Papá hace las cosas con entusiasmo, con ganas,
con un contento y una vitalidad de muchacho que contagian, parece
que estuviera estrenando batería, y no
importa cual sea la tarea, todas las aborda de igual manera como un escultor
esculpiendo su obra maestra.
Papá no conoce la pereza, ni siquiera cuando
hace calor y se indigna cuando la ve apoltronada en alguien.
Papá es impecable y como un terremoto en
miniatura, dobla los pijamas, fila los
tornillos, recoge los vasos que regamos
por la casa, dobla incluso la ropa sucia que va a lavarse.
