Mostrando las entradas con la etiqueta apetito. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta apetito. Mostrar todas las entradas

sábado, abril 14, 2012

¿DEPRIMIDO?




La salud mental tiene que ver con las emociones, los pensamientos y el comportamiento de los individuos.  La buena salud mental capacita al individuo para afrontar los obstáculos de la vida diaria, trabajar para el logro de sus metas y ser funcional en la sociedad. No obstante, pequeñas dificultades de la salud mental pueden afectar el desempeño cotidiano, de tal forma que las personas no pueden funcionar como siempre lo han hecho en el entorno familiar y social.

En el mundo cerca de 450 millones de personas tiene un trastorno a nivel mental o del comportamiento y sólo unos pocos reciben tratamiento. En países en vía de desarrollo,  como Colombia,  la mayoría de las personas con enfermedades psiquiátricas graves se las deja para que afronten a la buena de Dios sus cargas personales  tales como la depresión, la demencia, la esquizofrenia el abuso de sustancias,  su calidad de vida deja mucho que desear.

El medico epidemiólogo, microbiólogo  Francisco Javier Martínez Ruiz, Colaborador con el Padre César Fernández de la Pradilla, experto en medicina holística y psicosomática trae el siguiente  texto sobre las causas de la depresión, y  da gran  claridad en torno al problema y sus alternativas de solución,  te permitirá  revisar tus síntomas personales o de los seres queridos. Acompaño este post con una dosis de optimismo que trae el grupo arrebato, para ponerte en la otra orilla.

