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domingo, septiembre 06, 2015

ESTUDIO DEMUESTRA QUE LA MEDITACIÓN MODIFICA EL CEREBRO


El estudio “Técnicas contemplativas y psicología humanista transpersonal: aportes desde la neurociencia”, realizado por académicos e investigadores de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico, da a conocer que la meditación es una práctica contemplativa con capacidad de modificar el cerebro durante la vida.

Realizado por la magíster Noemí Grinspun y el psicólogo de la U. del Pacífico Augusto Manríquez, docentes de las asignaturas “Bases biológicas el comportamiento” y “Psiconeurología y Neurociencias”, el estudio analiza la evidencia de la relación que existe entre salud mental y prácticas contemplativas, y demuestra los efectos que se generan a nivel cerebral en las personas que practican diversos tipos de meditación.

Ente los hallazgos, se menciona que a partir de los registros sondeados por medio de electroencefalogramas, resonancias magnéticas y resonancias magnéticas funcionales, se puede determinar que las prácticas contemplativas en adultos generan cambios estructurales a nivel cerebral y su plasticidad.

La investigación realizada, implicó indagar en aquellas prácticas contemplativas sedentes, como son la Atención Focalizada, la Conciencia Plena y la Meditación para el cultivo de la compasión y la benevolencia, y cómo éstas provocan cambios cerebrales a través de herramientas de análisis desde la neurociencia, que dan cuenta de los fenómenos que allí ocurren, considerando que el cerebro tiene la capacidad de modificarse a lo largo de la vida.

Como ejemplo, los estudios en sujetos que practican la Atención Focalizada muestran cómo con ella se activan ciertas regiones cerebrales, donde se concluye que el entrenamiento mental aumenta la estabilidad de la atención con evidencia neural y conductual, es decir, que en los meditadores se mejora el rendimiento en las respuestas, teniendo resultados más correctos y con mayor rapidez.

Por otra parte, la investigación hace alusión a otros estudios, los cuales determinan que las regiones que se activan a través de esta práctica son aquellas zonas relacionadas principalmente con el procesamiento emocional.

Respecto a las personas que practican meditación en Conciencia Plena, de los estudios se infiere que se evidencian cambios plásticos producto de la meditación a lo largo del tiempo, en regiones relacionadas con la interocepción o percepción interna del cuerpo para el procesamiento de la atención y la información sensorial.

Asimismo, en el caso de quienes practican Meditación para el cultivo de la compasión y la benevolencia, se observa una plasticidad neuronal y cambios asociados al afecto positivo después del entrenamiento en compasión. “El entrenamiento en compasión, a diferencia del entrenamiento cognitivo (prácticas para habilidades cognitivas), implica un mayor afecto positivo, incluso cuando hay personas sufriendo, pues hay una mayor activación de redes neuronales relacionadas con el afecto positivo y el amor, siendo uno de los resultados el poder dar valor a las cosas cotidianas de la vida”, comentan los investigadores.

Para la docente Noemí Grinspun, la investigación nace del gran interés que ha surgido en la actualidad por estudiar desde la neurociencia aquellos fenómenos que ocurren en el cerebro de las personas que realizan prácticas contemplativas. “Además, el estudio es una eficaz herramienta que fortalece la visión de la Escuela de Psicología Humanista Transpersonal de la Universidad del Pacífico y su línea de formación experiencial, orientada a formar psicólogos conocedores de nuevas formas de intervención terapéutica para su posterior uso profesional”, señaló.


domingo, agosto 23, 2015

Para ser feliz debes aprender a ignorar a muchas personas





Muchas veces alejarnos de las personas conflictivas no solo es una cuestión de comodidad, sino de salud mental. Hay actitudes que nos llegan a desequilibrar tanto que nos bloquean y nos impiden realizarnos, sometiendo nuestro bienestar emocional a sus antojos.

Todos sabemos de buena tinta que nuestras relaciones no siempre nos aportan algo positivo, aunque realmente lo esperemos. A pesar de que somos conscientes de esto, no cuesta darnos cuenta de que estamos alimentando intercambios tóxicos.


