miércoles, octubre 29, 2014

Cuando te comparas olvidas tu unicidad



Cuando nos comparamos con otro regularmente lo hacemos con aquel que creemos que tiene uno o varios talentos que yo no poseo. Y ese cotejo nos lleva a preguntarnos: por qué no puedo hacerlo tan bien como él o ella, qué me falta a mí para llevar mi desempeño a su nivel, qué es lo que no estoy haciendo bien. Una serie de interrogantes que nos ponen de cara a la invalidación, a la pérdida de poder personal, a la baja autoestima.

¿Y dónde aprendimos esa conducta?, en la infancia. Mamá y papá inocentemente nos compararon con nuestros hermanos, con nuestros primos o nuestros amigos. Los profesores también lo hicieron. Mira a Juanito como lo hace de bien, y tú aun no has terminado tu tarea. Mira a Pablito como llega de limpio a casa. Ves cómo es de juiciosa Valentina, no llora por esas cosas. Huellas que quedaron guardadas en algún lugar de la psique y siguen pulsando en nuestra cotidianidad, al enfrentar un reto. Nos detenemos, lo repensamos y tememos no poderlo sortear de manera airosa.

Eres único, irrepetible. No ha existido ni existirá nadie en el universo que sea igual a ti. Yo soy yo y tú eres tú. Empieza a amarte y aceptarte tal como eres, sin compararte. Hay otros que se comparan contigo y viven en angustia, porque no te aventajan.

Acaso una flor rosa roja es menos bella que una blanca, salmón o amarilla. ¿Acaso las comparas? Reconocer tu unicidad, es el primer paso para iniciar el regreso a tu centro.

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