de muchas conceptualizaciones contemporáneas de la problemática de género, para las que lo psicológico sería una variable dependiente de factores erótico-sexuales o socioculturales.
• La posibilidad de “de-sexualizar” las concepciones sobre la identidad de género, señalando que la batalla entre los sexos no sólo se libra en el terreno de la sociedad y la familia, sino que lo femenino y lo masculino, en cuanto representaciones simbólicas, libran una guerra dentro de la psique de cada hombre y de cada mujer.
• La crítica de la noción de “complementariedad” –utilizada para explicar y justificar las diversas especializaciones de la mujer y el hombre en la familia, en el trabajo, en la sociedad en su conjunto -, ya no sólo en función de equidad o justicia social, económica y política, sino en cuanto imagen degradada de la complementariedad de los elementos masculinos y femeninos dentro de la psique.
• Los peligros psíquicos para la mujer moderna de adquirir protagonismo social y cultural al precio de una “masculinización” unilateral de su conciencia. Esta aceptación consciente de los valores y actitudes legitimados en la esfera de lo público, no sólo entraña el riesgo de la supresión de los elementos femeninos en la conciencia de la mujer moderna, sino que obstaculizaría a largo plazo el necesario movimiento compensatorio de “feminización” de la cultura occidental contemporánea, en especial en la esfera de lo público.
• La importancia de “humanizar” las representaciones y las relaciones entre los géneros por medio del descubrimiento, aceptación e integración psíquica de los símbolos femeninos y masculinos, proceso necesario para construir verdaderas relaciones psicológicas en las cuales entren en juego la totalidad de las funciones psíquicas: las consideradas “masculinas” –razón, sensación- y a las que se les atribuye un carácter “femenino”: la intuición y el sentimiento.
REFERENCIAS
Bly, Robert, 1990. Iron John: A Book About Men, Nueva York, Vintage Books, 1992.
Boof, Leonardo, 1979, El rostro materno de Dios: ensayo interdisciplinar sobre lo femenino y sus figuras religiosas, 6ª ed., Ediciones Paulinas, 1988.
Durant, Gilbert, 1964, La imaginación simbólica, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
Freud, Sigmund, 1910, “Five Lectures on Psychoanalysis”, Conferencias dictadas en la Universidad de Clark en 1909.
Frey-Rohn, Liliane, 1969, From Freud to Jung, Nueva York, C. G. Jung Foundation for Analytical Psychology.
Hillman, James, 1971, “The Inferior Function”, en Marie-Louise von Franz y James Hillman, Jung´s Tipology, Dallas, Spring Publications.
Jñneshwar, Maharaj, (Siglo XIII), “La unión de Shiva y Shakti”, en Elsa Cross, La unión de Shiva y Shakti según Jñneshwar Maharaj, Vol XX, No. 1, Nueva Delhi, India, Papeles de la India, Consejo Indio de Relaciones Culturales, 1991.
Jung, Carl, 1918, “On the Psychology of the Unconscious”, en Two Essays on Analytical Psychology, 2a Ed, Nueva Jersey, Princeton University Press, 1966.
_________, 1925, “Marriage a Psychological Relation”, en Aspects of the Femenine, 1a reimpresión, Londres y Nueva York, Ark Paperbacks, 1989.
_________., 1927, “Woman in Europe”, en Aspects of the Femenine, 1a reimpresión, Londres y Nueva York, Ark Paperbacks, 1989.
__________, 1928, “The Relations between the Ego and the Unconscious”, en Two Essays on Analytical Psychology, Bollingen Series, Princeton, Princeton University Press, 1972.
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__________, 1940, Psicología y Religión, 4ª Ed., Buenos Aires, Editorial Paidós, 1972.
__________, 1952, Symbols of Transformation, 2a Ed., Bollingen Series, Princeton, Nueva Jersey, Princeton University Press, 1976.
__________, 1954, Arquetipos e inconsciente colectivo, Buenos Aires, Editorial Paidós, 1970.
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Jung, Emma, 1957, Animus and Anima, Dallas, Texas, Spring Publications, 1985.
Progoff, Ira, 1967, La psicología de C. G. Jung y su significación social, Buenos Aires, Editorial Paidós.
Stevens, Anthony, 1990, On Jung, Londres, Penguin Books.
Vásquez, Antonio, 1981, Psicología de la personalidad en C. G. Jung, Salamanca Ediciones Sígueme.
PIE DE PÁGINAS
(1) Esta tendencia se ha desarrollado particularmente en los Estados Unidos, aunque también tiene representantes en Europa y Brasil. Uno de los aportes más interesantes dentro de esta tendencia es el del poeta estadounidense Robert Bly sobre la identidad y el desarrollo psíquico masculino, en trabajos como “Iron John: A book about Men” (Blay, 1992). Otros escritos recientes, de carácter más divulgativo que académico, sobre la identidad de género desde una perspectiva junguiana, son los de Nancy Qualls-Corbett (1988) y Marion Woodman (1985). Por otra parte, la obra del analista junguiano James Hillman, mñas especializada, ha desarrollado las concepciones junguianas sobre la psicología de género.
(2) Entre sus principales estudios comparativos sobre la tradición oriental, la alquimia y la mitología occidental se encuentran Symbols of Transformation (1952), The Phenomenology of the Spirit in Fairtales (1948), On the Psychology of the Tricster-Figure (1954), Concerning Mandala Symbolism (1959), Aion (1951), Wotan (1936), Psychological Commentaries on the Tibetan Book of the Great Liberation (1954), Psychological Commentaries on the Tibetan Book of the Dead (1953), Yoga and the West (1936), Foreword to the I Ching (1950), The Visions of Zosimos (1954), Paracelsus as a Spiritual Phenomenon (1942), Mysterium Conjunctionis (1955), Psychology and Religion (1940), A Psychology Approach to the Dogma of the Trinity (1948), Transformation Symbolism in the Mass (1954).
(3) Para un análisis exhaustivo de las diferencias entre Jung y Freud, desde una perspectiva junguiana, véase From Freud to Jung (Frey-Rohn, 1974).
(4) Para esbozar los principales conceptos de su psicología me he apoyado fundamentalmente en los escritos hacia el final de su vida, así como en las obras más recientes de algunos junguianos.
(5) La Asociación de Trabajo Interdisciplinario, ATI, es un organismo no gubernamental dedicado fundamentalmente a la educación para la democracia. A partir del área de género y democracia desarrolla una labor de educación, investigación y asesoría con organizaciones populares femeninas y mixtas. En su quehacer institucional concibe la democratización de la sociedad como una tarea que no puede restringirse a la esfera de lo público, sino que debe influenciar los espacios privados y de la vida cotidiana, con miras a lograr una mayor equidad entre los géneros. En este sentido dirige su accionar no sólo a las mujeres, sino también a los hombres, con el objetivo de “desfeminizar” las estrategias de democratización de las relaciones de género, buscando transformaciones en la identidad y en los papeles sociales tanto de las mujeres como de los hombres.