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viernes, febrero 02, 2018

Jung y los sueños



Carl Gustav Jung padre de la psicología analítica, psicología profunda o psicología de los complejos  desarrolló un método para entender los mensajes cifrados enviados cada noche por el inconsciente a través de los sueños, el propósito de dicho análisis: terapéutico, sanador, de autoconocimiento. 
Freud piensa los sueños como escondrijos de deseos insatisfechos mientras que para Jung los sueños encierran significados profundos, no nacen a partir de un conflicto interno, por el contrario los sueños tienen una función educativa y compensatoria. 

El método de Freud para el análisis de los sueños es reduccionista,  a partir de la asociación libre,  mientras que  Jung analiza detalladamente el contexto, las relaciones asociadas a partir del sueño. El método de Jung acude a preguntas concéntricas que buscan la amplificación del significado del sueño. 

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jueves, julio 09, 2015

LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS Y VISIONES.



La interpretación de los sueños y las visiones son el arte y la técnica de asignar significado a los diversos componentes, elementos e imágenes que aparecen. Se trata de una práctica humana milenaria, de la que se conservan registros escritos de más de 3.800 años de antigüedad. Igualmente, algunas comunidades amazónicas, tales como los Shuar y Achuar o los aborígenes australianos, incorporan la práctica a su sistema de creencias y organización social. Mientras el desciframiento de los símbolos oníricos buscaba en la antigüedad revelar un mensaje divino, a comienzos del siglo XX y a partir de los desarrollos teóricos del psicoanálisis la interpretación de los sueños se orienta a revelar contenidos inconscientes y pasa a ser una técnica clínica, utilizada hasta la época actual no solo por el psicoanálisis, sino por diversas vertientes de la psicología clínica.

jueves, septiembre 25, 2014

Gracias, Dr. Freud




Manuel Arboccó Psicólogo y catedrático

El 23 de setiembre de 1939 falleció en Londres el doctor Sigmund Freud, padre del psicoanálisis. Desde la aparición de sus ensayos y casos clínicos, la psiquiatría y la psicología no volvieron a ser las mismas. Y ni hablar de la psicoterapia. En su época a la gente con trastornos mentales se les mojaba con agua helada, se les aplicaba corriente eléctrica, se les practicaba lobotomías al azar, se les rezaba o, simplemente, se les daba placebos.

Obras tan complejas y propiciadoras de debate como Estudios sobre la histeria, Tres ensayos para una teoría sexual, Psicopatología de la vida cotidiana, La interpretación de los sueños, así como sus trabajos más de orden social y antropológico como Tótem y tabú, Más allá del principio del placer, El porvenir de una ilusión y El malestar en la civilización, han terminado por ser obras ya clásicas en la clínica y en la filosofía moderna. El mismo Freud solía considerar que el hombre sufrió tres grandes golpes a su ego cuando tuvo que aceptar que las cosas no eran como creía. El primer encontronazo fue con Copérnico y la corrección de esa vieja idea de la Tierra como el centro del Universo; el segundo vendría con Darwin, quien nos bajó de los cielos y nos ubicó en la madre naturaleza como inicio evolutivo y; el tercero, con el propio Freud, cuando nos avisó que era poco lo que conocíamos de nosotros y que nuestra parte racional y consciente era mínima.

Cierto es que críticas justas ha recibido la propuesta inicial de Freud, y críticas feroces algunas veces cuando no injustas y falsas también. Y está bien en el caso de las primeras, ya que esto es psicología y no religión, esto es ciencia y no un asunto de dogma y fe ciega. Las cosas han cambiado desde que Freud caminaba por Viena y atendía a sus pacientes histéricas. Hoy hay otras patologías, otras necesidades, otras organizaciones sociales, nuevos modelos de la personalidad y nuevos avances.

Sin embargo, los que nos dedicamos a la psicoterapia (sea de corte psicoanalítico o de otro como es mi caso) sabemos de los aportes que este hombre brindó: la importancia de la catarsis y el desahogo emocional; las resistencias y la represión como barrera de contención de recuerdos y emociones inaceptables; el empleo de defensas para mantener todo igual; la importancia de la niñez, el complejo de Edipo y las relaciones tempranas con padres y figuras importantes que nos marcan para bien y para mal; así como el papel de la transferencia y la contratransferencia en la relación terapeuta-paciente.

Por eso, desde esta columna le agradezco al maestro por compartir sus ideas, sus dudas, sus temores, así como sus propuestas para llevar algo de alivio al tormento y confusión en el que viven cientos cuando no miles de personas en este mundo apurado e individualista. Y cuando una píldora no basta, cosa muy buscada en esta sociedad, aparecen las psicoterapias como opción: algunas de las más importantes y útiles son la logoterapia, el análisis transaccional, la psicoterapia Gestalt, la psicoterapia rogeriana o centrada en la persona, la terapia familiar sistémica, entre otras.

Fuente: http://www.elperuano.pe/

martes, junio 24, 2014

QUE ES UNA PULSION


Libido, cólera, comportamiento alimenticio... Las pulsiones, sean o no conscientes, están en el corazón de la humanidad y de la vida. ¿Qué diferencia hay con la impulsividad? ¿Los deseos? ¿Por qué conviene tenerlas bajo control?

Una pulsión es un movimiento que procede de lo más profundo de uno y que empuja a la realización de un deseo. Pulsión de vida (libido, sexualidad) y pulsión de muerte son las dos pulsiones fundamentales. Identificadas y teorizada desde el comienzo del psicoanálisis por Sigmund Freud, constituyen los motores esenciales de la vida psíquica y de la vida en general.

Conscientes e inconscientes, las pulsiones deben ser refrenadas, canalizadas para que la vida personal y la vida social no se transformen en una jungla en la que cada uno busque su propia satisfacción. Los tabúes (del incesto, por ejemplo), la moral ("no matarás") y las leyes se han elaborado con este fin.
El papel de la educación

A nivel del individuo, se lucha constantemente contra las pulsiones. Y la educación dada a los niños tiene por objeto enseñarles a tener este dominio: de la cólera, de la agresividad, del deseo sexual...

La incapacidad para dominar las pulsiones es propio de la psicopatología en casos graves. De forma más común, la impulsividad excesiva suele ser un handicap social y termina convirtiéndose en una fuente de malestar para la persona que la sufre.
Pulsión, instinto, deseo

La pulsión, por definición, es controlable (puede impedir encender un cigarrillo), pero no el reflejo instintivo (retirar la mano del fuego).

Es normal y deseable controlar las pulsiones en el marco de la relación con los demás, pero también para preservar la vida (pulsiones suicidas, automutilación...). No obstante, esto no implica tener que apagar el deseo y las emociones. Conviene evitar lanzarse sobre otra persona con un cuchillo, pero esto no impide sentir cólera. Se puede sentir deseo hacia alguien, y evitar lanzarse sobre esta persona sin su consentimiento. Renunciar a la pulsión no debe conllevar renunciar al deseo, salvo renunciar a toda vida interior, o simplemente a la vida.
Los beneficios de la pulsión controlada

Canalizada, controlada, la pulsión es un motor. Un motor energético que da la fuerza de actuar y unos objetivos. La pulsión dominada se convierte en fuente de creatividad artística. Lo que no impide hacerse con cierta técnica.

En el niño, el aprendizaje de las frustraciones, que pasa por la prohibición del capricho y del enfado como medio de expresión, permite el desarrollo del razonamiento. Hacia los 7 años, habiendo superado la pulsión edípica interiorizando la prohibición del incesto, el niño acepta también la regla social, es decir, las frustraciones y la noción de que es necesario realizar esfuerzo de cara a una contrapartida deseada. Entra en el razonamiento, y su cerebro, liberado de las invasiones emocionales, está listo para el aprendizaje.

La pulsión controlada finalmente es también la de la inteligencia emocional, la que permite desprenderse del propio afecto para comprender el de los demás y desarrollar armoniosamente unas capacidades de comunicación.

Ver más: El origen emocional de las enfermedades

Por esta razón, es imprescindible aprender a dominar las pulsiones, pero sin confundir esto con volverse una persona fría e insensible. No es fácil a veces, pero nos permitirá llevar una vida más armoniosa, aprendiendo a distinguir entre pulsiones y emociones, y manteniendo

domingo, febrero 16, 2014

El duelo, una superación lenta pero posible


Autor: Wendy Margarita Restrepo Guzmán Fecha:3 de Febrero de 2014

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Afrontar el duelo de un ser querido no es tarea fácil, menos si se trata de un hijo. Las fundaciones Lazos y Libélula trabajan por esta causa desde hace 19 años.

Hace 19 años Luz Beatriz Múnera, quien hoy es directora de las fundaciones Lazos y Libélula, perdió a su hijo a causa de una leucemia. Él era un niño con seis años de edad. A raíz del duelo que ella enfrentó, decidió crear una fundación que ayudara a superar la pérdida de hijos.

Múnera se encontró con que ya existía tal organización en Bogotá, por lo cual decidió afianzarla y crear sede en Medellín. “Así fue como nació Lazos, una fundación que ayuda a padres y madres a los que se les han muerto hijos. Ya llevamos 19 años funcionando, ahora también estamos en Cali, Bucaramanga y Cúcuta”, contó.

Tres años después llegó a Lazos, Lucy Rodríguez, a ella se le murió su única hija cuando apenas era una niña. “Ella llegó a hacer su duelo, se recuperó y quiso seguir ayudándome, hicimos un equipo muy interesante, nos capacitamos, somos educadoras experienciales y con el tiempo fundamos Libélula, con el propósito de atender no solo la demanda de padres sino de todas las pérdidas”, contó la directora.
¿Qué no hacer frente a un duelo?

Hay muchas cosas a las que se recurre y no son convenientes, como por ejemplo “tomar medicamentos no recetados, no hay una pastilla que quite el dolor de un ser querido; hacerme el fuerte, es muy importante expresar si me está doliendo; evitar la realidad, pensar que se fue de viaje; alterar los hábitos alimenticios, a uno no le provoca comer; no permitir que el dolor llene por completo mi vida, se saca el espacio para expresarlo, pero también se debe salir, caminar, estar en contacto con el sol, con la naturaleza”, afirmó la educadora experiencial.