A modo de simplificación y guía, podemos señalar que la Asociación de Psiquiatría Americana considera que una persona (no drogada ni que acabe de perder a algún ser querido) presenta formas mayores de depresión si presenta ininterrumpidamente durante mas de 14 días al menos 5 de los siguientes síntomas (al menos 3 para las menores):
  1. Pesar, tristeza o ánimo deprimido la mayor parte del día (a veces irritabilidad en niños o adolescentes);
  2. Disminución importante del interés en la mayoría de las actividades diarias;
  3. Aumento o disminución importante del apetito;
  4. Insomnio o sueño excesivo;
  5. Agitación (evidente por el modo de frotarse las manos) o lentitud de movimientos;
  6. Cansancio inexplicable o pérdida de energía;
  7. Sentimientos de inutilidad o culpabilidad;
  8. Indecisión o capacidad disminuida para pensar o concentrarse;
  9. Pensamientos recurrentes de muerte, abandono o suicidio.
En los niños y adolescentes la sintomatología se hace más enmascarada y puede cambiar: “posicionamiento” en el ambiente familiar y académico, absentismo/ fracaso escolar, trastorno del esquema corporal y de la alimentación, fugas, mentiras, hurtos, promiscuidad, consumo de toxicos y conductas parasuicidas, etc.  Son las manifestaciones típicas de la depresión en menores de 25 años. La irritabilidad puede sustituir al ánimo deprimido.
La depresión, en cualquiera de sus formas o variantes, es una de las mayores epidemias que afecta a la humanidad en los últimos decenios. Una pandemia que, sin embargo, tiende a ser invisible, dado que los deprimidos disimulan y se retraen, y los suicidas suelen ser ocultados. Es, además, un problema que crece y se extiende, como una negra y espesa mancha de aceite en nuestro actual estilo de vida y cultura, sobre todo en los países desarrollados y urbanizados. En estos países crece mucho mas deprisa en niños y adolescentes y la edad de inicio del primer episodio depresivo tiende a ser cada vez mas temprana. Los datos son los siguientes: Un 8-17% de las personas padecen en algún momento de su vida alguna forma de depresión grave, aunque formas menores de depresión mas o menos disfrazada afectan con cierta persistencia a un cuarto de la población edn algún periodo de su vida. Después de la pubertad, se deprimen el doble de mujeres que hombres.
En los pacientes afectados (y también en sus amigos y familiares) la depresión merma la cantidad y, sobre todo, la calidad de la vida. Aumenta el pesimismo, la hipocondría, la desesperanza; y disminuye el flujo de pensamientos y acciones, la autoestima, el cuidado e higiene personal, el impulso al reto, a la aventura, a la búsqueda de soluciones, a las relaciones, al goce y al líbido. Además del sufrimiento, aislamiento e incapacitación que produce acarrea un importante riesgo vital: muchas enfermedades, accidentes, deterioros familiares, fracasos escolares y despidos laborales pueden atribuirse directa o indirectamente a la depresión; un 15% de los depresivos recurrentes mueren oficialmente por suicidio cada año en los Estados Unidos, lo que representa un número de muertes similar a la que produce el SIDA. La depresión, en sí misma, es un suicidio ralentizado, como una muerte en cámara lenta. Aunque nuestro cuerpo sigue funcionando (mas lentamente, por cierto), nuestra alma ha perdido su Sol, o yace en completas tinieblas.
¿Cuáles son las causas de esta gran pandemia que tanto ha crecido en los países desarrollados desde la II Guerra Mundial? Se han postulado muchas posibles causas de la depresión y, sin duda, existen probablemente muchos factores predisponentes y desencadenantes para una enfermedad que, como esta, es tan variada. Pero algunos de ellos tienen un papel causal muy importante y comprobado, no sólo en la especie humana, sino también en los animales superiores. Vamos a intentar esbozarlas:
Los seres vivos están contenidos unos dentro de otros. Por ejemplo, las moléculas están dentro de las células, éstas están dentro de los órganos y sistemas, los cuales están contenidos dentro del organismo del individuo; pero el individuo, a su vez, está contenido dentro de su familia, y ésta dentro de su tribu, poblado y cultura, y éstos dentro de sistemas biológicos y económicos mas vastos que los engloban. Todos ellos, (micro) englobados y (macro) englobadores, son seres vivientes (biontes). Cualquiera de ellos, además, tiene estructuras resonantes en cada uno de los múltiples planos de manifestación del Ser universal; estos planos o «cuerpos», de mayor a menor densidad/visibilidad, han sido agrupados con los siguientes nombres: el material (físicoquímico), el orgánico (cuerpo biológico), el etérico (morfogenético), el astral (emocional), el intelectivo, el causal (teologal), etc.
En la depresión se produce un derrumbe escalonado de englobadores y de planos de manifestación. A pesar de que hay interacción en los dos sentidos, el hundimiento de los planos sutiles y de los macroenglobadores precede cronológica y casualmente al hundimiento de los planos densos y de los microenglobados. Quizás sea este el origen de toda enfermedad.
Cuando los científicos comprueban alguna altyeración en algún plano visible de algún microenglobado (por ejemplo, el conocido déficit de serotonina que se detecta en las postsinapsis de los sistemas nerviosos de los deprimidos), esa alteración es cierta y hay que tomársela muy en serio pero, en sí, sólo es una de las manifestaciones o efectos de la depresión, y no significa que la verdadera causa haya tenido que producirse forzosamente en la alteración, en el plano de manifestación y en el bionte que ellos han observado.
En muchos casos, la gran mayoría, se puede comprobar que la depresión está precedida por un periodo de «impactos» y estrés demasiado intenso, duradero y/o repetido; en otros casos, los menos, no se ha podido comprobar, lo cual no significa que no exista, quizás indirecta o mediatizamente, proviniendo de niveles distintos a las emociones conscientes.
Estos impactos estrasadores pueden ocurrir en cualquiera de los biontes y planos de manifestación, aunque los mas vulneradores suelen ocurrir en los individuos y sus familias, así como en los planos instintivo-emocionales. En cualquier caso. el verdadero «derrumbe» depresivo se produce cuando el cuerpo intelectivo y teologal del individuo ha sido por fin bloqueado.
