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martes, septiembre 06, 2016

¿Le cuento todo mi pasado sexual a mi pareja?



Dos mujeres de diferente latitud y cronología, la una de Colombia con 27 años y la otra de Puerto Rico con 56 me plantearon esta inquietud desde su orilla experiencial.

La chica colombiana me planteó: no sé qué hacer, necesito su ayuda. Estuve asistiendo a terapia con mi pareja y la psicóloga en la última sesión nos pidió a ambos que reveláramos todo sobre nuestras parejas sexuales anteriores, nombres y detalles. Y después de esa sesión mi matrimonio se convirtió en un infierno.

jueves, enero 07, 2016

NUESTROS HIJOS NOS VEN SIEMPRE APURADOS


Nos apuramos porque llegamos tarde, porque la comida no está lista, porque es de noche, porque empezamos el día, porque con mucho esfuerzo acabamos una actividad y no alcanzamos a la siguiente. Nuestros hijos nos ven siempre apurados, y nos ven cansados luego de terminar el día. No hablamos de ser padres perfectos, ese ideal que está en el imaginario, y a veces nos tortura. Se trata de estar atentos para captar esos momentos trascendentales y no dejarlos ir, no pasarlos por arriba, justo ahí, cuando están pidiéndonos ayuda en algo, o que los miremos realmente; cuando nos dicen “ven mira… (acá estoy)”, y nosotros corremos tras algo, para rendir nuestra vida ¿a quién?; ahí estas dejando ir “el instante necesario”.

A menudo, nos ocupamos de llegar a quienes no les importamos realmente, y a quienes les importamos profundamente, no le damos el tiempo, ese momento de calidad que están necesitando. Cuando se trata de leerles un cuento, de acompañarlos a dormir, de bañarlos, de cenar juntos, de hacer una tarea en conjunto, estamos apurados siempre. La humanidad está afectada por el virus del apuro, y se lo contagiamos a los niños. Y luego, lo ilógico, la sociedad enferma los quiere curar, de lo que seguirán contagiándolos día a día.

Tenemos tiempo para todo, no digamos que es falta de tiempo; ¿sabes qué es? Es miedo, falta de costumbre, incomodidad ante la intimidad y quietud. Es extraño estar en ese pequeño, pero profundo e insondable momento de mirar a tu hijo a los ojos y encontrarte con todo, en la nada. Sin pensar que hay algo que estas dejando, solo vivir ese instante, que cura, que alivia, alegra, y que tanto necesitas tú y tu hijo. Es estar sin nada en tus manos, ni en tu mente, dispuesto a no perderte lo importante. Sin que esto signifique dejar de trabajar, hacer la comida, ordenar la casa, responder a tus responsabilidades. No necesitamos más horas, no es cuantitativo, es cualitativo, es de calidad.

Basta de estar apurados. Esto dijo una vez Carl Honoré, periodista canadiense que publicó dos libros al respecto “Elogio a la lentitud” y “Bajo presión”. Carl se reconoce como ex adicto a la velocidad: “Cuando cada noche le leía un cuento a mi hijo, me salteaba líneas, párrafos, e incluso páginas, en un intento de acortar un poco la historia”. Un día descubrió el libro “Cuentos en un minuto para dormir”, y su entusiasmo por contar un cuento en 60 segundos a su hijo, lo despertó! “De pronto me paré “hasta dónde había llegado”…

Carl Hanoré es ahora el gran defensor del movimiento “slow”, que intenta recuperar la calma perdida de la sociedad actual. Describe este movimiento como “una revolución cultural”. Carl reconoce que el cambio que propone, y que él mismo inicio en su vida, lo hizo más feliz, productivo, con relaciones humanas más profundas, y obviamente, los cuentos que le lee a su hijo, tienen todas las palabras y páginas.

Los niños están ansiosos, nerviosos, acelerados ¿Cómo estamos nosotros? Nos piden que les enseñemos a darle importancia a la quietud; que, por favor, aprovechemos esos momentos que dejan huellas en el alma, memoria de amor y dedicación en sus recuerdos.