O sea, nos parece algo “tonto” e incoherente pero, sin embargo, no podemos escapar de la realidad. Sacrificar nuestro bienestar por los demás está a la orden del día para cada uno de nosotros.

Así que nos encontramos ante el triste panorama de vivir sometidos a relaciones insanas con personas que no nos aportan sinceridad ni buenas emociones. Es decir, intercambios cargados de intereses y egoísmos. Por eso, para poder crecer debemos de aprender a ignorar a cierta gente en ciertos momentos.


¿Qué es lo que debemos ignorar para ser felices?


Las situaciones a partir de las que conviene comenzar a regalar nuestra ausencia son variopintas. Normalmente podemos reconocer con facilidad lo que nos turba pero es posible que nos lleve un tiempo en otras ocasiones.

Conocerlas nos ayudará a tomar conciencia de la realidad e incluso puede ayudarnos a anticipar estas cuestiones, de manera que podamos impedir que nos hagan más daño que el inevitable. Dicho esto, veamos algo más detenidamente lo que debemos aprender a ignorar:

1.Las críticas de los demás. Nadie nos puede afectar sin nuestro consentimiento. O sea, somos nosotros lo que damos validez a las opiniones de los demás. Lo que otros piensen sobre las decisiones que tomamos no debería importarnos, ya que es tan probable que nosotros nos equivoquemos como que ellos lo hagan.

2. La creación de inseguridades. Hay personas que se piensan que son expertos en la vida de todo. Estos acaban consciente o inconscientemente, creando inseguridades y pequeñas frustraciones en la gente que les rodea. Procura ignorar este tipo de actitudes, pues solo te conducen a la frustración.

3. Preocuparnos por lo que no podemos controlar. Si nos preocupa cómo va a actuar esa persona o qué va a hacer o decir, algo va mal. O sea, la gente no va haciendo daño deliberadamente y no debería de tenernos en vilo que nos respeten o no. Si esto ocurre, es mejor de que alejes de esa persona.

4. Las comparaciones obsesivas. Está muy bien que la gente triunfe y tenga éxito, pero no que hagan sentir a los demás poca cosa. No hay persona más insignificante que aquella que usa sus logros para menospreciar a los demás. Por eso, sigue centrándote en lo que tú puedes hacer para seguir creciendo y recuerda que lo que consigas depende en gran parte de que te lo creas.

5. Los intereses y egoísmos. No todo el mundo te está ayudando cuando intentan aparentar estar haciéndolo. Empieza a desactivar la realidad y analiza hacia qué lado se inclina la balanza siempre. Si hay un equilibrio, significa que hay armonía en vuestra relación; si por el contrario no lo hay, algo va mal.

Regala tu ausencia a quien no valore tu presencia


Regala tu ausencia y tu indiferencia a quien no te valore; pero no de cualquier forma, auséntate emocionalmente. No lo hagas como una forma de venganza, sino como una manera de protegerte.

Tenemos que darnos cuenta de que con el tiempo la imagen que tenemos de las personas puede cambiar, lo que implica que desconoceremos a aquellos que creíamos conocer.

A veces nos percatamos demasiado tarde de que todo lo que hemos hecho por alguien ha sido ignorado o menospreciado en el terreno emocional. Es posible que entonces nos sintamos decepcionados y que nos demos cuenta de que no han movido ni un dedo por nosotros.

Conseguir que lo que alguien haga o no haga no nos afecte actúa como un bálsamo.Puede que resulte costoso al principio, pero los resultados comienzan a notarse bien pronto en nuestra salud emocional.


De hecho, cuando somos capaces de hacerlo, nos damos cuenta de que es un verdadero placer poder escucharnos sin nada que enturbie nuestro diálogo interior.

La verdad es que intentarlo no solo merece la pena, merece la alegría.

sábado, agosto 03, 2013

"No hacer nada" también tiene sus beneficios ¡Conócelos!