Por su parte, la psicóloga Luz Marina Hoyos recomendó no dejar espacios intactos, como por ejemplo el cuarto, guardar todas sus cosas, “eso es malo, eso indica una actitud de espera, esa actitud es nociva. Lo ideal es escoger las cosas y entender que la persona se fue”.

No se les debe decir a las personas que no lloren, o que se escondan para que lo hagan, no se les debe decir que no se preocupen, que tienen que ser fuertes o que piensen en las otras personas, aseguró Hoyos.

Asimismo, Múnera afirmó que por ningún motivo se debe descuidar el afecto de los seres queridos. “Hay personas que tienen doble pérdida, puede perder a su hermano y a sus padres, porque ellos no quieren volver a vivir”.
¿Qué sí se puede hacer?

La psicóloga indicó que un buen ejercicio es escribir algo que se le quiera decir a la personas, rayar, pintar o dibujar, eso es terapia sensitiva. A su vez citó al neurólogo Sigmund Freud para recomendar hablar con otras personas: “la cura por el habla es fundamental, lo sustenta Freud”.

Entender que un duelo puede durar de seis a doce meses, según el ritmo de la persona. “Hay gente que tiene duelos de hasta cinco años, eso se convierte en un trastorno negativo, en esa instancia hay que tratarlo con un profesional”, aclaró Hoyos.

Por su parte, la directora de la Fundación Lazos invitó a las personas que pasan por esta situación a dejar de lado decisiones importantes, como cambiar de empleo, cambiarse de casa, realizar viajes, entre otros.

Para finalizar, Múnera afirmó que sí se puede ser feliz después de la muerte de un hijo o de un ser querido, que es cuestión de buscar ayuda y ser consciente de su realidad.

domingo, noviembre 10, 2013

Críticas a la psicología freudiana Sigmund Freud y el psicoanálisis- Antonio Cruz Suárez




En oposición al psicoanálisis de Freud y a la psicología individual de Adler, Jung definió su teoría como “psicología analítica o compleja”.


10 DE NOVIEMBRE DE 2013
A pesar de que las ideas psicológicas de Freud continúan disfrutando de una gran influencia y probablemente muchas de las aportaciones del psicoanálisis son válidas; aún reconociendo que la mayoría de los estudiosos de la mente humana acepta hoy que existen aspectos inconscientes del comportamiento que podrían haberse originado, según el modo de enfrentarse a la ansiedad, durante los primeros años de la infancia, tal como él señaló; es menester reconocer también que las teorías de Freud han sido muy criticadas y, en ocasiones, han suscitado reacciones bastante hostiles.

Algunos psicólogos rechazaron la idea de que los niños pequeños manifestaran deseos eróticos o que aquello que ocurría durante los primeros años de vida pudiera crear ansiedad para siempre (Giddens, 1998, Sociología, Alianza Editorial, Madrid).

El feminismo expresó también su desacuerdo, argumentando que Freud se centraba demasiado en la sexualidad de los varones y prestaba poca atención a la experiencia femenina. Sus planteamientos establecían un vínculo muy directo entre la identidad de género y la conciencia genital, lo cual dejaba entrever que, de algún modo, el pene era considerado como un órgano superior a la vagina y que ésta se definía sólo como una mera carencia de aquél. Los partidarios del feminismo se preguntaban ¿por qué no se podía considerar al revés, que el órgano femenino fuese superior al masculino? Tampoco se veía bien que en los escritos de Freud, el padre desempeñase siempre la principal función disciplinaria ya que existían muchas culturas en las que este papel era desempeñado por la madre. Asimismo se le criticó el retraso -alrededor de los cuatro o cinco años- que daba al inicio del aprendizaje del género. La mayor parte de los autores posteriores llegaron a la conclusión de que éste se iniciaba mucho antes.

Otro gran estudioso del desarrollo infantil, el profesor de la Universidad de Chicago, Georges H. Mead (1863-1931), aunque sostuvo ciertas ideas parecidas a las de Freud, llegó a la conclusión de que la personalidad humana estaba menos sometida a tensiones de lo que suponía el padre del psicoanálisis. En su opinión, los bebés empiezan a desarrollarse como seres sociales imitando las acciones de las personas que les rodean y para ello utilizan el juego. Los niños pequeños adoptan así el papel de otro y desarrollan su autoconciencia al verse a sí mismos como los ven los demás.

Tanto para Freud como para Mead, alrededor de los cinco años el niño es ya capaz de sentirse autónomo y desenvolverse fuera del contexto familiar.

Freud creía que esto se debía a la fase edípica, mientras Mead afirmaba que era consecuencia de la capacidad para desarrollar la autoconciencia. Mead no estaba de acuerdo en que lo que ocurría entre el nacimiento y la primera infancia tuviera necesariamente que determinar toda la vida posterior de la persona. Pensaba que la capacidad de aprendizaje social propia de la adolescencia era tan importante o más que la ocurrida durante la primera infancia. Las hipótesis de Mead no dependían tanto del inconsciente y no fueron tan polémicas como las de Freud, aunque también influyeron de forma importante en la psicología posterior.

El discípulo de Freud, Alfred Adler (1870-1937), médico de origen judío, pronunció cuatro conferencias en 1911 bajo el título general: Crítica de la teoría sexual freudiana. Las ideas que expresó en este ciclo supusieron su expulsión, así como la de siete médicos más, del círculo psicoanalítico de Viena. Su versión de la teoría psicoanalítica fue mucho más rica y matizada desde el punto de vista científico que la de Freud, ya que se avenía mejor con aquello que era posible observar en la práctica. Adler llegó a la conclusión de que su maestro se había dejado engañar por las características de la muestra con la que trabajó, es decir, los enfermos mentales. De ahí que valorara tanto el carácter sexual de la libido y el mito de Edipo sobre el que construyó toda su obra.

Sin embargo, Adler decía que el origen de los trastornos anímicos no era el conflicto entre el yo y la pulsión sexual, como afirmaba Freud, sino el afán de superación del niño. Las neurosis no eran, por tanto, el resultado de traumas edípicos sufridos durante la primera infancia que influían inconscientemente a lo largo de toda la vida, sino la expresión de un “sentimiento de inferioridad” que era siempre alimentado por todas las experiencias negativas que sufría el individuo y que le impedían conseguir sus fines. De manera que la felicidad de las personas dependía, en el fondo, de la relación con los demás. El sentimiento de inferioridad sólo podía superarse mediante el “sentimiento de comunidad”.

Adler suavizó también la crítica de la religión que hizo su maestro Freud ya que estaba convencido de que el sentimiento religioso tenía como finalidad principal la perfección de la humanidad. Pero a pesar de que su postura fue más tolerante hacia la religión, para él Dios seguía siendo -como para Freud- sólo una idea de la mente humana. Una idea que podía ser muy positiva, pero una idea al fin y al cabo.

Sin embargo, el teólogo Ernst Jahn que fue discípulo de Adler y escribió con él un libro titulado: Religión y psicología individual, le replicó a éste que en la concepción cristiana Dios no era una idea, ni siquiera un fin, sino una realidad.

Küng recoge estas palabras de Jahn: “Esta es la cuestión: ¿idea, fin o realidad? Para la interpretación cristiana Dios no es ni idea ni fin. Dios es realidad. La idea y el fin pueden ser determinados por la fuerza del pensamiento humano. Pero el ser de Dios no está ligado a los procesos mentales del hombre. Dios no es un resultado del pensamiento. Dios es una realidad sobrecogedora” (Küng, 1980: 405).

Si para el psicólogo Adler, Dios es un regalo de la fe, para el teólogo Jahn, en cambio, la fe es un regalo de Dios. El hombre no inventa al Creador sino que es éste quien crea al hombre. Tal sería el misterio de la fe en la trascendencia que constituye el núcleo del cristianismo y de otras religiones monoteístas. Otro discípulo disidente de Freud fue Carl Gustav Jung (1875-1961) quien se separó de su maestro un año después que Adler porque rechazaba también su teoría sexual y su comprensión de la libido.

En oposición al psicoanálisis de Freud y a la psicología individual de Adler, Jung definió su teoría como “psicología analítica o compleja”. Para él, la libido no era solamente una pulsión sexual sino una energía psíquica que originaba procesos tan complejos como: pensar, sentir, percibir e intuir. En base a tales funciones anímicas Jung distinguió hasta ocho tipos psicológicos distintos entre las personas. Tampoco estuvo de acuerdo con el ateísmo manifiesto de Freud ni con la intrusión de la medicina en el campo de la concepción del mundo y de la vida. Nunca dejó de autodefinirse como cristiano.

Ya en la década de los ochenta (1978, 1988), la socióloga Nancy Chodorow trabajó sobre el desarrollo del género, haciendo más énfasis que Freud en la importancia de la madre. En su opinión la necesaria ruptura entre el bebé y su madre ocurre de manera diferente en los varones que en las hembras. Las chicas pueden permanecer al lado de su madre mostrándole sus sentimientos hacia ella sin ningún tipo de reparos ni condicionamientos sociales. Pueden besarla, acariciarla o abrazarla y comportarse como lo hace ella. No hay necesidad de que se produzca una ruptura entre madre e hija, lo cual hace posible que cuando la pequeña se convierte en adulta tenga un sentido del yo mucho más vinculado a los demás. Su identidad personal se fusiona mejor con la de los otros e incluso puede depender más de ellos.

Tal sería la razón, en opinión de Chodorow, de que las mujeres manifestaran una mayor sensibilidad y compasión emotiva que los hombres. Éstos, por el contrario, se verían obligados a romper prematuramente su apego inicial con la madre ya que se les inculca que lo masculino es opuesto a la ternura femenina y a los mimos maternales. Por tanto, a los chicos les faltaría cierta habilidad para relacionarse íntimamente con los demás o para comprender sus propios sentimientos. Este sería el origen de la característica inexpresividad masculina o la dificultad para manifestar sus propios sentimientos a los demás.

