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martes, julio 26, 2011

Visitas Al Más Allá ... Y Gratis

Por: Luz Marina Hoyos Duque
  
A la psicología es bueno mezclarle la poesía. El siguiente texto extrapola ambas orillas, espero que lo disfrutes. 
Ni siquiera Houdini,  el ilusionista,  que se zafaba con asombrosa habilidad  de cuerdas y  baúles cerrados,  lanzados al agua,  había podido  volársele a la parca con  su código de diez palabras,  para contarle a su mujer como alistar maletas.
Cuando no parecía probable que se tuvieran noticias del más allá,  pues nadie se había devuelto a contar, apareció en las librerías Bryan Weiss, un gringo que no desconoce las leyes del marketing y le sacó jugo a una verdad vieja. 
El psicólogo americano, con Muchas Vidas Muchos Sabios, apareció como una estrella exótica en el firmamento empelotando a sus pacientes. Contó entonces  que  en trance  hipnótico, se le volaban para otras épocas. Y todo el mundo quedó turulato  con la historia.

Cuento viejo y caro

 Weiss,  exhibe en su libro las  ocurrencias de  sus pacientes con desperfectos psicológicos. Fotografía en terapia otros siglos, otras costumbres, nuevos idiomas, odios podridos, pánicos de vida, motores dañados  y lo mejor, con final de película gringa: los  empelotados salían perfectamente reparados.
Nunca contó Weiss que no fue  el primero,  que antes  había estado Allan Kardec en: El Cielo y el Infierno,  La Génesis, El Evangelio según el Espiritismo y que  allí había revelado todos los secretos de las visitas al más allá. Que Kardec  fue reconocido miembro de la Academia de Ciencias Francesa; que  sus libros salieron después de haber ayudado a muchos con ese conocimiento del viaje del espíritu por varios mundos. Que Kardec no puede pasar desapercibido, porque en Francia lo recuerdan a diario,  cuando llevan a los turistas del cementerio del padre La Chaise a saludarlo junto  a Balzac, Moliere,  Edith Piaf y  Delacroix.
Después de la aparición de Weiss, su  diván se  congestionó por figurines de todo el mundo, el psicólogo resolvió el ahogo cortando por lo sano: “Visitas al más allá por US$550.00 dólares”

No creo en mesas sonámbulas
 La primera vez que Kardec tuvo noticias de los sucesos paranormales que se presentaban en las sesiones de espiritismo y regresión,  su mente científica se negó a dar crédito a las historias y relatos.  Sólo cuando asistió a ellas, la incredulidad que le susurraba al oído y le dejaba ver, se metió en las verificaciones, se abrió a las experiencias e hizo  parte de los grupos de estudio y ayuda.
Kardec charló con los espíritus superiores y se adelantó a  Juan Pablo II cuando dijo: “El cielo y el infierno no existen, son estados del alma” Y a  los que pensaron que  se podían parrandear las leyes universales,  los dejó intranquilos con la sentencia: “fuera de la caridad no hay salvación”
  
Los paisas también pueden
 Visitar el más allá,  no requiere de  visa y no es prerrogativa única de gringos y franceses. En  Medellín los pacientes  se acomodan fácilmente en el diván, sin comprar tiquete,  pues es posible encontrar  sanadores y bienhechores, en sitios atomizados por toda la ciudad. La única condición es que sí amerite reversar el carrete de sus vidas.
Es posible seguir la pista de algunos de los sanadores,  en un  fino salón de Fiestas de El Poblado,  debajo  de  la colección de libros de Envigado, El salto del ángel en Bello, una casa vieja o nueva  en Belén,  Laureles, La  clínica del Perdón en la 80  y la  morada de muchos que quieren ayudar.

Al principio
 La historia en Medellín empezó  hace cerca de ocho años en torno al primero: Luis Carlos Barboto. Hombres y mujeres de disciplinas diversas se reunían para experimentar con la hipnosis. Las primeras sesiones se produjeron sin  norte claro, los  aguijoneaba la curiosidad y el espectáculo. 
Aprendieron,  se rieron y supieron incluso del porvenir,  que luego entendieron que no era sano averiguar. Muchos asistentes aplicados  aprendieron la técnica y así, desarmaron el átomo.