Si estas apurado, anda despacio, si estas apurado lleva tu a hijo a la plaza, léele un cuento o ponte a jugar; si se hace tarde, peina a tu hijo como si nada más importara. Si no llegas, pregúntate a qué no estas llegando, o más bien, a quién…

-Nancy Erica Ortiz-

miércoles, diciembre 02, 2015

No me di cuenta que tengo un pedacito de cielo





Un campesino cansado de la rutina del campo y de tanto
trabajo duro, decidió vender su finca. Como sabía que su
vecino era un destacado poeta, decidió pedirle el favor que
le hiciera el aviso de venta. El poeta accedió
gustosamente. El aviso decía:

"Vendo un pedacíto de
cielo, adornado con bellas flores y verdes árboles,
hermosos prados y un cristalino río con el agua más pura
que jamás hayan visto".

El poeta tuvo que marcharse por
un tiempo, pero a su regreso decidió visitar a sus nuevos
vecinos, pensando que aquél hombre del aviso se había
mudado.

Su sorpresa fue mayor al ver al campesino trabajando
en sus faenas. El poeta preguntó: ¡Amigo! ¿No se iba de
la finca? El campesino con una sonrisa le respondió: -No mi
querido vecino, después de leer el aviso que ud me hizo,
comprendí que tenía el lugar más maravilloso de la tierra
y que no existe otro mejor...

Revisa cuán maravillosa es tu vida, tu hogar, tu familia, tu trabajo, lo que has logrado y da gracias.


"Nacimos para ser Felices, no para ser
Perfectos... El amanecer es la parte mas bonita del día
porque es cuando la divinidad  te dice: " levántate! Te regalo
otra oportunidad de vivir y comenzar nuevamente de mi
mano".
.
Los días buenos te dan FELICIDAD, los días
malos te dan EXPERIENCIA, los intentos te mantienen FUERTE,
las pruebas te mantienen HUMANO, las caídas te mantienen
HUMILDE.

martes, septiembre 08, 2015

Dormir como un conejo



SILVIA ÁLAVA*Actualizado: 07/09/2015 05:42 horas

'El conejito que quiere dormirse' es el título del libro de Carl-Johan Forssén Ehrlin, donde en forma de relato infantil, se combinan diversas técnicas de psicología para facilitar el sueño de los más pequeños.

La historia se basa en el conejito Carlos, que pese a que quería quedarse dormido, no podía; su papá y sus hermanos se dormían con facilidad, pero él no era capaz de hacerlo. A través de los cuentos y de los personajes animados, los niños son capaces de empatizar con los protagonistas, el niño con dificultades para conciliar el sueño se verá identificado con el conejito Carlos, además para facilitar dicha conexión, el autor pide al lector del cuento que nombre al niño utilizando su nombre propio para que acompañe al protagonista de la historia a lo largo del cuento, y que vaya haciendo las técnicas de relajación propuestas por los diferentes personajes del libro (el Tío Bostezo, el Caracol Durmiente, el Búho de Ojos Pesados....)

Al igual que les pasa a los niños que tienen dificultades para dormirse, el problema del conejito Carlos, es que está convencido de que él no puede dormir, y se repite continuamente, que no se puede dormir, pese a estar cansadísimo en lugar de pensar en dormir, piensa en que él no puede dormir y la cantidad de cosas que podría estar haciendo si no estuviera en la cama. Con la ayuda de los diferentes personajes, Carlitos, va cambiando su forma de pensar y al final del cuento es capaz de verbalizar que él también podrá quedarse dormido. Esta técnica en psicología se llama "autoinstrucciones", se trata en caer en la cuenta cómo nos hablamos a nosotros mismos, que en estos casos, suele ser de forma negativa, así el conejito se decía que él no podía dormir. El objetivo consiste en cambiar ese lenguaje interno negativo de "yo no me puedo dormir", por uno positivo: "Conciliaré el sueño rápido y mañana me quedaré dormido aún más rápido". Pero además es importante que el niño se lo crea, en ocasiones no basta con que se lo digan sus padres, como ocurría con la mamá conejo, si no que el niño tiene que experimentarlo por él mismo.

