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lunes, octubre 19, 2015

Podemos llegar a odiarnos




Llegan a consulta. Cuando los recibo se muestran fríos, dejando ver la distancia que les separa. Cuando comienzan a hablar se puede apreciar el resentimiento y el rencor que subyace a sus palabras, se suceden las críticas, los reproches que abren un abismo entre ellos. No se escuchan, se interrumpen con acusaciones.

Este es el último cartucho, manifiestan al final. Sin embargo su mirada está más enfocada en la separación que en el encuentro. Al oírlos me cuesta creer que alguna vez se hayan querido. Cada uno aparece ante el otro desdibujado, despojado de las cualidades que un día fueron reconocidas y valoradas.

“Desde el principio había mucha atracción física entre nosotros, era como un imán que nos atraía irremisiblemente. Cada vez que coincidíamos y nos encontrábamos sentíamos alegría de vernos de nuevo, hasta que un día nos dejamos llevar por la pasión y comenzamos nuestra historia de amor. Me gustaba todo de él”, dice ella con los ojos brillantes.

“Yo la veía como la mujer más especial que había conocido nunca”, añade él sin apenas mirarla, como queriendo recrearse en aquellos sentimientos de tiempo atrás.

Esta historia se repite en las conversaciones entre amigos, en las consultas de los psicólogos. El amor puede tornarse en odio cuando no se cuida. En estudios científicos, entre los que destacan las investigaciones de Sterberg, se observó que el odio no podía ser entendido sin el amor ya que ambos se encuentran estrechamente relacionados debido a la similitud de sus componentes.

La teoría triangular del amor sostiene que en el amor subyacen tres componentes:

La intimidad, la pasión y la decisión y compromiso. Estos componentes no son estáticos, están en constante interacción entre ellos lo que da como resultado los siete tipos de amor: cariño, encaprichamiento, amor vacío, romántico, sociable, fatuo y consumado.

Por otra parte, la teoría triangular del odio es justo lo opuesto de los mismos componentes. Negación de la intimidad, que busca la desvinculación emocional y se alimenta del rechazo; pasión en el odio en forma de furia y compromiso en el odio, que devalúa a la persona para justificar el abandono.

También las neurociencias han obtenido resultados que ayudan a comprender mejor por qué es tan fácil pasar del amor al odio. Desde un punto de vista biológico, el odio activa numerosas áreas cerebrales y muchas regiones que se activan cuando se odia son las mismas que cuando se está enamorado.

El odio se gesta con las pequeñas cosas que dejamos sin resolver adecuadamente, como ocurre en el caso de nuestra pareja, y va creando círculos de fuego en los que muchas veces acabamos quemándonos. Comenzamos a echar leña al fuego cuando no se cumplen nuestras expectativas respecto a lo que esperamos de las personas amadas y comenzamos a acumular quejas.

El desamor llega con la negación de todo lo que habíamos pensado e imaginado del otro, dejamos de valorar y apreciar sus cualidades y desdibujamos en nosotros la imagen de ese ser único y diferente del que nos enamoramos.

En este proceso suelen haber al principio muchos intentos de tapar o justificar el dolor que produce la decepción. Sin embargo, conforme avanza la vivencia de desencuentro, se convierte la relación en un gran punto negro, desde el que solamente se ve lo negativo. Llegados a este punto, ya está instalado el odio en nuestro corazón e instaurado el mecanismo de proyección desde el que culpamos al otro de nuestro sufrimiento y le odiamos porque deja al desnudo nuestras debilidades, nuestra dependencia y nuestra inseguridad.

Las personas más vulnerables a albergar sentimientos de odio son aquellas que tienen baja autoestima, porque se sienten atacadas más fácilmente que las personas seguras de sí mismas. La inseguridad que domina en las personas con una autoestima devaluada, unida a las comparaciones, los sentimientos de inferioridad, la baja tolerancia a la frustración, el miedo, los complejos y la intolerancia, impiden que canalicen de forma adecuada sus emociones por lo que son fuentes generadoras de odio en sus relaciones personales y sociales.

El odio corroe a quien lo siente; mina el estado anímico y puede llegar incluso a derivar en problemas de salud como el insomnio, el estrés, la ansiedad o la depresión y debilita considerablemente el sistema inmunológico.