Vamos allá
 Aurelio Mejía, un ingeniero racionalista, lidera los grupos de Envigado, Laureles y Bello.  Son  jornadas de día entero que muchas veces se prolongan hasta la media noche, a donde asisten costalados de penas  para que las ayuden a salir.
Para entender lo que sucede,  las sesiones  enseñan el porqué, el cómo, el cuándo y el  dónde.  Se explica  el  pensamiento de los más avezados, tales como Allan Kardec y Amalia Domingo Soller, una científica, alumna de aquél. Todo el tiempo se deja hablar las preguntas.  Luego,  vienen las curaciones sin bisturí.
Los pacientes se dan la paliza de poner en la ventana sus penurias, con tal de que el Ingeniero Mejía los sane. No es fácil, pues pueden coincidir en el diván una docena de costales.
El día se vuelve ñato para atenderlos a todos. Escuchar el malestar, devolverse al vientre materno o pasearse por  la puerta del tiempo, y sanar, requiere de aproximadamente tres horas;  a veces más.

Gratis hasta un machetazo
 Algunos  de los asistentes  son  curiosos,  que van  a las  curaciones con el propósito de  averiguar sus vanidades: si fueron reyes, gitanos, putas reformadas o personajes de abolengo.  Nunca nadie acude intuyendo que fue pordiosero o mendicante.  Incluso,  es posible encontrar el que dice que no se siente de esta galaxia. Los sanadores los devuelven con un argumento devastador:
—En la Clínica Cardiovascular  están haciendo cirugías de corazón abierto y gratis, ¿le provoca una?
 La recomendación es no devolver los archivos por mera curiosidad, pues sería lo mismo que revolcar el pantano de un lago virgen.
La respuesta a la gratuidad de la práctica,  se recuesta en el principio: “Dad de gracia lo que de gracia recibisteis”

Un costal lleno y la clave  en la última página
 Entre muchas otras respuestas, la terapia regresiva resuelve interrogantes sobre conductas,  fobias e intolerancias.  Antes de abrir la espita el paciente le muestra al aliviador su carga:
—Tengo pánico a las alturas. Vivo  una soledad concurrida. Duermo solitario con la luz encendida.  No me aguanto a mi  marido. Tengo  miedo a fracasar. Me odio con todas las ganas. Me persigue el sueño de lanzarme de una terraza.  Me  muerde un deseo irrefrenable de muerte.
La gravedad de las heridas  no siempre lleva al paciente de paseo por la puerta del tiempo  para poder sanar, a veces,  la respuesta está  ahí,  vecina, en la garrotera de hace dos años.

Usted me mató primero
 No todos los que envían chorros de oxígeno al cerebro y la sangre salen arreglados, ¡el paciente tiene que tener  ganas de verdad! El oxígeno le ayuda a poner reflectores en todos sus rincones y a crecer la  atención; a fin de cuentas asiste a una auto fascinación dirigida. Sin embargo,  debe sufrir un ansia profunda de limpiar su baúl.
Cuando la convivencia con un  padre violador o una madre  militar,  atormentan al paciente, ¡sorpresa! En el paseo  por su historia  se encuentra con que, el atormentado,  antes fue su violador o su marimandón.

Cleopatra, Bolívar y Hitler juntos

 Algo que definitivamente enfiesta al auditorio,  es  que en un trance cuando el paciente  se asoma a su esencia pasada,  reciente o remota, se  encuentre a: Bolívar en su caballo, a Cleopatra añorando a Marco Antonio o a Hitler  soberbio del holocausto. Los aliviadores ni se inmutan, ni buscan las pecas del superhombre.

Bien podría tratarse del personaje, lo que no interesa,  o simplemente obedecer a proyecciones mentales del sibilino. Así las cosas, el terapeuta se centra en reparar los agujeros del sótano.

