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miércoles, agosto 27, 2014

¿Cómo saber cuando ir al psicólogo?





En ciertas etapas de la vida, nos encontramos en la situación que no sabemos resolver ciertos problemas y las emociones están más allá de lo que podamos soportar. Nuestros seres queridos nos aconsejan ir al psicólogo, pero muchos lo desestiman. Esto se debe a que las personas consideran que ir al psicólogo o hacer terapia es “sólo para los locos”. Es que dar el primer paso para ir a la consulta es el más complicado, no sólo por ese pensamiento sino también por la vergüenza o el temor a que lo consideren “fuera de sus cabales”.

A pesar de que se ha avanzado bastante en el mito del papel de los psicólogos y de los analizados, todavía la sociedad sigue relacionando esta profesión con la locura. Según los profesionales, es el miedo a “sacarnos la coraza” lo que nos aleja de la terapia.

No existen normas en relación a cuándo acudir al psicólogo, todo depende de cada uno. Tampoco que sea “obligatorio” hacerlo. La razón principal por la que una persona va a terapia, básicamente, es porque no se encuentra a gusto consigo misma, ya sea en lo emocional o en lo físico. El autoestima alto es fundamental para disfrutar de una vida plena, ya que el amor por uno mismo permite aceptarnos tal cual somos, dejar de lado los pensamientos negativos y amar a los demás, así como también saber diferenciar entre los errores y las equivocaciones y nos permite cuidarnos y respetarnos como seres humanos.

Es verdad que tenemos días en los que no queremos hacer nada, nos sentimos deprimidos, cansados o estresados. Eso no es para ir al psicólogo. Los días malos donde estamos cansados de la vida y del ajetreo es preciso hacer una pausa, respirar profundo y seguir adelante. Pero atención, porque en el momento que esto se convierta en algo recurrente, la regla y no la excepción, es cuando debemos preguntarnos si no es bueno buscar algún tipo de ayuda externa.

Los psicólogos son realmente muy útiles cuando nos cuesta salir a la calle, nos sentimos tristes sin saber realmente por qué, la apatía nos gobierna, no entendemos la vida y por qué estamos en un lugar determinado, no tenemos ganas de salir de la cama o de cumplir con las obligaciones, no deseamos comer ni bañarnos, etc.

Cuando los miedos y la depresión son los que gobiernan nuestra vida, no podemos disfrutar de lo más básico como una charla entre amigos o una salida al parque, nos cuesta mucho hablar en público, tenemos miedo irracional a la muerte o a que pase algo malo, no podemos estar en un sitio cerrado o ver un animal, también es bueno pedir ayuda a un profesional.

Aquellos que desean tener todo siempre controlado, sus obsesiones son muy grandes y limitan las actividades diarias, si no puedes ver que las cosas no salgan como quieres, o te pasas horas limpiando el mismo sitio (como las manos, la ropa, etc), si tienes miedo a contagiarte todas las enfermedades que existen y somatizas cuando lees o escuchas sobre una dolencia en particular, si no puedes dejar de visitar al médico o tienes conductas repetitivas y poco comunes (comprobar una y otra vez si cerraste la puerta, por ejemplo) tal vez sea un buen momento para asistir a una consulta profesional.

Y las razones para ir al psicólogo todavía son más: estar demasiado irascible o no poder parar de llorar ante cualquier comentario, problemas serios para conciliar el sueño o concentrarse, ver la vida en negativo, dificultad para comunicar los sentimientos, no saber decir que “NO”, falta de deseo sexual, culpa irracional por ciertas actitudes o pensamientos, nervios, ansiedad, etc.

Si ha fallecido un familiar, te has divorciado de tu pareja o piensas que es la mejor alternativa, si hubo casos de infidelidad, malos tratos, problemas con amistades, es buena idea charlar del tema con un psicólogo, quién tendrá una mirada objetiva de los hechos.

Y por último, si has sufrido algún trauma en tu niñez, como  maltrato, abuso, violencia, dejan secuelas en el comportamiento al ser adultos, por eso vale la pena hablar de ellas, aunque causen mucho dolor el sólo hecho de recordarlo.Las relaciones personales están íntimamente relacionadas a estos problemas de la infancia, así como también la manera en que nos desenvolvemos en el futuro.