Otra variable que influye en que los niños no sean capaces de dormirse solos es que están muy tensos, por eso conviene practicar con ellos alguna técnica de relajación. En el libro son el Caracol Durmiente y el Búho de Ojos Pesados quienes le enseñan al conejito Carlos dos técnicas de relajación. La primera consiste en enlentecer todos los movimientos, de esa forma el cuerpo irá relajándose y cada vez notará más el cansancio. La segunda técnica se trata de una adaptación de la relajación muscular, en la que el Búho le pide a Carlos y al niño al que está dirigido el cuento que se concentre en el peso de las diferentes partes de su cuerpo, como los pies, las piernas, los brazos...

Las preocupaciones, las tareas pendientes, los problemas sin resolver... es otra de las variables que conviene controlar antes de irse a la cama, porque tanto en niños como en adultos interfieren a la hora de conciliar el sueño, e incluso pueden llegar a despertarnos a media noche. Por eso la mamá conejo le pide a Carlitos que apunte en un papel todas esas cosas que le preocupan o que quiere hacer, para dejarlos en una caja, apartados y le dice que a la mañana siguiente tendrá la respuesta a todos sus pensamientos. Ésta es una técnica que tanto los niños como los adultos pueden hacer. Cuando nos acostamos con tareas pendientes por realizar, nos es más difícil relajarnos, por eso si hay cosas que nos ha dado tiempo hacer, dejarlo apuntado en un papel, o una libreta para resolverlo a la mañana siguiente, o en el momento que corresponda, ayudará a liberar nuestra memoria a corto plazo, y nos será más fácil conciliar el sueño. Prueba a dejar apuntado al salir de la oficina las tareas pendientes para el día siguiente, o en la fecha que corresponda resolverlo, es una buena fórmula dejar citados los problemas que no son de resolución inmediata, para que no interfieran en el resto de nuestras rutinas.

A pesar de todas las técnicas que hemos comentado, aún hay niños a los que les sigue costando quedarse dormidos, siguen pensando que ellos no pueden dormir. Por eso en psicología es habitual utilizar placebo, es decir darles algo completamente inocuo, como los polvos del sueño que le da el Tío Bostezo a Carlitos, para incrementar la confianza en sí mismo, y lograr de ésta forma conciliar el sueño más rápido. El efecto del placebo es tan potente, que se ha descrito incluso en bebés de meses de edad.

No nos podemos olvidar del efecto del entrenamiento, así, al final del libro el conejo Carlitos es capaz de quedarse dormido cuando él quiere, y está convencido que cada día que pase tardará menos en quedarse dormido. Las técnicas de relajación hay que entrenarlas, y cuanto más se practiquen más efecto tendrán, y de una forma más rápida.

Utilizando la combinación de diversas técnicas citadas, conseguiremos que los niños se relajen, confíen en que ellos se pueden dormir y que cada vez tarden menos en conciliar el sueño. Es importante que los niños aprendan a dormirse por ellos mismos, que no necesiten la presencia del adulto. Dormir es una de las necesidades fisiológicas básicas y es fundamental desarrollar la autonomía en los niños, que aprendan a controlar ellos mismos sus necesidades fisiológicas básicas. De esta forma conseguiremos que sean más seguros, desarrollen mayores competencias a todos los niveles y a la larga también serán más felices.

*Silvia Álava es psicóloga y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes.

jueves, septiembre 04, 2014

El Rey y el Joven - cuento



Había una vez un rey que amaba a su pueblo y acostumbraba disfrazarse como un mendigo para poder observar las vidas de sus súbditos sin ser reconocido.

Un día notó a un joven sentado junto a la fuente de una plaza, con la mirada perdida en la distancia en serena contemplación. Se acercó al joven y le preguntó qué hacía. Volviendo su mirada hacia el rey disfrazado, le respondió, con los ojos tan llenos de amor que el rey se sintió sobrecogido: “Estoy observando mi reino”. Aunque esta respuesta normalmente habría sido una gran ofensa para el monarca –después de todo, era su reino, no el del chico–, él se sintió tan conmovido por la profunda presencia del joven que no supo cómo responder. Dio vuelta y regresó apresurado al castillo en total desconcierto.