Si pierdes el año te toca repetir
 De la incredulidad  en el tema, se encargaron muchas religiones,  quienes a través de la historia, huérfanas de argumentos, se han empecinado en tapar con pecados, miedos y culpas  lo que Allan Kardec  reveló hace ya más de un siglo: "Nacer, morir, renacer otra vez, y progresar siempre, tal es la ley".   
Los prelados de la iglesia, aterrados, han creído  que si los convencidos saben que tienen otro chance va a ser muy difícil mantener  en fila el rebaño. Han sido  estrategas para disfrazar  la verdad. Y para  tener los feligreses quietos en la hilera,  los han  amarrado con la invocación del gran  susto: Por tus pecados te consumirás en el fuego eterno del infierno.  Y es probable que contando lo que dicen  los caminantes después de asomarse por todas sus ventanas en trance,  hubiera sido más fácil aquietar el rebaño.
—La regresión  muestra una verdad de escuela: cada vida es una prueba,  y sólo se aprueba cuando se supera,  si no,  toca repetir.

viernes, enero 16, 2009

"Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana"

Entrevista a Brian Weiss

El gurú de la reencarnación en Occidente cuenta, en esta entrevista, sus experiencias personales y su relación con la comunidad científica tradicional.
"Jung se anticipó a su tiempo: comprendía lo misterioso, lo espiritual, lo intuitivo", dice Weiss.
Por Ignacio Escribano
Hasta que esa extraña idea de la regresión a las vidas pasadas se le metió en la cabeza, Brian Weiss era, según los rígidos cánones academicistas, occidentales y machistas, un hijo soñado. El alumno perfecto. Un ciudadano modelo. El profesional envidiado por el resto de sus colegas.
Graduado magna cum laude en la Escuela de Medicina de la Universidad de Columbia, con un posgrado en la Universidad de Yale, Weiss fue uno de los jefes de psiquiatría más jóvenes del prestigioso hospital Mount Sinai, de Miami.
A simple vista, hay que admitirlo, es todo un catedrático. No obstante, cuando el diálogo cobra vida y entra en acción, sus modales, que han olvidado la solemnidad absurda pero que conservan la cortesía y el refinamiento, invitan a que uno se olvide por completo de que se está frente al controvertido doctor de trascendencia internacional, que decidió suspender la lista de espera de su consultorio cuando ésta ya superaba los cinco años.
"Era poco sensato planificar una visita médica con tanta anticipación", aclara el autor de best sellers como Lazos de amor, El mensaje de los sabios o A través del tiempo, con millones de copias vendidas en todo el mundo.Weiss, de 59 años, casado con su eterna Carole y dos hijos, no se comporta con la arrogancia de sus diplomas. Sin necesidad de fruncir de ceño en señal de jactancia, sus observaciones inspiran, acaso más por la sensibilidad que por la agudeza de las mismas, un respeto próximo al afecto."
He recorrido un largo camino desde el día en que, médico de formación clásica, profesor de psiquiatría y escéptico empedernido, me di cuenta de que la vida humana es algo más maravilloso y profundo de lo que me había hecho creer incluso mi rigurosa formación médica", cuenta este hombre que, si bien ha sido bautizado como el gurú de la reencarnación en Occidente, aún conserva la vestimenta arquetípica del académico contemporáneo: la camisa tiesa, abotonada casi hasta el tope, un discreto chalequito de fina trama y los pantalones pinzados que se prolongan en un reluciente par de zapatos náuticos. Todo eso, claro, en perfecta armonía con el puntilloso corte de pelo y los inexorables lentes de diseño italiano.
Su mensaje, certero como un rayo, saldrá disparado reiteradamente en dirección opuesta al del tradicional discurso cientificista: "Si una persona evoluciona en un ser más cariñoso, más compasivo y menos violento, es que ha tomado la dirección adecuada. Y aquí, lo que importa, no es la velocidad sino la dirección del camino que se elige."
