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domingo, agosto 25, 2013

hipnosis clínica reparadora



La hipnosis clínica permite ir al origen de los asuntos traumáticos inconscientes, por ello esta opción terapéutica es más rápida que el abordaje con otra de las técnicas disponibles en la psicología clínica.

La colega argentina Cinthya Lopez da claridad en torno al tema.

jueves, agosto 22, 2013

EL AMOR NO DUERME...




Donde hay amor no hay deseos. Y por eso no existe ningún miedo. Si amas de verdad a tu amigo, tendrías que poder decirle sinceramente: "Así, sin los cristales de los deseos, te veo como eres, y no como yo desearía que fueses, y así te quiero ya, sin miedo a que te escapes, a que me faltes, a que no me quieras." Porque en realidad, ¿qué deseas? ¿Amar a esa persona tal cual es, o a una imagen que no existe? En cuanto puedas desprenderte de esos deseos-apegos, podrás amar; a lo otro no se lo debe llamar amor, pues es todo lo contrario de lo que el amor significa.

El enamorarse tampoco es amor, sino desear para ti una imagen que te imaginas de una persona. Todo es un sueño, porque esa persona no existe. Por eso, en cuanto conoces la realidad de esa persona, como no coincide con lo que tú te imaginabas, te desenamoras. La esencia de todo enamoramiento son los deseos. Deseos que generan celos y sufrimiento porque, al no estar asentados en la realidad, viven en la inseguridad, en la desconfianza, en el miedo a que todos los sueños se acaben, se vengan abajo.
El enamoramiento proporciona cierta emoción y exaltación que gusta a las personas con una inseguridad afectiva y que alimentan una sociedad y una cultura que hacen de ello un comercio. Cuando estás enamorado no te atreves a decir toda la verdad por miedo a que el otro se desilusione porque, en el fondo, sabes que el enamoramiento sólo se alimenta de ilusiones e imágenes idealizadas.
El enamoramiento supone una manipulación de la verdad y de la otra persona para que sienta y desee lo mismo que tú y así poder poseerla como un objeto, sin miedo a que te falle. El enamoramiento no es más que una enfermedad y una droga del que, por su inseguridad, no está capacitado para amar libre y gozosamente.
La gente insegura no desea la felicidad de verdad; porque teme el riesgo de la libertad y, por ello, prefiere la droga de los deseos. Con los deseos vienen el miedo, la ansiedad, las tensiones y..., por descontado, la desilusión y el sufrimiento continuos. Vas de la exaltación al desespero.
¿Cuánto dura el placer de creer que has conseguido lo que deseabas? El primer sorbo de placer es un encanto, pero va prendido irremediablemente al miedo a perderlo, y cuando se apoderan de ti las dudas, llega la tristeza. La misma alegría y exaltación de cuando llega el amigo, es proporcional al miedo y al dolor de cuando se marcha... o cuando lo esperas y no viene... ¿Vale la pena? Donde hay miedo no hay amor, y podéis estar bien seguros de ello.
Cuando despertamos de nuestro sueño y vemos la realidad tal cual es, nuestra inseguridad termina y desaparecen los miedos, porque la realidad es y nada la cambia. Entonces puedo decirle al otro: "Como no tengo miedo a perderte, pues no eres un objeto de propiedad de nadie, entonces puedo amarte así como eres, sin deseos, sin apegos ni condiciones, sin egoísmos ni querer poseerte." Y esta forma de amar es un gozo sin límites.
¿Qué haces cuando escuchas una sinfonía? Escuchas cada nota, te deleitas en ella y la dejas pasar, sin buscar la permanencia de ninguna de ellas, pues en su discurrir está la armonía, siempre renovada y siempre fresca. Pues, en el amor, es igual. En cuanto te agarras a la permanencia destruyes toda la belleza del amor. No hay pareja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. El apego mutuo, el control, las promesas y el deseo, te conducen inexorablemente a los conflictos y al sufrimiento y, de ahí, a corto o largo plazo, a la ruptura. Porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles. Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerable.
TONY DE MELLO

domingo, febrero 20, 2011

EL SÍNDROME DE PETER PAN

 




El término síndrome de Peter Pan se emplea para designar un trastorno de la personalidad, donde el sujeto se niega a asumir el paso del tiempo y a desempeñar un rol de adulto, el nombre deriva del mundo de la fantasía. Aparece por primera vez en el libro “The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up” (1983), del Dr. Dan Kiley. Este síndrome no se encuentra aceptado en el DSM (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). Dicho síndrome se caracteriza por la presencia de ciertos aspectos de inmadurez, social y psicológica, acompañados por disfunciones sexuales. Es aplicado a pacientes de sexo masculino según Kiley, nosotros afirmamos que también al genero  femenino, que presentan una personalidad narcisista  e inmadura. Mientras el sujeto crece cronológicamente, su percepción interna del yo, permanece en la infancia.

Según Kiley, quien presenta dicho síndrome, posee rasgos de rebeldía, cólera, irresponsabilidad, narcisismo, dependencia, y no aceptación del envejecimiento, manipulación, y creencia de trascender las normas y leyes. No poseen capacidad de empatía y no se abren al mundo de los adultos.

La sintomatología de este síndrome ha estado presente en la psicología, en toda caracterización neurótica, lo que Kiley hace, no es más que asignarle un nombre.

Freud hace referencia a la fijación, aludiendo al estancamiento en el desarrollo de la personalidad, que se verifica en individuos que padecen esta sintomatología. Por lo que no existía una categorización hasta la designación de Kiley.

Pero el síndrome de Peter Pan, no constituye una psicosis, es un trastorno neurótico, o caracterológico. El propio Kiley reconoce las dificultades para corregir estas conductas. 

Tratamiento del síndrome de Peter Pan

Los tratamientos empleados para el síndrome de Peter Pan, son los correspondientes a toda neurosis estructurada, pero es difícil de concretar, puesto que el sujeto que experimenta este trastorno, no acepta su infantilismo y se niega a modificar sus conductas. No existe el deseo de abandonar el mundo de la infancia, ni una conciencia del fracaso en la aproximación al mundo adulto. Se presenta una dificultad de aceptar las normas y la necesidad de tomar responsabilidades, o forjar vínculos maduros con los demás.


Síntomas del síndrome de Peter Pan

Suelen presentarse crisis depresivas, angustia, ansiedad. El paso de los años no parece ser advertido por el sujeto, pero su protección desaparece momentáneamente en ciertas circunstancias, provocando un sentimiento de vacío. Existe una nostalgia por la etapa infantil, lo que afecta la autoestima.


Puede presentarse conjuntamente con patologías psiquiátricas específicas como las paranoides, neurosis, obsesiones, histeria. El tratamiento debe ser doble, psicopatológico y de carácter.