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sábado, abril 09, 2016

Salud y felicidad





“La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre.”
Carl Gustav Jung

En el modelo explicativo integral del ser humano, defendido desde hace milenios por la filosofía oriental y bastante aceptado en occidente, por avalarlo ya investigaciones científicas fíables, se contempla al hombre como una compleja red de dimensiones que interactúan entre sí: la emocional, la física, la mental, la social, la familiar y hasta la espiritual.

La respuesta biológica del organismo a los conflictos emocionales no resueltos, se convierten en una vía de esperanza para la sanación, siempre que se lean con conciencia esos mensajes que los síntomas y las enfermedades nos revelan. Digamos que el cuerpo le presta su voz al alma para que exprese sus heridas. Atender a esa llamada nos compromete a realizar un esfuerzo de transformación, pero la sordera puede costarnos realmente la vida.

Si tuviésemos que escribir una simple fórmula para la salud, en ella incluiremos dos elementos: el amor y la seguridad. Con desamor y miedo el organismo humano se debilita, se desgasta, se bloquean los sistemas de crecimiento y reparación, bajan las defensas y sobreviene la enfermedad.

¿Te has preguntado alguna vez qué emociones acompañaron los días previos a tu último catarro? ¿Qué pasa con tus relaciones cuando tu piel se enferma? ¿Cuál fue el mensaje que no quisieras haber oído antes de aquella molesta otitis que padeciste? ¿Qué te callaste o qué no debiste decir cuando tuviste faringitis? ¿A qué temes de día cuando padeces bruxismo de noche? ¿O qué te tiene tan alerta de lo que te rodea cuando padeces insomnio? ¿Cuánta rabia guardaste para enfermar tu hígado? ¿A quién hubieses mordido mientras optabas por complacer viendo como las caries hacías mella en tu dentadura?…

Como escribió el Dr. Edward Bach “La verdadera salud es felicidad, una felicidad muy fácil de seguir porque es la felicidad de las cosas pequeñas; hacer las cosas que realmente nos gusta hacer, estar con las personas que realmente nos agradan.”


http://planosinfin.com/

jueves, abril 24, 2014

NATURALEZA Y UNIVERSO



Ha llegado el momento de que seáis verdaderamente libres, debéis abandonar esta vida artificial y comprender que ya no os sirve, entender que detrás de la naturaleza existe una voluntad inteligente, que todo lo equilibra, que todo lo armoniza, buscando siempre lo mejor para el conjunto y para las manifestaciones individuales, con el mínimo esfuerzo, de manera delicadamente suave, abriendo el corazón a una experiencia inolvidable donde la propia Naturaleza interna, la sabiduría de vuestra esencia, reconoce cada Ser que habita el espacio. Ya no habrá atacantes ni víctimas en la Naturaleza, no habrá aire sucio ni limpio, solo habrá belleza y equilibrio.

Las plantas hablan a quienes quieren escucharlas, dicen palabras de amor al viento, son sutiles, cantan y a veces sonríen suavemente, pero su risa, a diferencia de la risa humana, puede durar horas y días; y es más armónica y espectacular. Las piedras también hablan, hablan de movimientos, de cambios, de quietud, hablan de paz y silencio absoluto, hablan de consciencia. El viento también habla, trae pensamientos lejanos, guía, empuja y se endulza cuando hay enamorados cerca. Todos los animales hablan, algunos no saben que decir porque llevan muchos años atados o encerrados, se sienten deprimidos, otros cantan, se ríen de los humanos e incluso cantan al cielo en forma de rezos, también admiran, temen, sienten, intuyen, escuchan cosas que vosotros no escucháis. Los ríos cantan y susurran, tienen pensamientos sutiles, abstractos, son arte y movimiento constante, les gusta sentirse bellos y se admiran a sí mismos. A estas voces, a estos sentimientos, se les llamó siempre los devas y los elementales de la naturaleza. Vuestra mente los apartó de la materia para comprender su inteligencia, así, para un ser humano normal, “una piedra no piensa, no puede pensar, no puede hablar, pero un espíritu de la naturaleza que la ronda, es posible, de todas formas si no lo ha escuchado, ¿de qué le sirve saber esto?” Ahora imaginad que está unido, que el espíritu de la piedra es la misma piedra, no hay diferencia. ¿Qué ocurriría si un ser humano aplastase esa piedra? El espíritu desaparecería igualmente. Y si el espíritu desaparece, ¿a dónde va esa energía de temor que la piedra sintió al ser atacada? Los hombres y mujeres del planeta no saben, aplastan piedras, arrancan árboles, contaminan ríos y mares, ensucian el aire, ignoran que la Naturaleza grita, teme o se entristece. Se han olvidado. Y entonces, si es así: ¿Quién es ahora el demente? ¿Quién perdió la inteligencia natural? ¿Quién olvidó su origen? ¿El ser humano, las plantas, la naturaleza? Hay tantos seres humanos que dicen que no se puede hacer nada, que son otros los que castigan… Pero sois todos vosotros, cada vez que olvidáis que no son seres entregados para vosotros, que la naturaleza no debe estar esclavizada a vuestra discreción, que es materia viva, que piensa, siente, recuerda. Olvidáis eso y olvidáis respetar lo más básico, la vida del universo

Podéis recuperar esa consciencia de inteligencia comenzando a respetaros unos a otros, respetar el aire, dejar la ingestión de tóxicos, no por uno mismo, sino por el mismo planeta, dejar de comer animales por el mismo planeta, por los mismos animales, dejar atrás los productos contaminantes, tantos productos contaminantes, geles, cremas, champús, jabones… no sois conscientes de lo que hacéis, habéis olvidado quienes sois pero en vuestra mano está el poder cambiarlo. Y ahora, si las plantas, los ríos, los mares, el viento, los animales y todo lo que podéis y no podéis ver piensa, si es inteligente, si es sabio ¿qué pensarán esos seres de vosotros?