De temperamento decididamente sosegado, su semblante parece imperturbable. "Estuve meditando esta mañana", confiesa Weiss, como develando un secreto.Más seguidor de Carl Jung que de Sigmund Freud, a pesar de que utiliza muchas técnicas del maestro vienés en sus tratamientos -la hipnosis, por ejemplo-, advierte que las psicoterapias, al no tener raíces espirituales, no sirven para liberar la verdadera naturaleza de los seres humanos.
Y convencido de que cada vez que creamos grupos, nosotros y ustedes, estamos generando violencia, potencialmente, recuerda que sólo existe un grupo: el espíritu humano.
"Todo está conectado. Las almas no tienen raza, religión, sexo o nacionalidad; son almas, una forma pura de energía amorosa. Tenemos que aprender esto y enseñárselo a los chicos", propone, apoyándose en una cita del místico cristiano Pierre Teilhard de Chardin: "No somos seres humanos atravesando una experiencia espiritual; somos seres espirituales viviendo una experiencia humana".
Según su experiencia, la psicología sólo funciona si el terapeuta logra conectarse con el paciente en un plano de verdadero afecto. "Lo que cura -insiste Weiss- es la relación, no la técnica." Y resalta: "Puede que Freud no considerase sus teorías definitivas, pero para sus discípulos son dogmas de fe. Jung, en cambio, era un inconformista que se anticipó a su tiempo; comprendía lo misterioso, lo espiritual, lo intuitivo, pero lo rodeaban personas ávidas de dogmas."
-En sus libros, usted también suele hablar de la intuición, algo que casi hemos olvidado de utilizar en nuestra vida diaria.
-La arremetida contra la mente comienza desde que somos muy pequeños. Se nos educa con valores familiares, sociales, culturales y religiosos que reprimen nuestros conocimientos innatos. Y si nos resistimos a esa acometida, se nos amenaza con el miedo, la culpa, el ridículo, la crítica y la humillación. O, también, pueden acecharnos el ostracismo, la retirada del amor o los abusos físicos y emocionales. Nuestros padres y profesores, nuestra sociedad y cultura pueden enseñarnos falsedades peligrosas. Y a menudo lo hacen. El mundo actual es una clara prueba de ello, pues se encamina a tropiezos y golpes, imprudentemente, hacia una destrucción irreversible. Pero si se lo permitimos, los chicos pueden enseñarnos la salida.
-¿Es cierto que las mujeres son más intuitivas que los hombres?
-Es así, están más abiertas a todos estos conceptos: espiritualidad, inspiración... Las madres siempre se han basado en su intuición. Por eso, creo que los científicos de hoy están equivocados. Si la ciencia y la tecnología, que se nos están escapando de las manos, no comienzan a desarrollarse en el contexto de nuestra sabiduría intuitiva, entonces estamos frente a un peligro. Porque, mal empleados, pueden destruir el mundo.
-¿Y por qué cree que a la comunidad científica le cueste tanto aceptar esas facultades que todos llevamos dentro?-Porque existe un descreimiento generalizado sobre todo aquello que no puede verse o demostrarse por métodos científicos convencionales. Y eso está mal, es erróneo. Nos enseñaron que todo eso es supersticioso, o no científico, o inferior. Y no es así. Tenemos sentidos más allá de los cinco sentidos. Y uno de ellos es la intuición. No sólo en el arte, los grandes descubrimientos científicos también surgen intuitivamente, y no necesariamente desde de la lógica pura. El mismo Einstein lo decía. Tiene que haber un balance entre lo racional y lo intuitivo. Algo que, en mi caso, tardó años en llegar. Hasta que conocí a Catherine. Además, para recuperar ese equilibrio, no podemos olvidar que el amor es el componente fundamental de la naturaleza, que conecta y une a todas las cosas y las personas. Y la energía del amor es, en potencia, más fuerte que cualquier bomba y más sutil que cualquier hierba. Lo que sucede es que aún no hemos aprendido a aprovechar esa energía tan básica y tan pura.
-¿Podríamos decir, entonces, que intuición y poesía son casi sinónimos?