En los días siguientes, el rey se aseguró de visitar siempre al joven durante sus viajes al pueblo. Cada vez que lo veía, le hacía la misma pregunta, y cada vez recibía la misma mirada de profunda paz e inocente amor, y la misma enigmática respuesta: “Estoy observando mi reino”.

Después de mucho pensarlo, el rey concluyó que este joven no era un tonto insolente, sino un gran sabio, y decidió revelarle su verdadera identidad y pedirle que viniera a pasar la noche en el castillo. Él quería descubrir el secreto de la iluminación de este chico y lograr esta misma experiencia interna de libertad.

Una vez que se quitó su disfraz en una revelación dramática y triunfalista de su verdadera identidad, el rey fue un tanto sorprendido por la respuesta despreocupada y en apariencia desinteresada del joven. Su incredulidad creció cuando el joven aceptó su invitación a pasar la noche en el castillo sin la menor señal de excitación ni gratitud.

Sin embargo, complacido de que el chico había aceptado, lo llevó directamente al castillo en el carruaje real y le ofreció la suite más suntuosa del palacio. El joven aceptó.

Al día siguiente, esperando pasar más tiempo cerca de su nueva fuente de sabiduría, el rey invitó al joven a quedarse una noche más.

Él aceptó. Pasó el tiempo y el joven continuó aceptando con indiferencia la generosa hospitalidad del rey. Después de unas semanas, el rey se sintió obligado a ofrecerle un regalo, y el chico aceptó los finos trajes que el rey colocó ante él.

A medida que el tiempo pasaba, le impaciencia del rey crecía. Le había dado lo mejor de todo al chico, ¡pero el joven todavía no le había revelado su secreto!

El rey comenzó a resentirse. Empezó a preguntarse si el joven era realmente un sabio, o si sólo estaba aprovechándose de su generosidad.

Un día, cansado de esperar y receloso de las intenciones del chico, el rey decidió confrontarlo. Se dirigió al dormitorio del joven decidido a preguntarle si todavía estaba observando su reino. Estaba seguro de que el muchacho no estaría haciendo nada por el estilo, y abrió la puerta, con el pecho henchido de orgullo, pasó a hacerle al joven su pregunta. Pero antes de que tuviera tiempo de hablar, vio que el joven estaba mirándolo fijamente con los ojos llenos de serenidad. El joven levantó su mano y dijo, “¡Espera! Sé lo que vas a preguntarme. Has tenido algo para preguntarme desde hace largo tiempo, pero no voy a responder. En vez de eso, quiero que ensillen tus dos mejores caballos. Hoy, iremos a cabalgar.”

El rey, mandó a alistar los caballos. Los dos hombres en sus caballos ensillados, y el joven salió, galopando tan rápido que al rey le tomó algunos segundos alcanzarlo.

Por días, cabalgaron y cabalgaron por áreas del reino que el monarca nunca antes había visto. Un día, después de muchas semanas, llegaron a una cerca.

El joven iba a saltar la cerca con su diestro caballo pero antes de que lo hiciera el rey exclamó: “¡Espera! Yo no puedo cruzar esta cerca.”

El joven volteó a mirarlo, sus ojos brillando con alegría e inquisitivo regocijo. “Esta cerca marca el límite de mi reino”, explicó el rey. “Más allá de ella, no tengo nada. Todo lo que soy está en este lado de la cerca. No puedo continuar.”

“Ésa –respondió el joven– es la diferencia entre tú y yo. Tu reino está contenido en esta cerca, pero el mío está en mi corazón. Lo llevo conmigo donde quiera que voy.” Con eso se dio vuelta, pasando sobre la cerca con un grácil salto y siguió galopando.

lunes, julio 07, 2014

Todo Pasa -Cuento-




Hubo una vez un rey, que convocó a los sabios de la corte para explicarles algo:

Estoy fabricando un costoso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes del mundo y quiero guardar en él, un mensaje que pueda ayudarme en momentos de extremo peligros. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que pueda guardarse debajo del diamante en el anillo.