En vez de esto, los varones desarrollarían mejor que las chicas la capacidad para el análisis crítico de la realidad, serían más activos y enfocarían su existencia en base al deseo de conseguir cosas. En realidad, los planteamientos de Chodorow son completamente opuestos a los de Freud ya que interpretan lo masculino como una disminución de lo femenino. A los varones les faltaría algo que han perdido en la ruptura de su estrecha relación inicial con la madre. De ahí que su actitud ante el mundo sea más manipuladora y más torpe en cuanto al establecimiento de relaciones afectivas con los demás. Por el contrario, las mujeres se expresarían en función de sus relaciones y éstas constituirían la base de su autoestima.

A pesar de que la obra de Chodorow ha sido también criticada porque no explica el deseo actual de las mujeres por ser independientes y autónomas, o los sentimientos de agresividad femenina, así como por basar sus estudios sólo en la típica familia blanca de clase media, lo cierto es que en general las ideas de esta socióloga continúan siendo muy relevantes y tenidas en cuenta en los estudios acerca de la identidad de género o la sexualidad.

Por último, ciertos teóricos de la ciencia contemporáneos, como Karl R. Popper, han discutido también el carácter científico del psicoanálisis, empleando para ello el criterio de demarcación y la teoría falsacionista. En su opinión la aparente irrefutabilidad de la teoría del psicoanálisis la convertiría en una teoría dogmática no científica. Si no es posible confirmarla o refutarla por medio de la experiencia es porque no se trataría de una teoría verdaderamente científica. La explicación de Freud acerca del psiquismo humano impone unas asunciones previas que no son susceptibles de verificación y que permiten adaptar cualquier manifestación psíquica a las explicaciones del psicoanálisis. En este sentido Popper escribe:

“En los comienzos de este periodo desarrollé mis ideas sobre la demarcación entre teorías científicas (como las de Einstein) y teorías pseudocientíficas (como las de Marx, Freud y Adler). Me resultaba claro que lo que hacía que una teoría, o un enunciado fuesen científicos, era su poder para descartar, o excluir, la ocurrencia de algunos eventos posibles -para proscribir, o prohibir, la ocurrencia de esos eventos-. Así pues, cuanto más prohíbe una teoría, más nos dice.” (Popper, 1977, Búsqueda sin término, Tecnos, Madrid, 55).


Autores: Antonio Cruz Suárez


©Protestante Digital 2013

miércoles, junio 05, 2013

Los mandalas y sus beneficios



La palabra mandala significa "círculo", aunque suele tratarse de un diseño o dibujo complejo enmarcado por figuras cuadradas. "Lo que en aritmética se llama la cuadratura del círculo, el cuadrado en el círculo o el círculo en el cuadrado", como diría el psiquiatra y psicólogo Carl Gustav Jung   (antiguo colega de Freud y fundador de la psicología analítica).

Para el hinduismo y al budismo, el mandala es una representación de los poderes divinos, a la vez que funciona como apoyo visual para la iluminación y la instrucción espiritual; es una representación de las fuerzas del universo, la cual nos ayuda a la meditación.

Uno de los tipos de mandala más conocidos en occidente, es aquel que se elabora con arena de colores, y cuya creación requiere de mucha concentración y tiempo (días e incluso semanas). Una vez terminado, el mandala es deconstruido -no destruido, pues no basta hacerlo desaparecer, sino que la idea es "reintegrarlo" al todo- en una ceremonia. El budismo usa estos mandalas para representar lo efímero del mundo material, metáfora de la no permanencia de la vida.

Los creyentes del budismo tántrico colocan las arenas del mandala deconstruido en un urna, y parte de ellas se reparte entre los asistentes a la ceremonia de deconstrucción, mientras que el resto de la arena se arroja al agua para que sea llevada por la corriente y tenga un poder curativo sobre el mundo. Eso es desde el punto de vista religioso, pero también hay una aplicación psicológica de estos mandalas.

De manera muy simple y obvia, podemos decir que tal como armar rompecabezas o pintar cuadros relajan a unas personas, los mandalas pueden servir para enfocar la atención y practicar la paciencia en determinados individuos. Pero hay algo más terapéutico al respecto.

En occidente, con Jung, se comenzó a usar el mandala como una herramienta terapéutica para ciertos padecimientos mentales. Según Jung, cuando una persona se encuentra en un estado de caos interno, suele soñar con mandalas, o hacer trazos similares a mandalas, como manifestación de la necesidad que tiene de ese individuo de encontrar un orden que contrarreste al caos que experimenta. Para él, los mandalas representan la totalidad de la mente abarcando tanto el consciente como el inconsciente. En años recientes ha habido nuevos descubrimientos respecto al poder curativo de los mandalas.

Han sido varias las investigaciones, principalmente las realizadas por James Pemnnebaker,  profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas, en Austin, que han comprobado el poder terapéutico de la escritura en gente que ha sufrido situaciones traumáticas. Narrar por escrito su mala experiencia resulta un alivio para esos pacientes. ¿Pero qué pasa con aquellas personas que por causas educativas o problemas de su propio organismo carecen de una capacidad de escribir que les permita sanar? Precisamente para estas últimas se recomienda la elaboración de mandalas de arena.

La efectividad de los mandalas de arena para disminuir la ansiedad fue comprobada en un estudio efectuado en el 2005 por Nancy A Curry y Tom Kasser, donde concluyeron que la elaboración a colores de estructuras con cierta complejidad geométrica pueden aliviar la ansiedad y el estrés que sufren ciertos individuos.

Así pues, está comprobado que los mandalas de arena tienen efectos curativos y positivos en las personas que los elaboran; además de la intención aleccionadora y religiosa que durante siglos los practicantes del budismo han otorgado a los mandalas.

Fuentes: Trabajos de James Pennebaker (Universidad de Texas) y www.eric.ed.gov

domingo, abril 21, 2013

"LA HUELLA DE NUESTROS ANTEPASADOS: INVESTIGACIONES EN PSICOGENEALOGÍA CLÍNICA








Psicoterapéuta con formación en psicoanálisis en su obra "Hay mis ancestros" pone el dedo en la llaga sobre como cargamos los asuntos de nuestro árbol genealógico, desde la luz y desde la sombra, en su libro Anne Ancelin Schutzenberger toca un punto preciso el síndrome del aniversario.


Trabaja por mucho tiempo con enfermos de cáncer apoyada de la versión clínica del método Simonton, que descansa en la medicina clásica y en un seguimiento psicoterapeutico refuerza las ganas de vivir, libido vital y el sistema inmunológico por medio de visualizaciones descubre en las biografías de sus pacientes repeticiones repeticiones e identificaciones en personas amadas ya desaparecidas. Crea entonces el genosociograma, un árbol genealógico particular donde destaca hechos relevantes para bien y para mal en la historia familiar: enfermedades, nacimientos, muertes, muertes precoces o injustas, mediante una representación gráfica de toda la familia, considerando media docena de generaciones, los vínculos negativos, positivos, impensables hasta el "impensable genealógico"

http://www.adepac.org/P06-159.htm
“Somos menos libres de lo que creemos. Dice Anne Ancelin Schutzemberger, pero tenemos la posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino familiar repetitivo de nuestra historia, comprendiendo los vínculos complejos que se han tejido en nuestra familia e iluminando los dramas secretos, los no dichos y los duelos inconclusos…”.

Su método? La “terapia transgeneracional psicogenealógica contextual clínica”, en la cual la misión primordial es rastrear nuestras lealtades invisibles y nuestras identificaciones inconscientes repetitivas (buenas o trágicas) que nos obligan a “pagar las deudas” a nuestros ancestros y a repetir las tareas interrumpidas mientras no estén cerradas. Así lo escribe en su libro “Ay mis ancestros”:
“Nuestra vida es una novela. Tanto usted como yo, vivimos prisioneros de una invisible tela de araña, de la cual al mismo tiempo somos artífices. Si aprendiéramos a utilizar nuestro tercer oído, nuestro tercer ojo, a comprender, a escuchar y a ver estas repeticiones y coincidencias, la existencia de cada uno sería más clara, más sensible a lo que realmente somos y a lo que deberíamos ser. Acaso no podemos escapar a estos hilos invisibles a estas triangulaciones, a estas repeticiones?”


ENTREVISTA

Usted es psicoterapeuta y analista, pero cuando usted recibe un paciente se interesa poco en su historia individual, o por lo menos usted la ubica en un contexto más amplio, pidiéndole al paciente que le cuente sobre la vida de sus ancestros. Usted le hace escribir, en particular, fechas que recuerde con su puño y letra. ¿Como llegó a darle este vuelco al desarrollo de la cura?

A.A.S: Comencemos por decir que no es una “cura” propiamente dicha, es más bien una profundización, una ampliación de la visión que acompaña o precede una terapia, una crisis, una enfermedad grave, una búsqueda de identidad o de desarrollo personal, un cambio de vida. Durante los años setenta yo iba a acompañar y hacer seguimiento a domicilio (en París) a una joven de origen sueco de 35 años que se sabía condenada a un cáncer terminal y no quería morir “cortada en pedazos como un salchichón” y pidió auxilio.

Acababan de amputarle por cuarta vez una parte del pie y los médicos estaban listos para cortarle otra parte más arriba. Como yo tenía una formación psicoanalítica freudiana le pedí a la joven que se dejara llevar y me hablara libremente de todo lo que le pasaba por la cabeza por asociación de ideas. Como ustedes saben un análisis es largo -a veces muy largo- y este ejercicio hubiera podido llevar diez años. Pero ella no tenía todo ese tiempo. Estaba en una carrera contra reloj con la muerte. Sucede, que en su casa reinaba una foto de una mujer muy bella en la pared de su sala.

Mi paciente me contó que se trataba de su madre, muerta por cáncer a la edad de treinta y cinco años. Yo le pregunté entonces por su edad… “treinta y cinco” me dijo. Yo dije: “ahh?” y ella replicó: “ohhh!”