-Sin duda están emparentados. Los griegos hablaban de las musas. Los poetas, los músicos y los artistas en general trabajan mejor cuando se dejan llevar por el cerebro derecho, es decir, por la intuición, lo espiritual, lo no lineal; y no siempre ocurre lo mismo cuando se guían por el cerebro izquierdo, el lógico, el racional. Le hemos dado una excesiva importancia a la razón, a un punto tal que casi hemos negado nuestra intuición, que era, precisamente, el sentido predominante del hombre.
Cuando conoció a Catherine, la paciente cuya historia se cuenta en su primer libro Muchas vidas, muchos maestros, Weiss ya había publicado más de cuarenta trabajos científicos y colaboraciones en publicaciones médicas, y había adquirido reconocimiento internacional en psicofarmacología y química cerebral. Con voz tenue, explica que durante más de un año había intentado aliviar los ataques de pánico de su paciente por medios de técnicas psiquiátricas convencionales hasta que, durante una sesión de hipnosis, bien freudiana, todo cambió.
La memoria de Catherine, en lugar de revolver por los cajones de su infancia, fue incluso mucho más lejos de lo que un escritor de cuentos fantásticos hubiera imaginado jamás: Catherine, ese mojón fosforescente en el camino de Weiss, se vio a sí misma, en otro cuerpo, 4.000 años atrás.
"Como hasta ese día era totalmente incrédulo a todos aquellos campos faltos de rigor científico, como la parapsicología, y además no sabía nada sobre las vidas pasadas o la reencarnación, ni me interesaba saberlo, al principio no consideré la vivencia de Catherine como un regresión -explica Weiss-. De todas formas, continuamos con la hipnosis en las sesiones siguientes porque notaba una clara mejoría en sus síntomas."
A partir de entones, Weiss comenzó a investigar y a documentarse sobre el tema durante 15 largos años de silencio profesional. "Sabía que con tan sólo inferir algo, mis colegas me tomarían por demente", recuerda, esbozando una sonrisa con un leve toque de picardía.Pero cuando por enésima vez se convenció de que sus hallazgos eran efectivamente ciertos, decidió publicar, no sin un cierto grado de resquemor, cada detalle de las regresiones de sus pacientes. Y de las propias.
-¿Cómo definiría a la reencarnación?
-Es el concepto de que poseemos un alma inmortal, que puede llamársele también conciencia o espíritu, que abandona nuestro cuerpo en el momento de la muerte física para luego renacer en una nueva criatura para continuar en esa nueva vida con las lecciones que eventualmente la lleven a una realización espiritual plena.
-¿Y realmente cree que la realización espiritual plena sea posible?
-Sí. Lo que ocurre es que nuestros valores están todos revueltos, desordenados. Nos preocupamos demasiado por la impresión que le causamos a los demás o sobre cuánto dinero tenemos. Y todo eso es un tremendo error. Porque la felicidad viene desde adentro de uno. De saber disfrutar el momento presente. Sabemos que el amor puede curar, y que el estrés puede matar. Pero poco hacemos para aliviar nuestra mente. No es necesario ser rico para ser feliz. En mi consultorio he atendido infinidad de gente increíblemente rica, pero infelices. Y su tristeza se disipaba cuando comenzaban a cultivar sus valores humanos, a preocuparse por los demás.
Estamos atrapados en las preocupaciones de nuestra mente sobre el futuro, o lamentando el pasado. Aunque somos conscientes de que ni los lamentos ni las preocupaciones pueden modificar ni el pasado ni mejorar el futuro. Una cosa es planear, organizarse, eso está bien. Pero no preocuparse. Ese sentimiento se ha vuelto un hábito de lo más negativo. Lo mismo que con el pasado. Hay personas que se la pasan rumiando sobre sus errores, preguntándose una y otra vez por qué no hice esto o aquello.
-¿No cree que las psicoterapias pueden caer en ese rumiar constante, que termina volviéndose negativo?
-Entiendo que este no es puntualmente un tema sencillo. Es bueno ver el pasado y reconocerlo. Pero es cierto también que ese proceso, que puede ser muy doloroso, tiene un límite. Lo que yo le digo a mis pacientes es que aprendan de su pasado y que luego déjenlo ir. Ahora esté aquí, en el momento presente, que es el único lugar en el que va a encontrar la felicidad. Si seguimos varados en el pasado jamás seremos felices. Eso les digo.
