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miércoles, diciembre 02, 2015

5 tácticas de abuso emocional que suelen pasar inadvertidas




El abuso no solo es físico, también es emocional, mental y verbal. Sin embargo, mientras que la violencia física es obvia, otros tipos de abuso son más sutiles y difíciles de detectar, incluso para la persona que está siendo sometida.

Además, el principal problema es que a menudo el abuso emocional es cometido por una persona cercana, a la que queremos y de la que no esperamos semejante comportamiento. Por eso, cuando nos damos cuenta es porque ya estamos enredados en la tela de araña que ha construido a nuestro alrededor.

Todo suele comenzar con un comentario casual sobre un tema intrascendente, como el color de las cortinas, los platos por lavar o llevar el coche al mecánico. Esa persona se encargará de sacar de contexto la situación y, en vez de limitarse a señalar un hecho, realizará una acusación para que el otro se sienta mal.

Obviamente, cuando alguien se siente acusado, lo más usual es que intente defenderse exponiendo sus razones. Sin embargo, no servirá de nada porque el acosador no pretende entender o solucionar el problema, tan solo quiere atacar. En realidad, su objetivo no es que la otra persona lave los platos o que lleve el coche al mecánico, esta es únicamente una excusa para comenzar el juego de la manipulación y darle rienda suelta a su ira.

Marionetas en las manos de otros: Las técnicas de manipulación más dañinas

1. Gaslighting. Este término proviene de la obra de teatro “Gas Light”, en la cual el protagonista intentaba convencer a su mujer de que estaba loca, manipulando diferentes objetos de su entorno e insistiendo en que estaba equivocada cuando ella le hacía notar esas variaciones.

En la práctica, esta persona se dedica a presentar falsa información, para hacernos dudar de nuestra memoria y percepción y, en última instancia, incluso de nuestra cordura. El abusador suele comenzar negando que determinados eventos hayan ocurrido, hasta llegar a escenificar situaciones raras que desorientan a su víctima. De esta forma, terminamos dudando incluso de lo que dijimos un minuto atrás.

2. Silencio. El silencio también se puede utilizar como una táctica de abuso emocional. De hecho, la indiferencia asociada al silencio causa profundas heridas emocionales porque no solo aumenta el nivel de ansiedad en la víctima sino que también daña profundamente su autoestima y provoca una enorme inseguridad.

El abusador usa el silencio para castigar a su víctima, simplemente no responde, se muestra frío y distante. De esta forma, tensa al máximo la cuerda, hasta que la otra persona no puede más y termina disculpándose por algo que no ha hecho. Así el abusador logra su objetivo: dominar y manipular jugando con las emociones.

3. Proyección. Básicamente, se trata de un mecanismo de defensa a través del cual les atribuimos a otras personas deseos y sentimientos que son nuestros pero que no reconocemos como propios porque desequilibrarían la imagen que tenemos de nosotros mismos. Así, al proyectarlos sobre otros, nos sentimos aliviados.

En el abuso emocional, la persona lo que hace es proyectar sobre su víctima sus propias inseguridades, miedos y problemas. Por eso, acusará a la otra persona de mentir, cuando en realidad es él quien miente, o le acusará de ser infiel, cuando en verdad es ella la que traiciona. En práctica, se trata de descargar su responsabilidad sobre el otro, para crear confusión y cambiar su autoimagen, diseñándola a su imagen y semejanza.

4. Intimidación encubierta. La persona que recurre a las tácticas de abuso emocional no suele emplear la agresividad y la violencia, al menos no de forma evidente porque su principal objetivo es manipular a su víctima sin que su imagen se vea dañada. Por eso, en muchos casos suele recurrir a la intimidación encubierta.

Es fácil percatarse porque su discurso está plagado de amenazas indirectas, que quedan implícitas en sus palabras. De esta forma, le deja claro a su víctima cuáles serían las consecuencias de sus acciones y, de paso, puntualiza que la responsabilidad es únicamente suya, se lava las manos. Por ejemplo, puede decir: “entiendo que no hagas nada, pero así terminarás con nuestra relación” o “si no inviertes ahora mismo, perderás todo tu dinero”.

5. Victimismo. Cuando todas las tácticas anteriores fallan, el abusador suele recurrir al victimismo. En práctica, descarga su responsabilidad en el otro, haciéndose pasar por la víctima de la situación. De hecho, incluso es común que terminemos compadeciéndonos y sintiéndonos mal por nuestro comportamiento, cuando en realidad no hemos hecho nada malo.

De esta forma el abusador genera un sentimiento de culpa que mantiene a la víctima atrapada en su tela de araña. La empatía nos hace caer en sus redes y, al convertirnos en el “malo de la película”, somos más proclives a ceder a sus demandas. Así nos manipula sin que seamos conscientes de ello. Frases típicas de este tipo de manipulación emocional son: “con todo lo que he hecho por ti y así es como me pagas” o “me he sacrificado por ti y no lo consideras”.