Tuve de pronto la impresión de que esta joven se había identificado inconscientemente hasta tal punto con su madre que se había programado para repetir su destino trágico. A partir de ahí todo cambió tanto para ella como para mí.

Más allá de la coincidencia de edades, es decir del azar ¿qué la hacía dudar de esta enfermedad como un asunto de transmisión hereditaria?

A.A.S: Es difícil responderle a esta pregunta. Por una parte me habían enseñado que el cáncer de seno no es una enfermedad genéticamente transmisible; por otra parte ¿por qué desarrollarla precisamente a la misma edad? Es la dificultad que existe en todo lo que tiene que ver con el inconsciente, se trata de invocar al azar como causa. En cuanto a la genética, ésta difícilmente podría hacer coincidir las fechas (quisiera precisar que mi marido era médico, genetista, matemático, estadístico y que yo me guiaba por la observación clínica rigurosa) a la vez que esta historia me hizo recordar de inmediato otra historia.

Un día, mi hija me dijo: “mamá, te das cuenta de que tú eres la hija mayor de dos hermanos y el segundo murió; mi papá es el mayor de dos hermanos y el segundo murió… y yo soy la mayor de dos hermanos y el segundo también murió?”. Este fue un shock. Esta vez me propuse verificar con otros pacientes mi intuición con esta paciente. Les pedí a todos construir su árbol genealógico conmigo de una manera muy completa y si era posible indicar debajo del nombre de sus padres, abuelos, bisabuelos, tíos, primos etc., los momentos claves de la historia familiar: tuberculosis del abuelo, matrimonio o segundas nupcias de la madre, accidente de automóvil del padre, mudanzas y viajes, cambios de estatus socioeconómico, participación en guerras, muertes prematuras, alcoholismo, hospitalizaciones psiquiátricas, encarcelamientos, sin olvidar diplomas universitarios y profesiones. También les pedí inscribir si era posible, las edades y las fechas en las cuales se habían producido estos eventos.

Estos árboles genealógicos extendidos (bautizados “genosociogramas”), revelaron repeticiones asombrosas: una familia en la cual las mujeres morían leucémicas durante tres generaciones seguidas en el mes de mayo, una sucesión de cinco generaciones en la cual las mujeres se volvían bulímicas a la edad de trece años; un linaje en el cual los hombres eran sistemáticamente víctimas de un accidente de automóvil el primer día de clases de su primer hijo, etc. Estaremos de acuerdo en que sería osado ver esto como obra del azar en familias en las que encontramos en cada generación las mismas fechas de nacimiento, el mismo número de matrimonios en hombres o en mujeres, el mismo número de hijos ilegítimos, naturales o nacidos muertos, de muertes trágicas o precoces y siempre a la misma edad! En cuanto a la herencia genética, cree usted que un accidente de tránsito sea transmisible por ADN? Algo más tenía que estar actuando ante la evidencia de la frecuencia y la visibilidad de las repeticiones que saltaban a la vista una vez se les prestaba atención.

¿Cómo explicarse estas repeticiones? ¿Por qué repetimos cosas vividas por nuestros padres o nuestros ancestros?

A.A.S: Repetir los mismos hechos, las fechas, o las edades que han escrito la novela familiar de nuestro linaje es una forma de ser fieles a nuestros padres y demás ancestros y por lo tanto a sus actos, gestos y tragedias. Es una manera de seguir la tradición familiar y de vivir conforme a ella. Es esta lealtad la que empuja a un estudiante a fallar el examen que su padre nunca logró pasar, en el deseo inconsciente de no sobrepasarlo socialmente. O a heredar su oficio o profesión de luthier, notario, panadero o médico. O en las mujeres a casarse a los 18 para tener tres hijos y si es posible tres niñas… o solo niños. A veces esta lealtad invisible sobrepasa los límites de lo verosímil, y de igual forma ocurre: ¿Conoce usted la historia de la muerte del actor Brandon Lee? Murió durante el transcurso de un rodaje porque de forma incomprensible alguien había olvidado una bala verdadera en un revólver que debía estar cargado con balas de salva. Justo 20 años atrás, su padre, el célebre Bruce Lee, murió en pleno rodaje, a causa de una hemorragia cerebral durante una escena en la cual él representaba a un personaje muerto accidentalmente por un revólver que debía estar cargado con balas de salva…

Estamos literalmente impulsados por una potente e inconsciente fidelidad a nuestra historia familiar y nos cuesta un trabajo enorme inventarnos algo nuevo para nuestra propia vida! En algunas familias uno ve el síndrome de aniversario repetirse -bajo la forma de enfermedades, muertes, abortos, o accidentes- en tres, cuatro, cinco y hasta ocho generaciones!

Pero parece haber además otra razón oscura por la cual nosotros repetimos las enfermedades y los accidentes de nuestros ancestros. Tome cualquier árbol genealógico y verá que está lleno de muertes violentas, adulterios, anécdotas secretas, hijos naturales y alcohólicos. Son cosas que se esconden, heridas secretas que no se quieren mostrar. Entonces ¿qué es lo que pasa cuando, por vergüenza, por conveniencia o para “proteger” a nuestros hijos o la integridad de la familia, no hablamos del incesto, de la muerte sospechosa, de la ruina del abuelo? El silencio crea una zona de sombra en la memoria de un hijo de la familia, quien, para llenar este vacío y eliminar las lagunas de sentido repetirá en su cuerpo o en su existencia el drama que intentan esconderle. Freud ya decía (y lo cito de memoria) que “lo que no se expresa con palabras se expresa con los dedos”. Yo pienso, como lo escribí en mi libro, que: “Lo que se calla en las palabras se imprime, se repite y se expresa por los males.”

Pero entonces esta repetición supone que esta persona sabe algo de esta vergüenza familiar y que ha oído algo acerca de la historia ¿verdad?

A.A.S: No, claro que no! Hablar no es necesario para expresarse: los estudios sobre la comunicación no verbal y el “lenguaje del cuerpo” demuestran que uno se expresa a través del lenguaje pero también lo hace a través de todo su cuerpo. Sus gestos, su tono de voz, su respiración, su actitud, su forma de vestir, sus silencios, el hecho de evitar a algunas personas… la vergüenza como el secreto no tienen necesidad alguna de ser evocados para pasar la barrera de las generaciones y afectar un enlace familiar – ya sea un enlace fuerte o endeble, o vivido como algo “delegado” por la familia, o programado por ella, actuante por lealtad familiar o sobre-identificación.

Le voy a dar el ejemplo de una niña de cuatro años, quien en sus pesadillas se ve perseguida por un monstruo. Ella se despierta en la noche, tosiendo, dando alaridos y asfixiándose, y todos los años, en la misma fecha, su tos se convierte en crisis severa de asma. Pregunto su fecha de nacimiento. “Durante la noche del 25 al 26 de abril” me dice su madre. Como conozco las fechas de la historia francesa y sé por muchas de las investigaciones de mis pacientes que muchos traumas familiares encuentran su origen en las persecuciones, algunas veces muy antiguas, o están ligadas a las muertes trágicas en los campos de batalla pude hacer la siguiente relación: del 22 al 25 de abril de 1915, las tropas alemanas lanzaron por primera vez gases de combate sobre las líneas francesas. En Ypres, miles de personas murieron asfixiadas. Le pido a la madre que busque la palabra Ypres y Verdun en su genosociograma. Encuentra que el hermano mellizo del abuelo fue uno de los soldados asfixiados… en la noche del 25 al 26 de abril de 1915! Le pido entonces a la niña que dibuje el monstruo que ve en sus pesadillas. Ella dibuja con crayolas lo que ella llama: “una careta de buzo con trompa de elefante” era una máscara anti-gas de la época de la guerra (1914-1918) reconocible por todos nosotros.

Ella jamás había visto una de estas máscaras y jamás se le había hablado a la niña sobre la tragedia vivida por su tío abuelo ni sobre las consecuencias del gas utilizado en combate. Estos hechos fueron verificados en los archivos del ministerio de guerra: el tío abuelo fue condecorado por conducta valerosa… y bien, a pesar de todo ese silencio, la niña tosía y escupía, perdía el aliento y se angustiaba como un soldado en su trinchera, con un paroxismo a una hora fija (cerca de la media noche). Esto ocurrió hasta que la niña hizo su dibujo. ¿Cómo este hecho pudo pasar a través de las generaciones? ¿Cómo se pudo transmitir? Podría ser a través del co-inconsciente familiar y grupal, podría ser por las ondas “morfogénicas” de las cuales habla Rupert Sheldrake. Puede ser por evitaciones en el discurso familiar “No se habla nunca más de lo que tanto nos hizo sufrir”.

El recuerdo de la muerte trágica y del muerto mal enterrado creó en el abuelo de la niña (hermano de la víctima) y en la mamá de la niña una zona de sombra en la cual se escondió el dolor como en una “cripta”.

Hipótesis: a largo de su vida hubo lagunas en el discurso de este hombre y de su hija. Cada vez que hubiera ocasión de evocar la muerte de su pariente (a través de un retrato de familia o una imagen de guerra en la televisión), se habría manifestado una perturbación expresada en la mirada, la voz o las actitudes, que en las conversaciones sobre el hecho que hubieran podido intercambiarse. La madre de la niña evitaba las películas de guerra, le tenía miedo al gas de la estufa…

…Entonces, estas evitaciones pueden transmitir una información en negativo, como en “bajo relieve”. ¿Pero acaso podrían tener un grado tan alto de precisión que lograran gravar la imagen fotográfica de una máscara de gas en las pesadillas de la niña?

A.A.S: somos ya muchos terapeutas en Francia, en Europa, en América del Norte y del Sur, en Africa, en el medio Oriente, que hemos constatado esto en nuestros pacientes. Lo que ocurre es como si en efecto se pudiera dar en los descendientes una especie de memoria fotográfica o cinematográfica con sonidos, colores, imágenes, olores, temperaturas. Las personas se despiertan congeladas temblando y sudando de angustia, enroscadas sobre sí mismas, sintiéndose encerradas en algún sitio maloliente... cuando en realidad duermen bien calientitas en su cama y jamás han vivido algo similar.