Los impactos estresadores suelen provenir de pérdidas, miedos, fustraciones instintivas y, en general, choques emocionales ante los que el individuo cree que nada se puede hacer. Numerosas observaciones y experimentos demuestran que cuanta mas juventud, sensibilidad, soledad comunicativa e indefensión subjetiva tenga el individuo frente a lo que le golpea emocionalmente y le estresa, y cuanto mas inesperados, instintivos, duraderos y repetitivos sean dichos impactos... mas propenso a la depresión será el resto de su vida y mas graves y petinaces serán las formas depresivas en las que caiga el afectado.
Los científicos nos aseguran que, para el individuo con vulnerabilidad promedio, mas de 50 días de stress continuado en el adulto desembocan indefectiblemente en transtornos emocionales primero, alteraciones del sueño después y depresión mas o menos profunda finalmente. Sin embargo, este periodo se acorta considerablemente en los adolescentes y aún mas en los niños, sobre todo si se sienten deprotegidos (no solamente por falta de afecto y cuidados, sino también por falta de normas de comportamiento eficaces); y también si los impactos estresadores son demasiado múltiples, brutales y/o duraderos. La desestructuración de los englobadores (familias, tribus, culturas, etc.) actúa como facilitador, disminuyendo notablemente la intensidad y la duración de los periodos estresadores necesarios para el desencadenamiento de las depresiones en los individuos.
Sin embargo, se observa un aumento claro de depresiones y suicidios en individuos aparentemente bien gratificados y sin traumas como pueden ser los adolescentes y «jóvenes de oro» de Estados Unidos, o las poblaciones super-aseguradas por el «estado del bienestar» de, por ejemplo, los ricos y cultos países escandinavos. Esto indica que el verdadero «quid» generador primero de la depresión pueden no ser los «traumas stresadores repetidos», por mas que éstos sean los desencadenantes mas frecuentes y visibles, sino algo mucho mas central y sutil. Es aquí cuando los estudios sobre los efectos de la «indefensión» como bloqueadora del cuerpo causal (teologal) del individuo, cobran su enorme importancia etiológica, como engendradores de la depresión.
Cuando no tenemos un mínimo control sobre los acontecimientos o, mejor dicho, cuando no «creemos que» (confianza) «podemos llegar a tener» (esperanza) un control sobre ellos, entoces abandonamos toda «pretensión» (volición), nos deprimimos, enfermamos e, incluso, podemos llegar a morir. La indefensión nos deprime justamente porque acaba rompiéndonos la fe, la esperanza y el amor, esas tres «virtudes» (fuerzas) «teologales» que los antiguos colocaron en la cúspide de todos nuestros motores morales.
Porque deprimirse es siempre, de hecho, desmoralizarse.
En cuanto a la Terapia, la necesaria brevedad de este artículo me obliga a esbozar solamente una lista de los posibles múltiples instrumentos que deben aplicarse al tratamiento de la depresión. Dentro del enfoque Holístico, que es el que seguimos, necesariamente hay que atender a todos los planos de manifestación del Ser, es decir, a todos los «cuerpos» del individuo, desde los mas densos y visibles, hasta los mas sutiles e invisibles.
Aunque el objetivo último a restablecer (¡o a inaugurar!) es la esperanza, la confianza y la volición del individuo, es decir su cuerpo causal (teologal), normalmente debe seguirse un orden reparativo ascendente, que empieza en lo físico (técnicas de relajación, masajes y ejercicios, balnearios y contacto con la naturaleza, magneto/helio/cromoterapia, musicoterapia, yoga físico y de la respiración, risoterapia, etc.) y en lo químico (oligoterapia, Sales de Schuesler, adecuación muy cuidadosa y experta de la medicación, especialmente de los psicofármacos, de los que el paciente normalmente se ha hecho dependiente), prosigue en lo biológico (fitoterapia de drenaje, de estimulación hormonal, ya sea africana, china, ayurvédica, etc.), sigue en lo etérico (homeopatía, radiestesia, oberbach, terapias sanacionales, etc.), continúa en lo emocional (flores de Bach, gemoterapia), atiende después a lo intelectivo (terapia cognitivas, PNL, etc. que, en ocasiones, requieren apoyos en terapias de «regresión») y finaliza por lo causal (terapia existencial, de «peregrinaje interior», yogas superiores y técnicas de meditación; y, especialmente, restitución de la dignidad y de las virtudes morales, como la verdad, la justicia, la solidaridad, etc. sobre todo las teologales (fe, esperanza y amor del individuo hacia si mismo y hacia su entorno).
Este orden reparativo no es causal, ya que los procesos terapéuticos deben repetir la secuencia de despliegues que han formado al individuo (procesos ontogenéticos), al igual que éstos recapitulan siempre el orden de formación de los reinos, órdenes, especies y funciones que han ido apareciendo en la Naturaleza (procesos filogenéticos).
El enfoque holístico que seguimos en muchas ocasiones obliga como es lógico a corregir graves anomalías de comportamiento y relación cuyo origen no sólo se detecta en el individuo (terapias de evitación, extinción, sustitución, ludo y laborterapia, etc.) sino también en la familia o en las «tribus» vecinales y laborales en las que está englobado el individuo (terapias de familia, interpersonal, etc.). Aunque mas que «corregir» deberíamos decir «señalar», «orientar», «facilitar» y «catalizar» lo que, en cualquier caso, deberán hacer al final los deprimidos y sus familias. Pues, especialmente en la terapia de la depresión nadie puede nunca «curar» a otro, y deben ser los propios seres vivientes quienes deben autocurarse finalmente a ellos mismos.
Si queremos que alguien se beneficie de una bicicleta, podremos dársela y darle dos o tres clases teóricas, pero la «bicicleta» de la rehabilitación deberá montarla finalmente quien la debe disfrutar. No hay atajos para la rehabilitación en el deprimido de la conciencia, y de su formidable energía asociada. Ineludiblemente es así siempre. Y eso, precisamente, es lo bonito: la gran aventura. ¿O hay alguna otra?