Posdata: Recuerda que la manipulación emocional es un juego muy peligroso, donde siempre hay alguien que sale dañado. Por eso, apenas notes alguna de estas tácticas, ponles freno. De la misma forma, considera que en ocasiones somos nosotros quienes usamos inconscientemente alguna de estas estrategias, quizás porque tenemos miedo de perder a la persona que amamos o porque no tenemos suficientes argumentos. En ese caso, haz un examen de conciencia porque la manipulación nunca es la mejor alternativa.

Jennifer Delgado

sábado, septiembre 19, 2015

La sombra es cosa seria



La sombra es cosa seria. Muestra su risotada deforme cuando el funcionario ejemplar es pillado en video metiendo coca, cuando es encarcelado el pastor abusador, el pederasta depredador, o el corrupto. También cuando el profesor (o intelectual), aparente demócrata, es desnudado y visto como un consumado practicante del autoritarismo.

Carl Gustav Jung insistió en la necesidad del ser humano de reconocer a la sombra y de esa manera ser conscientes de nuestras angustias. Para Jung la sombra es un arquetipo, una forma de conducta. Hoy toma un auge impactante.

Se trata de un material inconsciente reprimido que se ha enajenado en el interior. Nuestros padres nos la transmiten junto con lo que consideran mejor o peor. Las religiones la definen como el mal dentro nosotros.

La sombra causa problemas porque tiene aspectos que sabemos que están en nuestro interior pero que no queremos conocerlos porque son contrarios a la imagen elevada que tenemos de nosotros mismos. Odios, resquemores, prejuicios, condicionamientos y hasta secretos hacen parte de esas cosas que no queremos que los otros vean de uno.

También en ella hay cosas buenas pero se trata de aptitudes que nos muestran como débiles: la bondad, la mansedumbre, o las expresiones artísticas.

El problema es que cuando se le niega a la sombra (o se le reprime, o se evita su contacto) se aumenta su poder. Al tratar de contenerla uno gasta demasiada energía. Pero luego se proyecta hacia otras personas esa energía psíquica.

La desplazamos hacia un pariente, un amigo del cual tenemos celos, o alguien conocido que tiene características iguales a las nuestras. Así uno se vuelve crítico con esa persona y es el origen de la manguala, los intereses creados, la envidia y la traición.

En la vida social la falsedad nace cuando no se reconoce esa parte brumosa. Mostramos siempre un rostro ideal y ocultamos lo que no nos gusta.

Una novela que la describe es El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. Gray, hombre bello y joven, no quiere perder sus virtudes. Así que hace un acuerdo con Mefistófeles para no envejecer ni morir. El contrato dio sus frutos. No obstante Dorian abusa de las mujeres y se apropia de sus bienes para luego matarlas. Un amigo pintor le hizo un cuadro mostrando su belleza. Al pasar el tiempo el cuadro empezó a mostrar la parte maléfica que la gente no conocía de Dorian. Con el tiempo la imagen se vuelve tan fea que le tocó guardar el cuadro en el sótano.

Un día Dorian ve que el cuadro es horrendo, contrario a la belleza que él muestra a los demás. Con ira lo destruye pero también se destruye así mismo.

La lección es que no podemos destruirla. Tenemos que abordarla, hablar con ella para reapropiarnos de una manera más saludable.

Hay que recuperar los aspectos que la conforman, no para volvernos como la sombra, sino para saber que somos capaces de apagar ciertos intentos de actos reprobados socialmente que la sombra nos sugiere.

Dice Jung que cuando se trabajan estos aspectos ellos se debilitan. Por un tiempo hay que vivir el pavor de verle el rostro pero lo importante es no negar que dicho aspecto tiene un ámbito en nuestra vida diaria.

No se trata de la búsqueda de la perfección sino de ser totales y verdaderamente humanos. Es asumir que somos divinidad encarnada pero con un lado majadero. Todo ser humano que quiera realizarse seriamente tiene que enfrentar a su sombra, nadie puede evitarle.

Las pérdidas que vivimos en la actualidad son el resultado de vivir con el patrón social de engrandecemos ante los demás con una imagen que no está completa.

Pero la ciudad también tiene su sombra. Vemos lo que queremos ver de ella. Apartamos el rostro ante lo que no nos gusta o le echamos la culpa a otras sombras de lo que vemos. El problema es que hay una imagen idealizada de la ciudad que nos impide ver la totalidad.

Pero sobreviviremos a la sombra, a los delincuentes y a los corruptos, a los mentirosos y a los educadores del menoscabo. Hay que estar en la política y en la educación, y en todas las facetas de la vida, pero por las razones adecuadas. No por las razones de la sombra.

Hay gente dispuesta que sabe que el mundo es mejor cuando se entiende que no hay evidencias totales. Existen directivos éticos y gente con valores. Pero debe haber primero un cambio en los sujetos.

No hay otra manera de hacerlo si no empezar por nosotros mismos. Debemos impedir que la sombra de nuestra comunidad siga alimentando la guerra que conocemos.


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