Sin embargo en el caso particular de la niña no creo que esta haya sido la situación, pienso más bien que pudo ser comunicación directa de inconsciente a inconsciente lo que Moreno llama co-inconsciente familiar y grupal.

¿Quiere usted decir que las imágenes y los secretos da familia pasan de una generación a otra por una especie de telepatía?

A.A.S: No. Pasan a través de la unidad dual madre-hijo. Y también puede ser que a través de una “memoria transgeneracional” que, aunque se constata clínicamente, falta probar. Creo que durante su crecimiento en el útero, el niño sueña como sueña su madre y que todas las imágenes del inconsciente materno y del co-inconsciente familiar pueden dejar impresiones en la memoria del niño que va a nacer. Esta hipótesis desafortunadamente no ha sido verificada a través de una exploración científica seria. De gran importancia para la salud de todos nosotros!

Hay que agregar sin embargo que desde 1998 algunos comenzaron a hablar de memoria celular y que hay varias investigaciones científicas médicas y biológicas que están siendo llevadas en el INSERM sobre el núcleo celular con relación a una eventual memoria afectiva… pero antes de concluir esperemos los resultados que deberían salir entre 2005 y 2010.

Entonces, la fidelidad a nuestros ancestros nos gobernaría, nuestro inconsciente nos empujaría a honrarlos a través de medios sorprendentes como provocarnos un cáncer nosotros mismos hasta un accidente automovilístico! ¿Nos podría ampliar esto en términos médicos?

A.A.S: Precisemos mejor mi punto de vista y el de algunos de mis colegas. Jamás dije que se tratara de “honrar a los ancestros”… esa frase no es mía. No se trata de eso sino de repetir tareas interrumpidas, inacabadas, de duelos no elaborados después de traumas insoportables, indigestos o no digeridos -si usted me permite estas expresiones- que se nos quedan “en el estómago” e impiden que nuestros duelos se expresen provocando otras manifestaciones en nuestra descendencia: genocidios, pérdida de las raíces, pérdida de una tierra, una gran injusticia... esta es la constatación que hace una alumna del Dr. Kurt Lewin, Bluma Zeigarnick presentada en su tesis doctoral, Psicología de la Gestalt, en 1928, sobre las “tareas interrumpidas”, que “re-calentamos” a lo largo de nuestras vidas. Esto en psicología se llama el “efecto Zeigarnick” y yo lo aplico a los duelos no resueltos de dramas pasados para ayudar a mis pacientes a revivirlos y superarlos.

No se trata de verdaderas maldiciones –aunque el concepto aparece claramente en momentos históricos cruciales, como en el caso de las maldiciones a los reyes de Francia por parte del líder de los caballeros templarios Jacques de Molay, en la hoguera el 18 de marzo de 1314.

La “maldición de los Kennedy” parece no ser más que un mito, si bien encontramos una lealtad familiar inconsciente en la repetición de algunas fechas, como el 22 de noviembre, aparecida por primera vez en 1858, fecha de la muerte del bisabuelo del presidente John F Kennedy, y por segunda vez en 1963, fecha del asesinato de este último, quien decidió de todas formas ir a Dallas ese día, a pesar de la cantidad de advertencias recibidas. Tampoco quiso usar el techo blindado de su auto, como si hubiera olvidado la fecha pero no la “obligación de morir”.

En realidad esta forma de repetición mórbida (que algunos llaman “maldición”) revela un mecanismo que la medicina conoce cada vez mejor. Toda muerte o idea de muerte produce en el ser humano una depresión. Perder su casa o su empleo supone también el poder y la necesidad de hacer su duelo. Una vez que pasa la rebelión contra lo inaceptable, la tristeza del duelo provoca un debilitamiento inmunológico. Una gran cantidad de personas “deciden” entonces de forma completamente inconsciente morir a una edad precisa: “si mi mamá murió a los 35, yo no voy a sobrepasar esta edad” se dice la mujer. A dicha edad, ella cae en una depresión que debilita su sistema inmunológico hasta el punto de dar paso a un cáncer. Es el mismo mecanismo para el accidente de automóvil: cuando llega la fecha del aniversario de un trauma escondido en la familia, la persona puede empezar a tomar riesgos insensatos y el accidente, evidentemente, se produce. El inconsciente vela sobre todo este fenómeno como un reloj invisible. Es lo que yo he llamado la fragilización del año (o del periodo) aniversario.

¿Esto se puede evitar? ¿Podemos salir de esta repetición para nacer libremente a nuestra propia historia?

A.A.S: Para evitar la repetición, hay que tomar consciencia. Recordemos a la joven de origen sueco. Cuando le ayudé a darse cuenta de que, si ella sucumbía a su cáncer, ya no habría nadie para ponerle flores a la tumba de su madre y que además ella habría querido verla vivir por mucho, mucho tiempo. Para ella esta realización fue una especie de shock y se operó un cambio radical en su vida y en su enfermedad. Recuperó las ganas de vivir, sus metástasis cedieron, recobró peso y energía, retomó su trabajo… se puso una pierna artificial y hasta aprendió a esquiar y a conducir un automóvil acondicionado especialmente para ella. Estaba tan radiante que aquellos que la habían cuidado no la reconocían. Si el origen del dolor, de la enfermedad, del mal, está cerca de la consciencia, visualizar la historia de la familia de un solo vistazo, en siete generaciones, es decir, reubicarla en su árbol genealógico, en su contexto psico-político-económico-histórico sobre un centenar de años y reconocer de golpe la repetición, puede ser suficiente para crear una emoción tan fuerte capaz de liberar al enfermo de sus lealtades familiares inconscientes. Personalmente, únicamente haciendo trabajar a alguien sobre su familia, sobre su árbol genealógico y sus secretos, con frecuencia logro poner al día en dos o cuatro horas lo que uno se podía demorar años en “sacar a la luz” en el diván. La realidad de los hechos y su repetición saltan a la vista. Se puede ver claro casi de inmediato.

Pero desconfiemos, con Freud, de la catarsis no seguida de “perlaboración” (el famoso working through, largo trabajo sobre sí mismo, sobre sus sueños, sus asociaciones de pensamiento, sus lapsus, que completan la cura analítica). Recordemos que Freud, en una de sus notas de pie de página* planteaba el problema de las recaídas al finalizar la terapia y comparaba la cura a una sinfonía, en la cual los temas se desarrollan y retoman en diversos registros, muchas veces antes de estallar justo al final. También ocurre a veces que el secreto está tan bien guardado que la toma de consciencia se vuelve imposible. Hay que recurrir entonces a los sueños, a las asociaciones de ideas- en diálogo con el terapeuta como en el caso de Winicott, inventor del co-dibujo- o a los ecos personales y a los intercambios en pequeños grupos de terapia, en donde se ponen en escena las vivencias familiares, como en el psicodrama. El hecho de poner en escena la situación antigua de forma integral, a través del cuerpo entero y no solo a través de la palabra ayuda a revivir la emoción de aquello que fue ocultado y permite expresar los sentimientos reales y la tensión que pudo crearse entre lo que se nos esconde y lo que de todas maneras presentimos. Hablar, llorar, gritar, golpear, previene la conversión del malestar psíquico en síntoma somático. De allí la importancia de poder expresar las emociones, los verdaderos sentimientos, sin moderación, ni pudor, los secretos, los no dichos, los traumas escondidos, los grandes dolores y los duelos no hechos (en psicodrama la técnica de “superávit de realidad” permite decirle adiós a los muertos antes de su muerte, como si uno hubiera estado presente.- ya sea al lado de su tumba o cerca del mar que se los tragó sin sepultura, por ejemplo- y cerrar al fin las tensiones acumuladas y terminar la “Gestalt” hasta ahí a penas esbozada).

El siglo XX fue el siglo de las hecatombes. Por primera vez en nuestra historia millones de hombres fueron enterrados –muchas veces sin sepultura- lejos de su tierra natal y lejos de sus ancestros. ¿Podríamos hablar aquí de un enorme malestar transgeneracional en nuestra civilización?

A.A.S: Un fenómeno nuevo apareció en el siglo XX los genocidios 1914-1918 (más las guerras civiles en Rusia y España y la segunda guerra mundial) con sus millares de muertos anónimos, sus incontables desaparecidos sin sepultura, la coexistencia en las trincheras o en los campos de muertos, agonizantes y vivos, la lenta agonía de los heridos y de los asfixiados con gas… y las pesadillas de los sobrevivientes y de sus descendientes. Recordemos que ya los cirujanos militares de Napoleón 1°, se habían dado cuenta y habían bautizado -durante la retirada de Rusia en 1812- como el “síndrome del viento de arrastre” a los sufrimientos, pesadillas y angustias de los sobrevivientes y de los testigos de la muerte trágica de sus compañeros (lo cual nosotros encontramos actualmente en las pesadillas de sus descendientes, en varios países, Francia, Israel… pero también en Canadá o en Estados Unidos).

