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jueves, agosto 27, 2015

Las suposiciones: ¿Por qué se convierten en nuestro peor enemigo?




Buda dijo que “ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos” y esta frase viene como anillo al dedo al caso de las suposiciones.


Cada día hacemos cientos de suposiciones aunque no nos demos cuenta de ello. Cuando conversamos con un colega de trabajo, cuando vamos por la calle, cuando tomamos un café en el bar y hasta cuando compramos. Sin embargo, lo más interesante es que todo este proceso ocurre prácticamente fuera de nuestra conciencia. Suponemos muchas cosas pero no somos conscientes de la influencia de este tipo de pensamiento. De hecho, las suposiciones se convierten en unos compañeros en el viaje de la vida pero apenas las notamos.


Pero… ¿qué son las suposiciones?

Suponer implica hacer conjeturas en base a los indicios que tenemos para llegar a una conclusión que damos por cierta, aunque existen buenas probabilidades de que no lo sea. El principal problema de las suposiciones es que las damos por sentado, no las cuestionamos, las asumimos como una verdad absoluta cuando realmente se trata tan solo de una posibilidad dentro de un amplio abanico de opciones.


El ejemplo más clásico es el la mujer que espera al esposo en casa y este se ha retrasado. Esta comienza a unir cabos (siguiendo una lógica que existe solo en su mente) y concluye que no ha llegado porque está siéndole infiel. En realidad, si la persona es insegura y celosa, tendrá la tendencia a interpretar cualquier situación como un indicio de infidelidad y, por tanto, llega a una conclusión (que puede ser cierta o no) pero que ella considera como verídica al 100%.


De esta forma, creamos un drama de una idea errónea. Hacemos suposiciones de cómo los demás piensan, sienten y actúan. Y lo peor es que reaccionamos emocionalmente a esta idea porque pensamos que es cierta. Y ya sabemos que nuestro cerebro no discrimina mucho entre la realidad y lo que cree que es la realidad. Es decir, retomando el ejemplo anterior, al cerebro de esta mujer poco le importa que el esposo le esté engañando realmente o no, se ha convencido de que esto es cierto y reacciona enfadándose y entristeciéndose.


Como podrás imaginar, las suposiciones son la fuente de muchísimas discusiones y conflictos en las relaciones interpersonales porque la persona parte de una base que considera cierta y se cierra a otros argumentos.


¿Por qué suponemos?


Nuestro cerebro odia la incertidumbre y el caos, como si de una secretaria eficiente se tratase, le encanta programar, organizar, encasillar, sacar conclusiones. En fin, darle un sentido al mundo que nos rodea y a las cosas que nos suceden.

El problema comienza cuando suceden cosas que no tienen mucho sentido, cuando nos sentimos inseguros y desconfiados. En esos casos buscamos señales del medio para encontrar una explicación. Sin embargo, no somos capaces de valorar de manera objetiva todas esas señales sino que elegimos los trozos de la realidad que nos sirven para darle sentido a una u otra hipótesis. Apenas llegamos a una conclusión que nos satisface (y puntualizó satisface porque esta suposición debe encajar perfectamente con el sistema de creencia que ya tenemos formado para que en nuestro cerebro amante de la organización no se arme un caos) la adoptamos como válida.


Por ejemplo, en estos últimos años en Europa se ha desarrollado un fuerte sentimiento xenófobo. En realidad, existen razones en pro y en contra de la llegada de personas extranjeras pero aquellos que ya tenían la semilla de la xenofobia (un sistema de creencias anterior) solo tomarán los ejemplos negativos obviando los positivos.

¿Se puede dejar de suponer?


En verdad, dejar de suponer es complicado porque es un mecanismo natural, una tendencia muy arraigada a buscar respuestas y explicaciones. Lo realmente importante es aprender a concienciar nuestras suposiciones y disminuir su impacto. Por eso, la próxima vez que estés suponiendo algo, antes de darlo por válido, pregunta.

De hecho, preguntar y buscar opiniones externas es la mejor manera que tenemos para ampliar nuestros horizontes e incluir nuevas perspectivas en nuestros análisis. Si una persona llega tarde a una cita, no supongas, simplemente pregúntale qué sucedió cuando llegue. Si te ha parecido que tu jefe te ha mirado de una forma extraña, no supongas que la tiene cogida contigo, no desarrolles ideas paranoicas, espera a que llegue el momento oportuno y pregúntale.

viernes, agosto 14, 2015

Lo que no debemos aprenderle a la Sirenita



¿Disney nos enseña la lección equivocada? POR: Susana Miyar

Por si tú no lo habías notado, te dejamos estos horrendos comportamientos que sólo le funcionaron a la Sirenita porque es una caricatura...