-Entre tanto dolor y sensación de soledad, los psicofármacos son presentados como la solución a los problemas existenciales del hombre moderno.
-Existen muchas razones que explican ese fenómeno. La propaganda y la presión de la industria farmacéutica es enorme. Y, además, persuaden a los médicos para que receten sus productos de maneras subrepticias y a veces no tan solapadamente. Por otra parte, la tendencia de las universidades es a enseñar cada vez más a que el tratamiento pasa por la medicación. Pero sabemos que con las pastillas no alcanza. Porque cada depresión, ansiedad o cualquier síntoma, forma parte de un cuadro holístico, donde intervienen la mente, el cuerpo y el espíritu.
Las pastillas son una opción que no tienen por qué contraponerse con otras formas curativas. Pero de nada sirven sin la compasión y el entendimiento de que esa persona que está sufriendo es una ser humano y no un sistema bioquímico con bajos niveles de cierta sustancia. Y en algunos casos, aún siendo compasivo y con un buen tratamiento ni siquiera es necesario recurrir a la medicación. O, si se receta, se hace por menos tiempo y con dosis más bajas.
-¿Cuál es la crítica más dura que tiene para hacerle a los médicos que ejercen la medicina "tradicional"?
-Bueno, generalmente son ellos los que me critican a mí.-Bueno, a cada cual su turno. Pero con espíritu constructivo.-Mi principal crítica es que los médicos necesitan abrir más su corazón y darse cuenta de que son sanadores. Y para eso, es preciso estar conectado intuitivamente con cada paciente, tener compasión y preocuparse sinceramente por esa otra persona. Y esto es bueno no sólo para el paciente, los médicos se sentirán mucho más satisfechos también. El paciente no es un hígado, un corazón o una vesícula. Les recordaría a los médicos que cada paciente es un ser humano, un alma al que deben acercarse con compasión y con el corazón abierto.
Dos preguntas más
-¿Cómo definiría las almas gemelas (soul mate)?
-Por empezar, tenemos más de una. Y por eso almas gemelas no es imperiosamente un término romántico. Es gente con la que hemos vivido en otras vidas, y existe una forma de reconocimiento de sus almas que nos parecen familiares. O en la mirada, o al tocar las manos, ciertas cosas que nos hacen acordar. Un alma gemela no significa alguien con quien vamos a compartir el resto de nuestra vida. A veces, se trata de una persona que se cruza en camino tal vez por uno o dos meses solamente, pero su sola presencia nos ayuda a cambiar nuestras vidas y a evolucionar. Creo que en una dimensión mayor estamos conectados a cada una de las almas del planeta, e incluso de más allá. Todos estamos interconectados. Pero a la vez existen pequeños grupos de familias de almas, gente que ha vivido junta en varias ocasiones. Y a eso llamo almas gemelas. Este no es el único lugar o planeta donde existen almas. Existen también otras dimensiones donde también viven almas; los físicos están escribiendo sobre este tema.
-¿A su esposa Carole ya la conocía de otras vidas?
-Sí. A pesar de que nunca me encontré con ella en las regresiones. Sí, en cambio, encontré a mi hijo en una de mis propias regresiones. Pero sé, y ella también, que ya habíamos estado juntos antes. Nos conocimos de muy jóvenes; yo tenía 18 años y ella 17. Fue instantáneo. Ninguno de los dos estaba buscando una relación seria, éramos los dos todavía muy jóvenes. Si mi hija, que ahora tiene 22 años, hubiera tenido una relación tan seria como la mía cuando yo tenía 17 años, le hubiera dicho todavía eres una niña. En mi caso, y en el de mi mujer, fue algo muy especial, de reconocimiento, el sentido de familiaridad, de conexión, podíamos terminar las oraciones que el otro estaba diciendo, compartíamos los pensamientos... Yo no tenía ni idea de qué se trataba todo eso en aquel entonces, sólo sabía que era muy fuerte. Hasta que años más tarde, comprendí. Ahora sé de qué se trataba, y se trata, todo eso. Así que no tengo que hallarla en mis regresiones. Sé que somos el uno para el otro.