Cuando uno sabe que un muerto mal enterrado impide que el duelo se realice bien en la familia, es fácil imaginar que una hecatombe pueda generar un inmenso malestar de civilización, en efecto. Sin contar a los hijos de armenios masacrados en 1915 (más de dos millones), de judíos deportados a los campos de concentración, o los asfixiados con gas en Verdun, que sufren crisis de asma, eczemas y violentas migrañas en las fechas de aniversario de la masacre, de la deportación, del drama... pienso que un trabajo terapéutico puede también ser llevado a la escala de los pueblos. Cuando un ancestro ha sufrido, es fundamental para su descendencia que su dolor sea reconocido. Por esta razón para los armenios fue de gran importancia ver que su genocidio fuera reconocido por la comunidad internacional, así sucediera 50 años después. Estoy segura de que millones de seres fueron aliviados en lo más profundo de sí mismos. Había que matar al fantasma. Existe también una dimensión dramática en el olvido de algunas fechas de aniversario, bien sea el asesinato del gran duque Francisco Fernando heredero del imperio austro-húngaro, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo que hizo estallar la guerra de 1914-1918. O aquella del “Jueves negro” que inició la depresión de 1929, el desempleo mundial, la toma de poder de Hitler y la guerra 1939-1945…

Dicho esto, es importante aclarar que no son necesarias circunstancias tan dramáticas para que el síndrome de repetición le arruine la existencia a alguien. Entre la cantidad de personas que han venido a consultarme porque sufren de trastornos psicosomáticos inexplicables, encontramos por ejemplo las pesadillas recurrentes, la pérdida sistemática de un examen o el sabotaje la propia vida profesional… aparentemente sin razón. Pienso en un hombre joven trabajador e inteligente que era exitoso en todo en su vida, salvo en sus exámenes. Descubrimos juntos que desde finales del siglo XX, 14 de sus primos habían perdido el examen para obtener el grado de bachiller! Rastreamos el origen de este trastorno y finalmente lo que descubrimos que ocurrió fue que el tatarabuelo de este muchacho había sido expulsado de su casa en la víspera de presentar el mismo examen, porque se había acostado con la criada del servicio y ésta había quedado embarazada y como él tenía un fuerte sentido de la responsabilidad, partió con ella y se casaron. Resulta que el hijo de este hombre, a su vez, abandonó el liceo la víspera del último examen y su nieto también (por razones fútiles). La misma situación se presentó durante cuatro generaciones seguidas y es así como el tataranieto cargaba todavía el peso de esta “falta original”, cuidadosamente escondida por toda la familia… una vez identificada y purgada esta historia a través del trabajo familiar, todos los muchachos de esta familia han pasado sus exámenes!

¿Cómo se podría explicar la fascinación actual por la terapia transgeneracional?

A.A.S: Vivimos un periodo de transformación profunda en nuestro medio y en nuestro modo de pensamiento, tanto de nuestro cuadro de vida como de su contexto. Es como lo dice Alvin Toffler, un estrés colectivo, una especie de choque del futuro, que muchísimas personas viven como algo muy angustioso. Existen hoy muchísimas variables desconocidas – entre ellas, la supervivencia misma de nuestra cultura y de nuestro planeta. En este “revoltijo” general, muchos terapeutas se enfrentan a casos difíciles en los que las teorías clásicas fracasan. Permitir un “enraizamiento” de la persona en su historia hace parte de las soluciones.

En “Ay mis ancestros” usted hace con frecuencia referencia al psicoanalista Húngaro Ivan Boszormenyi-Nagi. ¿Qué fue lo que él puso en evidencia?

A.A.S: En su práctica clínica hacía hablar a sus pacientes de su familia porque, según él, el objetivo de la intervención terapéutica consistía en restituir una ética de las relaciones transgeneracionales. Sus conceptos claves de “lealtad familiar invisible” y el “gran libro de cuentas familiares” iluminaron muchísimo mi trabajo. De la lealtad de los miembros de un grupo depende la unidad del mismo. Esta lealtad debe ponerse en relación con las motivaciones y los actos de cada uno de los miembros del grupo. De allí otro concepto: aquel de la justicia familiar. Cuando la justicia falla, esto se traduce en mala fe, o en la explotación de miembros de la misma familia por parte de los otros, o en la aparición de patologías o en accidentes repetitivos. Mientras que en el caso contrario hay afecto y cuidado recíproco pues las cuentas familiares están al día. Podemos hablar del balance de las cuentas familiares o de un gran libro de las cuentas familiares en el cual se puede verificar si uno está en crédito o en débito. Si usted arrastra deudas y obligaciones sin pagar de generación en generación se arriesga a tener todo tipo de problemas – acuerdos de herencia injustos, querellas, rupturas “anormales” … una de las deudas familiares clásicas es una muerte vivida como “tan injusta” que el duelo no se puede llorar, decir, vivir y el dolor queda abierto prácticamente para siempre.

¿Nos puede usted dar otros ejemplos de deudas en las cuentas familiares?

A.A.S: La deuda más importante de la lealtad familiar es aquella que cada niño contrae con sus padres a causa del amor, la fatiga y los cuidados que recibe de ellos desde el nacimiento hasta la edad adulta. Pagar esta deuda es de orden transgeneracional, es decir que lo que recibimos de nuestros padres, se lo entregamos a nuestros hijos, etc. Ocurre a veces, que hay una distorsión patógena entre los méritos y las deudas. Tomemos un ejemplo: hay familias en las cuales la hija mayor detenta el rol de madre con respecto a los demás hijos y a veces con respecto a su propia madre. Es lo que llamamos parentificación. Un hijo que debe hacer el papel de padre o madre muy joven se encuentra en desequilibrio relacional significativo. En realidad es difícil comprender los vínculos transgeneracionales y el libro de los méritos y las deudas pues nada está claro. Cada familia tiene su propia manera de definir la lealtad familiar. Pero el estudio transgeneracional puede aportar un esclarecimiento decisivo.

Encontramos en su trabajo una aproximación antropológica en la cual usted insiste sobre la importancia vital de las reglas familiares…

A.A.S: No es gratuito que yo haya decidido ser analizada por un antropólogo (Gessain era el director del museo del hombre y había acompañado a Paul Emile Victor a estudiar a los Esquimales) y que me propusiera estudiar con Margaret Mead! El enfoque antropológico contextual es fundamental. Hay que reubicar a las personas y los acontecimientos en su contexto y comprender las reglas familiares y sociales de la época, del medio, del lugar preciso. Citemos algunas reglas familiares que uno encuentra a menudo. Existen familias del tipo cuidador-cuidado: algunos miembros cuidan de otros miembros que están enfermos. Existen familias en las cuales la regla es hacer todo lo posible por que el hijo estudie- el mayor, jamás será una hija sino siempre el primer hijo hombre. También hay familias en las que se fabrica un sucesor “mayor” para retomar los negocios familiares. En otras familias, varias generaciones cohabitan sistemáticamente bajo el mismo techo. En otros casos solo uno hereda y los otros parten lejos o le sirven…

Cuando uno observa un genosociograma es esencial fijarse bien en cuales reglas están en vigor y quién las elabora. Puede ser un abuelo, una abuela, un tío… cuando uno comienza a comprender estas reglas, uno puede intentar ayudar a la familia a alcanzar una relación menos disfuncional y un mejor equilibrio de las deudas y los méritos de cada uno. Hay cosas que no son fáciles de entender cuando uno descifra una familia.

Usted también se ha interesado en el fracaso escolar ¿según usted éste sería a menudo de orden transgeneracional?

A.A.S: Mi enfoque es a la vez contextual, sociopsicológico, psicoanalítico, transgeneracional, etnológico y etológico. Cada una de estas ciencias es importante y sus aportes son complementarios. En el caso del fracaso escolar, hay que agregar el aspecto socio-económico de estas lealtades familiares brillantemente analizadas por Vincent de Gaulejac quien, debo decirlo, iluminó bastante mi linterna. Demuestra de forma notable hasta qué punto es difícil para un buen hijo o para una buena hija sobrepasar el nivel de estudios de su padre o de su madre: se enfermarán la víspera del examen, o perderán el tren, o tendrán un accidente en el camino o simplemente olvidarán poner el despertador en la mañana… actuando así, responden inconscientemente al mensaje doblemente restrictivo de su padre o de su madre , la famosa doble atadura “haz como yo pero sobre todo no hagas lo mismo que yo” más precisamente: Hago todo por ti y deseo tu éxito… pero temo terriblemente que me superes y que nos abandones” entonces estos mensajes, estos actos fallidos datan la mayor parte del tiempo de las generaciones precedentes. Allí también la fidelidad a los ancestros que se ha vuelto inconsciente o invisible nos gobierna.

Nuestro destino individual puede ser guiado por la historia de las generaciones anteriores. Lo cual significaría que un evento vivido por un ancestro cincuenta o cien años antes puede orientar las decisiones de una vida determinar las vocaciones, detonar una enfermedad e incluso provocar la caída accidental por la escalera de un tataranieto. ¿Qué queda entonces del libre albedrío?

A.A.S: Todo. Porque la elección nos es dada a partir de la posibilidad de liberarnos de la repetición familiar para reconquistar nuestra libertad y nacer por fin a nuestra propia historia.


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viernes, abril 19, 2013

Carl Gustav Jung, "Señor del mundo subterráneo"



La profesora Titular de Filosofía de la UNEDMª Teresa Román López, realiza una entrevista corta al escritor Jesús Callejo sobre Carl Gustav Jung. La relación que sostiene con Freud y los puntos que los distancia.  Así mismo toca de forma sucinta algunos aspectos de la simbología Junguiana, los ovnis, sus vivencias místicas. 

sábado, febrero 16, 2013

¿Qué son las psicologías humanista y transpersonal?


¿Qué son las psicologías humanista y transpersonal?

Por José Luis Azón Soto
Hasta los años 60 del pasado siglo, la práctica psicológica se repartía esencialmente entre estudios experimentales de investigación realizados por los conductistas con animales, para extrapolar luego los resultados al comportamiento humano, y la terapia psicoanalista creada por Freud, que siguiendo el modelo médico, veía al paciente como alguien enfermo o trastornado mentalmente.


Y de pronto, en esa década mágica en la que se produce una eclosión social y cultural en Occidente, con un cambio en la sensibilidad y escala de valores de una buena parte de la población, sobre todo joven, y un derroche de creatividad en diversos ámbitos, cristaliza un movimiento liderado por Abraham Maslow, al que se llamó psicología humanista, que aglutina diversas corrientes surgidas en los años anteriores, caracterizadas entre otras cosas por rechazar los planteamientos mecanicistas del conductismo y el psicoanálisis. Entre ellas, la psicología gestalt, el neuro-psicoanálisis de autores como Erich Fromm o Karen Horney, la bioenergía de Alexander Lowen, el rolfing, la terapia primaria de Janov, el psicodrama deMoreno, el análisis existencial, el análisis transaccional de Berne, los trabajos psicodélicos, o la aportación de sus dos grandes figuras, Maslow y Rogers.