El odio igual que el amor supone una “instalación”. Cuando dejamos de estar instalados en el odio, recuperamos nuestra capacidad para ver al otro en toda su dimensión, y podemos proyectarnos desde el sentimiento amoroso que favorece el encuentro.

http://mundoejecutivo.com.mx/

*Psicóloga, profesora Universidad de Murcia

jueves, octubre 15, 2015

Si te caigo mal, saco partido



Hemos escuchado la expresión, “no soy monedita de oro para caerle bien a todo el mundo”. Y vemos que muchos intentan ganarse el aprecio de otros a cualquier precio, generando un gran desgaste energético y relaciones en conflicto.

No es fácil sortear la situación, pues en más de las veces esa persona con la que no conecto, está en mi círculo laboral, familiar o social y sin más tenemos que acostumbrarnos a su presencia e incluso a interrelacionar forzosamente con ella.

Aunque la situación sea incomoda, es posible sacarle partido. Las criticas si bien molestas, nos ayudan a ser mejores. Sussie Moore una coach de confianza personal dice que no está del todo mal caerme mal a algunos.

Cómo sacarle partido:

1. Es peor pasar inadvertido. Aristóteles decía que “la única manera de evitar las críticas es, no decir nada, no hacer nada y no ser nada”. La crítica significa que estás haciendo algo, que no te estás quedando quieto, para logar tus metas y sueños.

2. Qué puedo aprender: siempre recabo sobre este punto, ante un error, ante una crítica mantén la mente abierta, para evaluar, para repensar “qué es lo que dicen de mí, qué puedo mejorar, en qué tiene esta persona razón, puedo cambiar esta actitud, este comportamiento” te ayudará enormemente.

3. El otro es tu espejo: y al mismo tiempo tú eres el espejo del otro. La forma como se comportan frente a tus comportamientos es un reflejo de cómo se siente el otro acerca de su vida, de cómo lee el mundo.

4. Steven Pressfield habla en positivo de la crítica, lo llama el “elogio supremo” es la manera como una persona creativa lo siente, lo evalúa. Muchas veces la crítica nace de los celos y de la envidia, así que aprende a leer, si el otro está gastando su energía en ti algo importante estás realizando, evalúa y sigue adelante.








domingo, agosto 23, 2015

Para ser feliz debes aprender a ignorar a muchas personas





Muchas veces alejarnos de las personas conflictivas no solo es una cuestión de comodidad, sino de salud mental. Hay actitudes que nos llegan a desequilibrar tanto que nos bloquean y nos impiden realizarnos, sometiendo nuestro bienestar emocional a sus antojos.

Todos sabemos de buena tinta que nuestras relaciones no siempre nos aportan algo positivo, aunque realmente lo esperemos. A pesar de que somos conscientes de esto, no cuesta darnos cuenta de que estamos alimentando intercambios tóxicos.


O sea, nos parece algo “tonto” e incoherente pero, sin embargo, no podemos escapar de la realidad. Sacrificar nuestro bienestar por los demás está a la orden del día para cada uno de nosotros.

Así que nos encontramos ante el triste panorama de vivir sometidos a relaciones insanas con personas que no nos aportan sinceridad ni buenas emociones. Es decir, intercambios cargados de intereses y egoísmos. Por eso, para poder crecer debemos de aprender a ignorar a cierta gente en ciertos momentos.


¿Qué es lo que debemos ignorar para ser felices?


Las situaciones a partir de las que conviene comenzar a regalar nuestra ausencia son variopintas. Normalmente podemos reconocer con facilidad lo que nos turba pero es posible que nos lleve un tiempo en otras ocasiones.

Conocerlas nos ayudará a tomar conciencia de la realidad e incluso puede ayudarnos a anticipar estas cuestiones, de manera que podamos impedir que nos hagan más daño que el inevitable. Dicho esto, veamos algo más detenidamente lo que debemos aprender a ignorar:

1.Las críticas de los demás. Nadie nos puede afectar sin nuestro consentimiento. O sea, somos nosotros lo que damos validez a las opiniones de los demás. Lo que otros piensen sobre las decisiones que tomamos no debería importarnos, ya que es tan probable que nosotros nos equivoquemos como que ellos lo hagan.

2. La creación de inseguridades. Hay personas que se piensan que son expertos en la vida de todo. Estos acaban consciente o inconscientemente, creando inseguridades y pequeñas frustraciones en la gente que les rodea. Procura ignorar este tipo de actitudes, pues solo te conducen a la frustración.