viernes, septiembre 26, 2008

BRIAN WEISS PADRE DE LA TERAPIA REGRESIVA

S A N A C I Ó N
"Una única alma late en muchos cuerpos", escribió Plotino... El alma humana es idéntica a sí misma. Así, lo que cualquier ser humano haya vivido en cualquier época es accesible para ti y para mí. ¿Una fantasía poética? Sí, y también una certeza a escala subatómica, según la física cuántica. Quizá por esa vía - otro científico, Sheldrake, habla de "campos mórficos"- pronto podrán abordarse esas chocantes experiencias que Brian Weiss vive en su consulta (www. brianweiss. com), algunas compiladas en ´Muchas vidas, muchos maestros´ o ´Muchos cuerpos, una misma alma´ (Zeta). Ha estado aquí de la mano del Instituto Español de Terapia Regresiva: el concepto de reencarnación no resulta convincente, pero si esa idea resulta sanadora..., ¡bienvenida!


"Yo no creía en la reencarnación, pero..."
Tengo 61 años y nací en Nueva York. Soy doctor en Medicina y Psiquiatría y presidente honorífico del departamento de Psiquiatría del hospital Monte Sinaí de Miami. Estoy casado y tengo dos hijos, de 33 y 26 años. ¿Política? Compasión, no violencia, comprensión. ¿Dios? ¡Amor! En otras vidas fui budista, islámico, hindú y católico