Fuente: MARTINEZ, Ruiz Francisco Javier. La causa de la depresión. íEn líneaý. Disponible en: http://www.free-news.org/fjmrui01.htm íConsultado el 14 de abril del 2012ý.



miércoles, diciembre 03, 2008

Malos hábitos alimentarios y la falta de ejercicio de los niños con un retraso psicológico

Expertos asocian los malos hábitos alimentarios y la falta de ejercicio de los niños con un retraso psicológico
13:40 - 3/12/2008


Sólo el 20% de los niños mantiene una dieta saludable y más del 40% no realiza ninguna actividad física

MADRID, 03 (EUROPA PRESS)

La falta de actividad física en los niños y los malos hábitos nutricionales están relacionados con un retraso psicológico y emocional, según muestran los resultados de un estudio realizado por pediatras de Atención Primaria a 430 niños españoles, y que se incluye dentro del libro 'Psicología y Nutrición', promovida por Kellog*s y que ha sido presentado hoy en un acto al que han acudido los expertos responsables de su elaboración.

Los resultados de la encuesta 'Test Krece Plus' revelaron que cerca del 25 por ciento de los niños tiene unos hábitos nutricionales muy malos, el 57 por ciento presentan un nivel medio, y sólo el 20 por ciento mantiene unos hábitos nutricionales saludables.

En concreto, más del 10 por ciento consume comida rápida, apenas el siete por ciento come verdura más de una vez al día, y sólo la mitad de los niños comen una ración de verdura. Además, en cuanto al consumo de fruta, el 80 por ciento toma una pieza o zumo al día, pero tan sólo el 40 por ciento toma dos o más.

Respecto al desayuno, el presidente de la Fundación para la Investigación Nutricional, Lluis Serra, destacó que un cuatro por ciento no consume lácteos para desayunar, el 73 por ciento consume cereales o derivados, y un 20 por ciento come habitualmente bollería industrial en el desayuno. Por ello, este experto señaló que "no es tan importante desayunar como la calidad de los alimentos".

En este sentido, Serra indicó que "los niños que desayunan solos tienen una calidad mucho menor que aquellos que desayunan acompañados. Comer en conjunto beneficia no sólo desde el punto de vista psicológico, sino también alimentario", subrayó. Además, señaló que "es muy importante también cenar en familia".