"La psicología humanista concibe al ser humano como totalidad y considera que todos tenemos un potencial de crecimiento interior y un anhelo de realización que nos empuja a culminarlo"

La psicología humanista concibe al ser humano como totalidad y considera que todos tenemos un potencial de crecimiento interior y un anhelo de realización que nos empuja a culminarlo. Un buen ejemplo al respecto es la diminuta semilla de un roble, en la que está contenido un potencial de desarrollo, de forma que si encuentra un medio favorable para su crecimiento acabará convirtiéndose en un árbol majestuoso. El problema en el ser humano es que si no ha sido capaz de liberarse de la carga psicológica que arrastra del pasado, continuará atrapado en espacios mentales y emocionales que impedirán o entorpecerán su avance en el camino de realización. Las terapias humanistas se centran por ello en la liberación de memorias y automatismos del pasado como requisito para conectar en el aquí y ahora con el anhelo de crecimiento interior.

Al poco tiempo de surgir la psicología humanista, diversos autores pertenecientes a esta corriente se dieron cuenta de que su énfasis en el crecimiento y en la autorrealización les había llevado a obviar una vertiente esencial del ser humano, su dimensión espiritual. De modo que a finales de los años 60, un grupo de psicólogos y psiquiatras como Stanislav Grof, Anthony Sutich, Miles Vich, o Abraham Maslow, entre otros, dan luz a la psicología transpersonal. Tanto por su esencia como por su contenido y objetivos, debería haberse llamado psicología espiritual, pero sus fundadores excluyeron este término para evitar connotaciones que desvirtuaran su verdadero sentido e intención.


"La psicología transpersonal pone el acento en el reconocimiento de la espiritualidad y las necesidades trascendentales como aspectos intrínsecos de la naturaleza humana y en el derecho de cada persona a elegir o cambiar su "camino"

La psicología transpersonal pone el acento en el reconocimiento de la espiritualidad y las necesidades trascendentales como aspectos intrínsecos de la naturaleza humana y en el derecho de cada persona a elegir o cambiar su "camino". Dos grandes lineas lo definen:

1.- Por una parte, considera al ser humano desde un planteamiento holístico como un ente global, que debe “solucionar” los conflictos en los diversos niveles de su conciencia, para lograr su unión con el Cosmos, su unión con la Totalidad. Frances Vaughan, una de las más destacadas militantes de este movimiento, define los cinco niveles del proceso curativo global: físico, emocional, mental, existencial y espiritual. Todos están estrechamente interrelacionados y cada uno contiene a los anteriores (círculos concéntricos). Solemos por lo general ser conscientes de los primeros mientras los últimos, más sutiles, permanecen totalmente inconscientes. Pero con el entrenamiento adecuado, la atención tiende a ser gobernada por los niveles de conciencia últimos. A medida que se van diferenciando los distintos niveles, la conciencia se va haciendo cada vez más sutil. En cada nivel debemos aprender a observar y aceptar, para que emerja un nivel nuevo. Aunque la salud o la patología propias de cada nivel parezcan ser independientes de los demás niveles, la curación íntegra de la persona depende del bienestar de todos ellos.

2.- Por otra parte, propugna la identificación del ser humano con los demás seres y con la Tierra, al desaparecer las barreras del ego.

A nivel terapéutico, la psicología transpersonal incorpora técnicas de otras corrientes psicológicas, entendiendo que todas son válidas, aunque con la particularidad de que cada una se dirige a un determinado nivel de conciencia. Si por ejemplo una persona acude a terapia para superar una fobia concreta, es correcto trabajar con ella una técnica de afrontamiento, pero si le emerge de pronto una crisis existencial, de la que la fobia era sólo tapadera, el terapeuta deberá adaptarse a la nueva situación y aplicar técnicas que ayuden a esa persona a conectar con el auténtico sentido de la vida.

Asimismo, y dado su planteamiento eminentemente holístico, la psicología transpersonal está abierta a influencias de diferentes corrientes espirituales, como por ejemplo el Budismo y el Hinduismo, así como también de distintas escuelas filosóficas y místicas, y se interrelaciona con otras disciplinas que caminan en la misma dirección, como la física cuántica, la biología, la neurociencia, la psicobioinmunología, la medicina holística, etc.

Como autores relevantes de esta corriente podemos citar a William James, Carl G. Jung, y Roberto Assagioli, anteriores a su nacimiento pero que entroncan plenamente con su filosofía, a Abraham Maslow, Stanislav Grof, que participaron en el movimiento fundacional de esta corriente psicológica, y Ken Wilber, con independencia de haberse desmarcado de ella y crear otra a la que denomina psicología integral.

martes, febrero 05, 2013

CARA A CARA CON CARL GUSTAV JUNG





El vídeo registra la entrevista  que John Freeman le  hizo a Carl Gustav Jung,  padre de la psicología analítica.  Jung habla de su vida personal, con quién vive, sus nietos,  bisnietos.  Su relación con Freud, el punto de conflicto, la correspondencia entre ambos aún  no divulgada, a cuya publicación no se opone después de su muerte, pero que  considera irrelevante 

Se abstiene de responder cuáles son   sus  percepciones de Freud como analista, lo conoció a fondo, a partir del análisis de  sus sueños, como de igual forma hizo Freud con los  suyos, quiso mantener la reserva aunque Freud al momento de la entrevista  ya  había fallecido. 

Cuenta sobre la postura que enfrenta ante la creencia. Ante la pregunta de Freeman, ¿Cree usted en Dios? su  respuesta contundente, no creo, yo sé.


miércoles, noviembre 24, 2010

La psicología analítica de Carl Jung - La teoría




Elementos estructurales de la personalidad. En la consciencia, el ego y las personae se relacionan con el mundo y las obligaciones cotidianas. En el inconsciente, la sombra y la dualidad Animus-Anima. Varios complejos desprendidos de los arquetipos, de tamaño y actividad normales, están en el inconsciente profundo. Sin embargo, un gran complejo sobrecargado de libido (en rojo) intenta integrarse a la consciencia de manera violenta, provocando una neurosis.
Existen profundas diferencias entre la teoría de Jung y la de Freud. En primer lugar se encuentra el concepto mismo de inconsciente. Para Freud, este es el sótano pestilente de la psique, de donde surgen contenidos espreciables, instintivos y obscuros que intentan desequilibrar a la razón y desintegrar nuestro yo, y debido a ello, deben ser reprimidos. La terapia de Freud tiene como objetivo, formar una alianza para hacer triunfar el yo racional sobre las fuerzas obscuras que lo atacan. La concepción del inconsciente por parte de Jung es totalmente diferente, para el suizo, el inconsciente es un manantial de donde surge la sabiduría, la fuerza y la frescura de la vida . El problema radica en que nuestro pequeño yo burgués, es incapaz de asimilar esos contenidos y huye de ellos, temeroso de no poder controlarlos. La terapia junguiana no intenta hacer triunfar al yo racional, sino enseñarlo a integrarse de manera instintiva con el flujo de la vida. La libido, o energia vital, elemento cenral en ambas teorias, es concebido de manera totalemnte diferente. En Freud, la libido es la fuerza sexual que intenta perpetuarse en el acto reproductivo. En Jung, la libido es una energía igualmente poderosa, pero se presenta como amorfa, neutra y abstracta y cuya representación dependerá del contenido específico de cada neurosis particular. En Jung, la libidio puede ser sexual a posteriori, pero no en principio.
De esta diferente aproximación al inconsciente se deriva una diferente concepción de la neurosis. Para Freud, toda neurosis, es mala y debe erradicarse como si se tratase de una enfermedad infecciosa. Para Jung, en cambio, las neurosis no son necesariamente malas, son una oportunidad de lograr una mejor experiencia de la vida. Las neurosis son las alarmas que se encienden cuando el intento de crear una personalidad fracasa y la persona insiste una y otra vez en ella aún cuando le produzca angustia y dolor. El fin del psicoanálisis freudiano es la integración a la vida productiva, "ser capaz de amar y trabajar" en palabras del mismo Freud. La psicología analítica de Jung es mucho más ambiciosa, su objetivo es la individuación, que es el término que los terapeutas junguianos utilizan para referirse al fortalecimiento de la mente en su conjunto (y no solamente del yo) para el ejercicio gozoso y pleno de la vida, pero también, la aceptación de la inevitabilidad de la muerte y su significado. "Uno debe vivir como si su vida durase mil años, -- decía Jung-- y literalmente morirse de vida". En este sentido, la psicología analítica de Jung mantiene marcados vínculos con el budismo, no es casualidad que gran parte de los proceso de individuación usen el mandala como vía de exploración psíquica.