Yo no creía en la reencarnación. ¡No creía! Yo era un científico formado en Yale y en Columbia... Hasta que, cierto día de hace ya 25 años, entró Catherine en mi consulta psiquiátrica...
- ¿Quién es Catherine?
- Era una paciente. Venía a tratarse de sus neurosis y miedos. Y, para empezar su tratamiento, la guié en una sesión de hipnosis.
- ¿En qué consiste eso?
- En inducir al paciente a una gran relajación muscular y respiratoria, para que su inconsciente aflore. Una técnica muy práctica.
- ¿Qué pasó luego?
- La incité a recordar episodios de su infancia, periodo en el que suelen formarse nudos que generarán después conflictos psíquicos.
- ¿Y encontró algún recuerdo revelador?
- Bueno, todo empezó cuando le pedí que se remontase a sus recuerdos más antiguos...
- ¿Qué empezó?
- Brotaron recuerdos de vivencias que no podían ser de su vida presente, muchos detalles sorprendentes... ¡de hace 4.000 años!
- Yo también he visto películas de egipcios.
- ¡Yo también me mostré escéptico, claro! Igual de escéptico que la propia Catherine.
- ¿Y qué recordó Catherine?
- Una espantosa inundación que anegó su pueblo y ahogó a todos: era en Creta, era el tsunami que provocó la explosión del volcán de la isla de Santorini, en el mar Egeo...
- Eso figura en los libros de historia.
- Lo interesante es que Catherine, cuando se presentó en mi consulta, padecía de fobia al agua, hasta tal punto que temía beber, que le costaba tragar agua: ¡temía ahogarse!
- ¿Insinúa que la fobia presente de Catherine se originó en una vida pasada?
- Sí: a esa conclusión he llegado.
- ¡Eso es una creencia, no es un hecho!
- A partir de ese recuerdo, los síntomas de Catherine empezaron a desaparecer. Y sanó.
- ¿Vincula su sanación a un (presunto) recuerdo de una (supuesta) vida anterior?
- Por entonces yo estaba estupefacto con esta idea, la verdad. Pero hoy puedo afirmar que es así: ¡tengo documentada la curación de 4.000 pacientes míos mediante esta técnica! Terapia regresiva, la bauticé.
- ¿De qué clase de curaciones se trata?
- Un ejemplo: un hombre que padecía fuertes dolores de espalda... se vio morir de un lanzazo en la espalda durante una batalla medieval. Esta experiencia regresiva le sanó...
- Pero, como científico, ¿puede demostrarme que yo he vivido otras vidas anteriores?
- Tu alma es inmortal: estuvo en otros cuerpos antes que en éste; y tras morir éste, el alma persistirá. Y podrá tener otro cuerpo...
- ¡No recuerdo mis anteriores cuerpos!
- Puedes recordarlos. La memoria de tus pasadas vidas reposa en tu inconsciente: mediante ejercicios de relajación y cierta práctica, pueden emerger a tu conciencia.
- ¿Todos de golpe?
- No. Brotan recuerdos de vidas pasadas significativos para ti ahora: recuerdos que te resultan terapéuticos en esta vida, recuerdos sanadores. Recuerdos que te guían y ayudan.
- Llama usted recuerdos a imágenes metafóricas elaboradas por la imaginación.
- Acepto que a veces sea así. Pero hay muchos casos que demuestran que estamos ante genuinos recuerdos...
- ¡Me encantará escuchar esos casos!
- En una de sus regresiones, Catherine me contó cosas de mí... ¡que sólo yo sabía!: su alma contactó con un hijo mío ya fallecido... Eso me conmocionó mucho.
- Bueno, esto suena ya a puro espiritismo...
- La energía del alma permanece en algún sitio: nada desaparece. Está en otra dimensión, pero es factible acceder a ella. No es nada raro: ¡los físicos ya hablan hoy de dimensiones paralelas, de "multiuniversos"!
- Bien... ¿Alguna otra demostración?
- La de Mary: de niñita dibujaba siempre planos de una ciudad concreta, con sus calles, cierta característica fachada de la iglesia, y un edificio con muchas ventanas. Mary creció, se casó, crió a dos hijos y, ya madura, quiso investigar su vieja fijación infantil.
- Y acudió a usted.
- En la regresión se vio como parturienta, con un marido golfo y pariendo al octavo de sus hijos. Se vio morir en ese parto y sintió la angustia por el porvenir de sus hijos: temió que el padre los abandonase en orfelinatos...
- Menudo dramón.
- Mary investigó: ¡localizó una ciudad cuyo plano coincidía con los que ella dibujaba de niña! La visitó: allí estaban la iglesia y el edificio de muchas ventanas: ¡un hospital!
- ¿Murió en ese hospital la parturienta?
- Consultó los registros: en 1920 murió allí una mujer en el parto de su octavo hijo...
- ¿Era Mary en una vida anterior?
- Así lo sintió: se puso a buscar a sus hijos.
- ¿Los encontró?
- Sí. Tal como temió al parirlos, el padre los dispersó en orfelinatos. Buscando mucho, Mary logró reunir a los que aún vivían, ya venerables ancianitos. Les anunció: "Sois hermanos... ¡y yo soy vuestra madre!".
- La tomarían por loca, claro.
- ¡No cuando ella comenzó a desgranar detalles de la niñez de cada uno! El ADN confirmó que sí eran hermanos...
- No sé qué pensar...
- Un científico verdadero es el que, ante un fenómeno que escapa a sus parámetros, aparca prejuicios y se arroja a investigarlo.
- Pero esto suena tan raro, tan subjetivo...
- Una regresión te cambia la vida. Te hace perder el miedo a la muerte, y empiezas a vivir más contento. Ves que no eres tu cuerpo. Tú no eres un ser humano que tiene una experiencia espiritual: eres un ser espiritual que está teniendo una experiencia humana...

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