UNO DE CADA DIEZ TIENE BUEN NIVEL DE ACTIVIDAD FÍSICA

En cuanto a actividad física, los datos del estudio muestran que el 11 por ciento tiene un nivel bueno de actividad física, el 41 por ciento malo, y el 48 por ciento se mantiene en un nivel medio.

Los expertos observaron una relación entre el peso y el desarrollo psicológico y emocional, y subrayaron que las personas que tienen una sospecha de algún tipo de alteración de carácter psicológico tienen más sobrepeso y obesidad, en concreto el 19 por ciento frente al 12 por ciento. "Hay una tendencia significativa que se mantiene en ambos sexos, pero sobre todo en las mujeres", añadió.

Al igual, la relación entre nutrición y desarrollo psicológico revela la tendencia de que los niños con un desarrollo normal tienen una mejor nutrición, así como la relación con la actividad física, que muestra que los niños con un desarrollo normal tienen unos niveles de actividad física mejores que los niños con una sospecha de alteración psicológica.

Por su parte, el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, Javier Aranceta, apuntó que los hábitos nutricionales están relacionados con la elección de los alimentos, que a su vez está condicionada por aspectos como la percepción sensorial, los recursos económicos o la influencia de la publicidad. Sin embargo, este experto destacó los aspectos psicológicos y la educación nutricional como como los elementos más importantes.

En cuanto al desayuno, destacó que el grupo formado por lácteos, fruta y cereales aún no se completa, y es importante puesto que "influye directamente en el nivel de atención del niño, que supone la primera fase del para incorporar conocimientos nuevos".

En cuanto a los factores desde el punto de vista psicológico, el profesor de la Unidad de Neuropsicología de la facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, Francisco Rodríguez, explicó que "desde que el niño nace empieza a construir la precepción de los alimentos, y las características de los alimentos que son más llamativas, como brillo o color, lo que va a tener una influencia directa en el hambre y en la saciedad".

A su vez, subrayó que la alimentación modifica las emociones del individuo y su estado de ánimo, por lo que alertó de que puede ser un mecanismo muy importante implicado en la obesidad si no se trata de forma apropiada desde el punto de vista psicológico. "Las emociones intervienen no sólo sobre la percepción del alimento, sino también sobre el apetito", apuntó.

ANOREXIA Y BULIMIA

Por otro lado, señaló que cuando hay una patología como la anorexia o la bulimia, existe una presión por parte de la sociedad sobre un modelo de cómo debe ser el cuerpo, hasta el punto en que puede reduce la motivación de alimentarse en el sujeto. "Esta persona se valora y considera según el número de alimentos que ingiere", un efecto negativo que, según explicó este experto, reduce la motivación o tendencia por el apetito.

"Desde el punto de vista social, estas personas tienden al aislamiento, se alejan de situaciones que implican comer con otros, y tienen la sensación de que la comida puede ser una tortura", añadió el doctor Rodríguez, quien señaló que esto produce finalmente una aversión directa hacia los alimentos".

'Psicología y Nutrición' aborda temas como 'cerebro y nutrición, 'la nutrición en niños y adolescentes con alteraciones del desarrollo', o 'trastornos de la conducta alimentaria'.

Fuente: http://ecodiario.eleconomista.es/index.html

domingo, noviembre 30, 2008

Cuando el estrés se hace cotidiano: Vínculos con la depresión melancólica

por: everardo camacho*

El cortisol es una hormona que se libera al torrente sanguíneo de manera natural desde las glándulas adrenales que están situadas en la parte superior de nuestros riñones y que posibilita tener niveles de activación adecuados, referidos como autrés o estrés de niveles sanos por Selye (1936). Él los bautizó como estrés, al equiparar estos procesos fisiológicos con la tensión a la que se somete a un resorte por una fuerza externa (“strain” en inglés).