Mientras en la psicología freudiana el inconsciente está constituido por los recuerdos personales de la infancia y es dominado por el complejo de Edipo. En la psicología analítica el inconsciente está cargado de material atávico, primordialmente de arquetipos. Los arquetipos son formas milenarias de conducta que inconscientemente impulsan y condicionan nuestras acciones. Es decir, los arquetipos son la contraparte psíquica de los instintos: los pájaros tejedores, que saben como construir un nido sin necesidad de aprender, poseen un arquetipo en su mente, del mismo modo que las ballenas saben en que momento transladarse al sur para tener crías pues poseen al arquetipo de la migración que las obliga a ello. Los seres humanos, como homo sapiens, también tenemos arquetipos cuya misión es ayudar a guiarnos en el trayecto de la vida. Si por alguna razón, —cultural, familiar o personal—, un arquetipo es negado y no encuentra representación en nuestra vida, comenzará a sobrecargarse de libido y se conjugara con algún recuerdo personal para formar un complejo. "Las personas creen que tienen complejos, pero son los complejos los que lo tienen a uno" escribió Jung. A diferencia de Freud, cuya principal fuente de información sobre el contenido de las neurosis proviene del análisis de los sueños, es el comportamiento de los complejos el que revela a los analistas junguianos el tipo de conflicto al que se enfrentan. De este modo, si una persona, por cobardía o comodidad, ha desarrollado una personalidad demasiado pasiva y sumisa frente a los demás, su afición a las películas de acción y las revistas de armas revelarán que un complejo se está cargando.
Existen muchos arquetipos, entre los más importantes se encuentran el arquetipo de la madre, el de la vida, el de ego, el de sí-mismo, de la sombra, el de la muerte y el de personae.Personae, eran las máscaras que se colocaban los actores en las obras de teatro de la Grecia y Roma clásicas. Jung, con este término, se refiere a la máscara o "pose" que todos nos colocamos al interactuar con las personas que nos rodean y que incluye la apariencia personal y los objetos con los que nos rodeamos. Los doctores, los abogados y las estrellas de rock, poseen una persona (pose) bien definidas. La mayoría de las personae son usadas porque otorgan estatus o prestigio social al que las porta. El peligro radica en confundir la máscara con el verdadero yo, entonces nos volvemos una caricatura de nosotros mismo al dedicar gran parte de nuestra libido a sustentar la apariencia. En esos casos, el si-mismo no tiene oportunidad de iniciar el proceso de individuación. No es malo tener personae, siempre y cuando se amolden a nuestro desarrollo y no a la inversa. Un activista ambiental o un conferencista poseen personaecorrectas que los ayudan a relacionarse satisfactoriamente con los demás.
La dupla de arquetipos de anima-animus es de suma importancia, pues conforma la dualidad masculino-femenino que domina gran parte de nuestro desarrollo. Un número substancial de neurosis se derivan de la inadecuada comprensión de esta dualidad y sus muchas implicaciones. Cuando surge la neurosis, ciertos objetos o experiencias adquieren un carácter "numínico", es decir, una majestad y fuerza que pareciesen divinas. Esto es así porque dichos objetos han caído dentro de la órbita del complejo que produce el desequilibrio mental.

El arquetipo de la sombra esta relacionado con la compensación psíquica de nuestra consciencia. El arquetipo del ego se construye en base a los ejes razonamiento-sentimiento, intuición-evaluación que rigen la consciencia. Jung establece, además, dos tipos psicológicos esenciales: el tipo extrovertido y el introvertido. Dependiendo de como se construya el ego, la sombra lo refleja y compensa en el inconsciente. Si poseemos un ego demasiado introvertido, sentimental e intuitivo, nuestra sombra tendrá características extrovertidas, racionales y reflexivas. En muchos sueños la sombra aparece como portadora de regalos, de objetos que nos hacen falta.
Aún cuando lo sexual no conforma la guía rectora de la psicología junguiana, el arquetipo primordial del apareamiento está presente como un poderoso elemento. El arquetipo se patentiza al formar un complejo sobre el cual descansa el fenómeno de la transferencia ycontra-transferencia entre el paciente y el analista. Aquí también, como en el psicoanálisis, la transferencia se muestra como una útil fuerza que puede ser aprovechada para fortalecer el yo del paciente y que de este modo sea capaz de ver y asimilar el mensaje bienhechor del inconsciente.
En la psicología de Jung, le edad mediana, —alrededor de los cuarenta años—, marca una etapa de crisis, transición y renovación. El objetivo esencial de la vida que hasta ese momento consistía en recibir de los otros y fortalecer un yo inseguro, cambia pues el yo ya ha madurado y está satisfecho de recibir. Surge el interés hacia los otros, el desprendimiento y la preparación para la muerte. Si el camino de la individuación se lleva a cabo adecuadamente, surgirá una persona sabia, valiente y generosa que disfruta y esta satisfecha con su vida y carece de temor a la muerte.
Al igual que la de Alfred Adler, la terapia de Jung no es sólo retrospectiva, sino también prospectiva. Para estos investigadores y a diferencia de Freud, la pregunta interesante con respecto al inconsciente no es "¿qué ha pasado?" sino "¿qué se desea que pase?" La psicología analítica no sólo busca desmenuzar la psique en el análisis, sino integrarala en una nueva estructura a través de la síntesis psíquica o función trascendental de la terapia.
Fuente: http://www.wikilearning.com/monografia/la_psicologia_analitica_de_carl_jung/6363-

jueves, septiembre 25, 2008

El comienzo de la hipnosis

Aunque ya existen precedentes históricos del uso de técnicas similares a la hipnosis empleada por los egipcios en los llamados Templos del Sueño, no sería hasta mediados del siglo XVIII cuando se inicia el primer estudio sistemático de lo que suponía un estado psico-fisiológico especial que más tarde se conocería con el término de hipnosis.

Franz Anton Mesmer, (1.734-1.815) doctorado en Medicina y Filosofía a sus 35 años en Viena, escribió su tesis doctoral titulada "De planetarium Inlfuxu", influenciada por las teorías de Paracelso sobre la interrelación entre los cuerpos celestes y el ser humano. Mesmer formuló la famosa Teoría del Magnetismo Animal que nos venía a decir que todo ser vivo irradia un tipo de energía similar o parecido al magnetismo físico de otros cuerpos y que puede transmitirse de unos seres a otros, llegando a tener una aplicación terapéutica.

El médico austríaco se instaló en París y con el paso del tiempo, fue tan grande su influencia y tan extendida su fama, que se convirtió en el médico tanto de los pobres y desheredados como de los ricos y poderosos, incluso del mismísimo rey de Francia. El asunto llegaría hasta la Academia de Medicina de Francia, que determinó que no existía ningún tipo de influencia o energía magnética en las curaciones mesméricas. ¿Qué era lo que realmente producía la curación?

Serían los discípulos de Mesmer y posteriores investigadores quienes determinarían que las "milagrosas" curaciones en los trances hipnóticos, llamados sueños magnéticos o mesmerismo hasta aquel entonces, se producían por una condición llamada sugestión. Un cirujano escocés llamado James Braid (1.795-1.860) fue el primero en acuñar el término hipnosis enunciando una de las formas que lo explicaban: "la fijación sostenida de la mirada, paraliza los centros nerviosos de los ojos y sus dependencias que alterando el equilibrio del sistema nervioso, produce el fenómeno"


FREUD Y LA HIPNOSIS

Sigmund Freud, en su condición de médico investigó la hipnosis en profundidad, siendo discípulo de las famosas escuelas de La Salpetriere con el Dr. Charcot y de la Escuela de Nancy, con el Dr. Bernheim. Al principio Freud utilizó la hipnosis para el tratamiento de la neurosis, pero posteriormente, confesándose un mal hipnotizador, lo abandonó entregándose a formular su teoría del Psicoanálisis.

HIPNOSIS Y PARAPSICOLOGÍA

La hipnosis en sí, no es un estado "paranormal". Sin embargo en estado hipnótico es relativamente fácil producir fenómenos que son objeto de estudio de la parapsicología científica, que se encuadran dentro del estudio de la Percepción Extra Sensorial (P.E.S.). Así en hipnosis es relativamente fácil producir telepatía, es decir, un hipnotizado puede de manera relativamente sencilla captar lo que está pensando una persona concreta, independientemente de que se encuentre cerca o a miles de km. También es fácil que el hipnotizado establezca el estado de salud o enfermedad de su propio organismo o el de otra persona. Y muy curiosos son los casos de memoria estra-cerebral en los que el hipnotizado puede recordar supuestas vidas pasadas e incluso hablar en idiomas que se supone no conoce; a este fenómeno se le denomina xenoglosia. A lo largo de la historia se han conocido casos de sujetos que estado hipnótico han tenido una inusual habilidad para predecir el futuro o reconocer hechos de un pasado remoto y desconocido: precognitición o retrocognición respectivamente. ¿Por qué sucede esto? Probablemente porque en estado de hipnosis nuestra mente actúa bajo unos parámetros diferentes de los que comúnmente entendemos como espacio / tiempo.

LA HIPNOSIS EN LA ACTUALIDAD

Desde Mesmer han sido muchos los que han investigado esta inquietante realidad que a veces se sale fuera de los esquemas de la ciencia académica. Muchos han establecido sus propios modelos y variantes de esta técnica. Así tenemos recientemente al norteamericano Dr. Milton Erickson, que trabajaba con sus pacientes usando metáforas o formas determinadas de hablarles, para inducirles ciertas reacciones psico-emocionales que les curasen de sus trastornos mentales, sin necesidad de una hipnosis clásica o que supusiera la pérdida de conciencia del paciente. O por ejemplo el doctor valenciano Antonio Escudero, que llama a su técnica Noesiología o anestésia psicológica, en la que opera a sus pacientes completamente despiertos y sin anestesia química, llegando incluso a conversar con ellos durante la intervención quirúrgica.

HIPNOSIS REGRESIVA

Uno de los episodios más interesantes de esta técnica, es la llamada hipnosis regresiva de la personalidad. Consiste en "llevar" hacia atrás en el tiempo a una persona, para que reviva o recuerde hechos de su pasado. Incluso podemos llegar hasta un estadío pre-natal o intra-uterino, es decir, que recordaremos las sensaciones que teníamos antes de nacer. Pero incluso si al hipnotizado se le sugiere que vaya aún más allá, recordará en muchos casos supuestas identidades anteriores. Incluso en algunos de estos casos hablará en una lengua que no ha estudiado o conocido en su vida actual (el fenómeno de la xenoglosia -que mencionábamos antes-), siendo normalmente esas lengua arcaicas y con formas antiguas. ¿Reencarnación?, ¿conexión con otros tiempos y otras conciencias? quien sabe... sería tema suficientemente extenso par otro artículo. Quien suscribe ha investigado y comprobado que, efectivamente, la hipnosis rompe los esquemas de lo que hoy la psicología científica (en general, la rama cognitivo-conductual) conoce como "mente" porque precisamente ese concepto sea tan amplio, que desde la ciencia nos quedamos cortos al definirlo.

José de Zor G.M.
Hipnólogo Clínico