El estrés continuado puede tener un efecto acumulativo sobre el organismo y la psique y producir problemas severos de salud mental en etapas posteriores de nuestra vida. Por eso no hacer "nada" tiene sus beneficios. Permanecer quietos y prestando atención a la respiración durante unos minutos.



Según una investigación de la Universidad de California en Irvine (EE UU), publicada en la revista Psychological Science, la tensión nerviosa que sufre una persona cotidianamente puede afectar negativamente a su salud cognitiva en el futuro, informa 20minutos.es.

Las irritaciones del día a día van haciendo que el vaso se colme y en concreto, son las respuestas emocionales negativas a molestias cotidianas las que tienen este efecto acumulativo, según la doctora Susan Charles, profesora de Psicología y Comportamiento Social en la UCI y autora principal del estudio.

Tras analizar los datos de dos encuestas nacionales efectuadas en Estados Unidos, la doctora Charles y su equipo, han descubierto que discusiones con la pareja, los conflictos en el trabajo, las esperas de pie en largas colas, el tráfico y otras situaciones que causan estrés a diario, son factores que predicen la aparición de angustia psicológica y de ansiedad diez años después.

Por ello, la doctora Charles recalca la importancia de regular las emociones y mantener un equilibrio emocional, ya que cambiar la forma de responder ante el estrés, "es tan importante, para nuestra salud física y psicológica, como mantener una dieta saludable y seguir una rutina de ejercicio físico".

Para Iñaki Rivero Urdiain, profesor de Psicología de la Universidad del País Vasco, UPV/EHU, se puede "aprender a descargar las tensiones acumuladas practicando la quietud, aprendiendo a vaciar el movimiento del cuerpo y, sobre todo, el de la mente".

Este máster en QiGong y especialista en psicología china aplicada al desarrollo humano propone un método sencillo y efectivo basado en la NO acción, "que después de practicarlo (asegura) permite que la persona se sienta renovada, con el cuerpo más ágil y la mente más clara".

"Este ejercicio para soltar las tensiones, que se recomienda hacer de pie, aunque también puede hacerse sentado, está indicado para personas con excesiva tensión física, mental y emocional; ansiosas, preocupadas, fatigadas o cansadas después de un día de trabajo” indica Rivero.

sábado, abril 14, 2012

¿DEPRIMIDO?




La salud mental tiene que ver con las emociones, los pensamientos y el comportamiento de los individuos.  La buena salud mental capacita al individuo para afrontar los obstáculos de la vida diaria, trabajar para el logro de sus metas y ser funcional en la sociedad. No obstante, pequeñas dificultades de la salud mental pueden afectar el desempeño cotidiano, de tal forma que las personas no pueden funcionar como siempre lo han hecho en el entorno familiar y social.

En el mundo cerca de 450 millones de personas tiene un trastorno a nivel mental o del comportamiento y sólo unos pocos reciben tratamiento. En países en vía de desarrollo,  como Colombia,  la mayoría de las personas con enfermedades psiquiátricas graves se las deja para que afronten a la buena de Dios sus cargas personales  tales como la depresión, la demencia, la esquizofrenia el abuso de sustancias,  su calidad de vida deja mucho que desear.

El medico epidemiólogo, microbiólogo  Francisco Javier Martínez Ruiz, Colaborador con el Padre César Fernández de la Pradilla, experto en medicina holística y psicosomática trae el siguiente  texto sobre las causas de la depresión, y  da gran  claridad en torno al problema y sus alternativas de solución,  te permitirá  revisar tus síntomas personales o de los seres queridos. Acompaño este post con una dosis de optimismo que trae el grupo arrebato, para ponerte en la otra orilla.