Los sabios de la corte, eran grandes eruditos. Podrían haber escrito grandes mensajes, pero escribir uno pequeño sería muy difícil. Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían solucionar el problema.

El rey, tenía un siervo muy anciano. Cuando la madre del rey murió, siendo este pequeño, este siervo cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera su hijo. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también le consultó.

No soy sabio, erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje, le respondió el siervo. Durante mi larga vida en el palacio, he conocido muchas personas. En una ocasión, me encontré con un religioso que había sido invitado por tu padre y yo estuve a su servicio.

Como gesto de agradecimiento por mis servicios, me dio un mensaje. Entonces el anciano, lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey, diciéndole: No lo leas, ahora, mantenlo guardado en el anillo, solo debes abrirlo cuando todo lo demás haya fracasado y te encuentres en una situación extrema.

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido, el rey perdió su reino y tuvo que huir de sus enemigos para salvar su vida. Estaba solo y sus perseguidores eran numerosos, cuando llegó al final del camino, se dio cuenta de que no había salida. Frente a él solo había un precipicio imposible de cruzar, pensó que había llegado el fin. No podía volver atrás porque sus enemigos estaban ya cerca, tan cerca que podía escuchar el trotar de sus caballos. No había salida.

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró el mensaje, simplemente decía: “NADA ES PERMANENTE, TODO PASA”.Mientras leía, se dio cuenta de que estaba envuelto en un gran silencio. Los enemigos que lo perseguían, debieron haberse perdido en el bosque, porque poco a poco dejó de oír a sus caballos.

El rey, se sintió profundamente feliz y agradecido por lo sucedido. Dobló el mensaje y volvió a ponerlo en el anillo. Inmediatamente reunió a sus ejércitos y reconquistó su reino.

El día que entró victorioso al palacio, fue recibido por su pueblo con una gran celebración y quiso que su amado anciano, estuviera a su lado. Éste aprovechó la oportunidad, para decirle:

Vuelve a leer el mensaje.¿Qué quieres decir? preguntó el Rey. Ahora soy un ganador, la victoria está de mi parte, la gente celebra mi vuelta, no estoy en una situación peligrosa.

Escucha dijo el anciano, este mensaje, también es para momentos como estos. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientas victorioso. Es para cuando eres el último; pero también para cuando eres el primero.

El Rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “NADA ES PERMANENTE, TODO PASA” y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, ya no había más orgullo, ni ego, ni arrogancia, todo había desaparecido. El rey, comprendió el mensaje y se convirtió en otra persona.

Entonces el anciano le dijo: Recuerda que todo pasa, nada es permanente. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos, como parte de la vida, con toda humildad. 

miércoles, julio 02, 2014

Cuento Zen El Jardinero De HAIKUS



En una colina de Kyoto, la que había sido durante mil años la capital de Japón, hubo un parque que llegó a ser mucho más celebre que todos los demás. Y no porque contuviera una esbelta pagoda o un monasterio budista construido en sólida madera. De hecho, ninguno de los dos mil templos de la ciudad se hallaba allí.

Era un jardín modesto rodeado por arces donde crecían flores sencillas entre los caminos de piedra. Los paseantes y curiosos se acercaban atraídos por la tranquilidad del lugar, pero aún más por el singular jardinero que se afanaba en quitar las malas hierbas y regaba las plantas en las raras semanas sin lluvia.

Aquel frágil anciano caminaba muy encorvado, como si no hubiera hecho otra cosa en su vida que agacharse a limpiar y abonar el lecho donde prosperaban sus flores. En los pocos momentos que el parque no tenía visitantes, les hablaba con amor y animaba a los brotes más débiles a que se desperezaran e iniciaran su camino al cielo. Cuando llegaba la gente, se hacía el despistado faenando aquí y allá, hasta que algún niño o un adulto solitario le pedía consejo. El jardinero le regalaba entonces un haiku.

David había oído hablar de aquel hombre en el curso de literatura japonesa que estudiaba en California. Fascinado por aquellos breves poemas, trabajó de camarero innumerables fines de semana para pagarse un vuelo al país nipón y conocer al jardinero.