Angel Luis Fernández.

martes, septiembre 10, 2013

El rescate necesario de la sensibilidad ecológico-social - Leonardo Boff

Del 19 al 23 de agosto se celebró en la ciudad de Copenhage el XIX Congreso internacional de la Psicología Analítica de C.G. Jung, en el cual participé. Había cerca de 700 junguianos, venidos de todas las partes del mundo, hasta de Siberia, China y Corea. En su gran mayoría analistas experimentados, muchos de ellos autores de libros relevantes en este área. Predominó una tónica: la necesidad de la psicología en general y de la analítica junguiana en particular de abrirse a lo comunitario, a lo social y a lo ecológico.

Esta preocupación sale al encuentro del propio pensamiento de C.G. Jung, Para él la psicología no tenía fronteras entre cosmos y vida, entre biología y espíritu, entre cuerpo y mente, entre consciente e inconsciente, entre individual y colectivo. La psicología tenía que ver con la vida en su totalidad, en su dimensión racional e irracional, simbólica y virtual, individual y social, terrenal y cósmica y en sus aspectos sombríos y luminosos. Por eso le interesaba todo: los fenómenos esotéricos, la alquimia, la parapsicología, el espiritismo, los platillos volantes, la filosofía, la teología, la mística occidental y oriental, los pueblos originarios y las teorías científicas más avanzadas. Sabía articular estos saberes descubriendo conexiones ocultas que revelaban dimensiones sorprendentes de la realidad. De todo sabía sacar lecciones, hipótesis, y abrir posibles ventanas sobre la realidad. Por eso, no cabía en ninguna disciplina, motivo por el cual muchos lo ridiculizaban.

Esta visión holística y sistémica necesitamos hacerla hoy hegemónica en nuestra lectura de la realidad. En caso contrario, quedamos rehenes de visiones fragmentadas que pierden el horizonte del todo. En esta diligencia Jung es un interlocutor privilegiado, particularmente en el rescate de la razón sensible.

Suyo fue el mérito de haber valorizado e intentado descifrar el mensaje escondido en los mitos. Estos constituyen el lenguaje del inconsciente colectivo. Este posee relativa autonomía. Nos posee a nosotros más de lo que nosotros lo poseemos a él. Cada uno es más pensado de lo que propiamente piensa. El órgano que capta el significado de los mitos, de los símbolos y de los grandes sueños es la razón sensible o la razón cordial. Ésta ha sido colocada bajo sospecha en la modernidad pues podría oscurecer la objetividad del pensamiento. Jung siempre fue crítico del uso exacerbado de la razón instrumental-analítica pues cerraba muchas ventanas del alma.

Es conocido el diálogo que en 1924-1925 mantuvo Jung con un indígena de la tribu Pueblo en Nuevo México. Este indígena pensaba que los blancos estaban locos. Jung le preguntó por qué los blancos estarían locos. A lo que el indígena respondió: “Ellos dicen que piensan con la cabeza”. “Claro que piensan con la cabeza”, replico Jung, “¿cómo piensan ustedes?”, preguntó. Y el indígena, sorprendido, respondió: “Nosotros pensamos aquí” y señaló el corazón (Memórias, Sonhos, Reflexões, p. 233).

Este hecho transformó el pensamiento de Jung. Entendió que los europeos habían conquistado el mundo con la cabeza pero habían perdido la capacidad de pensar y sentir con el corazón y de vivir a través del alma.

Lógicamente no se trata de abdicar de la razón –lo que sería una pérdida para todos– sino de rechazar el estrechamiento de su capacidad de comprender. Es preciso considerar lo sensible y lo cordial como elementos centrales en el acto de conocimiento. Permiten captar valores y sentidos presentes en la profundidad del sentido común. La mente es siempre incorporada, por lo tanto, impregnada de sensibilidad y no sólo cerebrizada.

En sus Memorias dice: “hay tantas cosas que me llenan: las plantas, los animales, las nubes, el día, la noche y el eterno presente en los seres humanos. Cuanto más incierto me siento sobre mí mismo, más crece en mí el sentimiento de mi parentesco con todo” (361).

El drama del ser humano actual es haber perdido la capacidad de vivir un sentimiento de pertenencia, cosa que las religiones han garantizado siempre. Lo que se opone a la religión no es el ateísmo o la negación de la divinidad. Lo que se opone es la incapacidad de ligarse y religarse con todas las cosas. Hoy las personas están desenraizadas, desconectadas de la Tierra y del ánima, que es la expresión de la sensibilidad y de la espiritualidad.

Para Jung el gran problema actual es de naturaleza psicológica. No de la psicología entendida como disciplina o solamente como dimensión de la psique. Sino de la psicología en sentido integrador, como la totalidad de la vida y del universo en cuanto percibidos y articulados con el ser humano. Y en este sentido escribe: “Es mi más profunda convicción que, a partir de ahora, hasta un futuro indeterminado, el verdadero problema es de orden psicológico. El alma es el padre y la madre de todas las dificultades no resueltas que lanzamos en dirección al cielo” (Cartas III, 243).

Si no rescatamos hoy la razón sensible, que es una dimensión esencial del alma, difícilmente nos movilizaremos para respetar la alteridad de los seres, amar a la Madre Tierra con todos sus ecosistemas y para vivir la compasión con los que sufren en la naturaleza y en la humanidad.