Cuando un organismo se somete a condiciones de amenaza continua (estrés crónico o nocivo) se puede “descomponer” el sistema de autorregulación del cortisol. Cuando tenemos niveles altos (estrés agudo: intenso en magnitud pero corto en tiempo), el exceso de cortisol a nivel sanguíneo se suspende al detectar que ya hay demasiado. Entre otras cosas, el exceso de cortisol en la sangre inhibe algunas células del sistema inmunológico (nuestro sistema de defensa), haciéndonos más vulnerables a enfermarnos por infecciones virales o bacterianas.

En las condiciones contemporáneas en las que vivimos en las grandes ciudades como Guadalajara, nos exponemos continuamente a situaciones de amenazas reales (tráfico denso y agresivo, posibilidades de colisiones, clima extremo) o amenazas percibidas (interpretaciones amenazantes de la dinámica relacional en la familia o el trabajo) que para algunas personas implica exponerse a condiciones de tensión continua y extendida en el tiempo. Esto puede llevar junto con otros factores (genéticos y de experiencias al nacer) a la desregulación de los niveles hormonales de la activación: CRF y cortisol, teniendo niveles altos, lo que es descrito como hipercortisolemia. Hay varios desórdenes de la salud implicados en la desregulación de este proceso fisiológico, pero uno que aparece con cierta consistencia es la depresión melancólica. Ésta se caracteriza no por una emoción de tristeza sino por la pérdida de la funcionalidad del individuo que cuestiona el sentido de sus actividades normales, pierde el apetito, tiene problemas en el dormir, pierde libido, hay infertilidad y una sobreexcitación anímica espontánea. Cómo sabemos todos, la depresión es un fenómeno altamente extendido en el mundo y un problema de salud mental con más prevalencia en las concentraciones urbanas mayores.

Se estima que entre un 3 y un 5% de la población mundial tiene depresión. Se considera también que del total de enfermos generales, entre un 10 y 20% son depresivos y la mitad de los pacientes psiquiátricos tienen depresión. En las mujeres se presenta una mayor prevalencia (Sartorius y Kielholz, 1973). Estos datos indican el alto costo social que implica esta problemática en el mundo y, desde una perspectiva individual, la pérdida en la calidad de su vida de muchos seres humanos.

Si aplicamos dexametasona (una sustancia sintética semejante al inhibidor natural del cortisol) en individuos sanos, los niveles de cortisol deben disminuir. En personas con depresión melancólica cuando se aplica esta sustancia, los niveles de cortisol no disminuyen, lo que indica el daño al sistema autoregulatorio de estos sistemas hormonales. De hecho en algunos casos, se reporta que este dato es potencial predictor de intento suicida en personas deprimidas. (Coriell y Schlesser, 2001).

Asimismo, existen estudios que encuentran altas correlaciones entre niveles de ansiedad y depresión evaluados psicométricamente, lo cual confirmaría de cierta manera los planteamientos arriba descritos.
En el laboratorio de psicofisiología del ITESO estamos desarrollando una investigación que permita replicar algunos de estos hallazgos, para detectarlos tempranamente e intervenir de una forma más integrada para una mejor resolución de los mismos. Desde la perspectiva farmacológica la administración de antagonistas de glucocorticoides suprime los síntomas enumerados de la depresión melancólica. Por otra parte, las intervenciones psicológicas orientadas a la activación física, la ocupación mental del individuo en actividades diversas y la recuperación gradual para obtener gratificación de ellas, son parte de los tratamientos actuales para combatir este trastorno.

En términos preventivos el aprendizaje de formas de afrontamiento a las presiones y estresores a las que nos vemos todos sometidos en las ciudades en la vida contemporánea, así como la reestructuración cognoscitiva y estrategias de relajación, descanso y esparcimiento son herramientas poderosas desde la psicología que permitirán por un lado mejorar la calidad de vida de los individuos y por otra, ahorrar los altos costos que implican las enfermedades asociadas a la hipercortisolemia, entre otras el gran problema de nuestro tiempo: la depresión.

* Jefe del Departamento de Salud,
Psicología y Comunidad, del ITESO.