De camino a la vieja ciudad imperial, David ya había leído varios tratados sobre el arte del haiku, que podía resumirse en seis características:

I. Debe constar de tres versos no rimados.

II. Su brevedad permitirá leerlo en voz alta en el tiempo de una respiración.

III. Incluye alguna referencia a la naturaleza o a las estaciones del año.

IV. Utiliza el tiempo presente, nunca se proyecta al pasado o al futuro.

V. Expresa la observación o asombro del poeta.

VI. Alguno de los cinco sentidos está presente en los versos.

David se había empapado de la teoría pero seguía sin comprender la misteriosa belleza que emanaba de haikus como el del poeta Yosa Buson:

Sobre la campana del templo

posada, dormida,

¡una mariposa!

Tras podar un arbusto de flores amarillas, el jardinero levantó la mirada hacia el joven norteamericano. Le sonrió con familiaridad, como si llevará esperándole toda la mañana.

Tras un intercambio de reverencias y saludos, el estudiante le hizo en japonés las preguntas que había preparado:

- Maestro, dicen que usted es quien más sabe sobre este arte. Más allá de la métrica, los temas y todo eso, ¿qué es un haiku?

El jardinero fijó en el chico sus ojos diminutos y respondió:

- Ya lo dijo Matsuo Basho, “haiku es lo que está sucediendo en este lugar y en este momento”
- Aquí y ahora… Pero el poeta elige algo especial que esté ocurriendo, como una mariposa que se ha posado sobre una enorme campana, ¿no es así?
- ¡No! – protestó el jardinero – Todo lo que ocurre es poesía, no necesitas la mariposa ni la campana.

David reflexionó un poco y luego añadió:

- Pero hay muchos instantes en los que no sucede nada bello ni remarcable.
- ¿Ah, sí? ¿Cuáles son esos instantes?
- Momentos en los que estás aburrido, agobiado o demasiado cansado para pensar en nada.
- Me estás hablando del observador, no de lo observado. Que tú estés aburrido, agobiado o cansado no significa que el mundo sea así. Sólo tienes que lavarte los ojos con agua cristalina y volverás a ver la poesía en cada cosa.
- Entiendo, repuso impresionado. Se trata entonces de limpiar nuestra mirada, de hacer caer los filtros con los que teñimos lo que vemos ¿Es eso?
- Hablas como un doctor en budismo. Así nunca aprenderás el secreto de los haikus.
- ¿Cómo puede aprenderlo entonces, maestro?
- No puedes.

La expresión decepcionada del joven conmovió al anciano que añadió con voz dulce:

- Voy a darte un haiku de Kito Takai para que lo entiendas:

“El ruiseñor

unos días no viene

otros viene dos veces”

Dicho esto, el jardinero tomó tomó al suelo un cubo de metal y se alejó con pequeños pasos en dirección a una fuente.

Plantado él también en medio de las flores, el estudiante meditó sobre aquellos tres versos. Tal como le había sucedido con otros haikus, apreciaba su belleza, pero no conseguía captar plenamente su sentido.

Mientras los niños correteaban por el jardín y las parejas se tornaban las manos en rincones donde creían no ser vistas, David esperó al regreso del jardinero para darle su interpretación:

- A ver si lo entiendo … ¿El día que el ruiseñor viene dos veces es para compensar que otro día no vino?
- ¡No has entendido nada! El ruiseñor no tiene ninguna obligación de venir.

El joven se quedó mudo hasta que una grieta empezó a abrirse en su comprensión y dijo:

- ¿Qué sucede cuando no viene el ruiseñor?
- Esa es una buena pregunta. ¿Qué sucede cuando tu crees que no está sucediendo nada?

David miró a su alrededor y vió los arces mecidos por el viento, las flores que prosperaban entre los caminos, un gato dormido junto a un estanque, paseantes jóvenes y viejos. Bajo la colina donde se encaramaban el jardín, el bullicio mesurado de Kyoto.

- Siempre está sucediendo algo bello, concluyó David, sí somos capaces de apreciarlo.
- Ahora lo has dicho, sonrió el jardinero. No hay momento perdido.



Fuente: http://www.shurya.com/cuento-zen-el-jardinero-de-haikus/