Fuente: http://lamenteesmaravillosa.com/como-saber-cuando-ir-al-psicologo

domingo, febrero 03, 2013

¿QUE IMPLICA EL PROCESO TERAPÉUTICO?


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Empezar un proceso terapéutico con un consultante, o paciente, es iniciar un viaje de transformación bidireccional. Por supuesto, como se espera, se transforma el consultante y sin lugar a dudas se transforma el terapeuta. Una psicoterapia es una experiencia exultante, portentosa de estar en contacto consigo mismo y con el otro, es pisar tierra sagrada. 

El sufrimiento del paciente abre ventanas desde la experiencia vivencial que atraviesa para dar paso al crecimiento. Es buscar el origen, la causa, la etiología de ese dolor, de ese síntoma que le empujó a pedir ayuda, a tocar la puerta de la consulta, para juntos encontrar las respuestas. Respuestas que están en el interior del paciente, nunca, como lo piensa la generalidad de los individuos, un terapeuta aconseja, para ello están los padres, la abuela, o el sacerdote. 

Reiterando, la psicoterapia es un viaje de introspección, de autoconocimiento, de auto comprensión y entendimiento. A través de las sesiones la experiencia paralizante de ansiedad, penosa de atravesar, se convertirá en crecimiento, aprendizaje, en fluir al ritmo de la vida. Dejando de lado el control, que no es más que otro disfraz del miedo, para asumir la responsabilidad de la propia vida como el único asunto que podemos tomar en nuestras manos y zanjar. Al decir de Steven Covey es soltar el círculo de preocupación, para enfrentar, para tomar el círculo de influencia, que es donde está lo que realmente podemos intervenir. 

Las vivencias del consultante o paciente se convierten en aprendizaje para el terapeuta, quien se conecta con ese dolor desde una perspectiva humana y empática. Algo importante de entender, cuando un miembro del sistema familiar inicia un proceso psicoterapéutico, los demás miembros de la familia se mueven, un miembro puede empezar a sanar asuntos transgeneracionales que benefician a todo el conjunto. Y esa experiencia transforma al terapeuta. Cada sesión de psicoterapia es un momento de cercanía profunda entre dos almas, a partir del acuerdo inicial de trabajar de la mano por la salud física, mental, espiritual, energética y el conocimiento propio de una de las partes, el paciente. No obstante en ese proceso el terapeuta “se da cuenta” y se conecta con su propio proceso de crecimiento. 

La experiencia del terapeuta es positiva sólo cuando hace lectura del sufrimiento del paciente a partir de una genuina empatía, de una comunicación transparente, humana que posibilite la lectura de ese dolor. 

La experiencia del terapeuta se relaciona con el mito griego de Quirón, el sanador herido. Quirón era un centauro, torso y cabeza humano, cuerpo de caballo. Quirón, maestro de grandes héroes como Heracles (Hércules en la mitología romana), era inmortal, y tenía el don de poder sanar cualquier herida, tanto emocional como física. Cierto día, Hércules estaba cazando en el bosque, utilizando para ello unas flechas impregnadas con el veneno que había obtenido de matar a la Hidra. Accidentalmente, una de las flechas envenenadas fue a dar en una de las patas de Quirón, hiriéndolo profundamente. Puesto que era inmortal, no podía morir. Tenía el don de sanar cualquier herida, pero no podía sanarse a sí mismo, era la contradicción que debía vivir. Quirón habla con Zeus y le pregunta por semejante castigo ¿cómo vivir sabiendo que puedo sanar a otros pero no a mí mismo? Zeus le responde: esa herida te recordara tres cosas: la primera, para que no olvides que estas herido. La segunda, para que otros, a quien sanas, sepa que estás herido. La tercera para que puedas comprender el dolor de los otros, a través de tu propio dolor. 


Aquí yace la paradoja del proceso terapéutico. La posibilidad de acompañar a otro en su transformación, mientras el que apoya el proceso de sanación tiene la extraordinaria ocasión de crecer a través de las heridas del otro, de su consultante, sin olvidarse de su propia herida. En el plano energético, el terapeuta es sanado por la herida de su consultante. De esta forma se llevan a cabo las interrelaciones de los seres humanos, en un intercambio, que influye en ambos sentidos y la relación psicoterapéutica hace parte de estas interrelaciones.