A modo de simplificación y guía, podemos señalar que la Asociación de Psiquiatría Americana considera que una persona (no drogada ni que acabe de perder a algún ser querido) presenta formas mayores de depresión si presenta ininterrumpidamente durante mas de 14 días al menos 5 de los siguientes síntomas (al menos 3 para las menores):
  1. Pesar, tristeza o ánimo deprimido la mayor parte del día (a veces irritabilidad en niños o adolescentes);
  2. Disminución importante del interés en la mayoría de las actividades diarias;
  3. Aumento o disminución importante del apetito;
  4. Insomnio o sueño excesivo;
  5. Agitación (evidente por el modo de frotarse las manos) o lentitud de movimientos;
  6. Cansancio inexplicable o pérdida de energía;
  7. Sentimientos de inutilidad o culpabilidad;
  8. Indecisión o capacidad disminuida para pensar o concentrarse;
  9. Pensamientos recurrentes de muerte, abandono o suicidio.
En los niños y adolescentes la sintomatología se hace más enmascarada y puede cambiar: “posicionamiento” en el ambiente familiar y académico, absentismo/ fracaso escolar, trastorno del esquema corporal y de la alimentación, fugas, mentiras, hurtos, promiscuidad, consumo de toxicos y conductas parasuicidas, etc.  Son las manifestaciones típicas de la depresión en menores de 25 años. La irritabilidad puede sustituir al ánimo deprimido.
La depresión, en cualquiera de sus formas o variantes, es una de las mayores epidemias que afecta a la humanidad en los últimos decenios. Una pandemia que, sin embargo, tiende a ser invisible, dado que los deprimidos disimulan y se retraen, y los suicidas suelen ser ocultados. Es, además, un problema que crece y se extiende, como una negra y espesa mancha de aceite en nuestro actual estilo de vida y cultura, sobre todo en los países desarrollados y urbanizados. En estos países crece mucho mas deprisa en niños y adolescentes y la edad de inicio del primer episodio depresivo tiende a ser cada vez mas temprana. Los datos son los siguientes: Un 8-17% de las personas padecen en algún momento de su vida alguna forma de depresión grave, aunque formas menores de depresión mas o menos disfrazada afectan con cierta persistencia a un cuarto de la población edn algún periodo de su vida. Después de la pubertad, se deprimen el doble de mujeres que hombres.
En los pacientes afectados (y también en sus amigos y familiares) la depresión merma la cantidad y, sobre todo, la calidad de la vida. Aumenta el pesimismo, la hipocondría, la desesperanza; y disminuye el flujo de pensamientos y acciones, la autoestima, el cuidado e higiene personal, el impulso al reto, a la aventura, a la búsqueda de soluciones, a las relaciones, al goce y al líbido. Además del sufrimiento, aislamiento e incapacitación que produce acarrea un importante riesgo vital: muchas enfermedades, accidentes, deterioros familiares, fracasos escolares y despidos laborales pueden atribuirse directa o indirectamente a la depresión; un 15% de los depresivos recurrentes mueren oficialmente por suicidio cada año en los Estados Unidos, lo que representa un número de muertes similar a la que produce el SIDA. La depresión, en sí misma, es un suicidio ralentizado, como una muerte en cámara lenta. Aunque nuestro cuerpo sigue funcionando (mas lentamente, por cierto), nuestra alma ha perdido su Sol, o yace en completas tinieblas.
¿Cuáles son las causas de esta gran pandemia que tanto ha crecido en los países desarrollados desde la II Guerra Mundial? Se han postulado muchas posibles causas de la depresión y, sin duda, existen probablemente muchos factores predisponentes y desencadenantes para una enfermedad que, como esta, es tan variada. Pero algunos de ellos tienen un papel causal muy importante y comprobado, no sólo en la especie humana, sino también en los animales superiores. Vamos a intentar esbozarlas:
Los seres vivos están contenidos unos dentro de otros. Por ejemplo, las moléculas están dentro de las células, éstas están dentro de los órganos y sistemas, los cuales están contenidos dentro del organismo del individuo; pero el individuo, a su vez, está contenido dentro de su familia, y ésta dentro de su tribu, poblado y cultura, y éstos dentro de sistemas biológicos y económicos mas vastos que los engloban. Todos ellos, (micro) englobados y (macro) englobadores, son seres vivientes (biontes). Cualquiera de ellos, además, tiene estructuras resonantes en cada uno de los múltiples planos de manifestación del Ser universal; estos planos o «cuerpos», de mayor a menor densidad/visibilidad, han sido agrupados con los siguientes nombres: el material (físicoquímico), el orgánico (cuerpo biológico), el etérico (morfogenético), el astral (emocional), el intelectivo, el causal (teologal), etc.
En la depresión se produce un derrumbe escalonado de englobadores y de planos de manifestación. A pesar de que hay interacción en los dos sentidos, el hundimiento de los planos sutiles y de los macroenglobadores precede cronológica y casualmente al hundimiento de los planos densos y de los microenglobados. Quizás sea este el origen de toda enfermedad.
Cuando los científicos comprueban alguna altyeración en algún plano visible de algún microenglobado (por ejemplo, el conocido déficit de serotonina que se detecta en las postsinapsis de los sistemas nerviosos de los deprimidos), esa alteración es cierta y hay que tomársela muy en serio pero, en sí, sólo es una de las manifestaciones o efectos de la depresión, y no significa que la verdadera causa haya tenido que producirse forzosamente en la alteración, en el plano de manifestación y en el bionte que ellos han observado.
En muchos casos, la gran mayoría, se puede comprobar que la depresión está precedida por un periodo de «impactos» y estrés demasiado intenso, duradero y/o repetido; en otros casos, los menos, no se ha podido comprobar, lo cual no significa que no exista, quizás indirecta o mediatizamente, proviniendo de niveles distintos a las emociones conscientes.
Estos impactos estrasadores pueden ocurrir en cualquiera de los biontes y planos de manifestación, aunque los mas vulneradores suelen ocurrir en los individuos y sus familias, así como en los planos instintivo-emocionales. En cualquier caso. el verdadero «derrumbe» depresivo se produce cuando el cuerpo intelectivo y teologal del individuo ha sido por fin bloqueado.
Los impactos estresadores suelen provenir de pérdidas, miedos, fustraciones instintivas y, en general, choques emocionales ante los que el individuo cree que nada se puede hacer. Numerosas observaciones y experimentos demuestran que cuanta mas juventud, sensibilidad, soledad comunicativa e indefensión subjetiva tenga el individuo frente a lo que le golpea emocionalmente y le estresa, y cuanto mas inesperados, instintivos, duraderos y repetitivos sean dichos impactos... mas propenso a la depresión será el resto de su vida y mas graves y petinaces serán las formas depresivas en las que caiga el afectado.
Los científicos nos aseguran que, para el individuo con vulnerabilidad promedio, mas de 50 días de stress continuado en el adulto desembocan indefectiblemente en transtornos emocionales primero, alteraciones del sueño después y depresión mas o menos profunda finalmente. Sin embargo, este periodo se acorta considerablemente en los adolescentes y aún mas en los niños, sobre todo si se sienten deprotegidos (no solamente por falta de afecto y cuidados, sino también por falta de normas de comportamiento eficaces); y también si los impactos estresadores son demasiado múltiples, brutales y/o duraderos. La desestructuración de los englobadores (familias, tribus, culturas, etc.) actúa como facilitador, disminuyendo notablemente la intensidad y la duración de los periodos estresadores necesarios para el desencadenamiento de las depresiones en los individuos.
Sin embargo, se observa un aumento claro de depresiones y suicidios en individuos aparentemente bien gratificados y sin traumas como pueden ser los adolescentes y «jóvenes de oro» de Estados Unidos, o las poblaciones super-aseguradas por el «estado del bienestar» de, por ejemplo, los ricos y cultos países escandinavos. Esto indica que el verdadero «quid» generador primero de la depresión pueden no ser los «traumas stresadores repetidos», por mas que éstos sean los desencadenantes mas frecuentes y visibles, sino algo mucho mas central y sutil. Es aquí cuando los estudios sobre los efectos de la «indefensión» como bloqueadora del cuerpo causal (teologal) del individuo, cobran su enorme importancia etiológica, como engendradores de la depresión.