3. Preocuparnos por lo que no podemos controlar. Si nos preocupa cómo va a actuar esa persona o qué va a hacer o decir, algo va mal. O sea, la gente no va haciendo daño deliberadamente y no debería de tenernos en vilo que nos respeten o no. Si esto ocurre, es mejor de que alejes de esa persona.

4. Las comparaciones obsesivas. Está muy bien que la gente triunfe y tenga éxito, pero no que hagan sentir a los demás poca cosa. No hay persona más insignificante que aquella que usa sus logros para menospreciar a los demás. Por eso, sigue centrándote en lo que tú puedes hacer para seguir creciendo y recuerda que lo que consigas depende en gran parte de que te lo creas.

5. Los intereses y egoísmos. No todo el mundo te está ayudando cuando intentan aparentar estar haciéndolo. Empieza a desactivar la realidad y analiza hacia qué lado se inclina la balanza siempre. Si hay un equilibrio, significa que hay armonía en vuestra relación; si por el contrario no lo hay, algo va mal.

Regala tu ausencia a quien no valore tu presencia


Regala tu ausencia y tu indiferencia a quien no te valore; pero no de cualquier forma, auséntate emocionalmente. No lo hagas como una forma de venganza, sino como una manera de protegerte.

Tenemos que darnos cuenta de que con el tiempo la imagen que tenemos de las personas puede cambiar, lo que implica que desconoceremos a aquellos que creíamos conocer.

A veces nos percatamos demasiado tarde de que todo lo que hemos hecho por alguien ha sido ignorado o menospreciado en el terreno emocional. Es posible que entonces nos sintamos decepcionados y que nos demos cuenta de que no han movido ni un dedo por nosotros.

Conseguir que lo que alguien haga o no haga no nos afecte actúa como un bálsamo.Puede que resulte costoso al principio, pero los resultados comienzan a notarse bien pronto en nuestra salud emocional.


De hecho, cuando somos capaces de hacerlo, nos damos cuenta de que es un verdadero placer poder escucharnos sin nada que enturbie nuestro diálogo interior.

La verdad es que intentarlo no solo merece la pena, merece la alegría.

lunes, agosto 11, 2014

Conoce las 4 conductas que destruyen una relación de pareja


Expertos psicólogos, estudiosos de las relaciones de pareja afirman que es fácil predecir el divorcio con más de un 90% de exactitud con tan solo observar la interacción de una pareja durante unos minutos.

Al respecto el psicólogo John Gottman, uno de los principales investigadores sobre el matrimoniorefiere que esta habilidad no es mera intuición, sino el resultado de una gran cantidad de investigaciones desarrolladas durante dos décadas que le han llevado a identificar lo que él llama los cuatro jinetes del apocalipsis de las relaciones: crítica, desprecio, defensividad y retirada emocional.

"Encontramos que podíamos predecir con una exactitud mayor al 90% lo que iba a pasar con una relación en los siguientes tres años al examinar la psicología y la conducta de una pareja durante una conversación sobre un tema en el que no estaban de acuerdo y entrevistándolos sobre su pasado. En las parejas que duraron, la tasa de afirmaciones positivas frente a negativas durante una conversación conflictiva fue de 5 a 1. En las relaciones que terminaron, la tasa fue de alrededor de 1 a 1."

Te damos a conocer los cuatro jinetes del apocalipsis de las relaciones para que tomes nota si tu matrimonio está pasando por una crisis y puedas resolverlo antes del rompimiento:

1. Críticas. Hay que tener en cuenta que criticar a tu pareja no es lo mismo que expresar una queja o hacer una crítica de un determinado comportamiento o situación. En el primer caso, estás atacando a tu pareja como persona, mientras que en el segundo te estás dirigiendo hacia una conducta o hecho específico. Es decir, no es lo mismo decir a tu pareja: "Me molesta cuando haces tal cosa porque me hace sentir mal" que decirle, "Eres un egoísta por hacer eso". Igualmente, no es lo mismo decir: "Me preocupé cuando vi que no aparecías y no me llamaste. Pensé que estábamos de acuerdo en que nos llamaríamos en un caso así", que decir: "Eres un egoísta, no piensas en cómo se pueden sentir los demás, no te importo". Por tanto, es bueno expresar las quejas o críticas, pero siempre de un modo que no suponga un ataque a tu pareja como persona.

Cuando las críticas destructivas se dan con frecuencia, hacen que sea más fácil la aparición de los otros tres jinetes destructores de relaciones porque hacen que la otra persona se sienta atacada, rechazada y herida y pueden llevar a la pareja a caer en una dinámica en la que las críticas se producen cada vez con más frecuencia.