1. Drama, drama, drama

Si bien cuando éramos pequeñas Ariel nos parecía la mujer más apasionada del planeta y sentíamos que Tritón se comportaba como todo un patán por regañarla, poniendo un poco de atención nos dimos cuenta de que la niña tiene apenas 16 años…

No sé a ustedes, pero ahora nos parece razonable la reacción, considerando que la jovencita irresponsable decidió ir a ver bailar a los seres viles que se comen a los vecinos.

Este punto no tiene mucho que ver con tu vida amorosa, simplemente teníamos que mencionarlo porque, tanto en las relaciones como en la vida, los papás casi siempre tienen la razón. Si tienes dudas, acércate a las personas que ya pasaron por esta etapa de la vida. Los papás son sabios, ¡escúchalos!

2. Cambiar todo lo que eres por un hombre

Esta es posiblemente la peor enseñanza que nos dejó la Sirenita. La niña cambia hasta de especie con tal de perseguir al chico que le gusta. No importa si lo que necesitas hacer para agradarle es tan sencillo como cambiar tus hábitos o tan radical como cortarte la cola, comprometer quien eres por agradar a los demás implica que tu relación no será auténtica y, más adelante, te causará muchos problemas.

Mantén tu identidad sin importar con quién estés. Ser tu misma es mucho más importante que amoldarte a las expectativas de los demás. Si quieres que tu relación funcione no te conformes, no te acomodes y muéstrate tal y como eres. Si él es para ti, te querrá exactamente así y si no… hay muchos peces en el mar.

3. Calladita te ves más bonita

Una mujer que no habla y no opina es mejor recibida por los hombres, o al menos eso es lo que nos hacen creer en esta película. Si no hubiera sido por la intervención de Úrsula, Eric se hubiera quedado con Ariel, la muda. ¿Te suena romántico? Piénsalo dos veces…

El príncipe se encuentra a una niña que no puede ni caminar, enredada en tela sucia y con terribles modales, ¿pero en dos días está casi listo para quedarse con ella para siempre simplemente porque está guapa y le gustan los caballos?

Posiblemente lo más importante en una relación es la comunicación. Simplemente parpadear con tus grandes pestañas no basta para resolver los problemas que se te presentarán a lo largo de tu vida de pareja. Si algo no te gusta, ¡háblalo! Tu relación será mucho más sana si resuelves los conflictos en el momento en que se presentan usando tus palabras.

4. Dos mundos distintos

Las historias de “dos mundos” no existen en la vida real. Es bastante complicado un matrimonio sin agregarle el hecho de que tu pareja solía vivir de plancton. Si no tienen algo en común más allá de la atracción física, su vida será muy difícil. Necesitas encontrar una pareja con quien puedas divertirte, pero con quien también compartas creencias e ideales.

5. Aferradas

Mucho antes de que existiera Facebook, la Sirenita era una stalker del terror. En la superficie podría parecer como una joven que lucha por lo que quiere pero si lo analizamos a fondo es simplemente una niña muy, muy desubicada.

Ariel es una adolescente que pone su vida en peligro para perseguir a un chico guapo y cuando la regañan por traviesa huye de su casa, se vende a sí misma por la oportunidad de perseguir al chico, se mete en su vida y desde el día que lo conoce se va a vivir con un completo desconocido que además de todo, ¡intenta comerse a sus amigos!

¿En qué planeta llega uno a cenar a una casa ajena, descubre que el amigo de su padre está siendo rostizado para cenar y decide quedarse para el postre?

Cuando algo no es para ti, simplemente no lo es. Si estar con él es más trabajo que ser soltera, estás en la relación equivocada. Tal vez haya funcionado para Ariel, pero en la vida real este comportamiento es catastrófico.

Arriesgar tu vida por un amor suena demasiado dramático, ¿pero cuantas veces no te has encontrado a ti misma en una relación que racionalmente sabes que no es adecuada, pero eres incapaz de alejarte? Los amores destructivos no valen la pena, no importa que tanto te duela dejarlos ir.

Al final del cuento de Disney, Ariel recibe su final feliz, pero la historia original de Hans Christian Andersen cuenta un desenlace mucho más realista. Después de que la sirena deja todo por el príncipe, él la deja y se queda con otra chica (considerablemente más auténtica).