Cuando no tenemos un mínimo control sobre los acontecimientos o, mejor dicho, cuando no «creemos que» (confianza) «podemos llegar a tener» (esperanza) un control sobre ellos, entoces abandonamos toda «pretensión» (volición), nos deprimimos, enfermamos e, incluso, podemos llegar a morir. La indefensión nos deprime justamente porque acaba rompiéndonos la fe, la esperanza y el amor, esas tres «virtudes» (fuerzas) «teologales» que los antiguos colocaron en la cúspide de todos nuestros motores morales.
Porque deprimirse es siempre, de hecho, desmoralizarse.
En cuanto a la Terapia, la necesaria brevedad de este artículo me obliga a esbozar solamente una lista de los posibles múltiples instrumentos que deben aplicarse al tratamiento de la depresión. Dentro del enfoque Holístico, que es el que seguimos, necesariamente hay que atender a todos los planos de manifestación del Ser, es decir, a todos los «cuerpos» del individuo, desde los mas densos y visibles, hasta los mas sutiles e invisibles.
Aunque el objetivo último a restablecer (¡o a inaugurar!) es la esperanza, la confianza y la volición del individuo, es decir su cuerpo causal (teologal), normalmente debe seguirse un orden reparativo ascendente, que empieza en lo físico (técnicas de relajación, masajes y ejercicios, balnearios y contacto con la naturaleza, magneto/helio/cromoterapia, musicoterapia, yoga físico y de la respiración, risoterapia, etc.) y en lo químico (oligoterapia, Sales de Schuesler, adecuación muy cuidadosa y experta de la medicación, especialmente de los psicofármacos, de los que el paciente normalmente se ha hecho dependiente), prosigue en lo biológico (fitoterapia de drenaje, de estimulación hormonal, ya sea africana, china, ayurvédica, etc.), sigue en lo etérico (homeopatía, radiestesia, oberbach, terapias sanacionales, etc.), continúa en lo emocional (flores de Bach, gemoterapia), atiende después a lo intelectivo (terapia cognitivas, PNL, etc. que, en ocasiones, requieren apoyos en terapias de «regresión») y finaliza por lo causal (terapia existencial, de «peregrinaje interior», yogas superiores y técnicas de meditación; y, especialmente, restitución de la dignidad y de las virtudes morales, como la verdad, la justicia, la solidaridad, etc. sobre todo las teologales (fe, esperanza y amor del individuo hacia si mismo y hacia su entorno).
Este orden reparativo no es causal, ya que los procesos terapéuticos deben repetir la secuencia de despliegues que han formado al individuo (procesos ontogenéticos), al igual que éstos recapitulan siempre el orden de formación de los reinos, órdenes, especies y funciones que han ido apareciendo en la Naturaleza (procesos filogenéticos).
El enfoque holístico que seguimos en muchas ocasiones obliga como es lógico a corregir graves anomalías de comportamiento y relación cuyo origen no sólo se detecta en el individuo (terapias de evitación, extinción, sustitución, ludo y laborterapia, etc.) sino también en la familia o en las «tribus» vecinales y laborales en las que está englobado el individuo (terapias de familia, interpersonal, etc.). Aunque mas que «corregir» deberíamos decir «señalar», «orientar», «facilitar» y «catalizar» lo que, en cualquier caso, deberán hacer al final los deprimidos y sus familias. Pues, especialmente en la terapia de la depresión nadie puede nunca «curar» a otro, y deben ser los propios seres vivientes quienes deben autocurarse finalmente a ellos mismos.
Si queremos que alguien se beneficie de una bicicleta, podremos dársela y darle dos o tres clases teóricas, pero la «bicicleta» de la rehabilitación deberá montarla finalmente quien la debe disfrutar. No hay atajos para la rehabilitación en el deprimido de la conciencia, y de su formidable energía asociada. Ineludiblemente es así siempre. Y eso, precisamente, es lo bonito: la gran aventura. ¿O hay alguna otra?

Fuente: MARTINEZ, Ruiz Francisco Javier. La causa de la depresión. íEn líneaý. Disponible en: http://www.free-news.org/fjmrui01.htm íConsultado el 14 de abril del 2012ý.