2. Desprecio. El desprecio es una de las conductas más destructivas en una relación. Puede verse en las burlas, los comentarios para ridiculizar a la otra persona o hacer que se sienta estúpida o inferior, los insultos, las imitaciones en forma de burla, los comentarios que transmiten la idea de que eres superior a tu pareja o ciertos gestos que indican rechazo, como desviar la mirada con desprecio. En realidad, no hace falta decir nada para transmitir desprecio a tu pareja; puede bastar una simple mirada.

En sus investigaciones, Gottman encontró también que las parejas que se tratan con desprecio entre ellos tienen más probabilidades de padecer enfermedades infecciosas, como resfriados o gripes, ya que su sistema inmunitario es más débil. El desprecio es el principal predictor de ruptura en una pareja.

3. Defensividad. Consiste en buscar excusas y no aceptar la responsabilidad de nuestra conducta. Las excusas transmiten a la otra persona el mensaje de que no la tomas en serio, intentando hacer que crea algo que no es cierto. Por ejemplo, cuando no haces una tarea que te correspondía hacer y reaccionas de un modo defensivo diciendo que has tenido mucho trabajo durante toda la semana o incluso tratas de darle la vuelta a la situación y pretender que es tu pareja quien tiene la culpa: "No he podido hacerlo porque he tenido demasiado trabajo. Podrías haberlo hecho tú, pues sabes perfectamente que tengo mucho trabajo estos días". Una respuesta más apropiada podría haber sido: "Tienes razón, lo siento, tendría que haberte dicho que me sería imposible hacerlo y preguntarte si podrías hacerlo tú, pero se me olvidó por completo".

La persona que está a la defensiva no reconoce su parte de culpa, ni pide perdón, sino que trata de culpar a la otra persona e incluso se enfada y actúa como si fuera la víctima inocente ante cualquier queja de su pareja, por muy razonable que sea. A veces, puede ser que tengas una buena explicación para haber actuado así, como es el caso del ejemplo (tienes demasiado trabajo, se te olvida, cometes un error), pues todos somos humanos y nos equivocamos. El problema no es que suceda, sino cómo reaccionas ante las quejas de tu pareja. Pero siempre puedes reconocer tu parte de culpa, pedir perdón y explicar por qué ha sucedido como un modo de informar a tu pareja de lo que ha pasado y no como una excusa ni utilizándolo para culpar a la otra persona de lo sucedido.

4. Retirada emocional. Implica retirarse de la interacción con tu pareja, dejar de responder, dejar de escucharle, mirar hacia otro lado y levantar un muro entre ambos. En vez de afrontar el problema, se recurre a maniobras evasivas como dar la espalda, desconectar de la interacción, actuar como si estuvieras ocupado o implicarte en comportamientos obsesivos. Suele aparecer cuando ya hace tiempo que los otros tres jinetes se han instalado en la relación y resulta lo bastante abrumadora como para necesitar escaparse de este modo de ella. Pero una vez que aparece, suele convertirse en un hábito que impide solucionar los problemas.

Cuando la interacción con tu pareja ha llegado a un punto en el que necesitas recurrir a la retirada, es preferible que le digas que necesitas parar un poco porque te sientes muy abrumado y pases media hora haciendo algo relajante, como leer o escuchar música, sin pensar en la discusión. Si después seguís la conversación, ambos os habréis relajado y la interacción será más positiva.






Diario Correo Peru

martes, diciembre 17, 2013


Un hacendado fue a la ciudad y le preguntó al dueño de un restaurante si podía utilizar un millón de piernas de sapos. El dueño del restaurante quedó asustado y quiso saber dónde pretendía el hacendado conseguir tantas piernas de sapos. El hacendado le respondió: Cerca de mi casa hay un pequeño lago que está invadido e infestado de esos bichos. Son millares y hacen un barullo infernal, croando toda la noche. ¡Me estoy volviendo loco!
Quedó decidido, entonces, que el hombre le traería quinientos sapos por semana, durante algún tiempo. En la primera semana, el hacendado volvió al restaurante un poco avergonzado, pues traía en sus manos dos sapos. El comerciante le preguntó: ¿Dónde está mi pedido?
El hombre respondió: Yo estaba totalmente engañado. ¡Había solo estos dos pequeños sapos en el lago! Ellos solos son los que hacían todo el barullo.