Así que deja atrás todas las “enseñanzas” de la caricatura y recuerda lo más importante: Se tú misma.

miércoles, octubre 16, 2013

¿Adicción al drama?



En la cultura popular "hacer un drama" es montar una escena llena de reclamos y desborde emocional. Sin embargo, también puedes tener adicción al drama si te sientes víctima de las circunstancias, te enfrascas en discusiones repetitivas sin resoluciones, o bien, si la forma en que manejas tus emociones te perjudica más de lo que te beneficia.

¿Tienes discusiones predecibles? Es decir, que te envuelves en escenas dónde ya sabes qué sigue puesto que has vivido muchas veces la misma situación, inclusive pueden existir temas en particular que desencadenan estas situaciones repetitivas, podrían ser generadas por cuestiones de dinero, de puntualidad o por desconfianza y celos. El punto es, que ya sabes quién va a reaccionar de forma desbordada, quién se ofende, quién cede, quién se evade, quién usará chantaje emocional, o bien quién va evitar responder a lo que se le pregunta a través de explotar en su expresión de enojo de forma más intensa que su interlocutor.

"La Adicción al Drama es la inhabilidad de crear escenas con nuevas posibilidades de resolución".
tomado del libro "Relaciónate sin Drama con tu Pareja"

Desde que somos niños vamos percibiendo y capturando en nuestra memoria, escenas que se desarrollaban en nuestro entorno familiar y social, así como las situaciones que se presentaban en los programas de televisión. De tal forma, vamos creando un registro de cómo reaccionar ante ciertos temas o como conducirnos al experimentar determinadas emociones; es decir, que vamos definiendo cómo se debe "actuar" según los parámetros de nuestra propia cultura.

Estas actuaciones son automatizadas por nuestro cerebro, así como otras miles de operaciones mentales que hacemos sin darnos cuenta; de tal forma que solemos reaccionar ante los estímulos por costumbre y repetición más que por la elección de conducirnos de una manera inteligente para obtener mejores resultados.

Por ejemplo, algunas personas han grabado dentro de sus posibles actuaciones ante el enojo y la frustración, conductas agresivas: hablando con un volumen de voz muy alto, rompiendo cosas, azotando puertas, utilizando frases hirientes y ofensivas, o bien, golpeando a los demás o haciéndose daño a sí mismos. Todas estas actuaciones exageradas son drama, y tal vez así hayamos visto reaccionar a nuestros familiares y asumimos que es lo "normal", sin embargo, estos dramas en un contexto más amplio que nuestro minúsculo círculo familiar, son sencillamente ineficaces, innecesarios e inaceptables para la convivencia en un grupo más diverso.

Tener adicción al drama significa tener una perspectiva rígida ante las situaciones y actuar de la misma forma obteniendo resultados similares, convirtiéndote en un personaje predecible, que no considera otros ángulos o puntos de vista, es decir, que no cuestionas tus propias reacciones ni tienes la costumbre de auto-observarte y preguntarte a ti mismo ¿estoy sobre-actuando lo que siento? ¿la forma en la que estoy actuando generará los resultados que verdaderamente deseo?

Existen un sinfín de posibilidades de reaccionar ante cualquier situación o cualquier emoción, es a través de reconsiderar los elementos de una escena y observar a otras personas manejar sus emociones, que puedes aprender o desarrollar nuevas formas de hacerlo, en algunas ocasiones lo harás por imitación y en otras, por asociación negativa, por ejemplo, descubrirás que hay sobre-actuaciones que se salen del contexto y resultan ridículas, entonces podrás decidir "yo no me quiero ver así".

Todas tus emociones son válidas, el enojo, frustración, inseguridad, tristeza, miedo, sin embargo, cómo te conduces con estas emociones puede no serte tan útil o constructivo para tus relaciones.

Libérate de las discusiones viciadas y la Adicción al Drama, atreviéndote a romper las escenas repetitivas con nuevas actuaciones, piensa ¿cuál sería mi reacción típica? Y escoge una opción diferente, esto obligará a los demás a salirse del "guión", dejar de conducirse en automático y reconsiderar la escena para responder. Los posibles resultados son incontables, y algunos de ellos pueden no asemejarse a tus expectativas o bien, parecerte peores que los resultados conocidos, sin embargo, no desistas y utiliza tu creatividad para estimular las escenas con nuevos elementos, hasta lograr resultados constructivos en tu vida.



Nuria Suárez Castro
Terapeuta Emocional por Objetivos
Autora del libro: "Relaciónate sin Drama con tu Pareja"